Información del día 31 de enero:
Saiga y su amigo hablan del tiempo y de los extranjeros:
?
Fuyuki, 31 de enero, 7 de la tarde en un tenderete de ramen.
Hoy ha sido un día como tantos otros en la vida de Fujimura Saiga, o al menos es lo que pensaba él. Si bien era un poco tarde, este eficiente miembro del Keihōkyoku tomaba un tazón de tonkotsu ramen con su amigo y compañero Takagi discutía con él los asuntos del día...
-¿Te puedes creer que Kawakami-san quiere que busque los trapos sucios de esos marines para ver si puede echarlos de aquí?
-Al menos tu has tenido trabajo de campo, a mi me ha tocado rellenar informes y examinar los visados de entrada al país.
Al llevarse un buen pedazo de cerdo a la boca Takagi le preguntó a su amigo:
-Me imagino que todos estos marines te estarán dando un montón de trabajo.
-En realidad no, la mayor parte de mi trabajo estos días ha consistido en revisar los pasaportes y visados de un grupo de extranjeros que han llegado hace poco.
-Ni que viniese tanta gente. No veo el motivo para que te quejes de tanto trabajo.
-Serán unos 5 o 6, pero lo que ocurre es que son de nacionalidades diferentes, culturas diferentes, llegaron en dias diferentes, no tienen nada en común, salvo una cosa.
-¿El qué?
-La duración de su visado.
Fuyuki, 31 de enero, 7 de la tarde en un tenderete de ramen.
Hoy ha sido un día como tantos otros en la vida de Fujimura Saiga, o al menos es lo que pensaba él. Si bien era un poco tarde, este eficiente miembro del Keihōkyoku tomaba un tazón de tonkotsu ramen con su amigo y compañero Takagi discutía con él los asuntos del día...
-¿Te puedes creer que Kawakami-san quiere que busque los trapos sucios de esos marines para ver si puede echarlos de aquí?
-Al menos tu has tenido trabajo de campo, a mi me ha tocado rellenar informes y examinar los visados de entrada al país.
Al llevarse un buen pedazo de cerdo a la boca Takagi le preguntó a su amigo:
-Me imagino que todos estos marines te estarán dando un montón de trabajo.
-En realidad no, la mayor parte de mi trabajo estos días ha consistido en revisar los pasaportes y visados de un grupo de extranjeros que han llegado hace poco.
-Ni que viniese tanta gente. No veo el motivo para que te quejes de tanto trabajo.
-Serán unos 5 o 6, pero lo que ocurre es que son de nacionalidades diferentes, culturas diferentes, llegaron en dias diferentes, no tienen nada en común, salvo una cosa.
-¿El qué?
-La duración de su visado.
Información del día 1 de febrero:
Noriyaki-san se lo pasa bien hablando de sus clientes:
Fuyuki, tenderete de ramen cerca del mercado, Ramen Noriyaki.
31 de enero de 1874.
Habíamos quedado en el puesto de ramen para cenar y hablar de los viejos tiempos. Ya hacía diez años que no nos veíamos, se podría decir que éramos unos críos que ayudaban a sus padres en los campos de arroz; pero ahora somos adultos responsables con deberes para con nuestro país. Yo soy un alto cargo del destacamento militar del Dai-Nippon Teikoku Rikugun en Fuyuki y Yuuto es el enlace del gobierno con la Marina del joven pero ambicioso pais denominado "Estados Unidos de America".
-Este puesto no ha cambiado nada desde que me fui con los militares.
-No creas, ahora al menos limpia los tazones, antes decía que le daba sabor el dejar posos de salsa de ramen.
-No sigas por ahí, jovenzuelo, cuando yo tenía tu edad trataba con más respeto a mis mayores. Recuerdo una vez en China, donde me enseñaron a cocinar un tipo de ramen que...
En ese momento recordé algo que me habían comentado mis padres cuando pasé a visitarlos esa misma tarde...
-Oiga, Noriyaki-san, no habrá visto usted a unos extranjeros, ¿no?
-Ahora que lo dices... Hoy vinieron unos cuantos a comer por aquí. Un tal John Smith, un europeo bastante siniestro, un hombre de pelo blanco y lo más curioso de todo, un primo de la mujer de Tohsaka-san.
-Bueno, la mujer de Tohsaka-san es extranjera, es normal que ahora que el país está abierto vengan a visitarla.
-¿Te acuerdas de cuando le ayudábamos a desbrozar y nos daba galletitas? Decía que las preparaba su mujer y lo cierto es que picaban un montón.
En ese momento vimos una gran columna de fuego y sentimos el retumbar de un trueno en nuestro cuerpo.Esa zona, ese edificio... ¡era el geriátrico que estaba en llamas!
En ese momento exclamamos los tres:
-¡GENJI-SAAAAAAAAAAAAAAAAAAN!
31 de enero de 1874.
Habíamos quedado en el puesto de ramen para cenar y hablar de los viejos tiempos. Ya hacía diez años que no nos veíamos, se podría decir que éramos unos críos que ayudaban a sus padres en los campos de arroz; pero ahora somos adultos responsables con deberes para con nuestro país. Yo soy un alto cargo del destacamento militar del Dai-Nippon Teikoku Rikugun en Fuyuki y Yuuto es el enlace del gobierno con la Marina del joven pero ambicioso pais denominado "Estados Unidos de America".
-Este puesto no ha cambiado nada desde que me fui con los militares.
-No creas, ahora al menos limpia los tazones, antes decía que le daba sabor el dejar posos de salsa de ramen.
-No sigas por ahí, jovenzuelo, cuando yo tenía tu edad trataba con más respeto a mis mayores. Recuerdo una vez en China, donde me enseñaron a cocinar un tipo de ramen que...
En ese momento recordé algo que me habían comentado mis padres cuando pasé a visitarlos esa misma tarde...
-Oiga, Noriyaki-san, no habrá visto usted a unos extranjeros, ¿no?
-Ahora que lo dices... Hoy vinieron unos cuantos a comer por aquí. Un tal John Smith, un europeo bastante siniestro, un hombre de pelo blanco y lo más curioso de todo, un primo de la mujer de Tohsaka-san.
-Bueno, la mujer de Tohsaka-san es extranjera, es normal que ahora que el país está abierto vengan a visitarla.
-¿Te acuerdas de cuando le ayudábamos a desbrozar y nos daba galletitas? Decía que las preparaba su mujer y lo cierto es que picaban un montón.
En ese momento vimos una gran columna de fuego y sentimos el retumbar de un trueno en nuestro cuerpo.Esa zona, ese edificio... ¡era el geriátrico que estaba en llamas!
En ese momento exclamamos los tres:
-¡GENJI-SAAAAAAAAAAAAAAAAAAN!
La batalla que será recordada mientras vivan:
Fuyuki, un dojo de la zona.
El día era el 31 de Mutsuki del septimo año de la gloriosa era Meiji.
Un día decisivo para el dojo. Ese día fue atacado por un gigante, un titán. Un Tifón. El Tifón extranjero llegó y todo en el dojo cambió para siempre. Hay quien dice que vino a mostrarles que su esgrima es mejor que el kendo, otros que vino en busca de una lucha honorable. Lo que está claro es que entró como un enemigo y se fue como un aliado.
El día era el 31 de Mutsuki del septimo año de la gloriosa era Meiji.
Un día decisivo para el dojo. Ese día fue atacado por un gigante, un titán. Un Tifón. El Tifón extranjero llegó y todo en el dojo cambió para siempre. Hay quien dice que vino a mostrarles que su esgrima es mejor que el kendo, otros que vino en busca de una lucha honorable. Lo que está claro es que entró como un enemigo y se fue como un aliado.
información del día 2 de febrero:
El repartidor:
Fuyuki, restaurante de sushi Delicioso Manjar, 1 de febrero de 1874.
El negocio no iba nada bien. Casi no había clientes y había pasado nuestro momento de gloria, no eran buenos tiempos para vender sushi. Después de la revolución la mayor parte de la gente no recuperó el nivel de vida de antes y ya no podían permitirse venir a comer aquí.
Llevaba meses planteándome cerrar el restaurante, pero aún no había perdido la esperanza de que algo pudiese hacer que el negocio se recuperase. Es como si Dios (o un dios, ya no sé que pensar) hubiese atendido a nuestras plegarias y nos hubiese enviado... un Repartidor.
Ahora sí que podremos volver a mostrarle a Fuyuki las virtudes del sushi.
El negocio no iba nada bien. Casi no había clientes y había pasado nuestro momento de gloria, no eran buenos tiempos para vender sushi. Después de la revolución la mayor parte de la gente no recuperó el nivel de vida de antes y ya no podían permitirse venir a comer aquí.
Llevaba meses planteándome cerrar el restaurante, pero aún no había perdido la esperanza de que algo pudiese hacer que el negocio se recuperase. Es como si Dios (o un dios, ya no sé que pensar) hubiese atendido a nuestras plegarias y nos hubiese enviado... un Repartidor.
Ahora sí que podremos volver a mostrarle a Fuyuki las virtudes del sushi.
Es hora de que Taiji desaparezca:
Fuyuki, cerca del puerto, 1 de febrero de 1874.
Había visto demasiado y había vivido suficiente. Pensaba que ser el informador de un pueblo portuario de mala muerte sería un buen modo de vivir hasta que pudiese retirarse. Se equivocaba, al menos en parte.
Sí, los primeros años que estuvo allí no tuvo mayores problemas y la Revolución no afecto demasiado a esa región; por lo que nadie le molestó demasiado. Cierto, estaba el cacique del pueblo, un tal Tohsaka, pero él no le molestaba y Taiji no se metía donde no debía.
Todo eso cambió en la última semana. Empezaron a llegar extranjeros, vino aquel anciano a ofrecerle una generosa suma por sus servicios, tras lo que su local se volvió un lugar muy, muy concurrido. Al principio pensó que tenía la situación bajo control, pero se equivocaba. Cuando ese día ese joven conjuró un rayo sobre el río, ese maldito irlandés que se atrevió a ultrajarle y sobretodo el hombre de la cara quemada amenazó con hacerle algo peor que la muerte se dió cuenta de que su lugar no era Fuyuki, si no... su hogar natal en Odawara, cerca del río.
Y es allí a dónde se dirige...
Ya es hora de que Taiji desaparezca.
Había visto demasiado y había vivido suficiente. Pensaba que ser el informador de un pueblo portuario de mala muerte sería un buen modo de vivir hasta que pudiese retirarse. Se equivocaba, al menos en parte.
Sí, los primeros años que estuvo allí no tuvo mayores problemas y la Revolución no afecto demasiado a esa región; por lo que nadie le molestó demasiado. Cierto, estaba el cacique del pueblo, un tal Tohsaka, pero él no le molestaba y Taiji no se metía donde no debía.
Todo eso cambió en la última semana. Empezaron a llegar extranjeros, vino aquel anciano a ofrecerle una generosa suma por sus servicios, tras lo que su local se volvió un lugar muy, muy concurrido. Al principio pensó que tenía la situación bajo control, pero se equivocaba. Cuando ese día ese joven conjuró un rayo sobre el río, ese maldito irlandés que se atrevió a ultrajarle y sobretodo el hombre de la cara quemada amenazó con hacerle algo peor que la muerte se dió cuenta de que su lugar no era Fuyuki, si no... su hogar natal en Odawara, cerca del río.
Y es allí a dónde se dirige...
Ya es hora de que Taiji desaparezca.
Incidente de la posada - Leyendas renacidas:
Fuyuki, 1 de febrero de 1874, posada “Un lugar para el reposo”.
Estaba cenando en la cocina de mi posada cuando ocurrió, en el momento en el que la tormenta se desató. De golpe noté un gran temblor, como si fuera un terremoto. Pero los terremotos no vienen acompañados de fuertes vientos, y menos si no es época de tifones; como lo es febrero...
Lo primero que pensé fue que era culpa de esos extranjeros a los que di alojamiento, parecía que se conocían, aunque no se de qué. Suerte que el grupo de peregrinos se había ido al templo para una especie de plegaria nocturna, que si no iba a estar recibiendo quejas toda la noche por el escándalo.
Fui a subir las escaleras cuando me di cuenta de un pequeño detalle... Ya no había escaleras. No sólo no había escaleras, si no que por no estar no estaba en pie la mitad del edificio. Fue en ese momento cuando oí el choque de algo cómo si fuera de metal contra carne. Repetidamente, una vez tras otra, sin parar, sin detenerse. Y acto seguido un sonido de lo más extraño, como de succión o algo similar.
Decidí acercarme a ver, desde una distancia más o menos segura, y lo que vi me dejó atónito. Dos figuras, moviéndose a velocidades imposibles para un ser humano e intercambiando golpes.
Uno de ellos era un gigante, cubierto de heridas en un instante, inmaculado al otro. El otro era una sombra, un rayo, el viento.
La batalla frente a mis ojos era una de intensidad extraordinaria. Era un duelo que solo podia ocurrir en una era remota. Guerreros con armadura en combate singular enfrentandose con toda su fuerza, con la luz lunar reflejandose en sus armas a traves de la sombra nocturna.
No era solo el choque entre frio acero, era un choque entre voluntades que amenazaba con destruir todo lo que se encontraba a la vista... Sus poderosos pies agrietaban el suelo por donde pasaban, el viento que acompañaba a sus golpes derribaba paredes a su paso.
Nunca más de un instante en cada lugar, en ningún momento los pude ver más de un instante. Rugidos de bestia y golpes con la potencia de un cañón, miles de agujas atravesando piel y huesos, el edificio resintíendose cada vez más y más...
En se momento supe que la batalla de aquellos dos seres podria acabar con todo el barrio... no, con toda la ciudad en cuestion de horas.
Eran las leyendas renacidas.
Truenos arqueantes atravesaban el cielo, estrenduosas olas agrietaban la tierra. El mundo del imaginario se habia materializado milagrosamente ante mi con una claridad asombrosa.
Y al final se separaron, se miraron y desaparecieron dejandome atónito. Y de mi posada no quedaba nada...
Estaba cenando en la cocina de mi posada cuando ocurrió, en el momento en el que la tormenta se desató. De golpe noté un gran temblor, como si fuera un terremoto. Pero los terremotos no vienen acompañados de fuertes vientos, y menos si no es época de tifones; como lo es febrero...
Lo primero que pensé fue que era culpa de esos extranjeros a los que di alojamiento, parecía que se conocían, aunque no se de qué. Suerte que el grupo de peregrinos se había ido al templo para una especie de plegaria nocturna, que si no iba a estar recibiendo quejas toda la noche por el escándalo.
Fui a subir las escaleras cuando me di cuenta de un pequeño detalle... Ya no había escaleras. No sólo no había escaleras, si no que por no estar no estaba en pie la mitad del edificio. Fue en ese momento cuando oí el choque de algo cómo si fuera de metal contra carne. Repetidamente, una vez tras otra, sin parar, sin detenerse. Y acto seguido un sonido de lo más extraño, como de succión o algo similar.
Decidí acercarme a ver, desde una distancia más o menos segura, y lo que vi me dejó atónito. Dos figuras, moviéndose a velocidades imposibles para un ser humano e intercambiando golpes.
Uno de ellos era un gigante, cubierto de heridas en un instante, inmaculado al otro. El otro era una sombra, un rayo, el viento.
La batalla frente a mis ojos era una de intensidad extraordinaria. Era un duelo que solo podia ocurrir en una era remota. Guerreros con armadura en combate singular enfrentandose con toda su fuerza, con la luz lunar reflejandose en sus armas a traves de la sombra nocturna.
No era solo el choque entre frio acero, era un choque entre voluntades que amenazaba con destruir todo lo que se encontraba a la vista... Sus poderosos pies agrietaban el suelo por donde pasaban, el viento que acompañaba a sus golpes derribaba paredes a su paso.
Nunca más de un instante en cada lugar, en ningún momento los pude ver más de un instante. Rugidos de bestia y golpes con la potencia de un cañón, miles de agujas atravesando piel y huesos, el edificio resintíendose cada vez más y más...
En se momento supe que la batalla de aquellos dos seres podria acabar con todo el barrio... no, con toda la ciudad en cuestion de horas.
Eran las leyendas renacidas.
Truenos arqueantes atravesaban el cielo, estrenduosas olas agrietaban la tierra. El mundo del imaginario se habia materializado milagrosamente ante mi con una claridad asombrosa.
Y al final se separaron, se miraron y desaparecieron dejandome atónito. Y de mi posada no quedaba nada...
Reunión:
Un lugar desconocido, en una noche lluviosa, año de Nuestro Señor de 1874.
Lo único se que podía oír era el sonido de la lluvia contra las hojas... y un cuchillo afilándose. En este lugar no hay nadie, salvo él. Y su cuchillo. No le gusta la ciudad, con toda esa gente y sus ruidos. Ellos no comprenden la belleza de la naturaleza y el valor de la soledad. Si hubieran visto lo que él se darían cuenta de que es lo mejor.
Aún así no está solo, ya no. Se acerca un grupo de gente, y él está entre ellos. Al menos ha tenido la amabilidad de hacer que esperen lejos de aquí. Ahora es cuando llama a la puerta y habla por primera vez en muchas horas:
-Adelante, está abierto.
Una figura encapuchada apareció en el umbral de la puerta. Estaba calado hasta los huesos y se notaba que intentaba aparentar que la lluvia era el menor de sus problemas.
-Pensé que era necesario que habláramos los tres, y viendo lo que sucedió hace un rato con más razón aún.
Parece que sí que es cierto que la lluvia era el menor de sus problemas, se preocupa genuinamente por el pueblo y sus habitantes.
-Sí, esto no debe convertirse en una masacre sin sentido. Ya ha habido demasiadas.
Un trueno iluminó la estancia por completo, además de la lámpara de mano, la mesa y el taburete; en la habitación había una cama de paja, una chimenea (que por algún motivo no se estaba usando pese a estar en pleno invierno); y, en una esquina, otro hombre.
-Bien caballeros, ahora que ya estamos los tres aquí es hora de hablar de negocios...
En ese momento los tres proclaman al unísono:
-¿Quienes son y que quieren?
Lo único se que podía oír era el sonido de la lluvia contra las hojas... y un cuchillo afilándose. En este lugar no hay nadie, salvo él. Y su cuchillo. No le gusta la ciudad, con toda esa gente y sus ruidos. Ellos no comprenden la belleza de la naturaleza y el valor de la soledad. Si hubieran visto lo que él se darían cuenta de que es lo mejor.
Aún así no está solo, ya no. Se acerca un grupo de gente, y él está entre ellos. Al menos ha tenido la amabilidad de hacer que esperen lejos de aquí. Ahora es cuando llama a la puerta y habla por primera vez en muchas horas:
-Adelante, está abierto.
Una figura encapuchada apareció en el umbral de la puerta. Estaba calado hasta los huesos y se notaba que intentaba aparentar que la lluvia era el menor de sus problemas.
-Pensé que era necesario que habláramos los tres, y viendo lo que sucedió hace un rato con más razón aún.
Parece que sí que es cierto que la lluvia era el menor de sus problemas, se preocupa genuinamente por el pueblo y sus habitantes.
-Sí, esto no debe convertirse en una masacre sin sentido. Ya ha habido demasiadas.
Un trueno iluminó la estancia por completo, además de la lámpara de mano, la mesa y el taburete; en la habitación había una cama de paja, una chimenea (que por algún motivo no se estaba usando pese a estar en pleno invierno); y, en una esquina, otro hombre.
-Bien caballeros, ahora que ya estamos los tres aquí es hora de hablar de negocios...
En ese momento los tres proclaman al unísono:
-¿Quienes son y que quieren?
Información del día 3 de febrero:
Incursión nocturna:
Fuyuki, día 2 de febrero del año 7 de la era Meiji.
El sol se ha puesto hace pocas horas. Necesito la protección que solo la oscuridad o una madre me pueden ofrecer para hacer lo que tengo que hacer. Tengo la espalda pegada a la pared, atento para que no se me pase desapercibido ningún detalle. La luz de los farolillos no me alcanza: estoy a salvo, oculto. Me asomo a la esquina para ver la entrada de mi objetivo: completamente despejada. He sido afortunado esta noche. Esperemos que esta suerte no me abandone una vez entre en la prisión de Fuyuki.
-Eh, chaval, ¿qué haces ahí agazapado?
Maldición. El enemigo se ha percatado de mi presencia y se ha acercado por detrás de un modo tan sigilosos que ni mis agudos y experimentados sentidos han sido capaces de percibirlo.
-Oh, pero si eres el hijo de Yoshirou.
Nota mental. Este hombre sabe demasiado. Podría ser una buena fuente de información, aunque habrá que tener cuidado con que no se valla de la lengua más adelante.
-Seguro que has venido a ver a tu padre a la prisión. Vamos, te enseñaré el camino hasta la sala de visitas.
Nota mental, no solo sabe demasiado, si no que además es capaz de hacer razonamientos lógicos sencillos de forma rápida y eficaz. He de tener mucho cuidado con él.
-Aunque has de saber que el horario de visita ya ha acabado. Pero bueno, supongo que puedo hacer un apaño; al fin y al cabo tu padre siempre nos ha mantenido bien informados. Al menos le debemos eso.
Nota mental, este hombre se hace más peligroso por momentos. No solo es culto e inteligente, también es influyente. Una vez finalizada mi misión, él debe ser mi primer objetivo. De momento, haré lo que me dice. Lo seguiré a través de la puerta. Al fin y al cabo, es la mejor forma de entrar, acompañado de alguien que tiene las llaves correctas y conoce a las personas adecuadas. El siguiente paso será buscar una ruta de salida.
Estos pasillos por los que me guía parecen estar a prueba de mis mejores técnicas: mi ropa negra sería completamente visible al intentar ocultarme sobre estas paredes grises y gastadas.
-Oye, vete a por Yoshirou a su celda, que ha venido a visitarlo su hijo.
-¿Quién?
-Su hijo, está justo... ¿eh, dónde se ha metido? Bah, supongo que habrá ido hacia la sala de visitas. Vete llevando al periodista, ¿quieres?
En efecto, un adversario inteligente, culto e influyente. Por suerte, lo suficientemente “ancho” para ocultarme tras él.
-Oh... Hijo.
-Papá. He venido a que me cuentes lo que pasó allí arriba. Sé que no mataste a Riku, y tú también. ¿Por qué nos mientes?
-Vamos, hijo. Sabes que no puedo mentir.
-Está bien, te seguiré el juego, como a ti te gusta. Ejem... Dígame, ¿cuál es su nombre y profesión?
-Yoshirou Haruto, direc... ex-director del periódico local, Fuyuki Shinbun, mi sueño, y mi mayor orgullo.
-Muy bien, señor Haruto. Ha declarado a la policía que usted empujó por la ventana a su empleado Riku Hideyoshi, ¿me equivoco?
-No.
-¿Y es cierta su declaración? ...¡Oye, al menos mírame a los ojos cuando respondas!
-...
-¿Es cierto o no?
-...Sí.
-Buf, esto me va a costar más de lo que pensaba. ¿Quién era la mujer que estaba con vosotros en tu despacho?
-...No... había ninguna mujer.
-¿Ah, no?
-...No... no, no no, nononononononono... no... No había mujer.
-¿Pero qué coño...? Vale. Entonces dime, ¿por qué Ryo asegura que la vio?
-No lo sé... Supongo que él cree que la vio... Sí, eso debe de ser.
-¿Y crees que lo que él cree es cierto?
-Sí...
-Vaya, por fin algo, aunque me lo has puesto difícil. Pero supongo que a pesar de que crees que Ryo vio a una mujer, tu me vas a decir que no sabes nada de ninguna mujer.
-Más o menos. Sé cosas sobre tu madre...
-Ya,... eso esperaba. Entonces, ¿puedes decirme de quién es la letra de esta nota que tengo aquí?
-Vaya, es mía. Debe de ser la nota que escribí antes de... de... de empujar a Riku.
-Papá, ¿te encuentras bien? Parece que vayas a vomitar.
-...
-¡Mamón! ¡No me sonrías de esa manera! ¡Quiero entender lo que pasó allí arriba y por qué proteges a esa mujer!
-Nooooo, no, nonono no... no. No había ninguna mujer.
-¡Que te den! ¿Por qué empujaste a Riku entonces?
-No sé. Debía de tener algo en contra de él, ¿no? O tal vez fue un ataque de ira, o de locura. ¿Quién sabe?
-¿Por qué Riku gritó “corre, Ryo” mientras caía, entonces?
-¿Porque temía que fuese a matarlo también a él?
-¿Que fuese a matarlo quién?
-...M... Yo.
-No ibas a decir eso.
-...Sí, sísísísísí... sí que iba a decirlo. ¡AAAAaaaaaaAAAAAHhhhhhhhhhHHHHHHHHH!
-Ibas a decir Matou, ¿verdad? ¡Es quien tú creías que era la mujer que fue a verte, y por eso escribiste su nombre en la nota!
-¡Oh, es mi nota! Debería terminarla. Dame, dame, dame.
“Grito... ya nada es lo mismo.
Contra todo pronostico, he sobrevivido, pero... no soy yo, aunque parece que sigo siendo yo.
¿Qué es esto? Sabía que era capaz de cosas horribles, pero esta voz, no me deja pensar.
¡Cállate ya!
Malditos Magus, no sirven para nada más que para aumentar la tirada del periódico, y ahora ni siquiera me dejan hacer mi trabajo.
¿Para que sirvo ahora?... Ah, ya,... No, no. Ni siquiera Yuudai podría ayudarme.”
-Papá... ¿te encuentras bien?
-¿Sabes que? Ya... ya no encuentro más huecos. Cada vez es más lista, esa voz... ESA MALDITA VOZ. QUE ALGUIEN LA PARE... Cada vez que intento... ¿Lo ves? Para esto, prefiero morir. Adiós, hijo mío. Siento todo lo que os hice a tu madre y a ti, ¿pero sabes qué? Fue divertido haberos conocido. Oh, sí que lo fue. Espero que puedas acabar lo que yo empecé. De verdad lo espero. Pero con lo que has hecho aquí hoy, ya tienes medio camino andado. Bien hecho, sí señor. Estoy seguro de que llegarás más lejos que yo. Adiós, hijo... creo que por fin he entendido como acallar esta maldita voz
Me vuelvo a ocultar tras el guardia “ancho”. La misión ha sido un fracaso. No tiene sentido intentar huir con el cadáver de lo que ayer era mi padre. Al menos la información que tengo ahora me ha aclarado un poco más las cosas. Matou Lisildara es una Magus, y ha conseguido que mi padre se declare culpable del asesinato con sus artimañas. Pero se ha metido con el periódico equivocado.
El sol se ha puesto hace pocas horas. Necesito la protección que solo la oscuridad o una madre me pueden ofrecer para hacer lo que tengo que hacer. Tengo la espalda pegada a la pared, atento para que no se me pase desapercibido ningún detalle. La luz de los farolillos no me alcanza: estoy a salvo, oculto. Me asomo a la esquina para ver la entrada de mi objetivo: completamente despejada. He sido afortunado esta noche. Esperemos que esta suerte no me abandone una vez entre en la prisión de Fuyuki.
-Eh, chaval, ¿qué haces ahí agazapado?
Maldición. El enemigo se ha percatado de mi presencia y se ha acercado por detrás de un modo tan sigilosos que ni mis agudos y experimentados sentidos han sido capaces de percibirlo.
-Oh, pero si eres el hijo de Yoshirou.
Nota mental. Este hombre sabe demasiado. Podría ser una buena fuente de información, aunque habrá que tener cuidado con que no se valla de la lengua más adelante.
-Seguro que has venido a ver a tu padre a la prisión. Vamos, te enseñaré el camino hasta la sala de visitas.
Nota mental, no solo sabe demasiado, si no que además es capaz de hacer razonamientos lógicos sencillos de forma rápida y eficaz. He de tener mucho cuidado con él.
-Aunque has de saber que el horario de visita ya ha acabado. Pero bueno, supongo que puedo hacer un apaño; al fin y al cabo tu padre siempre nos ha mantenido bien informados. Al menos le debemos eso.
Nota mental, este hombre se hace más peligroso por momentos. No solo es culto e inteligente, también es influyente. Una vez finalizada mi misión, él debe ser mi primer objetivo. De momento, haré lo que me dice. Lo seguiré a través de la puerta. Al fin y al cabo, es la mejor forma de entrar, acompañado de alguien que tiene las llaves correctas y conoce a las personas adecuadas. El siguiente paso será buscar una ruta de salida.
Estos pasillos por los que me guía parecen estar a prueba de mis mejores técnicas: mi ropa negra sería completamente visible al intentar ocultarme sobre estas paredes grises y gastadas.
-Oye, vete a por Yoshirou a su celda, que ha venido a visitarlo su hijo.
-¿Quién?
-Su hijo, está justo... ¿eh, dónde se ha metido? Bah, supongo que habrá ido hacia la sala de visitas. Vete llevando al periodista, ¿quieres?
En efecto, un adversario inteligente, culto e influyente. Por suerte, lo suficientemente “ancho” para ocultarme tras él.
-Oh... Hijo.
-Papá. He venido a que me cuentes lo que pasó allí arriba. Sé que no mataste a Riku, y tú también. ¿Por qué nos mientes?
-Vamos, hijo. Sabes que no puedo mentir.
-Está bien, te seguiré el juego, como a ti te gusta. Ejem... Dígame, ¿cuál es su nombre y profesión?
-Yoshirou Haruto, direc... ex-director del periódico local, Fuyuki Shinbun, mi sueño, y mi mayor orgullo.
-Muy bien, señor Haruto. Ha declarado a la policía que usted empujó por la ventana a su empleado Riku Hideyoshi, ¿me equivoco?
-No.
-¿Y es cierta su declaración? ...¡Oye, al menos mírame a los ojos cuando respondas!
-...
-¿Es cierto o no?
-...Sí.
-Buf, esto me va a costar más de lo que pensaba. ¿Quién era la mujer que estaba con vosotros en tu despacho?
-...No... había ninguna mujer.
-¿Ah, no?
-...No... no, no no, nononononononono... no... No había mujer.
-¿Pero qué coño...? Vale. Entonces dime, ¿por qué Ryo asegura que la vio?
-No lo sé... Supongo que él cree que la vio... Sí, eso debe de ser.
-¿Y crees que lo que él cree es cierto?
-Sí...
-Vaya, por fin algo, aunque me lo has puesto difícil. Pero supongo que a pesar de que crees que Ryo vio a una mujer, tu me vas a decir que no sabes nada de ninguna mujer.
-Más o menos. Sé cosas sobre tu madre...
-Ya,... eso esperaba. Entonces, ¿puedes decirme de quién es la letra de esta nota que tengo aquí?
-Vaya, es mía. Debe de ser la nota que escribí antes de... de... de empujar a Riku.
-Papá, ¿te encuentras bien? Parece que vayas a vomitar.
-...
-¡Mamón! ¡No me sonrías de esa manera! ¡Quiero entender lo que pasó allí arriba y por qué proteges a esa mujer!
-Nooooo, no, nonono no... no. No había ninguna mujer.
-¡Que te den! ¿Por qué empujaste a Riku entonces?
-No sé. Debía de tener algo en contra de él, ¿no? O tal vez fue un ataque de ira, o de locura. ¿Quién sabe?
-¿Por qué Riku gritó “corre, Ryo” mientras caía, entonces?
-¿Porque temía que fuese a matarlo también a él?
-¿Que fuese a matarlo quién?
-...M... Yo.
-No ibas a decir eso.
-...Sí, sísísísísí... sí que iba a decirlo. ¡AAAAaaaaaaAAAAAHhhhhhhhhhHHHHHHHHH!
-Ibas a decir Matou, ¿verdad? ¡Es quien tú creías que era la mujer que fue a verte, y por eso escribiste su nombre en la nota!
-¡Oh, es mi nota! Debería terminarla. Dame, dame, dame.
“Grito... ya nada es lo mismo.
Contra todo pronostico, he sobrevivido, pero... no soy yo, aunque parece que sigo siendo yo.
¿Qué es esto? Sabía que era capaz de cosas horribles, pero esta voz, no me deja pensar.
¡Cállate ya!
Malditos Magus, no sirven para nada más que para aumentar la tirada del periódico, y ahora ni siquiera me dejan hacer mi trabajo.
¿Para que sirvo ahora?... Ah, ya,... No, no. Ni siquiera Yuudai podría ayudarme.”
-Papá... ¿te encuentras bien?
-¿Sabes que? Ya... ya no encuentro más huecos. Cada vez es más lista, esa voz... ESA MALDITA VOZ. QUE ALGUIEN LA PARE... Cada vez que intento... ¿Lo ves? Para esto, prefiero morir. Adiós, hijo mío. Siento todo lo que os hice a tu madre y a ti, ¿pero sabes qué? Fue divertido haberos conocido. Oh, sí que lo fue. Espero que puedas acabar lo que yo empecé. De verdad lo espero. Pero con lo que has hecho aquí hoy, ya tienes medio camino andado. Bien hecho, sí señor. Estoy seguro de que llegarás más lejos que yo. Adiós, hijo... creo que por fin he entendido como acallar esta maldita voz
Me vuelvo a ocultar tras el guardia “ancho”. La misión ha sido un fracaso. No tiene sentido intentar huir con el cadáver de lo que ayer era mi padre. Al menos la información que tengo ahora me ha aclarado un poco más las cosas. Matou Lisildara es una Magus, y ha conseguido que mi padre se declare culpable del asesinato con sus artimañas. Pero se ha metido con el periódico equivocado.
Stars&Stripes:
2 de febrero de 1874
8:30 a.m.
Base de la Marina de los Estados Unidos de América.
McLeod y Higgs sólo cumplían órdenes. En este caso las instrucciones fueron claras y sencillas: seguirle la corriente a ese “psiquiatra” y darle armas “antiguas” para su “amigo el coleccionista de armas”. El Comandante Joseph D. Clash les ordenó que buscasen armamento reciente de la Guerra Civil para poder observar la reacción de ese supuesto doctor. Armas, armas y más armas. No acaban de entender la razón por la cual han guardado tanto armamento aquí, además parece que con cada nuevo relevo traen más y más armas. Sospechoso, es cómo si la Marina supiera que en este pueblo harían falta armas en algún momento y hubieran actuado en consecuencia. Por supuesto, esa información sólo la conoce a ciencia cierta una persona en éste edificio, el Comandante. Es un hombre que ha visto muchas cosas en su juventud. Todo empezó con aquel incidente en la batalla de Pittsburg. Allí su pelotón batalló contra un grupo de vampiros sureños franceses, afincados en Louisiana. Fue en ese lugar donde se formó “eso”. Más tarde se enfrentó al Marqués Negro, ese vampiro que se dedicó a atormentar a los negros de los pantanos de Lousiana; y a aquella tribu de indígenas de las Rocosas que podían transformarse en bestias a voluntad. También con esos monjes mejicanos que tenían un montón de objetos extraños. Esos sí que fueron difíciles de eliminar, con todos esos cánticos exóticos y su gran habilidad para el combate cuerpo a cuerpo. Mientras reflexiona acerca de todo ello en su despacho, da gracias de encontrarse otra vez rodeado de lo sobrenatural y misterioso. Desde que se retiró de “esa unidad” ha vivido una vida tranquila como Comandante de la Marina.
Parece que ha empezado una guerra, y él estará aquí para acabarla.
8:30 a.m.
Base de la Marina de los Estados Unidos de América.
McLeod y Higgs sólo cumplían órdenes. En este caso las instrucciones fueron claras y sencillas: seguirle la corriente a ese “psiquiatra” y darle armas “antiguas” para su “amigo el coleccionista de armas”. El Comandante Joseph D. Clash les ordenó que buscasen armamento reciente de la Guerra Civil para poder observar la reacción de ese supuesto doctor. Armas, armas y más armas. No acaban de entender la razón por la cual han guardado tanto armamento aquí, además parece que con cada nuevo relevo traen más y más armas. Sospechoso, es cómo si la Marina supiera que en este pueblo harían falta armas en algún momento y hubieran actuado en consecuencia. Por supuesto, esa información sólo la conoce a ciencia cierta una persona en éste edificio, el Comandante. Es un hombre que ha visto muchas cosas en su juventud. Todo empezó con aquel incidente en la batalla de Pittsburg. Allí su pelotón batalló contra un grupo de vampiros sureños franceses, afincados en Louisiana. Fue en ese lugar donde se formó “eso”. Más tarde se enfrentó al Marqués Negro, ese vampiro que se dedicó a atormentar a los negros de los pantanos de Lousiana; y a aquella tribu de indígenas de las Rocosas que podían transformarse en bestias a voluntad. También con esos monjes mejicanos que tenían un montón de objetos extraños. Esos sí que fueron difíciles de eliminar, con todos esos cánticos exóticos y su gran habilidad para el combate cuerpo a cuerpo. Mientras reflexiona acerca de todo ello en su despacho, da gracias de encontrarse otra vez rodeado de lo sobrenatural y misterioso. Desde que se retiró de “esa unidad” ha vivido una vida tranquila como Comandante de la Marina.
Parece que ha empezado una guerra, y él estará aquí para acabarla.
Las investigaciones del Magus ejemplar - Majutsushi saiban:
Un Cierto Bosque, 2 de febrero de 1874
Era una fría mañana de invierno. Llovía. Más bien lloviznaba. Dos personas caminaban con un objetivo, y ese objetivo era una búsqueda. La búsqueda de un campesino desaparecido. Nadie sabe cómo desapareció, aún no ha sido encontrado.
Las dos figuras observaban sus alrededores, expectantes, buscando signos y pistas. Pero las pistas les eludían, les esquivaban. Pero parece que su suerte va a cambiar, se acercan a ese lugar.
-¡Mira eso! ¡Creo que hemos encontrado al desaparecido!
-¿Te refieres a eso que cuelga en el árbol?
La escena que observaron les sobrecogió, parecía sacada de una historia fantástica, un cuento de hadas macabro y perverso. Encontraron el cuerpo, pero al mismo tiempo encontraron mucho más. Un cadáver colgando de una gruesa rama de árbol y una lanza ensartada en su pecho. El frío había hecho que su cara se congelase en un rictus de desesperación, su mirada estaba perdida y vacía de toda emoción. Era la mirada de un hombre que sabía que no vería un mañana. Aún así, su muerte servía a un propósito.
-¿Por qué se encuentra así, amigo?
-La mejor hipótesis que tengo es que se trata de un sacrificio ritual a Odín.
El otro hombre se rascó la cabeza mientras cavilaba.
-¿Y qué sentido tiene sacrificar a alguien a Odín? ¿Qué beneficios reporta?
Su pregunta era una buena pregunta, ¿para qué sacrificar una vida, un ser humano, a un dios foráneo?¿Acaso no es mejor hacer una ofrenda a los dioses locales, cuya influencia será mayor en esta zona?
-La respuesta es simple. Los sacrificios a Odín cumplen múltiples propósitos. El primero es adquirir sabiduría. El mismo Odín se ahorcó en Hel para adquirir las 18 runas de poder y conseguir la sabiduría del mundo. Pero para eso el interesado ha de seguir vivo. Otro propósito puede ser para ahuyentar el mal de una zona,y eso por lo que vemos no ha funcionado. Sólo queda una opción.
-¿Cúal?
-Los capitanes de los drakkar que iban a Vinlandia se ofrecían en sacrificio para que sus empresas llegasen a buen puerto. También lo hacían los comandantes en las batallas importantes. Sospecho que este sacrificio es para que esta Guerra del Grial llegue a buen puerto.
Era una fría mañana de invierno. Llovía. Más bien lloviznaba. Dos personas caminaban con un objetivo, y ese objetivo era una búsqueda. La búsqueda de un campesino desaparecido. Nadie sabe cómo desapareció, aún no ha sido encontrado.
Las dos figuras observaban sus alrededores, expectantes, buscando signos y pistas. Pero las pistas les eludían, les esquivaban. Pero parece que su suerte va a cambiar, se acercan a ese lugar.
-¡Mira eso! ¡Creo que hemos encontrado al desaparecido!
-¿Te refieres a eso que cuelga en el árbol?
La escena que observaron les sobrecogió, parecía sacada de una historia fantástica, un cuento de hadas macabro y perverso. Encontraron el cuerpo, pero al mismo tiempo encontraron mucho más. Un cadáver colgando de una gruesa rama de árbol y una lanza ensartada en su pecho. El frío había hecho que su cara se congelase en un rictus de desesperación, su mirada estaba perdida y vacía de toda emoción. Era la mirada de un hombre que sabía que no vería un mañana. Aún así, su muerte servía a un propósito.
-¿Por qué se encuentra así, amigo?
-La mejor hipótesis que tengo es que se trata de un sacrificio ritual a Odín.
El otro hombre se rascó la cabeza mientras cavilaba.
-¿Y qué sentido tiene sacrificar a alguien a Odín? ¿Qué beneficios reporta?
Su pregunta era una buena pregunta, ¿para qué sacrificar una vida, un ser humano, a un dios foráneo?¿Acaso no es mejor hacer una ofrenda a los dioses locales, cuya influencia será mayor en esta zona?
-La respuesta es simple. Los sacrificios a Odín cumplen múltiples propósitos. El primero es adquirir sabiduría. El mismo Odín se ahorcó en Hel para adquirir las 18 runas de poder y conseguir la sabiduría del mundo. Pero para eso el interesado ha de seguir vivo. Otro propósito puede ser para ahuyentar el mal de una zona,y eso por lo que vemos no ha funcionado. Sólo queda una opción.
-¿Cúal?
-Los capitanes de los drakkar que iban a Vinlandia se ofrecían en sacrificio para que sus empresas llegasen a buen puerto. También lo hacían los comandantes en las batallas importantes. Sospecho que este sacrificio es para que esta Guerra del Grial llegue a buen puerto.
Un buen presagio:
??? , ?? de ??? del año 1874.
Esa tarde fui a por leña al bosque. No volví. Pero eso sería adelantar acontecimientos. Simplemente me encontraba en una zona bastante profunda del mismo y en ese momento empezó a caer la niebla. Sabía que algo estaba mal en el ambiente, he vivido toda mi vida en este pueblo y me puedo dar cuenta de cuando las cosas no son cómo es debido.
Intenté volver a casa lo más rápido posible, pero nunca llegué. Algo me golpeó en la nuca y me dejó inconsciente. Lo siguiente que noté fue algo que me apretaba el cuello, que me asfixiaba. El cuello me ardía, me estaba quedando sin aire. Abro los ojos y veo una sombra que se me acerca.
-Siento mucho tener que hacer esto, pero no me queda más remedio.
Dolor, mucho dolor. Bajo la vista y lo único que veo es una lanza que atraviesa mi costado. Empiezo a perder la consciencia, creo que para mi no hay un mañana.
Esa tarde fui a por leña al bosque. No volví. Pero eso sería adelantar acontecimientos. Simplemente me encontraba en una zona bastante profunda del mismo y en ese momento empezó a caer la niebla. Sabía que algo estaba mal en el ambiente, he vivido toda mi vida en este pueblo y me puedo dar cuenta de cuando las cosas no son cómo es debido.
Intenté volver a casa lo más rápido posible, pero nunca llegué. Algo me golpeó en la nuca y me dejó inconsciente. Lo siguiente que noté fue algo que me apretaba el cuello, que me asfixiaba. El cuello me ardía, me estaba quedando sin aire. Abro los ojos y veo una sombra que se me acerca.
-Siento mucho tener que hacer esto, pero no me queda más remedio.
Dolor, mucho dolor. Bajo la vista y lo único que veo es una lanza que atraviesa mi costado. Empiezo a perder la consciencia, creo que para mi no hay un mañana.
Hands across the sea:
3 de febrero
Minas de acero de Fuyuki
22:00 p.m.
El capitán Jonh Anderson siempre había sido un buen soldado. En todo momento cumplía cualquier orden que le dieran, sin protestar. No temía a lo que el campo de batalla pudiera ofrecerle, y si había de morir por su país, lo haría gustoso. Por eso nunca sospechó nada cuando le asignaron esta misión: ”ve a las minas e investiga lo que ha ocurrido allí. Cuando me des tu informe, quizá vaya yo en persona”. Al principio todo estaba bien allá. No había ni un alma en la zona. El capataz de la mina estaba desaparecido, al igual que todos los trabajadores. La mina había ardido y parte de su estructura se había derrumbado, haciendo imposible su acceso. Nada podía dar a entender el porqué de la llamarada, ya que no había rastros de carbón ni brea en la mina de hierro. Un misterio.
Mientras el capitán y su equipo cavilaban se les echó la niebla encima. No una niebla cualquiera: una extrañamente densa, casi como si tuviera vida propia. En ese instante, empezaron a oírse una serie de ruidos muy extraños, metálicos. En la niebla se movían unas sombras, una especie de gigantes de barro y acero. Las sombras se acercaban más y más a ellos, cercándolos.
A la mañana siguiente, cuando se despejó la niebla, en ese lugar sólo quedaba un festín para los cuervos.
Minas de acero de Fuyuki
22:00 p.m.
El capitán Jonh Anderson siempre había sido un buen soldado. En todo momento cumplía cualquier orden que le dieran, sin protestar. No temía a lo que el campo de batalla pudiera ofrecerle, y si había de morir por su país, lo haría gustoso. Por eso nunca sospechó nada cuando le asignaron esta misión: ”ve a las minas e investiga lo que ha ocurrido allí. Cuando me des tu informe, quizá vaya yo en persona”. Al principio todo estaba bien allá. No había ni un alma en la zona. El capataz de la mina estaba desaparecido, al igual que todos los trabajadores. La mina había ardido y parte de su estructura se había derrumbado, haciendo imposible su acceso. Nada podía dar a entender el porqué de la llamarada, ya que no había rastros de carbón ni brea en la mina de hierro. Un misterio.
Mientras el capitán y su equipo cavilaban se les echó la niebla encima. No una niebla cualquiera: una extrañamente densa, casi como si tuviera vida propia. En ese instante, empezaron a oírse una serie de ruidos muy extraños, metálicos. En la niebla se movían unas sombras, una especie de gigantes de barro y acero. Las sombras se acercaban más y más a ellos, cercándolos.
A la mañana siguiente, cuando se despejó la niebla, en ese lugar sólo quedaba un festín para los cuervos.
Las tribulaciones del joven Kotomine:
Fuyuki, en algún momento del siglo XX
Kotomine Raimei puede seguir recordando su infancia como si fuera ayer. Como ayudaba a sus padres con los campos, las penurias del largo invierno y la esperada llegada de la primavera, la calidez de su familia... Pero no todos los recuerdos de esa época son recuerdos felices, hay algunos que desearía que nunca hubieran ocurrido; como la muerte de su familia.
Muerte no es el término correcto, ya que se puede asociar a un accidente o una enfermedad (ambas cosas más que comunes en un tiempo tan convulso como el que vivió). Sería más preciso afirmar que fueron asesinados. Asesinados por esa cosa que dice ser una Matou. Tan monstruosa era que no merecía el calificativo de humana.
Pero de la muerte de sus padres el joven Kotomine pudo extraer algo positivo, algo que marcó su destino y el de sus descendientes. Algo denominado Catolicismo.
Todo empezó cuando, lleno aún de furia y rabia contra el mundo, fue a la primera clase de lectura del Padre Anacleto.
Sus palabras llenas de compasión y humildad le enseñaron que el mundo puede ser un lugar mejor, y que él puede contribuir al cambio. Fue allí, en ese granero lleno de agujeros y grietas donde lo decidió.
-Seguiré a este hombre hasta el fin de mis días.
Y aún hoy, muchos años después de ese momento, siendo un anciano puede decir con orgullo que no faltó a su promesa.
Kotomine Raimei puede seguir recordando su infancia como si fuera ayer. Como ayudaba a sus padres con los campos, las penurias del largo invierno y la esperada llegada de la primavera, la calidez de su familia... Pero no todos los recuerdos de esa época son recuerdos felices, hay algunos que desearía que nunca hubieran ocurrido; como la muerte de su familia.
Muerte no es el término correcto, ya que se puede asociar a un accidente o una enfermedad (ambas cosas más que comunes en un tiempo tan convulso como el que vivió). Sería más preciso afirmar que fueron asesinados. Asesinados por esa cosa que dice ser una Matou. Tan monstruosa era que no merecía el calificativo de humana.
Pero de la muerte de sus padres el joven Kotomine pudo extraer algo positivo, algo que marcó su destino y el de sus descendientes. Algo denominado Catolicismo.
Todo empezó cuando, lleno aún de furia y rabia contra el mundo, fue a la primera clase de lectura del Padre Anacleto.
Sus palabras llenas de compasión y humildad le enseñaron que el mundo puede ser un lugar mejor, y que él puede contribuir al cambio. Fue allí, en ese granero lleno de agujeros y grietas donde lo decidió.
-Seguiré a este hombre hasta el fin de mis días.
Y aún hoy, muchos años después de ese momento, siendo un anciano puede decir con orgullo que no faltó a su promesa.
A las puertas de la verdad:
Fuyuki, martes, día 4 de febrero del año 7 de la era Meiji.
Apenas son las 6 de la mañana cuando por fin decido acostarme y dormir unas horas. Ha sido una noche dura, pero por fin empiezo a entenderlo. No es que Él hubiese intentado esconder toda esta información; simplemente no se había molestado en dejarla a la vista. Por eso me había llevado toda la noche, y por eso aún me quedaba mucho trabajo por delante. Las notas, los informes, las entrevistas... todo es un caos, y me ha hecho falta leerlo todo varias veces para tener una visión global de lo que está ocurriendo. Esta claro que por algo nunca me dejó entrar en su estudio, pero ahora que está muerto, es lo único que me ha dejado.
Esto es lo que he descubierto hasta el momento:
-Hay al menos seis personas implicadas en todo esto: Matou Lisildara, Tohsaka Yuudai, Deimos E. Licurgus, Titus Epafroditus, Dearg McOhmgall y Anacleto Montoya Castro. Es posible que el hombre del bosque también tenga algo que ver, aunque es un completo y absoluto misterio. En caso de estar implicado, sería el mayor reto. Además, casi todos parecen tener un acompañante; que respectivamente serían: el hombre del turbante, el primo de su mujer, el gigante, el chico rubio, el hombre blanco, el hombre a caballo, y Alfred.
-Del hecho de que Tohsaka haya sacado a su familia de la ciudad de antemano se deduce que lo que está ocurriendo es premeditado, al menos en cierta medida.
-Existen al menos tres facciones. Que se sepa, aquellos que defienden la ciudad, Matou Lisildara y Deimos E. Licurgus, cada uno de estos por separado. Se desconoce si el hombre del bosque pertenece a alguna de estas facciones, o por el contrario constituye una facción propia, aunque parece más probable esta última opción.
-Existe una organización que tomará represalias contra aquellos que dejen al descubierto la existencia de los Magus, o no se explicaría por qué se ocultan. Sin embargo, parece haber Magus a los que no les preocupa lo más mínimo. ¿Esta organización tiene diversas facciones internas, o se trata organizaciones completamente diferentes? ¿Existen Magus completamente agenos a esta y otras posibles organizaciones?
Existen todavía muchos datos que organizar y desenmarañar, pero hay una pregunta que me está carcomiendo desde que he empezado a investigar todo este asunto: ¿Qué esperan obtener tras ganar esta batalla que han organizado? ¿Existe un premio para el ganador, o se trata tan solo de un conflicto de intereses? ¿Y cuál es ese premio o esos intereses?
Apenas son las 6 de la mañana cuando por fin decido acostarme y dormir unas horas. Ha sido una noche dura, pero por fin empiezo a entenderlo. No es que Él hubiese intentado esconder toda esta información; simplemente no se había molestado en dejarla a la vista. Por eso me había llevado toda la noche, y por eso aún me quedaba mucho trabajo por delante. Las notas, los informes, las entrevistas... todo es un caos, y me ha hecho falta leerlo todo varias veces para tener una visión global de lo que está ocurriendo. Esta claro que por algo nunca me dejó entrar en su estudio, pero ahora que está muerto, es lo único que me ha dejado.
Esto es lo que he descubierto hasta el momento:
-Hay al menos seis personas implicadas en todo esto: Matou Lisildara, Tohsaka Yuudai, Deimos E. Licurgus, Titus Epafroditus, Dearg McOhmgall y Anacleto Montoya Castro. Es posible que el hombre del bosque también tenga algo que ver, aunque es un completo y absoluto misterio. En caso de estar implicado, sería el mayor reto. Además, casi todos parecen tener un acompañante; que respectivamente serían: el hombre del turbante, el primo de su mujer, el gigante, el chico rubio, el hombre blanco, el hombre a caballo, y Alfred.
-Del hecho de que Tohsaka haya sacado a su familia de la ciudad de antemano se deduce que lo que está ocurriendo es premeditado, al menos en cierta medida.
-Existen al menos tres facciones. Que se sepa, aquellos que defienden la ciudad, Matou Lisildara y Deimos E. Licurgus, cada uno de estos por separado. Se desconoce si el hombre del bosque pertenece a alguna de estas facciones, o por el contrario constituye una facción propia, aunque parece más probable esta última opción.
-Existe una organización que tomará represalias contra aquellos que dejen al descubierto la existencia de los Magus, o no se explicaría por qué se ocultan. Sin embargo, parece haber Magus a los que no les preocupa lo más mínimo. ¿Esta organización tiene diversas facciones internas, o se trata organizaciones completamente diferentes? ¿Existen Magus completamente agenos a esta y otras posibles organizaciones?
Existen todavía muchos datos que organizar y desenmarañar, pero hay una pregunta que me está carcomiendo desde que he empezado a investigar todo este asunto: ¿Qué esperan obtener tras ganar esta batalla que han organizado? ¿Existe un premio para el ganador, o se trata tan solo de un conflicto de intereses? ¿Y cuál es ese premio o esos intereses?
Información del día 4 de febrero:
Paso a paso:
Fuyuki, día 5 de febrero.
Me sorprende la asombrosa cantidad de información que hay a disposición de quien sabe hacer las preguntas adecuadas a las personas adecuadas. Hasta diría que es insultante el hecho de que esta información de la que dispongo ahora mismo no sea pública. Tal vez lo consiga algún día, al fin y al cabo, era el sueño de mi padre... También es cierto que sus notas han sido de gran ayuda. He conseguido algunas respuestas interesantes de ellas, aunque algunas nuevas preguntas.
Para empezar, practicamente he confirmado la existencia de ese organismo central de los magus, que casi sin ninguna duda tiene su sede principal en Londres. El señor Tohsaka pertenece a esta organización, aunque es cierto que este organismo pretende ocultar la existencia de la magia, lo que me obliga a tener cuidado con Yuudai.
Por otro lado, ya conozco la causa que ha empujado a estos Magus a enfrentarse: El Santo Grial. He de agradecer esta información a un pequeño descuido de la señorita Matou, aunque por desgracia desconozco por completo que es este Santo Grial. ¿Se trata del objeto mítico de las leyendas cristianas, o es otro objeto que comparte el nombre?
Lo que me lleva a la siguiente gran pista que he obtenido: Aquiles el de los pies ligeros. Ese es el nombre del acompañante de Deimos. Así que me he puesto a investigar, y un pequeño grito de Anacleto en la biblioteca me ha confirmado lo que sospechaba: todos los acompañantes de los Magus son en realidad heroes de la antigüedad, y he confirmado la identidad de al menos cuatro, y el quinto es solo cuestión de tiempo. Si todo va según mis planes, tan solo tengo que descubrir quienes son el hombre del turbante y Alfred, aunque empiezo a sospechar que algo no va bien en ese campo.
No sé donde va a acabar esta Guerra del Santo Grial, como la llamó la señorita Matou, pero mi investigación también está tomando un rumbo inesperado. La principal fuente de información de mi padre acerca de los Magus es una mujer cuyo nombre desconozco y aparece mencionada innumerables veces. Parece ser que mi padre estaba completamente volcado en la investigación de su desparición, pero no sé nada del tema. Preguntaré a Noriyaki en unas horas acerca de Nagisa Yuki.
Me sorprende la asombrosa cantidad de información que hay a disposición de quien sabe hacer las preguntas adecuadas a las personas adecuadas. Hasta diría que es insultante el hecho de que esta información de la que dispongo ahora mismo no sea pública. Tal vez lo consiga algún día, al fin y al cabo, era el sueño de mi padre... También es cierto que sus notas han sido de gran ayuda. He conseguido algunas respuestas interesantes de ellas, aunque algunas nuevas preguntas.
Para empezar, practicamente he confirmado la existencia de ese organismo central de los magus, que casi sin ninguna duda tiene su sede principal en Londres. El señor Tohsaka pertenece a esta organización, aunque es cierto que este organismo pretende ocultar la existencia de la magia, lo que me obliga a tener cuidado con Yuudai.
Por otro lado, ya conozco la causa que ha empujado a estos Magus a enfrentarse: El Santo Grial. He de agradecer esta información a un pequeño descuido de la señorita Matou, aunque por desgracia desconozco por completo que es este Santo Grial. ¿Se trata del objeto mítico de las leyendas cristianas, o es otro objeto que comparte el nombre?
Lo que me lleva a la siguiente gran pista que he obtenido: Aquiles el de los pies ligeros. Ese es el nombre del acompañante de Deimos. Así que me he puesto a investigar, y un pequeño grito de Anacleto en la biblioteca me ha confirmado lo que sospechaba: todos los acompañantes de los Magus son en realidad heroes de la antigüedad, y he confirmado la identidad de al menos cuatro, y el quinto es solo cuestión de tiempo. Si todo va según mis planes, tan solo tengo que descubrir quienes son el hombre del turbante y Alfred, aunque empiezo a sospechar que algo no va bien en ese campo.
No sé donde va a acabar esta Guerra del Santo Grial, como la llamó la señorita Matou, pero mi investigación también está tomando un rumbo inesperado. La principal fuente de información de mi padre acerca de los Magus es una mujer cuyo nombre desconozco y aparece mencionada innumerables veces. Parece ser que mi padre estaba completamente volcado en la investigación de su desparición, pero no sé nada del tema. Preguntaré a Noriyaki en unas horas acerca de Nagisa Yuki.
El Capitán:
Fuyuki
3 de febrero de 1874, 16:00
Base de la Marina estadounidense
Despacho del Comandante Joseph D. Clash
Hoy desaparecieron todas sus dudas, si es que quedaba alguna. La Guerra del Grial ha vuelto a Fuyuki y amenaza con causar la misma destrucción que la anterior. De la primera Guerra del Grial no hay registros, no se sabe que ocurrió. Las familias implicadas niegan fervientemente haberla realizado y alegan que la hecatombe sobre la ciudad fue debida a fenómenos climáticos anómalos. Obviamente, eso es falso. Estudiar un fenómeno del que sólo se conoce parte de la información, que tanto podría ser cierta como falsa; y que además sólo conocen su alcance real unas 3 o 4 personas en el mundo, no es tarea fácil. Pero es la clase de tarea que le encantaría al Capitán.
El Capitán. ¿Por dónde debería empezar a hablar de él? ¿Debería describir su tenacidad, su valor, su capacidad de liderazgo? ¿O sería mejor narrar su bondad, su gran corazón y la preocupación que sentía por sus hombres?
Lo mejor sería empezar por el principio, el momento en el que conoció al Capitán. En la batalla de Gettysburg había un hombre que se alistó al bando de los Yanquis y que nadie sabía por qué. Tendría unos cincuenta años y el pelo totalmente cano. Su bigote le llegaba a la barbilla y su melena hasta los hombros. Por su porte y complexión se podía deducir que había sido soldado toda su vida, pero no era un mercenario. En esta guerra no tenían cabida. Era una guerra en la que se enfrentaban hermanos con hermanos, amigos con amigos, padres con hijos e hijos con abuelos. Era una guerra de convicciones. Por eso era tan extraño que un extranjero decidiese participar en ella.
“Durante toda mi vida he visto sufrir a la gente por la esclavitud, ha llegado la hora de decir basta” solía decir en su inglés con acento de Castilla. Le llamaban “El Capitán” por eso mismo, porque decía que cuando la guerra acabase y no hubiese esclavos en los Estados Unidos se iría a combatir la esclavitud allá donde hiciera falta. Por desgracia no pudo cumplir sus promesas. Él era el líder de “esa unidad”, aquella que vio lo que nunca debió ser visto.
Mientras los cañones tronaban y las ametralladoras retumbaban nuestro escuadrón se iba acercando a un grupo de franceses con aspecto noble. Por lo que pudimos oír, su francés era aún más arcaico que el del resto de nobles, casi como de otra época. Los flanqueamos y les atacamos por sorpresa.
En ese momento, lo que parecía una lucha fácil se convirtió en el infierno. Uno de los nobles a los que Joe D. Clash iba a apuñalar por la espalda se convirtió en una nube de sagre, y Joe y el cuchillo la atravesaron sin problemas. Se volvió a recomponer detrás de él y cuando se disponía a atacarle un gran puño brillante le hizo estallar la cabeza. Ese puño le pertenecía a El Capitán.
-Ya me he enfrentado a seres como éstos, Joe. Son un poco más duros que la mayoría, pero si sabes las palabras adecuadas te das cuenta de que no son más que petimetres que hablan de forma extraña y que creen que el resto de la humanidad es ganado. Muéstrales que se equivocan.
3 de febrero de 1874, 16:00
Base de la Marina estadounidense
Despacho del Comandante Joseph D. Clash
Hoy desaparecieron todas sus dudas, si es que quedaba alguna. La Guerra del Grial ha vuelto a Fuyuki y amenaza con causar la misma destrucción que la anterior. De la primera Guerra del Grial no hay registros, no se sabe que ocurrió. Las familias implicadas niegan fervientemente haberla realizado y alegan que la hecatombe sobre la ciudad fue debida a fenómenos climáticos anómalos. Obviamente, eso es falso. Estudiar un fenómeno del que sólo se conoce parte de la información, que tanto podría ser cierta como falsa; y que además sólo conocen su alcance real unas 3 o 4 personas en el mundo, no es tarea fácil. Pero es la clase de tarea que le encantaría al Capitán.
El Capitán. ¿Por dónde debería empezar a hablar de él? ¿Debería describir su tenacidad, su valor, su capacidad de liderazgo? ¿O sería mejor narrar su bondad, su gran corazón y la preocupación que sentía por sus hombres?
Lo mejor sería empezar por el principio, el momento en el que conoció al Capitán. En la batalla de Gettysburg había un hombre que se alistó al bando de los Yanquis y que nadie sabía por qué. Tendría unos cincuenta años y el pelo totalmente cano. Su bigote le llegaba a la barbilla y su melena hasta los hombros. Por su porte y complexión se podía deducir que había sido soldado toda su vida, pero no era un mercenario. En esta guerra no tenían cabida. Era una guerra en la que se enfrentaban hermanos con hermanos, amigos con amigos, padres con hijos e hijos con abuelos. Era una guerra de convicciones. Por eso era tan extraño que un extranjero decidiese participar en ella.
“Durante toda mi vida he visto sufrir a la gente por la esclavitud, ha llegado la hora de decir basta” solía decir en su inglés con acento de Castilla. Le llamaban “El Capitán” por eso mismo, porque decía que cuando la guerra acabase y no hubiese esclavos en los Estados Unidos se iría a combatir la esclavitud allá donde hiciera falta. Por desgracia no pudo cumplir sus promesas. Él era el líder de “esa unidad”, aquella que vio lo que nunca debió ser visto.
Mientras los cañones tronaban y las ametralladoras retumbaban nuestro escuadrón se iba acercando a un grupo de franceses con aspecto noble. Por lo que pudimos oír, su francés era aún más arcaico que el del resto de nobles, casi como de otra época. Los flanqueamos y les atacamos por sorpresa.
En ese momento, lo que parecía una lucha fácil se convirtió en el infierno. Uno de los nobles a los que Joe D. Clash iba a apuñalar por la espalda se convirtió en una nube de sagre, y Joe y el cuchillo la atravesaron sin problemas. Se volvió a recomponer detrás de él y cuando se disponía a atacarle un gran puño brillante le hizo estallar la cabeza. Ese puño le pertenecía a El Capitán.
-Ya me he enfrentado a seres como éstos, Joe. Son un poco más duros que la mayoría, pero si sabes las palabras adecuadas te das cuenta de que no son más que petimetres que hablan de forma extraña y que creen que el resto de la humanidad es ganado. Muéstrales que se equivocan.
Who is who in Navy Blue:
En algún lugar de la Costa Este norteamericana.
17 de septiembre de 1909
19:37
Eran seis. Eran diez las personas que conocían la existencia de esta casa. Siete las que sabían que hoy se celebraría una reunión. Seis a las que les comunicó qué se se discutiría en ella. Pero sólo uno había visto el interior de la caja con el cerrojo dorado.
Uno a uno, con escasos minutos de separación, fueron llegando a la sala de estar. Todas las cortinas estaban corridas, impidiendo la entrada de luz; y lo único que había en esa habitación era una mesa y seis sillas a su alrededor.
Uno de los asistentes, con aspecto de hombre de negocios y lejos ya de su juventud interrumpió el silencio con una pregunta:
-Ahora que ya estamos todos, ¿alguien puede decirme a que se debe esta inesperada reunión? Tengo asuntos importantes que atender.
-Tranquilo Charlie -respondió el único que comprendía el alcance de la situación -,os he llamado por una buena razón.
-¿Y se puede saber cuál es? Dirigir el BOI es algo que lleva tiempo, no se si lo sabes. Deberías ir al grano.
-Joe, Joe, Joe... Siempre tan impaciente, parece que fue ayer cuando eras el fiscal general más fogoso de toda América. Pero sí, ya es hora de que lo veais.
-¿Ver el qué? Yo sólo veo una cajita de madera encima de la mesa.
- A eso es a lo que me refería, bueno, más bien a lo que contiene en su interior.
El joven del chaleco, el hombre que dirigía la conversación se dispuso a sacar una llave de su bolsillo y a introducirla parsimoniosamente en la cerradura. Tras un chasquido se reveló el contenido de su interior, una libreta de tapas de cuero; muy típica entre los marines cuando quieren llevar un diario.
-¿Es eso todo? ¿Nos haces venir por ésto? ¿Un simple diario?
-Pero no es un diario cualquiera, en éste diario se nos dan las razones necesarias para volver a organizar “esa unidad”.
-¿”Esa unidad”? ¡Eso es un mito, una leyenda! ¡Nunca existió y nunca existirá! Magos, brujas, vampiros, hombres-bestia... ¡Eso son cuentos de viejas!
-Lee este diario.
Esas fueron las únicas palabras que tuvo que decir para que el silencio volviera a la habitación y cinco hombres estudiasen en profundidad ese peculiar texto.
...
...
...
Extracto del diario de [mancha de tinta]
Dia 3 de febrero de 1874, Fuyuki.
Hoy me han dicho que he de escoltar a [mancha de tinta] al templo, por una especie de homenaje a los muertos de los últimos días. Al menos veré algo diferente del cuartel.
Hemos llegado y parece que van a empezar a rezar, [la letra se hace aún más ilegible] ¿porqué se aleja todo el mundo, que ocurre? [se aprecian los temblores en la mano que escribe]
¡Acabo de ver como a un tirillas le sale un brazo que es igual de grande que mi torso de la altura de la cabeza! ¿Qué son esos rugidos? Parece que dicen algo en inglés y suena como si el mierdecillas ese (que ahora es un gigante de 8 pies) se llamara Archie o algo así...[totalmente ilegible a partir de este punto y durante una página].
...
...
...
-Y bien, señores, ¿qué les parece?
-Lo hemos leído de cabo a rabo y sólo podemos afirmar una cosa... Si todo lo que cuenta aquí es cierto, y parece que lo es, “esa unidad” ha de volver a formarse. Ese será su trabajo, joven Bill Vanderbilt.
17 de septiembre de 1909
19:37
Eran seis. Eran diez las personas que conocían la existencia de esta casa. Siete las que sabían que hoy se celebraría una reunión. Seis a las que les comunicó qué se se discutiría en ella. Pero sólo uno había visto el interior de la caja con el cerrojo dorado.
Uno a uno, con escasos minutos de separación, fueron llegando a la sala de estar. Todas las cortinas estaban corridas, impidiendo la entrada de luz; y lo único que había en esa habitación era una mesa y seis sillas a su alrededor.
Uno de los asistentes, con aspecto de hombre de negocios y lejos ya de su juventud interrumpió el silencio con una pregunta:
-Ahora que ya estamos todos, ¿alguien puede decirme a que se debe esta inesperada reunión? Tengo asuntos importantes que atender.
-Tranquilo Charlie -respondió el único que comprendía el alcance de la situación -,os he llamado por una buena razón.
-¿Y se puede saber cuál es? Dirigir el BOI es algo que lleva tiempo, no se si lo sabes. Deberías ir al grano.
-Joe, Joe, Joe... Siempre tan impaciente, parece que fue ayer cuando eras el fiscal general más fogoso de toda América. Pero sí, ya es hora de que lo veais.
-¿Ver el qué? Yo sólo veo una cajita de madera encima de la mesa.
- A eso es a lo que me refería, bueno, más bien a lo que contiene en su interior.
El joven del chaleco, el hombre que dirigía la conversación se dispuso a sacar una llave de su bolsillo y a introducirla parsimoniosamente en la cerradura. Tras un chasquido se reveló el contenido de su interior, una libreta de tapas de cuero; muy típica entre los marines cuando quieren llevar un diario.
-¿Es eso todo? ¿Nos haces venir por ésto? ¿Un simple diario?
-Pero no es un diario cualquiera, en éste diario se nos dan las razones necesarias para volver a organizar “esa unidad”.
-¿”Esa unidad”? ¡Eso es un mito, una leyenda! ¡Nunca existió y nunca existirá! Magos, brujas, vampiros, hombres-bestia... ¡Eso son cuentos de viejas!
-Lee este diario.
Esas fueron las únicas palabras que tuvo que decir para que el silencio volviera a la habitación y cinco hombres estudiasen en profundidad ese peculiar texto.
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Extracto del diario de [mancha de tinta]
Dia 3 de febrero de 1874, Fuyuki.
Hoy me han dicho que he de escoltar a [mancha de tinta] al templo, por una especie de homenaje a los muertos de los últimos días. Al menos veré algo diferente del cuartel.
Hemos llegado y parece que van a empezar a rezar, [la letra se hace aún más ilegible] ¿porqué se aleja todo el mundo, que ocurre? [se aprecian los temblores en la mano que escribe]
¡Acabo de ver como a un tirillas le sale un brazo que es igual de grande que mi torso de la altura de la cabeza! ¿Qué son esos rugidos? Parece que dicen algo en inglés y suena como si el mierdecillas ese (que ahora es un gigante de 8 pies) se llamara Archie o algo así...[totalmente ilegible a partir de este punto y durante una página].
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-Y bien, señores, ¿qué les parece?
-Lo hemos leído de cabo a rabo y sólo podemos afirmar una cosa... Si todo lo que cuenta aquí es cierto, y parece que lo es, “esa unidad” ha de volver a formarse. Ese será su trabajo, joven Bill Vanderbilt.
El Golem - El despertar:
En algún lugar cerca de Kobe, tercer cuarto del S.XIX.
Un castillo en las montañas.
Lo primero que sintió al despertar fue la respiración de un millar más como él. Poseía un atisbo de consciencia, algo que lo ataba al mundo, un vínculo con la existencia. Por eso podía percibir la realidad, por ello podía moverse. Porque tenía alma.
Al tomar consciencia de sus alrededores "vio" una gran sala de piedra y centenares de seres como él. Entes de barro y metal, su interior arde con las llamas de la vida y expulsa humo y vapor al exterior. Delante de él, cuál Dios en la Creación, se encuentra su "padre". Su amo y señor, el Alquimista. Uno por uno les dice a cada uno de sus "hijos":
-Te he insuflado alma, en cierta manera vives; así que has de servirme.
A ninguno se le ocurriría jamás contradecir esa orden, simplemente no entraba en su concepción del mundo.
Después de ese revelador día vinieron una serie de meses en los que se dedicaban a tareas simples, cómo la construcción de un castillo para su señor, entre otras cosas.
Llegó el invierno y su constructor les dijo:
-Mis creaciones, ha llegado el momento de hacer algo. Vamos a ir al pueblo que hay aquí cerca y vais a tener que secuestrar algo a lo que yo llamo... Vírgenes. Mi mayordomo os va a ir pasando un bloque de tarjetas perforadas, de las cuales tenéis que insertaros una en la ranura para tarjetas y el resto dárselas a los que tengáis detrás. En ella se os transmitirá la información necesaria para poder distinguirlas del resto de los humanos. Y ahora, salgamos a demostrarles quien manda en estas tierras. Avanzaron por los bosques como un solo ser, como una sola máquina. La tierra temblaba a su paso y la nieve acumulada en los árboles caía. Y nadie se esperaba lo que ocurriría más tarde.
Un castillo en las montañas.
Lo primero que sintió al despertar fue la respiración de un millar más como él. Poseía un atisbo de consciencia, algo que lo ataba al mundo, un vínculo con la existencia. Por eso podía percibir la realidad, por ello podía moverse. Porque tenía alma.
Al tomar consciencia de sus alrededores "vio" una gran sala de piedra y centenares de seres como él. Entes de barro y metal, su interior arde con las llamas de la vida y expulsa humo y vapor al exterior. Delante de él, cuál Dios en la Creación, se encuentra su "padre". Su amo y señor, el Alquimista. Uno por uno les dice a cada uno de sus "hijos":
-Te he insuflado alma, en cierta manera vives; así que has de servirme.
A ninguno se le ocurriría jamás contradecir esa orden, simplemente no entraba en su concepción del mundo.
Después de ese revelador día vinieron una serie de meses en los que se dedicaban a tareas simples, cómo la construcción de un castillo para su señor, entre otras cosas.
Llegó el invierno y su constructor les dijo:
-Mis creaciones, ha llegado el momento de hacer algo. Vamos a ir al pueblo que hay aquí cerca y vais a tener que secuestrar algo a lo que yo llamo... Vírgenes. Mi mayordomo os va a ir pasando un bloque de tarjetas perforadas, de las cuales tenéis que insertaros una en la ranura para tarjetas y el resto dárselas a los que tengáis detrás. En ella se os transmitirá la información necesaria para poder distinguirlas del resto de los humanos. Y ahora, salgamos a demostrarles quien manda en estas tierras. Avanzaron por los bosques como un solo ser, como una sola máquina. La tierra temblaba a su paso y la nieve acumulada en los árboles caía. Y nadie se esperaba lo que ocurriría más tarde.
El Golem - La noche:
3 de febrero de 1874, ciudad de Fuyuki, alrededor de las 9 de la noche.
Tras la travesía a través de los bosques llegaron a la ciudad. Nunca habían visto nada parecido, pero el creador les había descrito como sería. Grandes grupos de casas (las más ricas y lujosas más próximas a la colina desde dónde llegaron y menos cuidadas y próximas entre ellas a medida que se acercaban a la gran masa de agua llamada mar), campos de cultivo, un río y más casas del otro lado; aunque no tantas.
Él y su escuadra de cinco tenían por misión encargarse de la zona más pudiente (no eran la única escuadra allí, sólo una más). Su objetivo era simple: si veían una casa, llamaban a la puerta. Si les abrían, enseñaban la hoja de papel que les dieron (si no les abrían llamaban dos veces más y en caso de que hicieran caso omiso a su insistencia tiraban la puerta abajo). Tras enseñar la hoja recogían a las vírgenes o al “otro” (tenían que asegurarse de que los ocupantes de la vivienda cooperaran, en caso de que no lo hicieran debían llevarse a todas las mujeres jóvenes o, si vivían solas, a las ancianas) e irse.
En un principio parecía que todo iba a salir bien. Llamaron, enseñaron la carta y se llevaron a las vírgenes. Pero en la casa de al lado no tuvieron tanto éxito, puesto que cuatro humanos intentaban impedir que se llevasen a las muchachas.
Hubo una refriega y en el transcurso de la misma, uno de ellos disparó tres flechas a la vez con su arco y le dio a las chicas que llevaba su grupo, matándolas a las tres. Parecía que iban a atacarles también (ya habían acabado con la otra escuadra), pero parecían tener prisa y se fueron corriendo.
Gracias a ello, pudieron repetir la operación en otra vivienda y consiguieron no tres, si no cuatro de ellas. Ya tienen el cupo y pueden volver al castillo.
¡Misión Cumplida!
Tras la travesía a través de los bosques llegaron a la ciudad. Nunca habían visto nada parecido, pero el creador les había descrito como sería. Grandes grupos de casas (las más ricas y lujosas más próximas a la colina desde dónde llegaron y menos cuidadas y próximas entre ellas a medida que se acercaban a la gran masa de agua llamada mar), campos de cultivo, un río y más casas del otro lado; aunque no tantas.
Él y su escuadra de cinco tenían por misión encargarse de la zona más pudiente (no eran la única escuadra allí, sólo una más). Su objetivo era simple: si veían una casa, llamaban a la puerta. Si les abrían, enseñaban la hoja de papel que les dieron (si no les abrían llamaban dos veces más y en caso de que hicieran caso omiso a su insistencia tiraban la puerta abajo). Tras enseñar la hoja recogían a las vírgenes o al “otro” (tenían que asegurarse de que los ocupantes de la vivienda cooperaran, en caso de que no lo hicieran debían llevarse a todas las mujeres jóvenes o, si vivían solas, a las ancianas) e irse.
En un principio parecía que todo iba a salir bien. Llamaron, enseñaron la carta y se llevaron a las vírgenes. Pero en la casa de al lado no tuvieron tanto éxito, puesto que cuatro humanos intentaban impedir que se llevasen a las muchachas.
Hubo una refriega y en el transcurso de la misma, uno de ellos disparó tres flechas a la vez con su arco y le dio a las chicas que llevaba su grupo, matándolas a las tres. Parecía que iban a atacarles también (ya habían acabado con la otra escuadra), pero parecían tener prisa y se fueron corriendo.
Gracias a ello, pudieron repetir la operación en otra vivienda y consiguieron no tres, si no cuatro de ellas. Ya tienen el cupo y pueden volver al castillo.
¡Misión Cumplida!
Una discusión acerca de la ética y la moral del arte de la huída:
Nota para el redactor de esta información: Me niego a poner Von Bosque.
3 de febrero de 1874
En un castillo que se yergue sobre una colina hay un gran salón, como un estudio de dimensiones gargantuescas. En ese estudio destacan la gran chimenea (siempre encendida en invierno), un cómodo diván y una pared.
Esa pared era aparentemente normal, de piedra y argamasa; aunque en ella se podían ver cosas que sucedían en lugares distantes. En ese mismo momento se veía a un cojo corriendo a través de un bosque a una velocidad impropia de un hombre de su condición.
-Parece mentira que haya podido huir con tanta facilidad-comentócon tranquilidad el anciano mientras tomaba un sorbo de té negro.
- Según mis informadores en la ciudad, no ha dejado de hacerlo desde que llegó a Fuyuki. Podría decirse que es un experto en el arte del escapismo-aclaró la sombra cuya voz reverberaba por toda la habitación, sin proceder de ningún punto en concreto.
En ese instante entró por la puerta un hombre de unos 60 o 70 años, con un carrito de pastas de té, además de unos libros de aspecto extraño.
-Aquí tiene, señor. Las pastas de té y los libros que me encargó para su viaje al pueblo.
El anciano se levantó de su diván y mientras salía por la puerta anunció:
-Alfred, Assassin, id preparando el carro para salir. Yo voy a por mi bastón, mi chistera y mi abrigo. Os esperaré en la entrada. Ah, preparad un paquetito de pastas para el camino.
Y se quedaron solos el anciano mayordomo y la sombra del turbante. Al tiempo que seguían las órdenes de su señor, iniciaron una discusión filosófica:
-¿Y qué opina usted del concepto de retirada estratégica, Mr. Assasin?- inquirió Alfred.
- En mi profesión es de extrema necesidad conocer cuando has de enfrentarte a tu enemigo en una batalla frontal y cuando tienes que contratar a una bailarina con veneno en el revés de las uñas. Pero supongo que para el resto del mundo lo más honorable es hacer frente a tu oponente sin importar la situación. La verdad es que nunca me preocupé demasiado de eso. Yo simplemente ejecuto mi contrato. Se le ve caviloso, ¿podría compartir sus pensamientos conmigo, sidi Alfred?
El anciano dejó el juego de té en el carro y se volvió hacia la oscuridad:
-Estaba pensando en lo mucho que se parecen usted y el amo Kepler. Ambos piensan que lo ético es el combate directo y honesto y sin embargo recurren a artes ocultas para sus fines; aunque hubo un tiempo en el que a Mr. Kepler (cuando aún era el señorito Kepler, en sus tiempos en Cambridge) no se le ocurriría no enfrentarse a sus problemas a la cara.
-Entonces ocurrió algo que le cambió, ¿no?
Ya preparandose para salir por la puerta, el sirviente parecía mucho más viejo que hace unos instantes:
-Es cierto, un suceso en Albión supuso un tremendo impacto para nuestro señor. Lo ha enterrado en lo más profundo de su mente, y no parece dispuesto a dejarlo salir. Espero que esta Guerra por el Santo Grial le abra los ojos.
La sombra se deslizó por la sala hasta la ventana, la abrió de par en par, dejando entrar la poca luz de luna que filtraban las nubes y mientras se esfumaba sentenció:
-Yo solo espero que por tener los ojos abiertos no quede cegado por la verdad...
3 de febrero de 1874
En un castillo que se yergue sobre una colina hay un gran salón, como un estudio de dimensiones gargantuescas. En ese estudio destacan la gran chimenea (siempre encendida en invierno), un cómodo diván y una pared.
Esa pared era aparentemente normal, de piedra y argamasa; aunque en ella se podían ver cosas que sucedían en lugares distantes. En ese mismo momento se veía a un cojo corriendo a través de un bosque a una velocidad impropia de un hombre de su condición.
-Parece mentira que haya podido huir con tanta facilidad-comentócon tranquilidad el anciano mientras tomaba un sorbo de té negro.
- Según mis informadores en la ciudad, no ha dejado de hacerlo desde que llegó a Fuyuki. Podría decirse que es un experto en el arte del escapismo-aclaró la sombra cuya voz reverberaba por toda la habitación, sin proceder de ningún punto en concreto.
En ese instante entró por la puerta un hombre de unos 60 o 70 años, con un carrito de pastas de té, además de unos libros de aspecto extraño.
-Aquí tiene, señor. Las pastas de té y los libros que me encargó para su viaje al pueblo.
El anciano se levantó de su diván y mientras salía por la puerta anunció:
-Alfred, Assassin, id preparando el carro para salir. Yo voy a por mi bastón, mi chistera y mi abrigo. Os esperaré en la entrada. Ah, preparad un paquetito de pastas para el camino.
Y se quedaron solos el anciano mayordomo y la sombra del turbante. Al tiempo que seguían las órdenes de su señor, iniciaron una discusión filosófica:
-¿Y qué opina usted del concepto de retirada estratégica, Mr. Assasin?- inquirió Alfred.
- En mi profesión es de extrema necesidad conocer cuando has de enfrentarte a tu enemigo en una batalla frontal y cuando tienes que contratar a una bailarina con veneno en el revés de las uñas. Pero supongo que para el resto del mundo lo más honorable es hacer frente a tu oponente sin importar la situación. La verdad es que nunca me preocupé demasiado de eso. Yo simplemente ejecuto mi contrato. Se le ve caviloso, ¿podría compartir sus pensamientos conmigo, sidi Alfred?
El anciano dejó el juego de té en el carro y se volvió hacia la oscuridad:
-Estaba pensando en lo mucho que se parecen usted y el amo Kepler. Ambos piensan que lo ético es el combate directo y honesto y sin embargo recurren a artes ocultas para sus fines; aunque hubo un tiempo en el que a Mr. Kepler (cuando aún era el señorito Kepler, en sus tiempos en Cambridge) no se le ocurriría no enfrentarse a sus problemas a la cara.
-Entonces ocurrió algo que le cambió, ¿no?
Ya preparandose para salir por la puerta, el sirviente parecía mucho más viejo que hace unos instantes:
-Es cierto, un suceso en Albión supuso un tremendo impacto para nuestro señor. Lo ha enterrado en lo más profundo de su mente, y no parece dispuesto a dejarlo salir. Espero que esta Guerra por el Santo Grial le abra los ojos.
La sombra se deslizó por la sala hasta la ventana, la abrió de par en par, dejando entrar la poca luz de luna que filtraban las nubes y mientras se esfumaba sentenció:
-Yo solo espero que por tener los ojos abiertos no quede cegado por la verdad...
Una carta al viento:
Ciudad de Fuyuki, Prefectura de Kobe, Japón, Asia
Casa del Gaijin, Bosque de los osos
Estimados superiores de “El Mar de los que Vagan”:
Tal y como me dijeron; soy uno de los tres moderadores de la Guerra por el Santo Grial. Ha habido unos cuantos incidentes en la ciudad, pero nada que no pudiéramos haber predicho, todo según nuestras estimaciones. En la medida de lo posible he intentado minimizar las bajas a la vez que seguía permaneciendo neutral en este asunto.
Por lo que parece, esta vez los Masters son más responsables con lo que les ocurre a sus congéneres (bueno, al menos parte de los Masters, no nos vamos a engañar con eso) así que mientras unos siembran el caos y la destrucción, los otros intentan arreglar los destrozos y ayudar a los damnificados.
Como ya sabrán, desde que me rescataron en aquel glaciar de Islandia, soy el recluta más reciente de la organización.
Sigo agradeciéndoles el apoyo que me prestaron y la ayuda que me brindaron pese a encontrarme en el estado que me encontraba. Puedo decir con alegría que he podido pagar un poco la deuda que tenía con ustedes, puesto que nuestra organización acaba de crecer un poco más.
Uno de los participantes de esta cruenta batalla se ha ofrecido a ingresar en nuestra antigua y noble organización a cambio de que le enseñe a combinar la magia con la ciencia.
Se que es una tarea que me viene un poco grande, pero espero hacer lo posible por ayudarle. De todos modos el hecho de que le enseñe no tiene porqué poner en duda mi imparcialidad,ya que no me cabe duda de que esta circunstancia se repetirá en un futuro (eso me han asegurado las runas, aunque ese otro maestro creo que le traerá más problemas que ayuda a su discípula).
Si todo va bien, espero comunicarme con ustedes en unos días.
Atentamente,
“El bisnieto del Vagabundo”
Casa del Gaijin, Bosque de los osos
Estimados superiores de “El Mar de los que Vagan”:
Tal y como me dijeron; soy uno de los tres moderadores de la Guerra por el Santo Grial. Ha habido unos cuantos incidentes en la ciudad, pero nada que no pudiéramos haber predicho, todo según nuestras estimaciones. En la medida de lo posible he intentado minimizar las bajas a la vez que seguía permaneciendo neutral en este asunto.
Por lo que parece, esta vez los Masters son más responsables con lo que les ocurre a sus congéneres (bueno, al menos parte de los Masters, no nos vamos a engañar con eso) así que mientras unos siembran el caos y la destrucción, los otros intentan arreglar los destrozos y ayudar a los damnificados.
Como ya sabrán, desde que me rescataron en aquel glaciar de Islandia, soy el recluta más reciente de la organización.
Sigo agradeciéndoles el apoyo que me prestaron y la ayuda que me brindaron pese a encontrarme en el estado que me encontraba. Puedo decir con alegría que he podido pagar un poco la deuda que tenía con ustedes, puesto que nuestra organización acaba de crecer un poco más.
Uno de los participantes de esta cruenta batalla se ha ofrecido a ingresar en nuestra antigua y noble organización a cambio de que le enseñe a combinar la magia con la ciencia.
Se que es una tarea que me viene un poco grande, pero espero hacer lo posible por ayudarle. De todos modos el hecho de que le enseñe no tiene porqué poner en duda mi imparcialidad,ya que no me cabe duda de que esta circunstancia se repetirá en un futuro (eso me han asegurado las runas, aunque ese otro maestro creo que le traerá más problemas que ayuda a su discípula).
Si todo va bien, espero comunicarme con ustedes en unos días.
Atentamente,
“El bisnieto del Vagabundo”
Fuyuki City Confidential:
Informe del Comandante Kawakami acerca de los recursos asignados a la investigación y contención de los sucesos recientes en la ciudad de Fuyuki para el Alto Mando del Ejército de la Nación de Japón:
Como ya sabrán ustedes, a lo largo de esta semana hemos tenido que lidiar con una serie de desafortunados incidentes en nuestra querida ciudad.En el informe adjunto detallo, pormenorizadamente todos y cada uno de los sucesos que acontecieron. Me gustaría recalcar el hecho de que no he exagerado en ningún momento el alcance de los daños acaecidos en la misma y que todo lo que se narra en él se puede tomar como una descripción literal de lo ocurrido aquí. Sé que puede ser difícil de creer a priori, pero con mis propios ojos he contemplado cosas que jamás pensé que llegaría a presenciar.
He visto una columna de fuego de 30 jô, a una encarnación de Susanoo destrozar edificios, a unos seres de metal y barro, que exhalaban vapor cuales trenes, secuestrar vírgenes y llevárselas al bosque, varios accesos de piromanía y a lo que parecían ser guerreros de Occidente.
Por ello solicito que me envíen tres (3) escuadrones más, además de apoyo marítimo y logístico. Debido a que hemos tenido que aumentar nuestros efectivos en Fuyuki (contratando a parte de la población civil) necesitaríamos 300 ryôs más para cubrir gastos. Como extra, hemos contratado a un par de extranjeros para que nos ayuden en nuestra investigación, así que requeriríamos cuatro (4) ryôs más para poder pagarles por los servicios que nos prestan. Han servido de gran ayuda en nuestra investigación y esperamos que lo sigan siendo.
Firmado:
Kawakami Tetsuo, Comandante de Infantería de Fuyuki.
Como ya sabrán ustedes, a lo largo de esta semana hemos tenido que lidiar con una serie de desafortunados incidentes en nuestra querida ciudad.En el informe adjunto detallo, pormenorizadamente todos y cada uno de los sucesos que acontecieron. Me gustaría recalcar el hecho de que no he exagerado en ningún momento el alcance de los daños acaecidos en la misma y que todo lo que se narra en él se puede tomar como una descripción literal de lo ocurrido aquí. Sé que puede ser difícil de creer a priori, pero con mis propios ojos he contemplado cosas que jamás pensé que llegaría a presenciar.
He visto una columna de fuego de 30 jô, a una encarnación de Susanoo destrozar edificios, a unos seres de metal y barro, que exhalaban vapor cuales trenes, secuestrar vírgenes y llevárselas al bosque, varios accesos de piromanía y a lo que parecían ser guerreros de Occidente.
Por ello solicito que me envíen tres (3) escuadrones más, además de apoyo marítimo y logístico. Debido a que hemos tenido que aumentar nuestros efectivos en Fuyuki (contratando a parte de la población civil) necesitaríamos 300 ryôs más para cubrir gastos. Como extra, hemos contratado a un par de extranjeros para que nos ayuden en nuestra investigación, así que requeriríamos cuatro (4) ryôs más para poder pagarles por los servicios que nos prestan. Han servido de gran ayuda en nuestra investigación y esperamos que lo sigan siendo.
Firmado:
Kawakami Tetsuo, Comandante de Infantería de Fuyuki.
Dos tercios:
Inmediaciones de la estación de tren de la ciudad de Fuyuki, día 4 de febrero:
La oscuridad del callejón ocultaba todo de miradas indiscretas. Cualquiera podria observabar como un extraño vehículo se desplazaba por las vías que se alejaban de la ciudad, con cientos de ocupantes ajenos a la extrañeza de su medio de transporte.
-No me puedo creer que haya fallado. Supongo que tendré que acabar con el tercer punto yo mismo.
La oscuridad del callejón ocultaba todo de miradas indiscretas. Cualquiera podria observabar como un extraño vehículo se desplazaba por las vías que se alejaban de la ciudad, con cientos de ocupantes ajenos a la extrañeza de su medio de transporte.
-No me puedo creer que haya fallado. Supongo que tendré que acabar con el tercer punto yo mismo.
Información del día 5 de febrero:
Cuestión de fe:
24 de diciembre del año de nuestro señor 1865.
Algún lugar de Europa.
La puerta se abre. Por la cantidad de luz que tapa, sé que se trata de un hombre de aproximadamente un metro ochenta, pero a través de esta rejilla, no puedo apreciar sus facciones.
-Perdóneme Padre porque he pecado.
-Te escuho, hijo mio. ¿Cómo has pecado?
-Mi pecado es uno complejo, y querría que escuchase mi historia antes de decirme que El Señor no me perdonará.
-Dudo que eso sea así, pero adelante, cuéntame. El tiempo no es problema entre estas paredes.
-Verá. Soy hijo de una pequeña familia burguesa. Mi padre siempre fue creyente, y me inculcó la fe desde antes de lo que puedo llegar a recordar. Murió a causa de una extraña enfermedad del sueño. Los médicos no supieron diagnosticarlo ni hacer nada por él. Nunca conocí a mi madre, si bien ahora sé que murió dando a luz.
...
-Continúa. Te escucho.
-Hace algunos años, un domingo, conocí a una mujer al salir de la iglesia. Se le había caído el monedero después de dar limosna a un hombre que pedía a las puertas de este mismo lugar. Se llamaba Alicia. Supongo que habrá oído historias similares miles de veces. Nos caímos bien, nos enamoramos, y nos casamos hace ya más de un año. La diferencia con las demás historias que pueda haber oído, es que esta era sobre nosotros dos, sobre nuestra felicidad.
-¿Erais felices?
-Muchísimo.
-Pero nunca dejasteis de lado vuestra fe y vuestras obligaciones cristianas, ¿verdad?
-Nunca. Ha de saber, Padre, que Alicia se crió en un orfanato. Las monjas del lugar hicieron un trabajo más exhaustivo si cabe que mi padre conmigo.
Noto que parece molesto por ello.
-Comprendo. Continúa.
-Poco después de la boda, Alicia se quedó embarazada. Ahora recuerdo ese día como el comienzo de mi desesperación, pero en aquél momento me pareció el día más feliz de mi vida. Una vez más, una historia que se repite. Nueve meses de nerviosismo e inseguridad, y un buen día, nace una preciosa niña que podría haber hecho que cualquier padre se sintiese henchido de alegría, pero en ese caso no era cualquier padre. Era a mi. Era una niña preciosa. De verdad que lo era. Pero...
Su voz se rompió. Sin duda, es una historia que ya conozco. Algo pasó con la niña, y ahora hay un hombre que ha perdido su fe o que le hecha la culpa a Dios. No puedo evitar suspirar.
-Tranquilo, hijo mio. No me cabe duda de que El Señor te perdonará hicieses lo que hicieses, pero necesito que termines tu historia.
-La niña, Berenice... La matrona nos dijo que algo no iba bien. Llamamos a un doctor, y este llamó a otros. Pronto mi hogar se convirtió en la mejor consulta médica de la ciudad. Probablemente del país. Dijeron que había un problema en sus pulmones. Ninguno de ellos lo había visto nunca. Al menos, no en vida. Uno de ellos salió en busca de un libro. Cuando volvió, me acusó... me explicó que la niña estaba pagando por los pecados de sus padres...
Curioso. Tal vez haya juzgado esta historia demasiado rápido.
-Al parecer, era una malformación que se daba en niños cuyos padres eran hermanos. Intratable. A Berenice solo le esperaba sufrimiento, y una muerte temprana. Imagínese. Solo nos quedaba ver morir a nuestra hija, que debía mostrarse agradecida ante Dios por haberle dado la oportunidad de vivir, si es que llegaba a tener edad para agradecer nada, y para nosotros una vida de arrepentimiento por cometer un pecado sin saberlo. Mi mujer, Alicia, no pudo soportarlo. Se suicidó hace ya dos meses. Yo, hoy, cansado de ver sufrir a mi hija, la he matado.
Lo admito. Me ha sorprendido. Pocas veces me he encontrado ante una historia así.
-¿Algo más?
-La policía me espera a las puertas de la iglesia, donde conocí a la única mujer que he amado. Me espera la horca, y no me importa. Odio a Dios, y si tras mi muerte tengo la oportunidad de acerle llegar mi ira y mi rabia, lo haré. Pero si no, al menos se que el mensaje le llegará a través de usted, Padre.
-Comprendo que odies por lo que te ha ocurrido, pero...
-No. Se equivoca. Lo que me ha ocurrido es algo comprensible. Una serie de casualidades e infortunios muy improbables, pero comprensibles. Lo odio por las opciones que me dejó. Tras el suicidio de Alicia, debía cuidar de una niña eternamente moribunda a la que aún después de muerta sigo amando con toda mi alma, si es que la tengo. Ella, debía mostrar agradecimiento, debía soportar el dolor y la agonía como si se tratase de una prueba que pudiese superar, y por la que obtener una recompensa que en realidad se trata de una vida que yo acabo de darle ahorrándole todo lo demás; y debía pedir en sus oraciones diarias que yo no me volviese loco de dolor cuando ella muriese. Además, tras su muerte, debía recluirme, intentando que no me afectasen las miradas y las palabras de un mundo que me miraría con malos ojos por algo de lo que no me arrepiento, y...
-¡Basta! Es suficiente. Te comprendo. Tenías razón en tus primeras palabras. El Señor no te perdonará, porque como has dicho, no te arrepientes; y no te culpo. Pero tengo algo mejor para ti que su perdón. Como sin duda sabrás, la iglesia es una institución poderosa. Con mi ayuda, evitarás la horca. Dime, ¿quieres morir?
-Si lo mejor que puede ofrecerme es continuar viviendo, entonces es que no ha entendido nada de lo que le he dicho.
-En realidad, te ofrezco algo más. En unos años comenzará en Japón una guerra. Una guerra oculta. Una guerra que permitirá a nuestra sagrada institución obtener un objeto de poder ilimitado. El Santo Grial. No eres el único que odia a Dios. He recogido a otros como tú, con historias similares, con sentimientos similares. Yo mismo tengo una historia que tal vez te cuente algún día. Si formas parte de mi guardia personal, no solo tendrás acceso a diversos objetos de poder incalculable, si no que tendrás la oportunidad, junto a tus compañeros, de alcanzar el Santo Grial antes de que la Iglesia pueda reaccionar. Y con él, podrías vengarte de Dios.
-P... Padre, eso es...
-No me llames Padre. Si odias a Dios, no me llames por el título que él me ha dado. Llámame por el nombre que yo le he robado.
-No sé si comprendo a qué se refiere.
-No hace falta que lo entiendas. Símplemente llámame Manuel.
Algún lugar de Europa.
La puerta se abre. Por la cantidad de luz que tapa, sé que se trata de un hombre de aproximadamente un metro ochenta, pero a través de esta rejilla, no puedo apreciar sus facciones.
-Perdóneme Padre porque he pecado.
-Te escuho, hijo mio. ¿Cómo has pecado?
-Mi pecado es uno complejo, y querría que escuchase mi historia antes de decirme que El Señor no me perdonará.
-Dudo que eso sea así, pero adelante, cuéntame. El tiempo no es problema entre estas paredes.
-Verá. Soy hijo de una pequeña familia burguesa. Mi padre siempre fue creyente, y me inculcó la fe desde antes de lo que puedo llegar a recordar. Murió a causa de una extraña enfermedad del sueño. Los médicos no supieron diagnosticarlo ni hacer nada por él. Nunca conocí a mi madre, si bien ahora sé que murió dando a luz.
...
-Continúa. Te escucho.
-Hace algunos años, un domingo, conocí a una mujer al salir de la iglesia. Se le había caído el monedero después de dar limosna a un hombre que pedía a las puertas de este mismo lugar. Se llamaba Alicia. Supongo que habrá oído historias similares miles de veces. Nos caímos bien, nos enamoramos, y nos casamos hace ya más de un año. La diferencia con las demás historias que pueda haber oído, es que esta era sobre nosotros dos, sobre nuestra felicidad.
-¿Erais felices?
-Muchísimo.
-Pero nunca dejasteis de lado vuestra fe y vuestras obligaciones cristianas, ¿verdad?
-Nunca. Ha de saber, Padre, que Alicia se crió en un orfanato. Las monjas del lugar hicieron un trabajo más exhaustivo si cabe que mi padre conmigo.
Noto que parece molesto por ello.
-Comprendo. Continúa.
-Poco después de la boda, Alicia se quedó embarazada. Ahora recuerdo ese día como el comienzo de mi desesperación, pero en aquél momento me pareció el día más feliz de mi vida. Una vez más, una historia que se repite. Nueve meses de nerviosismo e inseguridad, y un buen día, nace una preciosa niña que podría haber hecho que cualquier padre se sintiese henchido de alegría, pero en ese caso no era cualquier padre. Era a mi. Era una niña preciosa. De verdad que lo era. Pero...
Su voz se rompió. Sin duda, es una historia que ya conozco. Algo pasó con la niña, y ahora hay un hombre que ha perdido su fe o que le hecha la culpa a Dios. No puedo evitar suspirar.
-Tranquilo, hijo mio. No me cabe duda de que El Señor te perdonará hicieses lo que hicieses, pero necesito que termines tu historia.
-La niña, Berenice... La matrona nos dijo que algo no iba bien. Llamamos a un doctor, y este llamó a otros. Pronto mi hogar se convirtió en la mejor consulta médica de la ciudad. Probablemente del país. Dijeron que había un problema en sus pulmones. Ninguno de ellos lo había visto nunca. Al menos, no en vida. Uno de ellos salió en busca de un libro. Cuando volvió, me acusó... me explicó que la niña estaba pagando por los pecados de sus padres...
Curioso. Tal vez haya juzgado esta historia demasiado rápido.
-Al parecer, era una malformación que se daba en niños cuyos padres eran hermanos. Intratable. A Berenice solo le esperaba sufrimiento, y una muerte temprana. Imagínese. Solo nos quedaba ver morir a nuestra hija, que debía mostrarse agradecida ante Dios por haberle dado la oportunidad de vivir, si es que llegaba a tener edad para agradecer nada, y para nosotros una vida de arrepentimiento por cometer un pecado sin saberlo. Mi mujer, Alicia, no pudo soportarlo. Se suicidó hace ya dos meses. Yo, hoy, cansado de ver sufrir a mi hija, la he matado.
Lo admito. Me ha sorprendido. Pocas veces me he encontrado ante una historia así.
-¿Algo más?
-La policía me espera a las puertas de la iglesia, donde conocí a la única mujer que he amado. Me espera la horca, y no me importa. Odio a Dios, y si tras mi muerte tengo la oportunidad de acerle llegar mi ira y mi rabia, lo haré. Pero si no, al menos se que el mensaje le llegará a través de usted, Padre.
-Comprendo que odies por lo que te ha ocurrido, pero...
-No. Se equivoca. Lo que me ha ocurrido es algo comprensible. Una serie de casualidades e infortunios muy improbables, pero comprensibles. Lo odio por las opciones que me dejó. Tras el suicidio de Alicia, debía cuidar de una niña eternamente moribunda a la que aún después de muerta sigo amando con toda mi alma, si es que la tengo. Ella, debía mostrar agradecimiento, debía soportar el dolor y la agonía como si se tratase de una prueba que pudiese superar, y por la que obtener una recompensa que en realidad se trata de una vida que yo acabo de darle ahorrándole todo lo demás; y debía pedir en sus oraciones diarias que yo no me volviese loco de dolor cuando ella muriese. Además, tras su muerte, debía recluirme, intentando que no me afectasen las miradas y las palabras de un mundo que me miraría con malos ojos por algo de lo que no me arrepiento, y...
-¡Basta! Es suficiente. Te comprendo. Tenías razón en tus primeras palabras. El Señor no te perdonará, porque como has dicho, no te arrepientes; y no te culpo. Pero tengo algo mejor para ti que su perdón. Como sin duda sabrás, la iglesia es una institución poderosa. Con mi ayuda, evitarás la horca. Dime, ¿quieres morir?
-Si lo mejor que puede ofrecerme es continuar viviendo, entonces es que no ha entendido nada de lo que le he dicho.
-En realidad, te ofrezco algo más. En unos años comenzará en Japón una guerra. Una guerra oculta. Una guerra que permitirá a nuestra sagrada institución obtener un objeto de poder ilimitado. El Santo Grial. No eres el único que odia a Dios. He recogido a otros como tú, con historias similares, con sentimientos similares. Yo mismo tengo una historia que tal vez te cuente algún día. Si formas parte de mi guardia personal, no solo tendrás acceso a diversos objetos de poder incalculable, si no que tendrás la oportunidad, junto a tus compañeros, de alcanzar el Santo Grial antes de que la Iglesia pueda reaccionar. Y con él, podrías vengarte de Dios.
-P... Padre, eso es...
-No me llames Padre. Si odias a Dios, no me llames por el título que él me ha dado. Llámame por el nombre que yo le he robado.
-No sé si comprendo a qué se refiere.
-No hace falta que lo entiendas. Símplemente llámame Manuel.
Drop rule:
""Y una última pregunta... ¿Usted fue quien rompio la barrera de mis aposentos?""
La respuesta a esa pregunta habia sido "no".
Sabia que era la verdad, su nuevo aliado no solo no ganaba nada ocultandoselo, si no que no podia mentirle y no seria bueno engañar a su amable mecenas...
Nos encontramos en el escenario de una cavilación.
La hora, alrededor de las 11 de la noche del 4 de Febrero de 1874.
El lugar, cerca de donde se habia celebrado la acalorada cena organizada por el Master de Rider.
El quien... era "nadie".
No habia "nadie" que siguiese inmerso en sus tribulaciones...
Si no habia sido su confidente, ¿quien podria haberse metido en medio de su mundo y no solo salido indemne, si no que habia roto su barrera creando otra disrupción en sus movimientos?
Solo había una persona, un cabo suelto que desde cierto incidente no habia hecho nada más que crear intromisiones y jugadas érraticas.
"Ese maldito irlandés..."
En ese momento, "nadie" se dio cuenta de que la que originalmente era la mas simple de sus piezas se habia convertido en la más peligrosa pieza del enemigo.
La respuesta a esa pregunta habia sido "no".
Sabia que era la verdad, su nuevo aliado no solo no ganaba nada ocultandoselo, si no que no podia mentirle y no seria bueno engañar a su amable mecenas...
Nos encontramos en el escenario de una cavilación.
La hora, alrededor de las 11 de la noche del 4 de Febrero de 1874.
El lugar, cerca de donde se habia celebrado la acalorada cena organizada por el Master de Rider.
El quien... era "nadie".
No habia "nadie" que siguiese inmerso en sus tribulaciones...
Si no habia sido su confidente, ¿quien podria haberse metido en medio de su mundo y no solo salido indemne, si no que habia roto su barrera creando otra disrupción en sus movimientos?
Solo había una persona, un cabo suelto que desde cierto incidente no habia hecho nada más que crear intromisiones y jugadas érraticas.
"Ese maldito irlandés..."
En ese momento, "nadie" se dio cuenta de que la que originalmente era la mas simple de sus piezas se habia convertido en la más peligrosa pieza del enemigo.
Secretos a voces:
4 de febrero.
Barrio comercial de Fuyuki.
El joven respiraba entrecortadamente mientras intentaba entender lo que acababa de pasar. ¿Se había metido demasiado en el asunto? ¿Era un objetivo por saber lo que sabía?
-¿Estás bien, Ryu-kun?
En el mismo instante en el que escuchó esas palabras se le puso la piel de gallina, aunque por fortuna, esta vez no se debía al pánico o a la certeza de una muerte inminente.
-Creo que sí. Te agradezco lo que has hecho. Si no fuese por tí, ahora estaría muerto, o algo similar.
-Para eso están las amigas.
La chica lo miró a los ojos, y le sonrió, como si no acabase de ver la misma escena que él.
-Por favor, hablemos de otra cosa. Quiero sacarme lo que acaba de pasar de la cabeza.
Caminaron unos segundos en silencio, sin salir en ningún momento de la calle principal del barrio comercial, el más iluminado de todo Fuyuki.
-¿Has sacado algo en limpio de la cena de hoy?
-¿La cena? Dios mio, parece que haya sido hace días. ¿Que coño me pasa? No han pasado ni veinte minutos.
-¿Estás seguro de que estás bien?
-Sí, sí... la cena. Bueno, lo primero que resultó obvio es que Kepler mentía.
-¿En lo de Deimos?
-Sí. Y en lo del Necrovisor probablemente también. Lo de las chicas, sin embargo, sabemos que es verdad... Por otro lado, Dearg... ¿me pregunto dónde estaría? Me apostaría lo que quieras a que estába en la guarida de alguno de los otros participantes, intentando conseguir información... Tal vez Kepler, tal vez Titus. Espero que no tenga ningún arranque de locura. Me cae bien, aunque no sepa escribir su nombre.
-¿No sabes escribir su nombre?
-Es demasiado complicado. McOhmgall, McOhmahall, McOmhgall... no tengo ni idea.
La chica volvió a reir mientras sus pasos retumbaban en la noche.
-Anacleto... bueno, Anacleto es Anacleto... El que me ha sorprendido ha sido el poli. Ese poli sabe más de lo que dejó ver en la cena. Eso que le dijo Tohsaka a Lisildara seguro que lo sacó del poli. ¿Crees que Lisildara aceptará la invitación de Tohsaka?
-Mmm... Sabes que no puedo decirte nada sobre eso.
-Perdona. Es la costumbre de preguntar. Supongo que tampoco podrás decirme que era en realidad ese "accidente" en el que rompió la copa, ¿verdad?
-Mmm...
-No pasa nada.
A pesar de ser la calle principal del barrio comercial, tan solo se podían oír sus pasos en medio de las luces, y las sombras que estas proyectaban.
-Aunque Deimos ha muerto, no podemos relajarnos. Lo que dijo Tohsaka fue que Titus planeaba algo esta noche. No sé que harás tú, pero yo voy a intentar mantenerlo vigilado.
-¿¡Te das cuenta de que has estado a punto de morir!? ¿Seguro que quieres seguir metiéndote en esto?
-No puedo dejar que lo que hizo mi padre se quede en nada. Ahora que ya sé quién era Nagisa Yuki, ya sé por qué intentaba revelar la existencia de los magus al mundo. No puedo dejar que todo su esfuerzo se vaya al traste.
-Nagisa Yuki... ¿Qué tenía que ver la madre de Lisildara con tu padre?
-Sé que has dicho que no podías, pero me gustaría que intentases hacerme un favor. Necesito que busques el cadáver de Nagisa en el sótano de la casa Matou. Si está allí, ya lo habré resuelto todo.
-Todavía no me has dicho...
-Cuando me consigas esa última pieza de información, te lo contaré todo. Por favor.
-Mmm... Puedo intentarlo, siempre que... ya conoces las condiciones. Pero a cambio, quiero que me digas una cosa. ¿Mataste realmente a Deimos?
El chico no pudo evitar reirse. Le sentó bien. De alguna manera, los recuerdos de los minutos anteriores se habían difuminado.
-No. ¿Recuerdas que dije que había disparado a Deimos? No recuerdo que nadie mencionase ningún agujero de bala. No sé si alguien se dio cuenta de que mentía, pero me vino genial que nadie lo dijese.
-Entonces...
-La verdad es que resulta extraño que el autor real del asesinato no se adjudicase la autoría. Al fin y al cabo, todo el mundo odiaba a... Oh.
-¿Qué pasa?
-Ya sé quién ha matado a Deimos. ¿Pero por qué? A no ser que... Eso explicaría lo que viste.
-¿Las ondas en el aire? Ya te dije que no estaban realmente allí. Mi mente me jugó una mala pasada.
-Tal vez. Lo importante es el momento en el que lo viste... Ahora lo comprendo todo.
El chico apuró el paso, sin prestar ya atención a nada de lo que lo rodeaba, excepto a las palabras que él mismo susurraba.
-¡Ryu-kun, no corras! ¡No creo que pueda seguirte sin caerme, aún no estoy acostumbrada! ¡Ryu-kun!
Barrio comercial de Fuyuki.
El joven respiraba entrecortadamente mientras intentaba entender lo que acababa de pasar. ¿Se había metido demasiado en el asunto? ¿Era un objetivo por saber lo que sabía?
-¿Estás bien, Ryu-kun?
En el mismo instante en el que escuchó esas palabras se le puso la piel de gallina, aunque por fortuna, esta vez no se debía al pánico o a la certeza de una muerte inminente.
-Creo que sí. Te agradezco lo que has hecho. Si no fuese por tí, ahora estaría muerto, o algo similar.
-Para eso están las amigas.
La chica lo miró a los ojos, y le sonrió, como si no acabase de ver la misma escena que él.
-Por favor, hablemos de otra cosa. Quiero sacarme lo que acaba de pasar de la cabeza.
Caminaron unos segundos en silencio, sin salir en ningún momento de la calle principal del barrio comercial, el más iluminado de todo Fuyuki.
-¿Has sacado algo en limpio de la cena de hoy?
-¿La cena? Dios mio, parece que haya sido hace días. ¿Que coño me pasa? No han pasado ni veinte minutos.
-¿Estás seguro de que estás bien?
-Sí, sí... la cena. Bueno, lo primero que resultó obvio es que Kepler mentía.
-¿En lo de Deimos?
-Sí. Y en lo del Necrovisor probablemente también. Lo de las chicas, sin embargo, sabemos que es verdad... Por otro lado, Dearg... ¿me pregunto dónde estaría? Me apostaría lo que quieras a que estába en la guarida de alguno de los otros participantes, intentando conseguir información... Tal vez Kepler, tal vez Titus. Espero que no tenga ningún arranque de locura. Me cae bien, aunque no sepa escribir su nombre.
-¿No sabes escribir su nombre?
-Es demasiado complicado. McOhmgall, McOhmahall, McOmhgall... no tengo ni idea.
La chica volvió a reir mientras sus pasos retumbaban en la noche.
-Anacleto... bueno, Anacleto es Anacleto... El que me ha sorprendido ha sido el poli. Ese poli sabe más de lo que dejó ver en la cena. Eso que le dijo Tohsaka a Lisildara seguro que lo sacó del poli. ¿Crees que Lisildara aceptará la invitación de Tohsaka?
-Mmm... Sabes que no puedo decirte nada sobre eso.
-Perdona. Es la costumbre de preguntar. Supongo que tampoco podrás decirme que era en realidad ese "accidente" en el que rompió la copa, ¿verdad?
-Mmm...
-No pasa nada.
A pesar de ser la calle principal del barrio comercial, tan solo se podían oír sus pasos en medio de las luces, y las sombras que estas proyectaban.
-Aunque Deimos ha muerto, no podemos relajarnos. Lo que dijo Tohsaka fue que Titus planeaba algo esta noche. No sé que harás tú, pero yo voy a intentar mantenerlo vigilado.
-¿¡Te das cuenta de que has estado a punto de morir!? ¿Seguro que quieres seguir metiéndote en esto?
-No puedo dejar que lo que hizo mi padre se quede en nada. Ahora que ya sé quién era Nagisa Yuki, ya sé por qué intentaba revelar la existencia de los magus al mundo. No puedo dejar que todo su esfuerzo se vaya al traste.
-Nagisa Yuki... ¿Qué tenía que ver la madre de Lisildara con tu padre?
-Sé que has dicho que no podías, pero me gustaría que intentases hacerme un favor. Necesito que busques el cadáver de Nagisa en el sótano de la casa Matou. Si está allí, ya lo habré resuelto todo.
-Todavía no me has dicho...
-Cuando me consigas esa última pieza de información, te lo contaré todo. Por favor.
-Mmm... Puedo intentarlo, siempre que... ya conoces las condiciones. Pero a cambio, quiero que me digas una cosa. ¿Mataste realmente a Deimos?
El chico no pudo evitar reirse. Le sentó bien. De alguna manera, los recuerdos de los minutos anteriores se habían difuminado.
-No. ¿Recuerdas que dije que había disparado a Deimos? No recuerdo que nadie mencionase ningún agujero de bala. No sé si alguien se dio cuenta de que mentía, pero me vino genial que nadie lo dijese.
-Entonces...
-La verdad es que resulta extraño que el autor real del asesinato no se adjudicase la autoría. Al fin y al cabo, todo el mundo odiaba a... Oh.
-¿Qué pasa?
-Ya sé quién ha matado a Deimos. ¿Pero por qué? A no ser que... Eso explicaría lo que viste.
-¿Las ondas en el aire? Ya te dije que no estaban realmente allí. Mi mente me jugó una mala pasada.
-Tal vez. Lo importante es el momento en el que lo viste... Ahora lo comprendo todo.
El chico apuró el paso, sin prestar ya atención a nada de lo que lo rodeaba, excepto a las palabras que él mismo susurraba.
-¡Ryu-kun, no corras! ¡No creo que pueda seguirte sin caerme, aún no estoy acostumbrada! ¡Ryu-kun!
Notas sobre el género humano - I:
Primera sustancia, el cuerpo.
Segunda sustancia, el alma.
Tercera sustancia, la mente.
Las tres sustancias que componen a un ser humano y que se relacionan entre si. Diversidad de filosofos y magi antes de mi intento probaron a teorizar sobre ello, asi que esto se puede considerar una recolección de datos unidos a teorizaciones personales del tema.
Estas notas no deben verse como un compendio de saber ni existe verdadera intencion por mi parte de transmitir información o alguna clase de objetivo educador.
No intento si no dar satisfacción a mi propia desesperada necesidad de entender.
[Extracto omitido]
Si uno toma un punto de vista totalmente hermético, puede decirse que las tres sustancias existen para unir los opuestos y establecer la armonía en todos los planos. El alma necesita desenvolverse hasta recuperar su estado de perfección primigenia, así como el cuerpo debe ser elevado de su estado caído al estado de incorruptibilidad que le es propio, en tanto que es el templo mismo del alma. La astrología hermética nos enseña que el hombre es un reflejo del cielo, es un microcosmos en simpatía con el macrocosmos. Los influjos decánicos, zodiacales, planetarios y demoníacos tienen una importante repercusión en el cuerpo y el alma humanos.
Como puede verse, entonces la razón a por qué el hermetismo fue tan querido en la época conocida como Renacimiento es bien sencilla, ya que es pura exaltación del ser humano. Frente a las corrientes gnósticas, que depreciaban toda relación entre el hombre y la naturaleza, el hermetismo enseña que el cosmos ha sido creado para que el hombre, a través de aquél, pueda contemplar al creador.
Abandonando la teoria celestial por una algo mas mundana, podemos afirmar que el cuerpo sirve como recipiente físico al alma, y con el tiempo, el individuo desarrolla una mente propia (marcada por las relaciones) que sirve como nexo entre ambos. ¿Si faltara mente, el cuerpo podría obtener una personalidad propia marcada por la propia existencia o origen del sujeto?
[Extracto omitido]
En cierto modo, la teoria está bien definida y el tema de la primera y segunda sustancia ha sido abordado ampliamente a lo largo de los siglos, de forma más o menos acertada.
Sin embargo, existe una enorme limitación en el tema que realmente me interesa.
¿Que une a los seres humanos?
¿Que permite que se relacionen entre si?
¿Es la anteriormente mencionada "Tercera Sustancia" la clave de todo este fenómeno?
¿Acaso es la mente humana la que permite que dos almas se toquen entre si?
Eso es lo que ansío saber, y esa es la base de la investigación que me concierne a mi y a mi modo de vida desde ya hace tanto, tanto tiempo...
(Fin del extracto)
Segunda sustancia, el alma.
Tercera sustancia, la mente.
Las tres sustancias que componen a un ser humano y que se relacionan entre si. Diversidad de filosofos y magi antes de mi intento probaron a teorizar sobre ello, asi que esto se puede considerar una recolección de datos unidos a teorizaciones personales del tema.
Estas notas no deben verse como un compendio de saber ni existe verdadera intencion por mi parte de transmitir información o alguna clase de objetivo educador.
No intento si no dar satisfacción a mi propia desesperada necesidad de entender.
[Extracto omitido]
Si uno toma un punto de vista totalmente hermético, puede decirse que las tres sustancias existen para unir los opuestos y establecer la armonía en todos los planos. El alma necesita desenvolverse hasta recuperar su estado de perfección primigenia, así como el cuerpo debe ser elevado de su estado caído al estado de incorruptibilidad que le es propio, en tanto que es el templo mismo del alma. La astrología hermética nos enseña que el hombre es un reflejo del cielo, es un microcosmos en simpatía con el macrocosmos. Los influjos decánicos, zodiacales, planetarios y demoníacos tienen una importante repercusión en el cuerpo y el alma humanos.
Como puede verse, entonces la razón a por qué el hermetismo fue tan querido en la época conocida como Renacimiento es bien sencilla, ya que es pura exaltación del ser humano. Frente a las corrientes gnósticas, que depreciaban toda relación entre el hombre y la naturaleza, el hermetismo enseña que el cosmos ha sido creado para que el hombre, a través de aquél, pueda contemplar al creador.
Abandonando la teoria celestial por una algo mas mundana, podemos afirmar que el cuerpo sirve como recipiente físico al alma, y con el tiempo, el individuo desarrolla una mente propia (marcada por las relaciones) que sirve como nexo entre ambos. ¿Si faltara mente, el cuerpo podría obtener una personalidad propia marcada por la propia existencia o origen del sujeto?
[Extracto omitido]
En cierto modo, la teoria está bien definida y el tema de la primera y segunda sustancia ha sido abordado ampliamente a lo largo de los siglos, de forma más o menos acertada.
Sin embargo, existe una enorme limitación en el tema que realmente me interesa.
¿Que une a los seres humanos?
¿Que permite que se relacionen entre si?
¿Es la anteriormente mencionada "Tercera Sustancia" la clave de todo este fenómeno?
¿Acaso es la mente humana la que permite que dos almas se toquen entre si?
Eso es lo que ansío saber, y esa es la base de la investigación que me concierne a mi y a mi modo de vida desde ya hace tanto, tanto tiempo...
(Fin del extracto)
Juegos de niños:
-¡¡¡Jan, ken, po!!!
-Jo, siempre gana Lisi-chan- exclamó la niña pelirroja, molesta por el resultado del juego.
-Eso no es verdad, y no me llamo Lisi- le respondió la niña del pelo castaño, molesta también.
-No es culpa nuestra que tu nombre sea tan difícil. Y tú, Momo-chan, no te quejes. Eres tu la que siempre quiere decidir los turnos así. Venga, tú y yo. ¡¡Jan-ken-po!! ¡No, otra vez no!
-Te fastidias, Ryu-chan- se burló la pelirroja, sacándole la lengua.
-Eh, no, a ver, chicas, decidme una cosa. ¿Por qué siempre jugamos al kakurembou?
-Si tuviesemos un set de fichas, podríamos jugar al ohajiki. ¿Tu tienes alguno, Lisi-chan?
-Claro. Puedo sacarlo a escondidas.
-No, gracias. No me van los juegos de niñas.
-Pues ya me dirás que haces con nosotras dos.
-Cállate, Momo-chan. Ah, ya sé. Lisi... Lisirudara-sama, ¿no tendrás por casualidad un set de Mahjong en casa?
-Pues sí pero...
-Ryu-chan, ¿estás loco? Ese es un juego de mayores. Y además, hacen falta cuatro.
-Siempre puedo llamar a mi hermana.
De pronto, la niña pelirroja y el niño se quedaron atónitos mirando a la niña de pelo castaño.
-¿Tienes una hermana?
-Sí. Es la mejor hermana del mundo- respondió la niña, con una sonrisa radiante.
-¿Cómo es que no la hemos visto nunca?
-No la dejan salir.
-¿Y eso?
-No lo sé. Desde que bajó al sótano, casi no le dejan hacer nada. Pero seguro que conseguimos escapar de casa. Ya veréis, os va a caer genial.
-Decidido, mañana Mahjong. Bueno, ¿sorteamos a quién le toca buscar?
-De eso nada, Ryu-chan. Ya lo hicimos antes, y te toca a ti.
-Maldición, pensé que conseguiría escaquearme.
El niño esperaba, tirado sobre la hierba, a que llegasen las niñas, mientras el sol le daba en la cara. Desde luego, hoy si que llegaban tarde.
-¿Pero qué demonios...?
Decidió que no seguiría esperando. Iba a ir a buscarlas. Pero apenas había dado diez pasos en la dirección adecuada, cuando comenzó a oír algo. Lo había oído ya miles de veces, así que no le costó nada reconocer el sonido: Momoko estaba llorando. Fue corriendo hasta ella, guiándose por el llanto, pensando que tal vez se hubiese caído y tuviese alguna herida. Pero cuando llegó, la vió sentada, con el kimono manchado, y con surcos de lágrimas en la cara.
-Hey, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está Lisi-chan? ¿No iba a traer a su hermana hoy?
-Su padre... sniff.... y su madre... pero su padre... sniff.
-Oye, que no me estoy enterando de nada. Como sigas diciendo palabras sueltas, creo que tendremos un problema.
-Venían las dos... sniff... pero su padre... sniff... se enfadó porque Isi también venía... y les pegó... ¡buah!
-Venga, que no es el fin del mundo. Les pegaron a ellas, no a ti.
-Pero es que su mamá vino... y... sniff... se enfadó con su padre por pegarles... y él le pegó a ella también... ¡buah!
-Vamos, no pasa nada. Ya verás como mañana vienen y podemos jugar a kakurenbou. Y a lo que sea. Ya veras... sniff... tonta. Me estas haciendo llorar a mi tambien... ¡Buah!
Encuentro en los Balcanes [Emiya&Montoya#0]:
6 de marzo del año de Nuestro Señor de 1864.
Bosque de Lipovica, Serbia.
En un rincón de la espesura, dos hombres se enfrentaron. Dos hombres cuyas convicciones eran opuestas, cuyos estilos de vida no les permitían relacionarse entre sí, cuyas vidas jamás se habrían cruzado... de no ser porque las facciones de ambos estaban interesadas en lo que yacía en este bosque.
En ese recóndito lugar se hallaba un objeto de lo más singular, algo único en el mundo;pues era la mano derecha de alguien. No era nadie que quisiera ser especial, ni que desease destacar entre sus coetáneos, pero con el paso del tiempo fue reconocido como uno de los hombres clave de ese período. Sin él, la Iglesia Católica Apostólica y Romana carecería del poder que goza en la actualidad. Ya que el nombre de esa persona era San Juan Bautista.
Allí, en la negrura del bosque, dos voluntades se oponían. Cada uno de ellos luchaba por motivos diferentes. Uno defendía que la mano pertenecía a aquellos que llevaban buscándola tanto tiempo, mientras que el otro creía que la Iglesia ya poseía suficiente poder sin esa reliquia.
El sacerdote fue educado en un monasterio en la Sierra de Castilla y allí le enseñaron que todos los hombres de este mundo son iguales entre sí y que solo Dios tiene derecho a juzgarlos.
El mercenario, vagabundo por naturaleza, no recuerda su lugar de nacimiento; y se crió por todo el mundo, viajando con sus padres, siempre en busca de nuevos objetivos que les permitieran mejorar como Magus y como personas.
Y en esa cueva, en lo más profundo del bosque, sus deseos colisionaron. La batalla se alargó durante horas, al igual que el conflicto entre las facciones que representaban se había alargado durante siglos. Allí, en la oscuridad perpetua, se derramó sangre, chocó acero contra acero y se dañó la carne; pero sus mentes seguían luchando, incansables.
Tal fue la intensidad de la batalla que la cueva se derrumbó sobre ellos y quedaron atrapados con el objeto de su deseo. El hechicero cooperó con el padre para sobrevivir. El cruzado curó al hereje de sus heridas porque pese a que sus ideales eran diferentes no lo eran sus almas.
Días después, cuando volvieron a estar bajo la luz del sol, cuando volvieron a respirar el aire del invierno, cuando volvieron a nacer; ambos hombres se despidieron, prometiendo que se volverían a encontrar en circunstancias más agradables. Se encontraron como enemigos, pero se despidieron como amigos.
-Que tengas suerte en tus aventuras y vicisitudes, mi buen amigo oriental. Espero que el Señor te proteja a ti y a los tuyos y que la Divina Providencia guíe tus actos.
-Por desgracia no puedo hacer que vele por ti ningún ser superior, amigo, pero puedo darte este reloj de mi familia. Algún día, cuando puedas abrirlo, te será de utilidad. O quizá puedas abrirlo cuando te sea útil, pero lo cierto es que le acompañan mis bendiciones, y quizás algo más.
Mientras se alejaban, el español se dio la vuelta y le preguntó al Magus:
-No nos hemos presentado aún y sería descortés no hacerlo antes de separarnos. Mi nombre es Anacleto Montoya Castro.
-El mío Emiya. Emiya Gen.
Los del hombres se alejaban del bosque mientras el sol se alzaba en su recorrido, pero la mano del santo sigue en su santuario a día de hoy.
Bosque de Lipovica, Serbia.
En un rincón de la espesura, dos hombres se enfrentaron. Dos hombres cuyas convicciones eran opuestas, cuyos estilos de vida no les permitían relacionarse entre sí, cuyas vidas jamás se habrían cruzado... de no ser porque las facciones de ambos estaban interesadas en lo que yacía en este bosque.
En ese recóndito lugar se hallaba un objeto de lo más singular, algo único en el mundo;pues era la mano derecha de alguien. No era nadie que quisiera ser especial, ni que desease destacar entre sus coetáneos, pero con el paso del tiempo fue reconocido como uno de los hombres clave de ese período. Sin él, la Iglesia Católica Apostólica y Romana carecería del poder que goza en la actualidad. Ya que el nombre de esa persona era San Juan Bautista.
Allí, en la negrura del bosque, dos voluntades se oponían. Cada uno de ellos luchaba por motivos diferentes. Uno defendía que la mano pertenecía a aquellos que llevaban buscándola tanto tiempo, mientras que el otro creía que la Iglesia ya poseía suficiente poder sin esa reliquia.
El sacerdote fue educado en un monasterio en la Sierra de Castilla y allí le enseñaron que todos los hombres de este mundo son iguales entre sí y que solo Dios tiene derecho a juzgarlos.
El mercenario, vagabundo por naturaleza, no recuerda su lugar de nacimiento; y se crió por todo el mundo, viajando con sus padres, siempre en busca de nuevos objetivos que les permitieran mejorar como Magus y como personas.
Y en esa cueva, en lo más profundo del bosque, sus deseos colisionaron. La batalla se alargó durante horas, al igual que el conflicto entre las facciones que representaban se había alargado durante siglos. Allí, en la oscuridad perpetua, se derramó sangre, chocó acero contra acero y se dañó la carne; pero sus mentes seguían luchando, incansables.
Tal fue la intensidad de la batalla que la cueva se derrumbó sobre ellos y quedaron atrapados con el objeto de su deseo. El hechicero cooperó con el padre para sobrevivir. El cruzado curó al hereje de sus heridas porque pese a que sus ideales eran diferentes no lo eran sus almas.
Días después, cuando volvieron a estar bajo la luz del sol, cuando volvieron a respirar el aire del invierno, cuando volvieron a nacer; ambos hombres se despidieron, prometiendo que se volverían a encontrar en circunstancias más agradables. Se encontraron como enemigos, pero se despidieron como amigos.
-Que tengas suerte en tus aventuras y vicisitudes, mi buen amigo oriental. Espero que el Señor te proteja a ti y a los tuyos y que la Divina Providencia guíe tus actos.
-Por desgracia no puedo hacer que vele por ti ningún ser superior, amigo, pero puedo darte este reloj de mi familia. Algún día, cuando puedas abrirlo, te será de utilidad. O quizá puedas abrirlo cuando te sea útil, pero lo cierto es que le acompañan mis bendiciones, y quizás algo más.
Mientras se alejaban, el español se dio la vuelta y le preguntó al Magus:
-No nos hemos presentado aún y sería descortés no hacerlo antes de separarnos. Mi nombre es Anacleto Montoya Castro.
-El mío Emiya. Emiya Gen.
Los del hombres se alejaban del bosque mientras el sol se alzaba en su recorrido, pero la mano del santo sigue en su santuario a día de hoy.
Preocupaciones familiares:
5 de febrero de 1874.
Región de Kobe, Japón.
-¿Cuando podremos volver a casa y ver a papá? -preguntó el niño mientras miraba como se arremolinaba la nieve tras la ventana de su casa.
Su madre se encontraba tras él, mirándolo con cara de preocupación. Esa pregunta se la hacía ella cada mañana al despertarse, pero su marido ya se lo había dicho. No debían volver al pueblo hasta que él en persona viniera a recogerlos. Además, para más seguridad, habían ideado una contraseña (surgida de su primer encuentro en la juventud de ambos) que nadie más sería capaz de adivinar. Tras reflexionar unos instantes le respondió a su hijo menor.
-No te preocupes, no tardaremos en volver y podrás ver de nuevo a tu padre y a tus amigos. Pero también tendrás que volver a tus clases, no lo olvides.
-Confía un poco más en papá. Arreglará los problemas en un santiamén sin esfuerzo ninguno- dijo su hermano mayor, que sabía mucho más de la situación en la ciudad de lo que dejaba entrever.
-¿Como si papá fuera un héroe?-inquirió el pequeño de la familia.
-Claro que papá es un héroe, ¡es un protector de la justicia!
Región de Kobe, Japón.
-¿Cuando podremos volver a casa y ver a papá? -preguntó el niño mientras miraba como se arremolinaba la nieve tras la ventana de su casa.
Su madre se encontraba tras él, mirándolo con cara de preocupación. Esa pregunta se la hacía ella cada mañana al despertarse, pero su marido ya se lo había dicho. No debían volver al pueblo hasta que él en persona viniera a recogerlos. Además, para más seguridad, habían ideado una contraseña (surgida de su primer encuentro en la juventud de ambos) que nadie más sería capaz de adivinar. Tras reflexionar unos instantes le respondió a su hijo menor.
-No te preocupes, no tardaremos en volver y podrás ver de nuevo a tu padre y a tus amigos. Pero también tendrás que volver a tus clases, no lo olvides.
-Confía un poco más en papá. Arreglará los problemas en un santiamén sin esfuerzo ninguno- dijo su hermano mayor, que sabía mucho más de la situación en la ciudad de lo que dejaba entrever.
-¿Como si papá fuera un héroe?-inquirió el pequeño de la familia.
-Claro que papá es un héroe, ¡es un protector de la justicia!
La blanca nieve del bosque está manchada de roja sangre:
5 de febrero del año 1874, bosque de Fuyuki
A medida que amanece y se disipa la niebla matutina la luz solar ilumina el bosque y se refleja en la blanca nieve, en el rocío que impregna a los árboles y en un gran charco de sangre. Esa charca no se formó súbitamente, si no que fue un proceso gradual; gota a gota fueron perdiendo la consciencia ( y con ella la vida) las cincuenta personas que se encuentran en este claro.
A la luz del día es fácil suponer qué es lo que les ocurrió a cada uno de ellos. A aquel anciano de allí, del que se podría decir que tiene la mirada vidriosa si no estuviera ya muerto es probable que lo arrancasen de su lecho de muerte; no quedaba mucha vitalidad en él. En cambio, ese fornido joven que se encuentra a su lado estaría en un envidiable estado de salud; si no tenemos en cuenta que una cuerda atenaza su cuello y que una lanza atraviesa su pecho. Pese a todo ese joven tiene la expresión en su helado rostro de quien ha cometido infinidad de pecados y ha llegado el momento de que pague por ellos.
Cada uno de esos cuerpos tiene una historia que contar, pero hay ciertos detalles que tienen en común. En primer lugar, muchos de ellos parecen ser o muy ancianos o estar muy enfermos; si no los hubieran ahorcado o empalado es muy probable que hubieran muerto en muy pocos días. El resto parece gente poco recomendable, puesto que muchos tienen pinta de pertenecer a la yakuza del lugar. Y algunos, como el occidental de mediana edad que ocupa el centro de esta grotesca escena ,simplemente parecen el Diablo disfrazado.
A medida que amanece y se disipa la niebla matutina la luz solar ilumina el bosque y se refleja en la blanca nieve, en el rocío que impregna a los árboles y en un gran charco de sangre. Esa charca no se formó súbitamente, si no que fue un proceso gradual; gota a gota fueron perdiendo la consciencia ( y con ella la vida) las cincuenta personas que se encuentran en este claro.
A la luz del día es fácil suponer qué es lo que les ocurrió a cada uno de ellos. A aquel anciano de allí, del que se podría decir que tiene la mirada vidriosa si no estuviera ya muerto es probable que lo arrancasen de su lecho de muerte; no quedaba mucha vitalidad en él. En cambio, ese fornido joven que se encuentra a su lado estaría en un envidiable estado de salud; si no tenemos en cuenta que una cuerda atenaza su cuello y que una lanza atraviesa su pecho. Pese a todo ese joven tiene la expresión en su helado rostro de quien ha cometido infinidad de pecados y ha llegado el momento de que pague por ellos.
Cada uno de esos cuerpos tiene una historia que contar, pero hay ciertos detalles que tienen en común. En primer lugar, muchos de ellos parecen ser o muy ancianos o estar muy enfermos; si no los hubieran ahorcado o empalado es muy probable que hubieran muerto en muy pocos días. El resto parece gente poco recomendable, puesto que muchos tienen pinta de pertenecer a la yakuza del lugar. Y algunos, como el occidental de mediana edad que ocupa el centro de esta grotesca escena ,simplemente parecen el Diablo disfrazado.
Recuerdos:
Hogar de la familia Haruto
-Vamos, mamá, despierta.
La mujer, que estaba en el suelo desde hacía ya algún tiempo, comenzó a abrir los ojos lentamente.
-R... Ryu... ¿Qué haces aquí? ¿No te ibas a...? Espera. ¿Dónde está?
Súbitamente, tanto el rostro como la voz de la mujer comenzaron a mostrar una ansiedad y una intranquilidad impropias de la mujer recatada que era.
-Tranquilízate. Aquí solo estamos tú, Momoko y yo. Cuéntame que ha pasado.
-No. Seguro que sigue por aquí... no, espera, se fue en esa escoba. Sí, eso es. Se ha largado.
-¿Qué ha pasado, mamá?
-Esa mujer estuvo aquí. Dijo que conocía a tu padre de asuntos de negocios, pero yo no la creí. No, claro que no. Pero en ese momento no me di cuenta de quién era. ¡Ja! Usar un nombre falso como Charlotte... ¡Hm! Pero después de tanto tiempo...
-Hey, relájate. Respira hondo. ¿Quieres que te prepare el baño para que puedas relajarte? ¿Un té...? Espera, eso no te sienta bien. ¿Quieres algo?
-¡TILA! ¿De dónde la habrá sacado? ¿Dónde ha estado mientras tu padre se desvivía por ella? No. Espera...
De pronto, la mujer, que se había incorporado un poco, palideció.
-¿Mamá?
-No ha cambiado nada en 10 años... No, incluso está más joven... Y lo que dijo tu padre...
El chico suspiró, y sin perder la calma, comenzó a hablar.
-Momoko, por favor, saca el futón de la habitación de al lado. Mi madre necesita descansar.
La chica, que había estado en la habitación todo ese tiempo, salió sin hacer el menor ruido.
-Era un fantasma. ¿Pero por qué venir hasta aquí para ver a tu padre cuando él también ha muerto?
-Mamá, aquí no ha habido ningún fantasma desde el último Obon. Y probablemente no los vuelva a haber hasta el próximo. Fuese quien fuese, esa Charlotte estaba viva.
-No era Charlotte. Parecía occidental, sí, pero su familia llegó a Japón hace casi un siglo. ¡Y se habían cambiado el apellido al llegar!
Al chico se le ensombreció el rostro. Sin pensarlo demasiado, levantó la mano, y golpeó con ella el rostro de su madre.
-¡Reacciona, mamá! ¡Matou Yuki lleva diez años muerta y su cadáver se pudre en el sótano de la casa Matou!
La mujer se quedó paralizada en el mismo instante en el que su hijo comenzó a hablar.
-¿De qué conoces ese nombre?
-Habría que estar ciego para no conocer ese nombre tras leer las notas de papá.
La risa nerviosa de la mujer llenó la sala repentinamente, mientras por la puerta volvía a entrar la chica pelirroja.
-Dime, ¿alguna vez dejó de mencionarla? No hace falta que respondas. Ya sé la respuesta. Al fin y al cabo yo solo era una conveniente farsa. Nunca me quiso más que para protegerla a ella. Y se dejó matar por su hija. ¡Que estúpido! Al estar tan obsesionado con contar la verdad, la perdió, y cuando ya no hubo vuelta atrás, el mismo error le costó la vida. Y me deja sola, con un crío que no hace más que seguir sus pasos sistemáticamente, y que acabará igual que el aunque lo quiera tanto..., perdiendo a la mujer que ama y manipulando a todas las personas que le importan solo para poder contar esa estupidez sobre la magia. ¿A quién le importa la magia, los magos, o las ilusiones? ¿No deberías preocuparte por lo que tienes delante? ¿No deberías intentar proteger lo que te importa? ¿Cuántas veces más me vas a hacer sufrir hasta que estés satisfecho? Maldito sea el día en el que me enamoré de ti.
La mujer sollozaba entre los brazos de su hijo, mientras este le susurraba palabras en el fondo vacías, aunque tranquilizadoras al fin y al cabo. En algún momento consiguió que se metiese en el futón, y se quedó con ella hasta que se quedó dormida. Después, se puso en pie.
-Nos vamos, Momoko. Todavía van a pasar muchas cosas esta noche, y no me voy a sentir seguro si no vienes conmigo.
-Entonces, todo lo que ella ha llorado no ha servido para hacerte cambiar de opinión.
-Yo no soy como mi padre. Yo te tengo a ti aquí.
-Pero, si yo no estuviese aquí, seguirías haciendo lo que haces.
-Nos vamos.
-Me lo suponía. Por cierto, siento no haberme ido cuando se vino abajo. Tan solo la familia debería estar presente cuando a alguien le pasa eso.
-Pffff... Así que después de 13 años siendo amigos, todavía no eres de la familia, ¿eh?
-Pero yo ya...
-Ni se te ocurra decirlo. Lo importante no es lo que somos, si no lo que decidimos. Y yo no pienso cambiar mis decisiones por semejante estupidez.
-Vamos, mamá, despierta.
La mujer, que estaba en el suelo desde hacía ya algún tiempo, comenzó a abrir los ojos lentamente.
-R... Ryu... ¿Qué haces aquí? ¿No te ibas a...? Espera. ¿Dónde está?
Súbitamente, tanto el rostro como la voz de la mujer comenzaron a mostrar una ansiedad y una intranquilidad impropias de la mujer recatada que era.
-Tranquilízate. Aquí solo estamos tú, Momoko y yo. Cuéntame que ha pasado.
-No. Seguro que sigue por aquí... no, espera, se fue en esa escoba. Sí, eso es. Se ha largado.
-¿Qué ha pasado, mamá?
-Esa mujer estuvo aquí. Dijo que conocía a tu padre de asuntos de negocios, pero yo no la creí. No, claro que no. Pero en ese momento no me di cuenta de quién era. ¡Ja! Usar un nombre falso como Charlotte... ¡Hm! Pero después de tanto tiempo...
-Hey, relájate. Respira hondo. ¿Quieres que te prepare el baño para que puedas relajarte? ¿Un té...? Espera, eso no te sienta bien. ¿Quieres algo?
-¡TILA! ¿De dónde la habrá sacado? ¿Dónde ha estado mientras tu padre se desvivía por ella? No. Espera...
De pronto, la mujer, que se había incorporado un poco, palideció.
-¿Mamá?
-No ha cambiado nada en 10 años... No, incluso está más joven... Y lo que dijo tu padre...
El chico suspiró, y sin perder la calma, comenzó a hablar.
-Momoko, por favor, saca el futón de la habitación de al lado. Mi madre necesita descansar.
La chica, que había estado en la habitación todo ese tiempo, salió sin hacer el menor ruido.
-Era un fantasma. ¿Pero por qué venir hasta aquí para ver a tu padre cuando él también ha muerto?
-Mamá, aquí no ha habido ningún fantasma desde el último Obon. Y probablemente no los vuelva a haber hasta el próximo. Fuese quien fuese, esa Charlotte estaba viva.
-No era Charlotte. Parecía occidental, sí, pero su familia llegó a Japón hace casi un siglo. ¡Y se habían cambiado el apellido al llegar!
Al chico se le ensombreció el rostro. Sin pensarlo demasiado, levantó la mano, y golpeó con ella el rostro de su madre.
-¡Reacciona, mamá! ¡Matou Yuki lleva diez años muerta y su cadáver se pudre en el sótano de la casa Matou!
La mujer se quedó paralizada en el mismo instante en el que su hijo comenzó a hablar.
-¿De qué conoces ese nombre?
-Habría que estar ciego para no conocer ese nombre tras leer las notas de papá.
La risa nerviosa de la mujer llenó la sala repentinamente, mientras por la puerta volvía a entrar la chica pelirroja.
-Dime, ¿alguna vez dejó de mencionarla? No hace falta que respondas. Ya sé la respuesta. Al fin y al cabo yo solo era una conveniente farsa. Nunca me quiso más que para protegerla a ella. Y se dejó matar por su hija. ¡Que estúpido! Al estar tan obsesionado con contar la verdad, la perdió, y cuando ya no hubo vuelta atrás, el mismo error le costó la vida. Y me deja sola, con un crío que no hace más que seguir sus pasos sistemáticamente, y que acabará igual que el aunque lo quiera tanto..., perdiendo a la mujer que ama y manipulando a todas las personas que le importan solo para poder contar esa estupidez sobre la magia. ¿A quién le importa la magia, los magos, o las ilusiones? ¿No deberías preocuparte por lo que tienes delante? ¿No deberías intentar proteger lo que te importa? ¿Cuántas veces más me vas a hacer sufrir hasta que estés satisfecho? Maldito sea el día en el que me enamoré de ti.
La mujer sollozaba entre los brazos de su hijo, mientras este le susurraba palabras en el fondo vacías, aunque tranquilizadoras al fin y al cabo. En algún momento consiguió que se metiese en el futón, y se quedó con ella hasta que se quedó dormida. Después, se puso en pie.
-Nos vamos, Momoko. Todavía van a pasar muchas cosas esta noche, y no me voy a sentir seguro si no vienes conmigo.
-Entonces, todo lo que ella ha llorado no ha servido para hacerte cambiar de opinión.
-Yo no soy como mi padre. Yo te tengo a ti aquí.
-Pero, si yo no estuviese aquí, seguirías haciendo lo que haces.
-Nos vamos.
-Me lo suponía. Por cierto, siento no haberme ido cuando se vino abajo. Tan solo la familia debería estar presente cuando a alguien le pasa eso.
-Pffff... Así que después de 13 años siendo amigos, todavía no eres de la familia, ¿eh?
-Pero yo ya...
-Ni se te ocurra decirlo. Lo importante no es lo que somos, si no lo que decidimos. Y yo no pienso cambiar mis decisiones por semejante estupidez.
Promesas:
La puerta se abrió de golpe. Por ella entro una mujer alta, con algún trazo occidental, y el pelo castaño. En sus pasos, se podía notar su enfado. En la forma en la que abrió el armario, también.
-¡Yuki, vuelve aquí!
Tras ella, entró un hombre con el pelo oscuro y rasgos japoneses.
-Te lo advertí. Pero nunca te molestas en escucharme.
La mujer cogió algo de ropa, demasiado pequeña como para ser suya.
-¿Se puede saber que haces?
-Todavía no sé por que no lo había hecho ya. Me largo.
-¡Ja! Eso es lo que tu te has creíado. Tu no te vas de aquí. Eres mía.
La mujer no se inmutó, mientras seguía cogiendo ropa varias tallas más pequeña.
-Mírame cuando te hablo, Yuki.
El hombre la cogió por el brazo, obligándola a darse la vuelta, pero la mujer ya tenía el brazo en alto, y lo golpeó con todas sus fuerzas. El hombre, sorprendido, la soltó, y ella terminó de cojer la ropa, que empaquetó rápidamente.
-¿Cómo te atreves?
-Curioso. Es la pregunta que llevo queriendo hacerte desde hace ya siete años. ¿Cómo te atreves a tocarme siquiera?
Sus miradas se cruzaron, y el hombre retrocedió unos pasos.
-Muy bien, vete. Sin mi no eres nada.
-Soy más de lo que tu eres sin ese viejo de Zouken.
La mujer salió, una vez más, a paso apurado de la habitación, con la ropa empaquetada. Abrió otra puerta, tras la que se encontraba una niña de no más de seis años, sollozando.
-¿Qué haces con Lisildara?
-Me la llevo.
-¡¡NI SE TE OCURRA!! ¡No te llevarás a mis hijas!
-¿Eh? Ah, no te preocupes. No son tuyas. Vamos, Lisi.
Mientras el rostro del hombre se volvía rojo de ira, la mujer se agachó para recojer a la niña. Sin pensarlo, el hombre cogió el candelabro que había sobre la mesa, y golpeó a la mujer en la cabeza. La niña comenzó a llorar más sonoramente, pero el hombre no se inmutó, y continuó golpeando a la mujer. La sangre cubria toda la habitación, y la niña no dejaba de llorar mientras repetía una y otra vez la palabra "Mami".
-¡Cállate! ¡He dicho que te calles! Si no quieres que te pase a ti lo mismo que a esta puta, me harás caso en cada cosa que te diga. Nunca me llevarás la contraria. Nunca te enfrentarás a mi. Harás exactamente lo que yo te diga a partir de ahora. ¿Has entendido?
-Sniff... Mami... sniff... ¡buah!
-¡Te he preguntado algo! ¿Has entendido?
La niña, impotente, no tuvo más remedio que responder:
-Sniff... sí.
-¡Yuki, vuelve aquí!
Tras ella, entró un hombre con el pelo oscuro y rasgos japoneses.
-Te lo advertí. Pero nunca te molestas en escucharme.
La mujer cogió algo de ropa, demasiado pequeña como para ser suya.
-¿Se puede saber que haces?
-Todavía no sé por que no lo había hecho ya. Me largo.
-¡Ja! Eso es lo que tu te has creíado. Tu no te vas de aquí. Eres mía.
La mujer no se inmutó, mientras seguía cogiendo ropa varias tallas más pequeña.
-Mírame cuando te hablo, Yuki.
El hombre la cogió por el brazo, obligándola a darse la vuelta, pero la mujer ya tenía el brazo en alto, y lo golpeó con todas sus fuerzas. El hombre, sorprendido, la soltó, y ella terminó de cojer la ropa, que empaquetó rápidamente.
-¿Cómo te atreves?
-Curioso. Es la pregunta que llevo queriendo hacerte desde hace ya siete años. ¿Cómo te atreves a tocarme siquiera?
Sus miradas se cruzaron, y el hombre retrocedió unos pasos.
-Muy bien, vete. Sin mi no eres nada.
-Soy más de lo que tu eres sin ese viejo de Zouken.
La mujer salió, una vez más, a paso apurado de la habitación, con la ropa empaquetada. Abrió otra puerta, tras la que se encontraba una niña de no más de seis años, sollozando.
-¿Qué haces con Lisildara?
-Me la llevo.
-¡¡NI SE TE OCURRA!! ¡No te llevarás a mis hijas!
-¿Eh? Ah, no te preocupes. No son tuyas. Vamos, Lisi.
Mientras el rostro del hombre se volvía rojo de ira, la mujer se agachó para recojer a la niña. Sin pensarlo, el hombre cogió el candelabro que había sobre la mesa, y golpeó a la mujer en la cabeza. La niña comenzó a llorar más sonoramente, pero el hombre no se inmutó, y continuó golpeando a la mujer. La sangre cubria toda la habitación, y la niña no dejaba de llorar mientras repetía una y otra vez la palabra "Mami".
-¡Cállate! ¡He dicho que te calles! Si no quieres que te pase a ti lo mismo que a esta puta, me harás caso en cada cosa que te diga. Nunca me llevarás la contraria. Nunca te enfrentarás a mi. Harás exactamente lo que yo te diga a partir de ahora. ¿Has entendido?
-Sniff... Mami... sniff... ¡buah!
-¡Te he preguntado algo! ¿Has entendido?
La niña, impotente, no tuvo más remedio que responder:
-Sniff... sí.
Talking Heads - Acto primero:
Talking Heads
o
Las apasionantes reflexiones
de unas mentes singulares
y sus espectaculares conclusiones.
Una tragicomedia en tres actos.
~ … ~
Dramatis Personae
~ … ~
El Astrónomo El Estagirita El Ingeniero El Nazareno El Ateniense El Panapolitano El Guía El Consejero El Ensayista El que no pertenece a este tiempo
Acto I
Escena I
(Una habitación en penumbra, una gran mesa circular en el centro y once sillas a su alrededor, todas vacías. Se escucha el rumor del viento en los árboles, todas las ventanas se encuentran tapadas por pesados cortinajes).
El Astrónomo: ¿Qué piensan vuestras mercedes acerca de los acontecimientos?
El Estagirita: Han acaecido un sinnúmero de infortunios en un corto lapso de tiempo, y eso ciertamente no beneficia a la opinión que tiene la ciudadanía de nuestro señor.
El Ingeniero: Amigos míos, cierto es que nuestro patrón ha sido la causa directa de parte de esas desgracias pero aún no está todo perdido.
El Nazareno: ¿Qué razones tienes para afirmar eso, compañero? ¿En qué hipótesis fundamentas tu juicio?
El Ingeniero: Es sencillo, la respuesta se encuentra en la figura de ese desastre personificado que es Deimos Epiktetos Likurgus. Podemos jugar con las emociones de los campesinos, haciéndoles creer que su espíritu sigue vivo aunque su cuerpo se encuentre ardiendo en el infierno.
El Ateniense: Es una buena idea, pero no me acaba de gustar la noción de que para ganarnos el favor del pueblo primero hemos de engañarlo mediante subterfugios.
El Panapolitano: Por favor, caballeros. ¿Acaso el filósofo necesita algo más que su taller para poder vivir en paz consigo mismo? ¿No puede el Alquimista dejarse de historias y centrarse en lo realmente importante? ¿Dónde quedó la búsqueda del conocimiento y la verdad de este mundo?
El Guía: Éso era importante cuándo nuestro mecenas era joven y los asuntos familiares no lo requerían. Ahora es su oportunidad para resarcirse ante el patriarca de sus desatinos pasados. Ya habrá tiempo para la investigación cuando acabe ésta pesada tarea.
El Consejero: Ante eso he de decir unas palabras, compañeros míos. Nuestro señor ha de vencer en esta empresa para poder recuperar su honor perdido, pero además en el transcurso de la misma puede seguir con su preciada investigación porque... ¿No es éso lo que hacen los alquimistas? Ya que por importante y necesaria que sea su misión siempre sacan algo de tiempo para sus reflexiones y experimentos. Lo importante ahora es centrarse en finiquitar esta guerra cuanto antes.
El Ensayista: Sin embargo hay que recalcar que aunque el patrón es un villano hasta ahora tenía cierta ética y moral; en estos últimos tiempos se ha empezado a desquiciar y sus decisiones son cada vez más erráticas. Su talento como magus está alcanzando niveles nunca vistos hasta ahora, pero temo que eso le esté afectando a su mente.
(Sonido de aplausos que reverbera por toda la sala)
El que no pertenece a este tiempo: ¡Bravo, compañeros míos, bravo! Después de éste minucioso análisis de nuestro señor (quizás demasiado detallado para mi gusto) sólo resta una cosa... ¿ Qué podemos hacer si sus rivales se alían y nos invaden?
Fin del acto I
Talking Heads - Acto segundo:
Talking Heads
o
Las apasionantes reflexiones
de unas mentes singulares
y sus espectaculares conclusiones.
Una tragicomedia en tres actos.
~ … ~
Dramatis Personae
~ … ~
El Alquimista El Astrónomo El Estagirita El Ingeniero El Nazareno El Ateniense El Panapolitano El Guía El Consejero El Ensayista El que no pertenece a este tiempo
Acto II
Escena I
El Alquimista: Muy reverenciados señores de todas las épocas de la humanidad. Se que mi comportamiento estos días ha sido inexcusable. Pues para crear hay que destruir. Por ello les agradezco que hayan permanecido a mi lado pues repercutirá en el beneficio de la humanidad. ¡Así pues, ayudadme compañeros!
El Nazareno: ¿A qué clase de sacrificios les piensas someter?
El Alquimista: Lo que hago es para liberarlos, todo lo que he creado pesa en mi corazón. No pienso juzgarte como ser humano, pero ¿crees que es mas fácil cargar con los sufrimientos de uno que con los de todo un pueblo?¿Crees que es sencillo cargar con los desvelos de una familia atormentada? Se que es difícil de entender, pero la historia me lo agradecerá. Por que tú mas que nadie, Nazareno, donde se realiza en ella definitivamente el Espíritu Absoluto.
El Guía: Pero Alquimista, ¿no es eso caer en el nihilismo? ¿No es eso negar tu existencia en este mundo como ser humano?
El Alquimista: Caemos, pero solo podemos amortiguar la caída, no elegir el lugar donde lo hacemos.
El Ensayista: ¿No es eso rendirse al flujo del destino? ¿Acaso no significa que la voluntad del mundo guía tus actos? Un hombre ha de labrarse su futuro, no aceptarlo con los brazos abiertos.
El Alquimista: Por muy fuerte que agite los brazos, el ser humano no esta hecho para volar. No me he resignado,pero soy realista. ¿Te parece poco lo que he hecho para dominar mi destino?
El Consejero: ¿Y que hay del pueblo? ¿El pueblo va a pagar por tus errores?
El Alquimista: Tú más que nadie deberías saberlo. Y no son mis errores, son los errores de otros; que he asumido libremente para poder enmendarlos.
El Panapolitano: Por que has decidido cargar con el peso de otros? Acaso un alquimista no vive por y para la verdad? No es tu deber llegar al centro de este mundo? El universo es vasto y tu te contentas con un rebaño de hombres.
El Alquimista: Tu egoísmo, Panapolitano, te impide ver la carga que asumen las clases dominantes. A nosotros nos toca cargar con el peso de las decisiones, sean buenas o malas. Y la verdad de la que hablas, oh Alquimista, no habita en este mundo. En fin, mi única intención al venir aquí era recordarles mi agradecimiento, mi gratitud por todo lo que han hecho, eso es todo.
[Golpea el suelo con el bastón y saltan chispas mientras se dirige a la salida ]
El que no pertenece a este tiempo: Pero recuerda Alquimista, el futuro no está escrito en piedra; si no en el agua. No te confíes en tu trono en la cima de tu torre de marfil; puesto que hay gente más que dispuesta a derribártela.
[Mira por encima del hombro]
El Alquimista: Mi torre tiene pinchos.
Fin del acto II
Cuestión de voluntad:
Una única nube manchaba el cielo que se reflejaba en sus brillantes ojos verdes. Las plantas, unos cuantos insectos, e incluso algunos animales de mayor tamaño la ignoraban por completo, como si se tratase de un elemento más del terreno; y su cabello, entre rojo y castaño, se fundía con la tierra que la rodeaba. ¿Cuánto tiempo llevaba ya allí?
-Hola.
La niña no se inmutó. Mientras me acercaba un poco más, pensé que no debía tener ni siquiera trece años.
-He venido a verte porque alguna gente del pueblo está preocupada. Se acerca el invierno, y los Andes no es una región muy adecuada para pasarlo a la intemperie.
Nada. ¿Sería cierto eso de que en realidad no era un ser humano? No, espera. Céntrate. Ólvidate de todo excepto de esta niña, y sácala de aquí, cueste lo que cueste.
-Supongo que no lo sabes, pero soy el cura a cargo de la iglesia del pueblo desde que el padre Luccio se retiró. Así que me gustaría poder empezar con buen pie consiguiendo que volvieses al pueblo. Me sentiría responsable si murieses aquí durante el invierno, ¿sabes?
Primero parpadeó. En cierto modo, me sorprendió, porque era el primer movimiento que hacía desde que había llegado al claro. Después, me alivió, porque había empezado a pensar que en realidad la niña ya había muerto. Y por último, me volví a sorprender cuando comenzó a hablar con su voz a medio camino entre una niña y una mujer adulta, y por increíble que resulte, con total normalidad a pesar de que era evidente que no había comido en varios días.
-Eres nuevo en esto, ¿verdad?
-¿Eh? Ah, sí. He sido ordenado sacerdote hace apenas un mes.
-Se nota.
-¿Qué? ¿En qué?
-Se supone que debes escucharme, decirme que dios me ama, y si eso no funciona, largarte con la conciencia tranquila, pues si algo no nos ha negado Dios es el libre albedrío.
A pesar de estar manteniendo una conversación, era de lo más incómodo. Ella no movía ni un músulo de más, lo que me provocaba la impresión de estar hablando con el árbol que se encontraba un poco más allá.
-Para empezar, permíteme tumbarme a tu lado.
-Como quieras. El suelo tampoco pertenece a nadie, y como ya he dicho, la decisión de tumbarte o no es tuya.
-Conozco a muchos que no estarían de acuerdo con lo que has dicho del suelo, aunque por fortuna nadie puede negarte lo segundo que has dicho- y, mientras decía eso, me tumbé, y contemplé con ella el cielo que hasta entonces se reflejaba en sus ojos, y que probablemente lo siguiese haciendo.
-Claro. El gran regalo del señor. Somos libres. Aunque no sin condiciones.
-¿Qué quieres decir?
-No podemos matar, no podemos robar, no podemos odiar sin arrepentirnos... No podemos suicidarnos.
-En realidad sí podemos. Es una cuestión de lo que debemos y no debemos hacer.
-Eso es como si le dices a un preso que puede escapar de su prisión. Técnicamente es cierto, pero no solo resulta casi imposible, si no que tendría unas consecuencias inimaginables... Dime, padre...
-...Manuel.
-Dime, padre Manuel, si alguien se sacrificase intentando salvar a otro alguien, y siendo consciente de que ese iba a ser el resultado antes de emprender la acción que acabaría con su vida, ¿cuenta eso como un suicidio?
-¡Claro que no! Es un sacrificio, como has dicho. Esa persona ha arriesgado algo tan valioso como su vida de forma desinteresada para salvar la de otro.
-Así que ese es el método...
Giré la cabeza bruscamente, lo que me provocó un fuerte tirón en el cuello. Ella no se había movido ni un ápice. Seguía exactamente igual.
-Te equivocas.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que lo importante es la intención. Si lo que intentas cuando vas a salvar a esa persona es en realidad acabar con tu vida, entonces sí cuenta como suicidio, porque al fin y al cabo estás fingiendo que intentas salvarlo.
-Así que la intención, ¿eh...? Entonces un asesinato llevado a cabo sin la intención de asesinar no cuenta como asesinato.
-No veo como eso podría ser.
-Digamos que alguien dispara a una multitud de gente, con el único objetivo de disparar, y no de matar.
-... No creo que exista nadie así...
-Manuel, ya que no sabes escuchar todavía, responde a mis preguntas.
-Mmm... En ese caso, creo que eso sí que contaría como asesinato.
-Extraño, ¿no crees? En el caso del suicidio, cuenta la intención; en el caso del asesinato, cuenta la acción; y sin embargo en ambos casos se trata del mismo acto: arrebatar una vida.
-Está bien. Por aquí no parece que vallamos a llegar a ninguna parte. Cuéntame, pequeña, ¿por qué quieres suicidarte?
-¿Pequeña? ¿Que tienes, veinte años?
-Diecinueve para ser exactos.
-¡Solo me llevas cinco años!
-Eso no cambia el hecho de que seas una pequeña. Llámame pequeño si quieres, al fin y al cabo es lo que somos...
-Muy bien, PEQUEÑO. Te diré por qué quiero morir. Quiero morir porque Dios me odia.
Por fin, algo contra lo que estaba preparado. Había oído esa frase en mis años de juventud tantas veces que sabía exactamente que responder en cada caso. Aunque me mostré aliviado, no fue solo a causa de eso. Por fin la niña había mostrado algo de emoción, aunque me preocupaba ese repentino cambio de la nada a un enfado infantil, y de pronto, la rabia contenida. Volví a girar la cabeza para mirarla, y me sorprendi al encontrarme de frente con la oscuridad de sus pupilas.
-Dios no odia a nadie, y mucho menos a ti.
-Eso decís todos los curas y a todo el mundo. Pero dime, Él es omnipotente, ¿verdad? Podría hacer cualquier cosa.
-Sí.
-Entonces, no me cabe duda de que me odia. Maté a mis padres y a mi hermano y hermana. ¡Mi hermana ni siquiera tenía un año!
No pude evitar que mi rostro mostrase la sorpresa y el horror ante lo que acababa de describir, ante lo que ella "bajó" la mirada.
-Y ahora también me odias. Te has dado cuenta de que soy un monstruo. Lo peor de todo, es que en el fondo no quiero morir...
Por desgracia, me llevó más de un segundo reponerme.
-N.. no te odio. En absoluto.
Volvió a mirarme a los ojos, y sonrió.
-No importa. Es lo que soy, y es lógico que los demás me miren con odio.
-...pero... ¿por qué harías algo así?
En ese momento no supe la causa, pero de pronto tuve uno de mis ataques de pena espontáneos.
-¿Por qué llora? Debería ser yo la que llorase. Mi familia ha muerto.
Y lo hizo. Las lágrimas comenzaron a caer sobre la tierra, a apenas unos centímetros de sus ojos.
-Lo siento. A veces me ocurre, y no puedo controlarlo.
-Entonces es usted como yo, un monstruo. Aunque Dios no lo maldijo con nada comparable a lo mio. Yo maté a mi familia simplemente mirándolos.
-Eso es imposi...
En ese instante, el aire dejó de llegar a mis pulmones. No podía respirar. El flujo a través de mis bronquios se había detenido... Y tan pronto como llegó ese bloqueo, se fue, y pude volver a respirar.
-Normalmente puedo controlarlo, pero a veces, tengo ataques. Tuve la mala fortuna de que mi familia se encontraba cerca durante uno de ellos. Por eso digo que Dios me odia sin duda. Había tantas formas de evitarlo...
Todavía estaba intentando recobrar el aliento, pero sus palabras habían comenzado a mostrarme la realidad de lo que había vivido esta niña, lo cual me apenaba más aún.
-Dios prohibe la magia y la hechicería, y sin embargo ha permitido que naciese con una maldición como esta. Y a pesar de todo, no me deja morir. Aunque llevo en el bosque cerca de un mes, cuando tengo habmbre, soy incapaz de resistirme a buscar comida. Cuando un animal peligroso acecha, soy incapaz de resistirme a huír. Es difícil rechazar estos instintos que Dios nos ha dado y que se oponen a nuestro supuesto libre albedrío.
Por fin todas las piezas del puzzle. Ya sabía como salvarla de si misma... pero el precio para descubrirlo había sido alto, y ya me estaba dando cuenta.
-Yo no te odio... Sin duda antes dije una estupidez. Tu no quisiste matar a nadie. Nadie te culpará nunca por lo que ha pasado, porque fue un accidente. Y tu mald... no, tu don. Tu don es en realidad algo que podría hacer mucho bien en las situaciones adecuadas.
-Usted está mal de la cabeza.
-No... creo que todavía no lo estoy...
-Dios no me ha dado esto para hacer el bien. No ha creado algo así para que haga el bien.
-No se trata de para qué lo ha creado Dios. Se trata de para qué lo vas a usar tú. Se trata de la voluntad tras tus acciones.
En sus ojos vi la duda, y dudé; vi la esperanza, y tuve esperana...
-¿De verdad... cree que podría hacer algo bueno?
-No. Estoy completamente convencido.
De nuevo, la duda la invadió, extendiéndose a mi.
-¿Y mis ataques?
Por suerte, sabía como disiparla.
-No te preocupes. Conozco algunos métodos para prevenir ataques espontáneos.
La niña se levantó, provocando que varios de los insectos que se encontraban sobre ella cayesen al suelo. Yo hice lo propio. Ahora, en sus ojos, vi el deseo puro de vivir, y más que nunca, quise vivir.
-Vente conmigo. Mi casa es grande, y puede mantenernos a los dos.
Una vez más, un pequeño atisvo de duda.
-¿Entonces... no soy malvada?
-No. Eres exactamente lo que quieres ser. Y no te preocupes, yo te protegeré de cualquiera que intente hacerte creer lo contrario.
En mi interior notaba esa sensación horrible que pude reconocer como odio, pero en mi mente solo había una palabra: Cualquiera.
Pride of The Wolverines:
Fuyuki, 5 de febrero de 1874
Base de la Marina Estadounidense
-No todo está perdido. Aún no. Mientras siga habiendo un sólo hombre con la insignia de su país grabada en su corazón hay esperanza de victoria.
Esas fueron las palabras con las que el Comandante Joseph D. Clash se dirigió a su Sargento Primero, Jet McCain, mientras éste se encontraba convaleciente en la enfermería del cuartel. Como no esperaba una respuesta, al menos no una coherente, el comandante siguió hablando.
-No voy a intentar justificar mis órdenes. Como recordarás, te encomendé que encabezaras una misión de búsqueda y rescate en el bosque para ver si podíamos encontrar a más campesinos y al asesino. Lo que no te dije es que los altos cargos estacionados en Tokyo me habían presionado para que además intentarais atacar el castillo de Von Einzbern, así que extendí el área de búsqueda más allá de lo permitido.
El enfermo le dirigió una mirada que daba a entender que comprendía la presión que su superior había tenido que soportar y que las muertes de sus camaradas (aunque podían haber sido evitadas) no serían en vano. Apenas se encontraba consciente, pero ya pensaba en cómo iba a asaltar el castillo la siguiente vez, sin cometer los errores de la anterior; y tenía una idea más o menos clara de lo que esperaba hacer una vez dentro.
Se recuperaba por momentos. Eso le ocurría desde que podía recordar. Siempre que se hería, por grave que fuera la herida, notaba la ira crecer en su interior (ya fuera contra él mismo si era culpa suya o contra el que se la inflingiera) y su cuerpo empezaba a curarse. Al principio pensaba que era cosa de magia. Años después, en su primer encuentro con el que es ahora su comandante lo confirmó.
El joven Jet McCain vivía en lo que hoy en día conocemos como Moab, Utah, cerca de las Montañas Rocosas. Acostumbrado a que su familia cambiase su hogar cada poco tiempo, los McCain se asentaron en esa región cerca del año 1860. Sus padres, siempre temerosos de la aparición de aquellos a los que denominaban “alquimistas de la montaña” no cejaban en su empeño de desaparecer. Ya era la tercera vez que la familia al completo cambiaba de apellido.
Jet pasó su adolescencia en esas colinas presididas por impresionantes arcos de piedra, erosionados por las eras pasadas. Para un chaval de 14 años aquellas tierras inhóspitas eran el paraíso. Y como todo aquel antes que él, llegó el momento en el que tuvo que abandonarlo.
Corría el año 1866, y la Guerra de Secesión hacía un año que había acabado, al menos oficialmente. No es que en Moab se notase especialmente, pero les llegaban las noticias del resto del país gracias a los viajeros y mercaderes. A sus 18 años Jet quería ver el mundo que le esperaba más allá de esas colinas. Sus padres retrasaban su marcha aduciendo que aún no conocía lo suficiente del mundo como para poder sobrevivir en él, pese a que a medida que pasaba el tiempo sus explicaciones semejaban cada vez más endebles.
Una tarde de domingo Jet se encontraba paseando por las colinas, siguiendo el rastro de un carcayú; cuando escuchó unas voces cerca de un arroyo.
-Mayor, ¿a qué distancia cree que nos encontramos de esas bestias?
Eran tres. Tres hombres, vestidos con un uniforme militar (aunque muy desgastado, parecía que ellos también llevaban un tiempo alejados de la civilización). Al que le habían hecho la pregunta era un hombre de unos treinta y pocos años, de mirada dura y que parecía capaz de encender una cerilla usando sus mejillas. Portaba una bayoneta, un sable y en este momento se sacaba un cuchillo de la bota (parecía que era uno de tantos, puesto que palpó varios mangos). Los otros dos, más jóvenes y algo menos experimentados (pese a que cualquiera de ellos era mucho más precavido y paranoico que cualquier persona que Jet hubiera conocido en su vida). El interpelado , sin levantarse respondió a su colega mientras lanzaba el cuchillo en dirección a Jet.
-Tenemos a los últimos a menos de treinta pies, el otro se encuentra detrás de vosotros. Os doy permiso para usar “los atronadores”.
El cuchillo pasó a escasos centímetros de la cara de Jet, para clavarse en el pecho de un animal que se hallaba detrás de él. Animal no era el término exacto, ya que además de estar completamente cubierto de pelo, poseer unos colmillos y garras de un tamaño desmesuradamente grande para un lobo u oso corriente, era más grande que cualquiera de ellos, bípedo y sus ojos denotaban una extraña inteligencia.
Al mismo tiempo, los otros dos soldados (pues ya era bastante claro que pertenecían al ejército, ahora sólo restaba saber a cuál de los dos) desenfundaban un par de pistolas cada uno. Semejaban revólveres, pero eran de un tamaño muy superior , además de que parecían saltar chispas a su alrededor. Apuntaron a la espesura, donde les había indicado el mayor y gritaron al unísono:
-¡RAAAAAAAAAAAAYOS , LLLLLLLLAAAAAAMAS Y TRUENOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSSSSSS!
Y fue en ese instante cuando se desató la tormenta. De los cañones surgió un mar de electricidad y llamas que arrasó con un cono de 75 metros delante de ellos. En medio de ese piriflegetonte se distingían los cuerpos de otros dos seres como aquel que acechaba a Jet.
Pese a tener un cuchillo clavado en el pecho, la bestia profirió un zarpazo en toda la espalda a Jet, que en esos momentos se estaba girando. Durante un segundo, aquel amasijo de carne y sangre se deleito en el sufrimiento del joven. Y un segundo fue todo lo que necesitó el veterano para saltar los diez metros que los separaban, prender su puño en unas llamas violáceas y golpear la cara del ser mientras gritaba:
-¡SE ACABO!
El impacto envió al monstruo contra un árbol vecino. Estaba claramente muerto. Pero no era momento de cantar victoria, puesto que había otro de ellos oculto en las ramas superiores del abeto. Saltó directo hacia el soldado y fue en ese preciso instante cuando la furia embargó a Jet. Se puso en pie, saltó y agarró las mandíbulas babeantes del engendro en el aire. Mientras su salvador miraba boquiabierto como cicatrizaban las heridas de su espalda el joven estampó la cabeza de su adversario contra una roca al caer, aplastándola como un higo maduro.
Aún cubierto por la sangre de su atacante, jadeando y a punto de vomitar; preguntó a su benefactor:
-¿Quién eres y por qué puedes hacer lo que has hecho? Y por encima de todo... ¿Qué son estas cosas?
El que con el paso del tiempo se convertiría en su superior simplemente le dijo:
-Ven conmigo y sabrás todo esto y más.
Base de la Marina Estadounidense
-No todo está perdido. Aún no. Mientras siga habiendo un sólo hombre con la insignia de su país grabada en su corazón hay esperanza de victoria.
Esas fueron las palabras con las que el Comandante Joseph D. Clash se dirigió a su Sargento Primero, Jet McCain, mientras éste se encontraba convaleciente en la enfermería del cuartel. Como no esperaba una respuesta, al menos no una coherente, el comandante siguió hablando.
-No voy a intentar justificar mis órdenes. Como recordarás, te encomendé que encabezaras una misión de búsqueda y rescate en el bosque para ver si podíamos encontrar a más campesinos y al asesino. Lo que no te dije es que los altos cargos estacionados en Tokyo me habían presionado para que además intentarais atacar el castillo de Von Einzbern, así que extendí el área de búsqueda más allá de lo permitido.
El enfermo le dirigió una mirada que daba a entender que comprendía la presión que su superior había tenido que soportar y que las muertes de sus camaradas (aunque podían haber sido evitadas) no serían en vano. Apenas se encontraba consciente, pero ya pensaba en cómo iba a asaltar el castillo la siguiente vez, sin cometer los errores de la anterior; y tenía una idea más o menos clara de lo que esperaba hacer una vez dentro.
Se recuperaba por momentos. Eso le ocurría desde que podía recordar. Siempre que se hería, por grave que fuera la herida, notaba la ira crecer en su interior (ya fuera contra él mismo si era culpa suya o contra el que se la inflingiera) y su cuerpo empezaba a curarse. Al principio pensaba que era cosa de magia. Años después, en su primer encuentro con el que es ahora su comandante lo confirmó.
El joven Jet McCain vivía en lo que hoy en día conocemos como Moab, Utah, cerca de las Montañas Rocosas. Acostumbrado a que su familia cambiase su hogar cada poco tiempo, los McCain se asentaron en esa región cerca del año 1860. Sus padres, siempre temerosos de la aparición de aquellos a los que denominaban “alquimistas de la montaña” no cejaban en su empeño de desaparecer. Ya era la tercera vez que la familia al completo cambiaba de apellido.
Jet pasó su adolescencia en esas colinas presididas por impresionantes arcos de piedra, erosionados por las eras pasadas. Para un chaval de 14 años aquellas tierras inhóspitas eran el paraíso. Y como todo aquel antes que él, llegó el momento en el que tuvo que abandonarlo.
Corría el año 1866, y la Guerra de Secesión hacía un año que había acabado, al menos oficialmente. No es que en Moab se notase especialmente, pero les llegaban las noticias del resto del país gracias a los viajeros y mercaderes. A sus 18 años Jet quería ver el mundo que le esperaba más allá de esas colinas. Sus padres retrasaban su marcha aduciendo que aún no conocía lo suficiente del mundo como para poder sobrevivir en él, pese a que a medida que pasaba el tiempo sus explicaciones semejaban cada vez más endebles.
Una tarde de domingo Jet se encontraba paseando por las colinas, siguiendo el rastro de un carcayú; cuando escuchó unas voces cerca de un arroyo.
-Mayor, ¿a qué distancia cree que nos encontramos de esas bestias?
Eran tres. Tres hombres, vestidos con un uniforme militar (aunque muy desgastado, parecía que ellos también llevaban un tiempo alejados de la civilización). Al que le habían hecho la pregunta era un hombre de unos treinta y pocos años, de mirada dura y que parecía capaz de encender una cerilla usando sus mejillas. Portaba una bayoneta, un sable y en este momento se sacaba un cuchillo de la bota (parecía que era uno de tantos, puesto que palpó varios mangos). Los otros dos, más jóvenes y algo menos experimentados (pese a que cualquiera de ellos era mucho más precavido y paranoico que cualquier persona que Jet hubiera conocido en su vida). El interpelado , sin levantarse respondió a su colega mientras lanzaba el cuchillo en dirección a Jet.
-Tenemos a los últimos a menos de treinta pies, el otro se encuentra detrás de vosotros. Os doy permiso para usar “los atronadores”.
El cuchillo pasó a escasos centímetros de la cara de Jet, para clavarse en el pecho de un animal que se hallaba detrás de él. Animal no era el término exacto, ya que además de estar completamente cubierto de pelo, poseer unos colmillos y garras de un tamaño desmesuradamente grande para un lobo u oso corriente, era más grande que cualquiera de ellos, bípedo y sus ojos denotaban una extraña inteligencia.
Al mismo tiempo, los otros dos soldados (pues ya era bastante claro que pertenecían al ejército, ahora sólo restaba saber a cuál de los dos) desenfundaban un par de pistolas cada uno. Semejaban revólveres, pero eran de un tamaño muy superior , además de que parecían saltar chispas a su alrededor. Apuntaron a la espesura, donde les había indicado el mayor y gritaron al unísono:
-¡RAAAAAAAAAAAAYOS , LLLLLLLLAAAAAAMAS Y TRUENOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSSSSSS!
Y fue en ese instante cuando se desató la tormenta. De los cañones surgió un mar de electricidad y llamas que arrasó con un cono de 75 metros delante de ellos. En medio de ese piriflegetonte se distingían los cuerpos de otros dos seres como aquel que acechaba a Jet.
Pese a tener un cuchillo clavado en el pecho, la bestia profirió un zarpazo en toda la espalda a Jet, que en esos momentos se estaba girando. Durante un segundo, aquel amasijo de carne y sangre se deleito en el sufrimiento del joven. Y un segundo fue todo lo que necesitó el veterano para saltar los diez metros que los separaban, prender su puño en unas llamas violáceas y golpear la cara del ser mientras gritaba:
-¡SE ACABO!
El impacto envió al monstruo contra un árbol vecino. Estaba claramente muerto. Pero no era momento de cantar victoria, puesto que había otro de ellos oculto en las ramas superiores del abeto. Saltó directo hacia el soldado y fue en ese preciso instante cuando la furia embargó a Jet. Se puso en pie, saltó y agarró las mandíbulas babeantes del engendro en el aire. Mientras su salvador miraba boquiabierto como cicatrizaban las heridas de su espalda el joven estampó la cabeza de su adversario contra una roca al caer, aplastándola como un higo maduro.
Aún cubierto por la sangre de su atacante, jadeando y a punto de vomitar; preguntó a su benefactor:
-¿Quién eres y por qué puedes hacer lo que has hecho? Y por encima de todo... ¿Qué son estas cosas?
El que con el paso del tiempo se convertiría en su superior simplemente le dijo:
-Ven conmigo y sabrás todo esto y más.
Llegada:
5 de Febrero del septimo año de la gloriosa era Meiji.
Hora del Conejo.
Durante el alba la brisa matutina se extendia por el clima extrañamente suave que daba bienvenida a ese nuevo dia, si bien parecía cuestión de tiempo que los calidos rayos de sol que se asomaban fuesen tapados por la griseza habitual de la zona en esta epoca del año. Así pues, el camino mostraba un constraste que el grupo no habia podido ver en el corto trayecto que recorrieran por el Tokaido hasta llegar a la magnifica Kyoto y desviarse hacia la ruta que les llevaba a su destino más al sur.
Sí, un pintoresco grupo viajaba por estos caminos, rodeados de verdes prados aun con la nieve de dias pasados y arrozales cuidados por madrugadores campesinos ante la perspectiva de una nueva jornada de laboriosa existencia.
Un trio. Un hombre y dos mujeres.
El hombre, que probablemente llegaba a la treintena, pelo negro y un poco de vello facial, vestia un kimono escarlata adornado que contrastaba con su apariencia ruda pero extrañamente confiable, mostrando dos extremos normalmente irreconciliables caminando tranquilamente como único ser. Pese a la prohibición, llevaba una katana enfundada en su saya agarrada por su mano derecha.
Una de las mujeres, concretamente la mayor, estaba ataviada con un precioso haori blanco que evocaba a la mas fina y deslumbrante pureza, un hakama rojo y un lazo blanco abrazando su largo y fino pelo negro cayendo sobre su aparentemente fragil espalda recogido en una coleta. Su imagen era la de una sacredotisa miko digna del drama lírico Noh, capaz de exorcitar incluso a la maliciosa Rokujo y expulsarla para siempre hacia el Meido.
La mas joven, que probablemente no llegase a los veinte años, creaba un contraste curioso con su compañera, ya que no parecia parar quieta y se encontraba intentando que el hombre del grupo hiciese caso a sus futiles intentos de ganar su atención, ignorando friamente a la miko que les acompañaba. Esta joven vestia una especie de hakama amarillo bastante corto y apretado que realzaba sus curvas y no le molestaba en las piernas ni el los brazos, dandole la movilidad que lógicamente esta chica ansiaba. Llevaba suelto un precioso pero descuidado pelo castaño aparentemente acostumbrado a las idas y venidas de la obvia vitalidad de la que la chica hacia gala.
-¡Akio-saan! ¡Cuando una dama habla directamente a un hombre debe hacerle caso y prestar atención todo lo posible para ver si es capaz de responder a las exigencias que le propone! ¡Desde que nos levantamos llevas haciendo caso omiso de lo que te digo! ¿O es que acaso el estoico Akio ha acabado finalmente sordo tras el ruidoso y a la par inutil trance adivinatorio de la lapa que llevamos detras? Jejejeje, si es que... - dijo la joven pasando de descontento a hostilidad y finalmente a socarronería a medida que se soltaba más y más.
-Si Akio-sama no hace caso al molesto estímulo sonoro que tu boca lleva emitiendo durante horas quiza se deba a que dicho estímulo sonoro es totalmente innecesario en este momento, Ayane-"chan" - dijo la Miko con una expresión fria y palabras cargadas de veneno, resaltando ese último "chan" para poner en su sitio a la desde su punto de vista, poco educada joven.
-¡Serás...! Ni siquiera entiendo que pintas aquí, la labor de los tuyos nunca ha servido para nada mas que dar miedo y respetar a unas supuestas normas que lo único que hacen es limitar nuestra capacidad de actuación. ¡Grrrrrrr! ¡Estoy segura de que para lo único que aceptaste venir es para meterte en medio de la pura relación entre Akio-san y yo! ¡Maldita sacerdotisa más estrecha que un shikigami! ¡Giiii! - dijo Ayane mientras sacaba ese órgano móvil situado en el interior de la boca al que llamamos lengua como signo de desacuerdo y burla.
-Si, ya veo que no tienes la clase para seguir siquiera la mas pequeña de las normas...
¡Corcholis!, si con este juegecito amoroso de segunda no haces más que quebrantar los sabios preceptos de tu propio clan, insultandonos a todos y a ti misma con...-
-¡¡Yuina, Ayane, silencio!! Si llevo un rato sin dar señales de atención es porque intento seguir las indicaciones que me dió Izumo en su último mensaje.. No quiero distracciones, debo sumirme en determinar como debemos llevar a cabo la "misión" que se nos ha encomendado sin cometer errores. ¡Lo que menos necesitamos en este momento son peleas de gatas! - dijo Akio con el porte de un lider, logrando un profundo silencio entre ambas imposible de imaginar segundos atras.
En los tranquilos segundos posteriores de quietud, se podia ver como los haces de luz solar que hasta hace unos momentos timidamente atravesaban el cielo eran tapados por grises cúmulos y cirros nubosos.
En ese instante, como si fuese para honrar el silencio provocado por Akio, la nieve empezó a caer como ya era costumbre en esta tierra de largos inviernos...
-Nevará todo el dia. Eso significa que estamos cerca. - dijo Akio mirando el cielo con los ojos cerrados y como si de un profeta de antaño se tratase.
-¿No se supone que los signos y los augurios son mi campo de especialización, Akio-sama?
-Si es que... ¡que listo que es mi Akio-san! A todo esto, no deberia quedar mucho para llegar esa ciudad donde nos espera su amigo... Fu.. fu...
-Fuyuki, la ciudad de los arboles invernales... - dijo Akio sin bajar la mirada.
Ciudad Fuyuki, area comercial de Miyamacho.
Hora de la serpiente.
A media mañana el grupo ya se encontraba en plena urbe, si bien el esperado recibimiento en bullucio y vida urbana esperable de una ciudad portuaria no fue precisamente la bienvenida hallada por el curioso trio. Fuyuki era un lienzo barato y usado en el cual se había pintado una ciudad gris, desidiosa y llena de caras largas e inertes. Una villa incolora en un clima apagado y sin vida. Un mundo frio y sin emoción.
-Esto es...
-Veo que Izumo no exageraba en absoluto... Sin duda ninguna, en esta ciudad hay una distorsión... o mejor dicho, se está formando una... Ayane, usa tus ojos.
-Ahora mismo, Akio-san... !!! - dijo la joven mientras sus ojos tomaban un tono azulado.
Lo que la joven vió no podia ser descrito con palabras. La distorsión que Akio mencionaba era claramente visible y cubria la ciudad como un siniestro manto rojizo atravesado por vetas de diversos colores arremolinadose en lugares muy especificos...
-Esto es... ¡¡Kuji-Kiri!!... pero... no es normal... es como si solo se tomase la base y la fundación del mismo pero usase un sistema diferente...
-Probablemente una mezcla de disciplinas... creo que nos hemos metido en la boca del lobo... Izumo-sama hizo bien en pedir refuerzos. Akio-sama... que crees que deberiamos...
Tras la información recibida Akio se sumió nuevamente en uno de sus trances. Según le fue enseñado en su amplia formación, en el Onmyodo el Kuji-kiri es una version escrita del Kuji-in en la que los nueve cortes se realizan a lo largo de un escrito o imagen para hacerse con el control del objeto deseado. El Kuji-in se conoce como Doman, o sello de Doson, debido a Ashiya Doman, el gran rival del legendario Onmyouji Abe no Seimei. Junto con la Seman, o sello de Seimei, un pentagrama que forma un diagrama de las relaciones de los cinco elementos, se convierten en Doman-Seman.
Las nueve sílabas se utilizan para hacer un hechizo yang o positivo, como alejar los demonios o gaki, pero tambien se puede añadir una décima hablada, sin barras o cualquier otro mudra, para convertirlo en un hechizo yin o negativo. Esto representa a que en numerología los números pares representan yin, mientras que los impares representan yang. Supuestamente, Ashiya Doman podía utilizar las silabas para controlar su shinigami a distancia y utilizarlo en la caza de sus presas...
Si bien como Ayane y Yuina habian concretado, aunque parece ser que no se encuentran ante un Kuji-kiri corriente y probablemente sea una mezcla de disciplinas, es bastante obvio que el responsable de esta distorsión pretende hacerse con el control de algo en el "interior" de la ciudad y hacer uso de otra disciplina para crear un nuevo efecto... ¿Taumaturgia occidental, quiza? En el poco tiempo que el pais llevaba abierto, Akio se habia encontrado con algún que otro "magus" gaijin con ansias de tomar el fruto inmaculado lleno de sabor llamado Japón... Sin embargo, a priori esta barrera aparentaba haber sido construida de una forma bella y perfecta... una composición ominosamente hermosa.
Como si de un cuadro que cobra otro matiz al entender su significado se tratase, el gris y frio retrato de Fuyuki cobró una visión totalmente diferente de lo presentado inicialmente ante sus ojos. Si la teoria presentada era correcta, aun siendo fruto de una mezcolanza de mundos diferentes, con filosofias y "colores" en principio antagonicos, el creador de este "cuadro" llamado Fuyuki era un verdadero maestro de la pintura... ¿o quiza sería mejor llamarle un visionario capaz de fundir estilos en una bellisima obra maestra?
-Debemos reunirnos con Izumo rapidamente, esto no puede hacer mas que empeorar... Ayane, Yuina, partamos raudos al monte Enzo. Según su carta, Izumo nos espera en el templo Ryuudo.
-Si... Akio-san - dijo Ayane aún con el estomago revuelto de lo que sus "ojos" habian sido capaces de ver.
-Me cuesta hablar con los kami de esta tierra... Akio-sama... ¿que esta pasando? - dijo la miko con una cara de preocupación que no encajaba con su aspecto habitual.
El silencio volvió a rodear al hombre que lideraba el grupo, acentuando aun más la proclamación que estaba apunto de recitar.
-Si no nos damos prisa... esta ciudad podria acabar convirtiendose en el Nirarbuda, infierno del frio y la quietud.
Ciudad Fuyuki, escaleras del templo Ryuudo.
Una hora mas tarde.
Frente a frente, dos amigos se reunieron despues de largo tiempo sin verse, sin embargo, en sus caras no se podia ver el júbilo o alegria de los viejos camaradas cruzando sus caminos nuevamente. La situación actual no permitia tregua para tales celebraciones.
-Asi que habeis llegado; tan puntual como siempre, viejo amigo. Por tu rostro supongo que te has dado cuenta de lo que se alza sobre esta ciudad, ¿me equivoco? - dijo la figura que se encontraba de espaldas a las impresionantes escaleras del templo, un hombre de mediana edad con un decorado kimono azul y unos ojos penetrantes como una espiral.
-Asi es Izumo, veo que la situación es mucho peor de lo que imaginaba... ¿Las diez silabas perfectamente unidas a otros sistemas, eh?
-Houjutsu, alquimia, brujeria, animismo, chamanismo... y otra veintena de estilos diferentes, mi conocimiento sobre el sistema gaijin es amplio, pero menor del que desearía...
-¡¿Tantas?! Veo que mi estimación original pecó de humilde... y tambien veo que has hecho lo que deberías y nos has quitado ojo de encima al desarrollo de los acontecimientos... ¿Algo más que contar, amigo?
-Parece ser que unos tres días después de mi llegada a la ciudad para visitar al señor Ryuudo un grupo de magus extranjeros empezaron a hacer acto de presencia... aunque alguno parece que llevaba aquí varios meses preparando "algo"... Desde el dia posterior a su llegada, dio comienzo un enfrentamiento entre ellos en una especie de ritual que ya se ha cobrado un buen número de victimas a lo largo de la ciudad.
-No puedes evitar pensar que esto estaba organizado y que la distorsión quiza tenga que ver con la llegada de los extranjeros, ¿verdad?
-Lo más curioso es que además de la que cubre la ciudad, he encontrado otra.
-¿Dónde?
-Aquí.
Izumo señala con el dedo índice hacia abajo, hacia el suelo...
Señala al monte Enzo en toda su totalidad.
-¿Estás de broma verdad? - dijo Akio con cara de preocupación.
-Ojalá, viejo amigo. Pero las historias de este lugar cuentan como un dragón bajó por el rio Mion y como un monje viajero hizo que el poderoso ryu se asentase en la montaña y enseñase sus tecnicas a los monjes del lugar... Si bien no parece quedar ningún monje con tal habilidad en el templo, se cuenta que con la llegada de varios extranjeros hace 70 años el dragón volvió a despertar... Recientemente se le ha vuelto a escuchar rugir y temblar desde su morada en las entrañas del Monte Enzo, tal como hace décadas...
-¿Tiene que ver con esos gaijin verdad? Temporalmente hablando encaja demasiado bien para ser una simple coincidencia.
-Eso es lo que creo, amigo mio. Bien, pienso que es hora de empezar a trazar una pauta de acción para la "misión" que se presenta ante nuestros ojos.
Izumo se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras mientras el pintoresco trío se disponía a seguirle... Pero antes de que pudiesen hacerlo, Izumo se paró en seco, miró hacia atras por encima de su ancho hombro y dijo...
-Ah, se me olvidaba, ¿donde están mis modales...? Te doy la bienvenida a Fuyuki, Ryougi Akio.
Y tambien os la doy a vosotras dos, Fujou Yuina y Nanaya Ayane.
-El placer es nuestro, Asakami Izumo - dijeron los tres al únisono.
En un frío y gris día de invierno, la "organización cazadora de demonios" se había reunido en el monocromático cuadro titulado "Fuyuki".
Hora del Conejo.
Durante el alba la brisa matutina se extendia por el clima extrañamente suave que daba bienvenida a ese nuevo dia, si bien parecía cuestión de tiempo que los calidos rayos de sol que se asomaban fuesen tapados por la griseza habitual de la zona en esta epoca del año. Así pues, el camino mostraba un constraste que el grupo no habia podido ver en el corto trayecto que recorrieran por el Tokaido hasta llegar a la magnifica Kyoto y desviarse hacia la ruta que les llevaba a su destino más al sur.
Sí, un pintoresco grupo viajaba por estos caminos, rodeados de verdes prados aun con la nieve de dias pasados y arrozales cuidados por madrugadores campesinos ante la perspectiva de una nueva jornada de laboriosa existencia.
Un trio. Un hombre y dos mujeres.
El hombre, que probablemente llegaba a la treintena, pelo negro y un poco de vello facial, vestia un kimono escarlata adornado que contrastaba con su apariencia ruda pero extrañamente confiable, mostrando dos extremos normalmente irreconciliables caminando tranquilamente como único ser. Pese a la prohibición, llevaba una katana enfundada en su saya agarrada por su mano derecha.
Una de las mujeres, concretamente la mayor, estaba ataviada con un precioso haori blanco que evocaba a la mas fina y deslumbrante pureza, un hakama rojo y un lazo blanco abrazando su largo y fino pelo negro cayendo sobre su aparentemente fragil espalda recogido en una coleta. Su imagen era la de una sacredotisa miko digna del drama lírico Noh, capaz de exorcitar incluso a la maliciosa Rokujo y expulsarla para siempre hacia el Meido.
La mas joven, que probablemente no llegase a los veinte años, creaba un contraste curioso con su compañera, ya que no parecia parar quieta y se encontraba intentando que el hombre del grupo hiciese caso a sus futiles intentos de ganar su atención, ignorando friamente a la miko que les acompañaba. Esta joven vestia una especie de hakama amarillo bastante corto y apretado que realzaba sus curvas y no le molestaba en las piernas ni el los brazos, dandole la movilidad que lógicamente esta chica ansiaba. Llevaba suelto un precioso pero descuidado pelo castaño aparentemente acostumbrado a las idas y venidas de la obvia vitalidad de la que la chica hacia gala.
-¡Akio-saan! ¡Cuando una dama habla directamente a un hombre debe hacerle caso y prestar atención todo lo posible para ver si es capaz de responder a las exigencias que le propone! ¡Desde que nos levantamos llevas haciendo caso omiso de lo que te digo! ¿O es que acaso el estoico Akio ha acabado finalmente sordo tras el ruidoso y a la par inutil trance adivinatorio de la lapa que llevamos detras? Jejejeje, si es que... - dijo la joven pasando de descontento a hostilidad y finalmente a socarronería a medida que se soltaba más y más.
-Si Akio-sama no hace caso al molesto estímulo sonoro que tu boca lleva emitiendo durante horas quiza se deba a que dicho estímulo sonoro es totalmente innecesario en este momento, Ayane-"chan" - dijo la Miko con una expresión fria y palabras cargadas de veneno, resaltando ese último "chan" para poner en su sitio a la desde su punto de vista, poco educada joven.
-¡Serás...! Ni siquiera entiendo que pintas aquí, la labor de los tuyos nunca ha servido para nada mas que dar miedo y respetar a unas supuestas normas que lo único que hacen es limitar nuestra capacidad de actuación. ¡Grrrrrrr! ¡Estoy segura de que para lo único que aceptaste venir es para meterte en medio de la pura relación entre Akio-san y yo! ¡Maldita sacerdotisa más estrecha que un shikigami! ¡Giiii! - dijo Ayane mientras sacaba ese órgano móvil situado en el interior de la boca al que llamamos lengua como signo de desacuerdo y burla.
-Si, ya veo que no tienes la clase para seguir siquiera la mas pequeña de las normas...
¡Corcholis!, si con este juegecito amoroso de segunda no haces más que quebrantar los sabios preceptos de tu propio clan, insultandonos a todos y a ti misma con...-
-¡¡Yuina, Ayane, silencio!! Si llevo un rato sin dar señales de atención es porque intento seguir las indicaciones que me dió Izumo en su último mensaje.. No quiero distracciones, debo sumirme en determinar como debemos llevar a cabo la "misión" que se nos ha encomendado sin cometer errores. ¡Lo que menos necesitamos en este momento son peleas de gatas! - dijo Akio con el porte de un lider, logrando un profundo silencio entre ambas imposible de imaginar segundos atras.
En los tranquilos segundos posteriores de quietud, se podia ver como los haces de luz solar que hasta hace unos momentos timidamente atravesaban el cielo eran tapados por grises cúmulos y cirros nubosos.
En ese instante, como si fuese para honrar el silencio provocado por Akio, la nieve empezó a caer como ya era costumbre en esta tierra de largos inviernos...
-Nevará todo el dia. Eso significa que estamos cerca. - dijo Akio mirando el cielo con los ojos cerrados y como si de un profeta de antaño se tratase.
-¿No se supone que los signos y los augurios son mi campo de especialización, Akio-sama?
-Si es que... ¡que listo que es mi Akio-san! A todo esto, no deberia quedar mucho para llegar esa ciudad donde nos espera su amigo... Fu.. fu...
-Fuyuki, la ciudad de los arboles invernales... - dijo Akio sin bajar la mirada.
※※※※※
Ciudad Fuyuki, area comercial de Miyamacho.
Hora de la serpiente.
A media mañana el grupo ya se encontraba en plena urbe, si bien el esperado recibimiento en bullucio y vida urbana esperable de una ciudad portuaria no fue precisamente la bienvenida hallada por el curioso trio. Fuyuki era un lienzo barato y usado en el cual se había pintado una ciudad gris, desidiosa y llena de caras largas e inertes. Una villa incolora en un clima apagado y sin vida. Un mundo frio y sin emoción.
-Esto es...
-Veo que Izumo no exageraba en absoluto... Sin duda ninguna, en esta ciudad hay una distorsión... o mejor dicho, se está formando una... Ayane, usa tus ojos.
-Ahora mismo, Akio-san... !!! - dijo la joven mientras sus ojos tomaban un tono azulado.
Lo que la joven vió no podia ser descrito con palabras. La distorsión que Akio mencionaba era claramente visible y cubria la ciudad como un siniestro manto rojizo atravesado por vetas de diversos colores arremolinadose en lugares muy especificos...
-Esto es... ¡¡Kuji-Kiri!!... pero... no es normal... es como si solo se tomase la base y la fundación del mismo pero usase un sistema diferente...
-Probablemente una mezcla de disciplinas... creo que nos hemos metido en la boca del lobo... Izumo-sama hizo bien en pedir refuerzos. Akio-sama... que crees que deberiamos...
Tras la información recibida Akio se sumió nuevamente en uno de sus trances. Según le fue enseñado en su amplia formación, en el Onmyodo el Kuji-kiri es una version escrita del Kuji-in en la que los nueve cortes se realizan a lo largo de un escrito o imagen para hacerse con el control del objeto deseado. El Kuji-in se conoce como Doman, o sello de Doson, debido a Ashiya Doman, el gran rival del legendario Onmyouji Abe no Seimei. Junto con la Seman, o sello de Seimei, un pentagrama que forma un diagrama de las relaciones de los cinco elementos, se convierten en Doman-Seman.
Las nueve sílabas se utilizan para hacer un hechizo yang o positivo, como alejar los demonios o gaki, pero tambien se puede añadir una décima hablada, sin barras o cualquier otro mudra, para convertirlo en un hechizo yin o negativo. Esto representa a que en numerología los números pares representan yin, mientras que los impares representan yang. Supuestamente, Ashiya Doman podía utilizar las silabas para controlar su shinigami a distancia y utilizarlo en la caza de sus presas...
Si bien como Ayane y Yuina habian concretado, aunque parece ser que no se encuentran ante un Kuji-kiri corriente y probablemente sea una mezcla de disciplinas, es bastante obvio que el responsable de esta distorsión pretende hacerse con el control de algo en el "interior" de la ciudad y hacer uso de otra disciplina para crear un nuevo efecto... ¿Taumaturgia occidental, quiza? En el poco tiempo que el pais llevaba abierto, Akio se habia encontrado con algún que otro "magus" gaijin con ansias de tomar el fruto inmaculado lleno de sabor llamado Japón... Sin embargo, a priori esta barrera aparentaba haber sido construida de una forma bella y perfecta... una composición ominosamente hermosa.
Como si de un cuadro que cobra otro matiz al entender su significado se tratase, el gris y frio retrato de Fuyuki cobró una visión totalmente diferente de lo presentado inicialmente ante sus ojos. Si la teoria presentada era correcta, aun siendo fruto de una mezcolanza de mundos diferentes, con filosofias y "colores" en principio antagonicos, el creador de este "cuadro" llamado Fuyuki era un verdadero maestro de la pintura... ¿o quiza sería mejor llamarle un visionario capaz de fundir estilos en una bellisima obra maestra?
-Debemos reunirnos con Izumo rapidamente, esto no puede hacer mas que empeorar... Ayane, Yuina, partamos raudos al monte Enzo. Según su carta, Izumo nos espera en el templo Ryuudo.
-Si... Akio-san - dijo Ayane aún con el estomago revuelto de lo que sus "ojos" habian sido capaces de ver.
-Me cuesta hablar con los kami de esta tierra... Akio-sama... ¿que esta pasando? - dijo la miko con una cara de preocupación que no encajaba con su aspecto habitual.
El silencio volvió a rodear al hombre que lideraba el grupo, acentuando aun más la proclamación que estaba apunto de recitar.
-Si no nos damos prisa... esta ciudad podria acabar convirtiendose en el Nirarbuda, infierno del frio y la quietud.
※※※※※
Ciudad Fuyuki, escaleras del templo Ryuudo.
Una hora mas tarde.
Frente a frente, dos amigos se reunieron despues de largo tiempo sin verse, sin embargo, en sus caras no se podia ver el júbilo o alegria de los viejos camaradas cruzando sus caminos nuevamente. La situación actual no permitia tregua para tales celebraciones.
-Asi que habeis llegado; tan puntual como siempre, viejo amigo. Por tu rostro supongo que te has dado cuenta de lo que se alza sobre esta ciudad, ¿me equivoco? - dijo la figura que se encontraba de espaldas a las impresionantes escaleras del templo, un hombre de mediana edad con un decorado kimono azul y unos ojos penetrantes como una espiral.
-Asi es Izumo, veo que la situación es mucho peor de lo que imaginaba... ¿Las diez silabas perfectamente unidas a otros sistemas, eh?
-Houjutsu, alquimia, brujeria, animismo, chamanismo... y otra veintena de estilos diferentes, mi conocimiento sobre el sistema gaijin es amplio, pero menor del que desearía...
-¡¿Tantas?! Veo que mi estimación original pecó de humilde... y tambien veo que has hecho lo que deberías y nos has quitado ojo de encima al desarrollo de los acontecimientos... ¿Algo más que contar, amigo?
-Parece ser que unos tres días después de mi llegada a la ciudad para visitar al señor Ryuudo un grupo de magus extranjeros empezaron a hacer acto de presencia... aunque alguno parece que llevaba aquí varios meses preparando "algo"... Desde el dia posterior a su llegada, dio comienzo un enfrentamiento entre ellos en una especie de ritual que ya se ha cobrado un buen número de victimas a lo largo de la ciudad.
-No puedes evitar pensar que esto estaba organizado y que la distorsión quiza tenga que ver con la llegada de los extranjeros, ¿verdad?
-Lo más curioso es que además de la que cubre la ciudad, he encontrado otra.
-¿Dónde?
-Aquí.
Izumo señala con el dedo índice hacia abajo, hacia el suelo...
Señala al monte Enzo en toda su totalidad.
-¿Estás de broma verdad? - dijo Akio con cara de preocupación.
-Ojalá, viejo amigo. Pero las historias de este lugar cuentan como un dragón bajó por el rio Mion y como un monje viajero hizo que el poderoso ryu se asentase en la montaña y enseñase sus tecnicas a los monjes del lugar... Si bien no parece quedar ningún monje con tal habilidad en el templo, se cuenta que con la llegada de varios extranjeros hace 70 años el dragón volvió a despertar... Recientemente se le ha vuelto a escuchar rugir y temblar desde su morada en las entrañas del Monte Enzo, tal como hace décadas...
-¿Tiene que ver con esos gaijin verdad? Temporalmente hablando encaja demasiado bien para ser una simple coincidencia.
-Eso es lo que creo, amigo mio. Bien, pienso que es hora de empezar a trazar una pauta de acción para la "misión" que se presenta ante nuestros ojos.
Izumo se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras mientras el pintoresco trío se disponía a seguirle... Pero antes de que pudiesen hacerlo, Izumo se paró en seco, miró hacia atras por encima de su ancho hombro y dijo...
-Ah, se me olvidaba, ¿donde están mis modales...? Te doy la bienvenida a Fuyuki, Ryougi Akio.
Y tambien os la doy a vosotras dos, Fujou Yuina y Nanaya Ayane.
-El placer es nuestro, Asakami Izumo - dijeron los tres al únisono.
En un frío y gris día de invierno, la "organización cazadora de demonios" se había reunido en el monocromático cuadro titulado "Fuyuki".
¿A quién debes salvar?:
Eramos tres en mi estudio. Uno, fumaba mientras observaba con preocupación la escena. Otro, sostenía algo entre sus manos. Yo era sostenido entre sus manos por el cuello.
-Suéltalo.
Él no tardó en obedecerlo, por lo que precipité rápidamente hacia el suelo de mi propio estudio. No estoy seguro de cuanto tiempo me quedé allí, pensando... pensando sobre esa posibilidad... Hasta que la formulé en voz alta:
-Si lo contase... ¿tendríais medios para borrarlo?
Se me quedaron mirando durante unos instantes, y poco después uno de ellos, el que fumaba, me respondió:
-No lo sé, pero probablemente sí.
En el fondo lo sabía. Había visto a Malakai en el templo. Era obvio que no se trataba de simple casualidad el que la gente que había podido apreciar algo del auténtico incidente lo hubiese olvidado. Estaba molesto. Estaba dolido. Pero también estaba agradecido de que me lo hibiesen advertido, en lugar de acabar conmigo cuando fuese un problema.
-Bueno... pues si no tienen nada más que tratar conmigo, los acompañaré hasta la puerta.
Asintieron, y hice lo que había dicho. Bajamos las escaleras, ignorando la puerta al otro lado del pasillo, y los acompañé hasta la entrada. Mientras caminábamos, pensé en el trabajo de toda una vida... no era mi vida, cierto, pero en solo unos días había empezado a sentir como si lo fuera... ¿En qué consistía mi vida realmente? ¿En un montón de archivos escritos por mi padre para salvar a una mujer que en realidad ya había muerto?
De pronto, cuando no se habían alejado más de cinco metros de la puerta, esa pregunta me asaltó, inesperada y contundente:
-Esperad... ¿Alguno sabe algo sobre el vampirismo?
Una vez más, ambos se me quedaron mirando, aunque esta vez la confusión y la sorpresa se reflejaban en sus expresiones.
-¿El vampirismo? Algo he oído, aunque me temo que no demasiado.
Mi vida... mi vida tenía un claro sentido ahora... y había llegado de forma inesperada a pesar de que me habían intentado advertir. Por desgracia no iba a sacar nada esta noche...
-Vaya... muchas gracias de todas formas. Espero volver a veros pronto. De verdad.
Mientras los veía alejarse en mitad de la noche, las dudas volvían a golpearme. ¿Realmente tenían una capacidad ilimitada? ¿Podían borrarlo todo? Tal vez, si consiguiese que la investigación fuese conocida de forma global, supondría un esfuerzo imposible incluso para ellos. ¿Dónde se encontraba su límite de acción? ¿Era mayor de lo que un hombre solo podía llegar a afectar? No... Piensa. Tienen especialistas en eliminar individuos peligrosos para el secreto... Eso significa que borrarlo una vez ha salido a la luz resultaría mucho más problemático... ¿Dónde está el límite?
-¡Maldición!
Golpeé la pared del pasillo con todas mis fuerzas, lo que me provocó un dolor que se extendió rápidamente por todo el brazo.
-Me cago en...
El dolor me permitió ver con mayor claridad el problema... No se trataba de que podían hacer para borrarlo... si no de qué represalias pueden tomar contra el causante de la "filtración"...
Poco a poco, y mientras pensaba en las implicaciones de lo que había descubierto, me acercaba a las puertas del pasillo. Una de ellas seguía cerrada. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que ella había salido? Decidí entrar y comprobar si había vuelto.
La luz de la luna, o tal vez de un farol, no lo sé; entraba por la ventana. La habitación apenas si tenía un futón y un armario. En medio de la habitación, unos ojos rojos me observaban con sorpresa.
-Has vuelto... Bienvenida.
A pesar de la familiaridad que había entre nosotros, no pude evitar el escalofrío que me recorrió al verla, y mi instinto no dejaba de repetirme que huyese.
-¿Qué has hecho? ¿Qué ha sido ese ruido?
-Nada, un pequeño accidente... Espera... esa ropa... ¿estás herida?
-¿Eh? Ah, no. Esta sangre no es mía. Me he dado cuenta de que no puedes salvar a todo el mundo. Cuando llegué a él, ya estaba muerto... y no pude evitar...
Un nuevo escalofrío. No quería oírlo, así que dije lo primero que se me vino a la cabeza. Y obviamente, fue lo que acababa de oír.
-Así que... no se puede salvar a todo el mundo... Entonces, ¿a quién salvar? ¿A la mayoría?
-¿Qué? ¿Estás idiota? Deberías salvar a quien más quieras salvar. Se trata de salvar a aquellos a los que más quieres...
-Mmm...
De pronto, una nueva certeza me golpeó, inesperada. Una vez más, habían intentado advertirme, pero había sido un idiota... Creo... creo que tengo que sacar a mi madre de la ciudad.
-Suéltalo.
Él no tardó en obedecerlo, por lo que precipité rápidamente hacia el suelo de mi propio estudio. No estoy seguro de cuanto tiempo me quedé allí, pensando... pensando sobre esa posibilidad... Hasta que la formulé en voz alta:
-Si lo contase... ¿tendríais medios para borrarlo?
Se me quedaron mirando durante unos instantes, y poco después uno de ellos, el que fumaba, me respondió:
-No lo sé, pero probablemente sí.
En el fondo lo sabía. Había visto a Malakai en el templo. Era obvio que no se trataba de simple casualidad el que la gente que había podido apreciar algo del auténtico incidente lo hubiese olvidado. Estaba molesto. Estaba dolido. Pero también estaba agradecido de que me lo hibiesen advertido, en lugar de acabar conmigo cuando fuese un problema.
-Bueno... pues si no tienen nada más que tratar conmigo, los acompañaré hasta la puerta.
Asintieron, y hice lo que había dicho. Bajamos las escaleras, ignorando la puerta al otro lado del pasillo, y los acompañé hasta la entrada. Mientras caminábamos, pensé en el trabajo de toda una vida... no era mi vida, cierto, pero en solo unos días había empezado a sentir como si lo fuera... ¿En qué consistía mi vida realmente? ¿En un montón de archivos escritos por mi padre para salvar a una mujer que en realidad ya había muerto?
De pronto, cuando no se habían alejado más de cinco metros de la puerta, esa pregunta me asaltó, inesperada y contundente:
-Esperad... ¿Alguno sabe algo sobre el vampirismo?
Una vez más, ambos se me quedaron mirando, aunque esta vez la confusión y la sorpresa se reflejaban en sus expresiones.
-¿El vampirismo? Algo he oído, aunque me temo que no demasiado.
Mi vida... mi vida tenía un claro sentido ahora... y había llegado de forma inesperada a pesar de que me habían intentado advertir. Por desgracia no iba a sacar nada esta noche...
-Vaya... muchas gracias de todas formas. Espero volver a veros pronto. De verdad.
Mientras los veía alejarse en mitad de la noche, las dudas volvían a golpearme. ¿Realmente tenían una capacidad ilimitada? ¿Podían borrarlo todo? Tal vez, si consiguiese que la investigación fuese conocida de forma global, supondría un esfuerzo imposible incluso para ellos. ¿Dónde se encontraba su límite de acción? ¿Era mayor de lo que un hombre solo podía llegar a afectar? No... Piensa. Tienen especialistas en eliminar individuos peligrosos para el secreto... Eso significa que borrarlo una vez ha salido a la luz resultaría mucho más problemático... ¿Dónde está el límite?
-¡Maldición!
Golpeé la pared del pasillo con todas mis fuerzas, lo que me provocó un dolor que se extendió rápidamente por todo el brazo.
-Me cago en...
El dolor me permitió ver con mayor claridad el problema... No se trataba de que podían hacer para borrarlo... si no de qué represalias pueden tomar contra el causante de la "filtración"...
Poco a poco, y mientras pensaba en las implicaciones de lo que había descubierto, me acercaba a las puertas del pasillo. Una de ellas seguía cerrada. ¿Cuanto tiempo había pasado desde que ella había salido? Decidí entrar y comprobar si había vuelto.
La luz de la luna, o tal vez de un farol, no lo sé; entraba por la ventana. La habitación apenas si tenía un futón y un armario. En medio de la habitación, unos ojos rojos me observaban con sorpresa.
-Has vuelto... Bienvenida.
A pesar de la familiaridad que había entre nosotros, no pude evitar el escalofrío que me recorrió al verla, y mi instinto no dejaba de repetirme que huyese.
-¿Qué has hecho? ¿Qué ha sido ese ruido?
-Nada, un pequeño accidente... Espera... esa ropa... ¿estás herida?
-¿Eh? Ah, no. Esta sangre no es mía. Me he dado cuenta de que no puedes salvar a todo el mundo. Cuando llegué a él, ya estaba muerto... y no pude evitar...
Un nuevo escalofrío. No quería oírlo, así que dije lo primero que se me vino a la cabeza. Y obviamente, fue lo que acababa de oír.
-Así que... no se puede salvar a todo el mundo... Entonces, ¿a quién salvar? ¿A la mayoría?
-¿Qué? ¿Estás idiota? Deberías salvar a quien más quieras salvar. Se trata de salvar a aquellos a los que más quieres...
-Mmm...
De pronto, una nueva certeza me golpeó, inesperada. Una vez más, habían intentado advertirme, pero había sido un idiota... Creo... creo que tengo que sacar a mi madre de la ciudad.
El camino hacia el origen está ahí fuera:
Oficina central de la Asociación en Japón.
Subí las escaleras intentando que no se notase mi impaciencia. Era la primera vez que me llamaban de forma tan directa y expresa. Por un lado, estaba muy preocupada. Por el otro, intentaba que no se me notase mientras me acercaba a la recepcionista.
-Agente Okinawa Minami.
Me miró un segundo, y después escribió mi nombre en un registro de entrada. Era el procedimiento habitual. Nada en su expresión me hizo deducir si sabía o no por qué me habían llamado, aunque sabía que era poco probable. Me hizo una señal, y continué mi camino, subiendo las escaleras, y atravesando los sencillos pasillos con despachos a los lados. No me crucé con demasiada gente, y nadie parecía interesado en mi. La única persona que me miró a los ojos era un viejo conocido, que me sonrió a modo de saludo mientras pasaba a su lado.
Por fin llegué a la puerta del despacho al que devía acudir. Me paré delante, un tras tomar una profunda respiración, llamé a la puerta. Una voz monótona me habló desde el otro lado.
-Adelante.
Abrí la puerta, y dentro pude ver a dos personas. Nunca había visto a ninguna de ellas, aunque era obvio que estaban muy por encima de mi en la escala de mando. El que me había dicho que entrase se sentaba tras un escritorio enterrado entre cientos de papeles; era un hombre entrado en años, cuya cara reflejaba una vida monótona y cansina que incluso él empezaba a detestar. El otro, poco más jóven, parecía tener mucho interés en cualquier cosa que se fuese a decir allí, y se paseaba por la sala fumando en su pipa y una curiosa sonrisa en el rostro. Por supuesto, no me fijé demasiado en él, ya que eso podría ser desacertado dada mi posición y situación actuales.
El hombre tras el escritorio ojeó uno de los documentos, y tras levantar la vista hacia mi, comenzó a hablar:
-Agente Minami, le agradezco que haya venido tan rápido. Por favor, tome asiento.
Hice lo que dijo. Durante apenas medio segundo pude apreciar que, a diferencia de los muebles en los otros despachos, el escritorio y las sillas de este parecían mucho más elaborados, con detalles recargados y tapizados de mayor calidad de la habitual.. Si no hubiese sido por ello, tal vez habría pasado por alto el hecho de que el que realmente mandaba en esa sala era el hombre que fumaba. Era obvio que el hombre tras el escritorio pretendía demostrar superioridad. El otro no lo necesitaba.
-Veo que lleva trabajando con nosotros dos años- continuó diciendo.
-Así es.
-Estudió en Atlas, pero decidió no investigar con ellos. ¿Cómo llegó a la Asociación?
-Verá. Fui reclutada cuando todavía estudiaba. Mis padres creen que fue un acto de rebeldía contra ellos, que dedicaron su vida a Atlas, pero la verdad es que yo vi en la Asociación el lugar ideal para poder dar un paso más allá.
-¿Conoce a un agente llamado Hokkai Hokudō?
-Sí.
-¿De qué lo conoce?
-Por su reputación -Tuve que pensar durante unos segundos para hacer memoria -Se graduó en la Torre del Reloj, escribió un estudio sobre La Mente, y un informe suyo ayudó a acabar con Besnik Flamur en Northamptomshire en noviembre del año pasado. Se le considera el mejor en la sección de Moderación de Información. Tenía un apodo entre los novatos... -una vez más, me puse nerviosa - Hokudō el Lúgrube.
-También le diré que el agente Hokudō ha desarrollado un enorme interés por un proyecto que se aleja de la linea de trabajo habitual de la Asociación. ¿Conoce usted los llamados Archivos Enmu?
Aquella pregunta me pilló desprevenida.
-Al parecer están relacionados con la Hechicería.
-Más o menos. Está usted aquí, agente, porque queremos que ayude a Hokudō con los Archivos Enmu. Redactará un informe de sus actividades y observaciones y sobre la validez de su trabajo.
-Eh... -no estaba muy segura de lo que me estaban pidiendo -¿Pretende que heche por tierra toda la investigación sobre los Archivos Enmu?
-Queremos que se responsabilice de todas las pruebas que realicen. Se pondrá en contacto con Hokudō y esperamos pronto su informe.
Me moví entre las cajas de archivos que se encontraban por toda la habitación. Al fondo había una puerta, donde esperaba encontrar a Hokkai Hokudō. Curiosamente, esta zona era más solitaria si cabe que el resto del edificio. Una vez más, llamé a la puerta, y su voz respondió antes siquiera de que hubiese terminado de llamar.
-Lo siento, solo se permite la entrada a los más buscados por la Asociación.
Ignoré lo que dijo y entreabrí la puerta, dando un par de pasos hacia el interior de la sala. Parecía ocupado con unos pequeños artefactos, y estaba de espaldas a la puerta. Terminé de entrar en la sala, y me acerqué a él, mientras observaba la habitación. Había imágenes y bocetos de todo tipo esparcidos por las paredes: quimeras, círculos mágicos inexistentes y sin utilidad aparente, rituales dignos de el peor de los imitadores de nuestro arte... y aquellos artefactos, que ahora veía más de cerca, y que no se parecían a nada que hubiese visto antes. Por fin, se dio la vuelta, y me miró, ligeramente sorprendido.
-¿Agente Hokudō? Soy Okinawa Minami. Me han enviado aquí.
Extendí mi mano, y el, tras dudar un insntante, hizo lo propio.
-Vaya. Es agradable que me brinden una ayuda como usted de repente. ¿En qué lío se ha metido para acabar aquí abajo, Minami?
Eso sí que era desconfianza.
-Lo cierto es que me interesa mucho su trabajo. He oído hablar mucho de usted.
-¿Ah sí? Tenía la impresión de que la habían enviado aquí para espiarme.
Directo y preciso. Lo peor es que tenía razón. Pero tenía que defenderme.
-Si tiene alguna duda sobre mis calificaciones...
-Es usted Investigadora. Ha dado clases en el Hoyo..., ah, y..., también tiene conocimientos sobre La Mente. "La personalidad: un estudio sobre su localización" por Okinawa Minami. Es una buena credenciál hablar sobre temas tan estudiados.
-¿Se ha molestado en leerla?
-Oh, sí. Y me gustó. Lo que pasa es que en mi trabajo, rara vez puede uno aplicar las teorías existentes. Pero quizá pueda ofrecerme su opinión acerca de esto.
Mientras decía esto, colocó varios de los artefactos que había estado observando, y los dispuso de una manera que no parecía arbitraria. De pronto, ante nosotros apareció una imágen estática tridimensional de una extraña escena.
En mitad de una ciudad portuaria, muy probablemente de japón dado el estilo de las casas y viviendas a la vista, se podía ver una columna de fuego de más de cien metros de alto, y varias decenas de diámetro.
-Ciudad de Fuyuki. Noche del 31 de enero. Se desconocen las causas de la columna de fuego -movió uno de los artefactos ligeramente, y la imagen cambió -Sin embargo, estas son las lecturas de maná en la zona. Agente Minami, ¿podría decirme que opina?
-Parece un hechizo de gran calibre. Un especialista de fuego. Algún tipo de familiar diseñado para explotar, quizá. Conozco algún arma en Atlas que podría causar algo similar.
-¿Conoce las lecturas estandar? Esta es una lectura tomada ayer en el mismo punto
Volvió a mover otro artefacto, y la imagen volvió a cambiar. En ese momento ya había entendido como funcionaban dichos artefactos. Sin embargo, no pude regocijarme, ya que la imagen que se fromó ante mi era fascinante, e incomprensible al mismo tiempo.
-Es producto de algún tipo de ritual... No lo sé. ¿puede ser la invocación de algún tipo de familiar de alto nivel?
-Ni idea. Nunca vi nada parecido. Pero aquí aparece de nuevo una lectura similar. Mismo lugar, pero hace setenta años. Por desgracia, solo es un residuo latente recogido hace dos décadas.
-¿Tiene alguna teoría?
-Montones de teorías. Tal vez pueda usted explicarme por qué la Asociación califica estas lecturas de sucesos puntuales inexplicables y los archiva -tras esperar una respuesta que nunca llegó, continuó -¿Cree usted en la espiral del origen?
-Tendría que decirle lógicamente que no. Dadas las enormes cantidades de maná y los supuestos insuperables e innumerables obstáculos, sería imposible para un magus...
-Teorías convencionales -dijo, asintiendo, como si ya se lo esperase. Volvió a mover uno de los artefactos, y de pronto, otra imagen de lectura de maná... la lectura en todos los puntos era nula. -¿Qué le parece la lectura de hoy? ¿O tal vez la carta que nos llegó ayer de uno de nuestros agentes en la zona?
La imagen en cuestión mostraba una transcripción de un telegrama. A pesar de lo críptica que era, para seguir las normas de la asociación, la carta hablaba claramente de un objeto capaz de conceder deseos, y familiares de gran poder relacionados con la antigüedad.
-Creo que estamos ante un hueco a la espiral del origen. He mandado a dos hombres en tren esta mañana. Nosotros salimos mañana hacia la supuesta ciudad de Fuyuki a primera hora. Esté preparada, Minami.
Subí las escaleras intentando que no se notase mi impaciencia. Era la primera vez que me llamaban de forma tan directa y expresa. Por un lado, estaba muy preocupada. Por el otro, intentaba que no se me notase mientras me acercaba a la recepcionista.
-Agente Okinawa Minami.
Me miró un segundo, y después escribió mi nombre en un registro de entrada. Era el procedimiento habitual. Nada en su expresión me hizo deducir si sabía o no por qué me habían llamado, aunque sabía que era poco probable. Me hizo una señal, y continué mi camino, subiendo las escaleras, y atravesando los sencillos pasillos con despachos a los lados. No me crucé con demasiada gente, y nadie parecía interesado en mi. La única persona que me miró a los ojos era un viejo conocido, que me sonrió a modo de saludo mientras pasaba a su lado.
Por fin llegué a la puerta del despacho al que devía acudir. Me paré delante, un tras tomar una profunda respiración, llamé a la puerta. Una voz monótona me habló desde el otro lado.
-Adelante.
Abrí la puerta, y dentro pude ver a dos personas. Nunca había visto a ninguna de ellas, aunque era obvio que estaban muy por encima de mi en la escala de mando. El que me había dicho que entrase se sentaba tras un escritorio enterrado entre cientos de papeles; era un hombre entrado en años, cuya cara reflejaba una vida monótona y cansina que incluso él empezaba a detestar. El otro, poco más jóven, parecía tener mucho interés en cualquier cosa que se fuese a decir allí, y se paseaba por la sala fumando en su pipa y una curiosa sonrisa en el rostro. Por supuesto, no me fijé demasiado en él, ya que eso podría ser desacertado dada mi posición y situación actuales.
El hombre tras el escritorio ojeó uno de los documentos, y tras levantar la vista hacia mi, comenzó a hablar:
-Agente Minami, le agradezco que haya venido tan rápido. Por favor, tome asiento.
Hice lo que dijo. Durante apenas medio segundo pude apreciar que, a diferencia de los muebles en los otros despachos, el escritorio y las sillas de este parecían mucho más elaborados, con detalles recargados y tapizados de mayor calidad de la habitual.. Si no hubiese sido por ello, tal vez habría pasado por alto el hecho de que el que realmente mandaba en esa sala era el hombre que fumaba. Era obvio que el hombre tras el escritorio pretendía demostrar superioridad. El otro no lo necesitaba.
-Veo que lleva trabajando con nosotros dos años- continuó diciendo.
-Así es.
-Estudió en Atlas, pero decidió no investigar con ellos. ¿Cómo llegó a la Asociación?
-Verá. Fui reclutada cuando todavía estudiaba. Mis padres creen que fue un acto de rebeldía contra ellos, que dedicaron su vida a Atlas, pero la verdad es que yo vi en la Asociación el lugar ideal para poder dar un paso más allá.
-¿Conoce a un agente llamado Hokkai Hokudō?
-Sí.
-¿De qué lo conoce?
-Por su reputación -Tuve que pensar durante unos segundos para hacer memoria -Se graduó en la Torre del Reloj, escribió un estudio sobre La Mente, y un informe suyo ayudó a acabar con Besnik Flamur en Northamptomshire en noviembre del año pasado. Se le considera el mejor en la sección de Moderación de Información. Tenía un apodo entre los novatos... -una vez más, me puse nerviosa - Hokudō el Lúgrube.
-También le diré que el agente Hokudō ha desarrollado un enorme interés por un proyecto que se aleja de la linea de trabajo habitual de la Asociación. ¿Conoce usted los llamados Archivos Enmu?
Aquella pregunta me pilló desprevenida.
-Al parecer están relacionados con la Hechicería.
-Más o menos. Está usted aquí, agente, porque queremos que ayude a Hokudō con los Archivos Enmu. Redactará un informe de sus actividades y observaciones y sobre la validez de su trabajo.
-Eh... -no estaba muy segura de lo que me estaban pidiendo -¿Pretende que heche por tierra toda la investigación sobre los Archivos Enmu?
-Queremos que se responsabilice de todas las pruebas que realicen. Se pondrá en contacto con Hokudō y esperamos pronto su informe.
* * *
Me moví entre las cajas de archivos que se encontraban por toda la habitación. Al fondo había una puerta, donde esperaba encontrar a Hokkai Hokudō. Curiosamente, esta zona era más solitaria si cabe que el resto del edificio. Una vez más, llamé a la puerta, y su voz respondió antes siquiera de que hubiese terminado de llamar.
-Lo siento, solo se permite la entrada a los más buscados por la Asociación.
Ignoré lo que dijo y entreabrí la puerta, dando un par de pasos hacia el interior de la sala. Parecía ocupado con unos pequeños artefactos, y estaba de espaldas a la puerta. Terminé de entrar en la sala, y me acerqué a él, mientras observaba la habitación. Había imágenes y bocetos de todo tipo esparcidos por las paredes: quimeras, círculos mágicos inexistentes y sin utilidad aparente, rituales dignos de el peor de los imitadores de nuestro arte... y aquellos artefactos, que ahora veía más de cerca, y que no se parecían a nada que hubiese visto antes. Por fin, se dio la vuelta, y me miró, ligeramente sorprendido.
-¿Agente Hokudō? Soy Okinawa Minami. Me han enviado aquí.
Extendí mi mano, y el, tras dudar un insntante, hizo lo propio.
-Vaya. Es agradable que me brinden una ayuda como usted de repente. ¿En qué lío se ha metido para acabar aquí abajo, Minami?
Eso sí que era desconfianza.
-Lo cierto es que me interesa mucho su trabajo. He oído hablar mucho de usted.
-¿Ah sí? Tenía la impresión de que la habían enviado aquí para espiarme.
Directo y preciso. Lo peor es que tenía razón. Pero tenía que defenderme.
-Si tiene alguna duda sobre mis calificaciones...
-Es usted Investigadora. Ha dado clases en el Hoyo..., ah, y..., también tiene conocimientos sobre La Mente. "La personalidad: un estudio sobre su localización" por Okinawa Minami. Es una buena credenciál hablar sobre temas tan estudiados.
-¿Se ha molestado en leerla?
-Oh, sí. Y me gustó. Lo que pasa es que en mi trabajo, rara vez puede uno aplicar las teorías existentes. Pero quizá pueda ofrecerme su opinión acerca de esto.
Mientras decía esto, colocó varios de los artefactos que había estado observando, y los dispuso de una manera que no parecía arbitraria. De pronto, ante nosotros apareció una imágen estática tridimensional de una extraña escena.
En mitad de una ciudad portuaria, muy probablemente de japón dado el estilo de las casas y viviendas a la vista, se podía ver una columna de fuego de más de cien metros de alto, y varias decenas de diámetro.
-Ciudad de Fuyuki. Noche del 31 de enero. Se desconocen las causas de la columna de fuego -movió uno de los artefactos ligeramente, y la imagen cambió -Sin embargo, estas son las lecturas de maná en la zona. Agente Minami, ¿podría decirme que opina?
-Parece un hechizo de gran calibre. Un especialista de fuego. Algún tipo de familiar diseñado para explotar, quizá. Conozco algún arma en Atlas que podría causar algo similar.
-¿Conoce las lecturas estandar? Esta es una lectura tomada ayer en el mismo punto
Volvió a mover otro artefacto, y la imagen volvió a cambiar. En ese momento ya había entendido como funcionaban dichos artefactos. Sin embargo, no pude regocijarme, ya que la imagen que se fromó ante mi era fascinante, e incomprensible al mismo tiempo.
-Es producto de algún tipo de ritual... No lo sé. ¿puede ser la invocación de algún tipo de familiar de alto nivel?
-Ni idea. Nunca vi nada parecido. Pero aquí aparece de nuevo una lectura similar. Mismo lugar, pero hace setenta años. Por desgracia, solo es un residuo latente recogido hace dos décadas.
-¿Tiene alguna teoría?
-Montones de teorías. Tal vez pueda usted explicarme por qué la Asociación califica estas lecturas de sucesos puntuales inexplicables y los archiva -tras esperar una respuesta que nunca llegó, continuó -¿Cree usted en la espiral del origen?
-Tendría que decirle lógicamente que no. Dadas las enormes cantidades de maná y los supuestos insuperables e innumerables obstáculos, sería imposible para un magus...
-Teorías convencionales -dijo, asintiendo, como si ya se lo esperase. Volvió a mover uno de los artefactos, y de pronto, otra imagen de lectura de maná... la lectura en todos los puntos era nula. -¿Qué le parece la lectura de hoy? ¿O tal vez la carta que nos llegó ayer de uno de nuestros agentes en la zona?
La imagen en cuestión mostraba una transcripción de un telegrama. A pesar de lo críptica que era, para seguir las normas de la asociación, la carta hablaba claramente de un objeto capaz de conceder deseos, y familiares de gran poder relacionados con la antigüedad.
-Creo que estamos ante un hueco a la espiral del origen. He mandado a dos hombres en tren esta mañana. Nosotros salimos mañana hacia la supuesta ciudad de Fuyuki a primera hora. Esté preparada, Minami.
Y fuimos 4:
La sala era completamente blanca. En ella había diez sillas, siete de las cuales estaban todavía vacías. Las otras tres, estaban ocupadas por tres hombres, que parecían discutir los pormenores de alguna de sus elucubraciones. No parecía nada serio, y al mismo tiempo parecían tomárselo con una seriedad propia de una guerra.
-Siento deciros que no creo que sobreviva mucho más. Y tal y como están las cosas, dudo que se lleve a nadie con él, como dijo que quería.
-Peroooo, estaría bien que lo hiciese.
-Tal vez. Pero eso escaparía a nuestros planes. De todos modos, no creo que tengamos ningún problema.
-Mmm... Creo que es el momento de que Lancer haga eso.
-Es cosa tuya. Simplemente recuerda que Assassin...
-Lo sé.
La sala se quedó en silencio durante unos instantes más. Las personas allí sentadas parecían observar un mundo más allá de la sala, aunque si hubiese habido alguien más allí, probablemente no vería nada. De pronto, todos levantaron la cabeza al unísono, y en el mismo centro de la sala, apareció otro hombre. Completamente distinto a los demás, y al mismo tiempo, compartían algo.
-¿Kepler von Einzbern? Bienvenido. Es hora de que conozcas la verdad.
-Siento deciros que no creo que sobreviva mucho más. Y tal y como están las cosas, dudo que se lleve a nadie con él, como dijo que quería.
-Peroooo, estaría bien que lo hiciese.
-Tal vez. Pero eso escaparía a nuestros planes. De todos modos, no creo que tengamos ningún problema.
-Mmm... Creo que es el momento de que Lancer haga eso.
-Es cosa tuya. Simplemente recuerda que Assassin...
-Lo sé.
La sala se quedó en silencio durante unos instantes más. Las personas allí sentadas parecían observar un mundo más allá de la sala, aunque si hubiese habido alguien más allí, probablemente no vería nada. De pronto, todos levantaron la cabeza al unísono, y en el mismo centro de la sala, apareció otro hombre. Completamente distinto a los demás, y al mismo tiempo, compartían algo.
-¿Kepler von Einzbern? Bienvenido. Es hora de que conozcas la verdad.
El sermón de los desamparados:
Campos de Fuyuki, antiguo emplazamiento del “Granero de Tohsaka”, 5 de febrero de 1874
Susurros pronunciados a medias, cuestiones jamás planteadas en voz alta, miradas recelosas a los poderosos. Ésos son los gérmenes de la revolución.
La gente de Fuyuki entendía de eso, puesto que ya lo había perdido todo en la revolución Meiji. El pueblo intentaba recuperarse como podía, pero una serie de malos inviernos y poco comercio no ayudaba a mejorar la condición de sus habitantes.
Por ello, cuando en estos aciagos días acaecieron tantas desgracias sobre ese pueblo maldito muchos consideraron huír. Pero hubo alguien que les hizo ver que esa era la solución de los cobardes y los pusilánimes. El remedio de aquellos que se ven pisoteados hasta que las tierras están sembradas de cadáveres. Ese hombre fue el Padre Anacleto Montoya Castro.
Gracias a su labor como protector de los campesinos y a su dedicación pronto ocupó un lugar en los corazones de muchos. Nadie diría que los fuyukienses acogerían a ese extranjero de porte serio y mirada adusta como uno de los suyos. Y cuando el sacerdote decidió que había de dar un discurso todo aquel que se encontraba en las inmediaciones soltó su azada y fue a escucharle.
-Estimados campesinos de Fuyuki, -empezó el Padre -permitidme hablaros de lo que ha acontecido en esta nuestra ciudad. Muchos de vosotros tendréis dudas, miedo y terror. Sé que habéis perdido a muchos amigos, compañeros, amantes y hermanos.
Tras esto, calló unos instantes, como recordando a los caídos; tras lo cual prosiguió, con más emotividad que antes.
-Pero yo os digo, dejadme hablar del Santo Job; una persona normal y corriente a la que le sucedió una revelación divina. Job era un pastor al que todo le iba bien, en el buen sentido. No poseía muchas riquezas, solo lo justo para vivir feliz. Sus hijas se iban a casar con gentes del lugar, que eran unas buenas personas, y su ganado era la envidia de los demás pastores. Por supuesto, estaba casado con el amor de su vida.
-Al ver todo esto, el demonio se fijo en Job y pensó: "Veamos lo fuerte que es la fe de los hombres". ¿Sabéis lo que hizo? Le envió tormentas que destruyeron su casa, plagas a los animales (los cuales murieron), derrumbo su casa con su familia dentro y por último le envió una enfermedad que lo desfiguró. Al verlo, el diablo se regocijó, diciendo:"He minado la moral de este hombre". Los demás pastores se acercaron a Job y le preguntaron como se encontraba. Él les respondió :"Estoy bien, pues Dios proveerá y se que Él no me ha abandonado". Los campesinos le dijeron: "¿Cómo puedes creer en un Dios que no ha evitado lo que te ha ocurrido?". A lo que Job respondió :"Me han quitado todo, mi familia, mis riquezas y mi salud. Pero hay algo que no me quitaron, la esperanza y mi Fe". En esto el demonio, al ver lo sucedido, se estremeció y maldijo cinco veces el nombre de Dios y se fue; pues había sido derrotado. Al ver todo esto el Señor recompenso a Job, devolviéndole todo lo que había perdido. Encontró otra esposa, igual o mejor que la anterior, con lo que quedaba del ganado pudo volver a su antiguo esplendor y por ultimo vivió 110 años.
Los campesinos escuchaban atentos a ese hereje que proclamaba la palabra de una deidad que no pertenecía a este lugar pero que sin embargo aquello que narraba les resultaba cercano, incluso familiar.
-Y os preguntareis ¿qué tiene esto que ver con lo que os esta pasando? Yo os lo diré: El demonio no es otra cosa que el miedo. El miedo y todo aquello que os está obligando a dejar este sitio. Este sitio en el que habéis habitado durante generaciones. El demonio son esos extraños (y conocidos también) que os obligan a huir y que matan indiscriminadamente, además de usaros como peones en una guerra; que no deja de ser una guerra entre el bien y el mal. Y ahora os pregunto yo a vosotros: ¿dejaréis que ellos ganen?
-¿Qué acaben con lo que habéis trabajado? ¿O sin embargo haréis como Job y aguantaréis con fe y esperanza a que todo esto mejore? Porque creedme, todo mejorará. Pero eso no pasará si no ponéis todo de vuestra parte. Si creéis que huyendo para volver después esto no se arreglara. ¡No! Habéis de poner de vuestra parte. Porque todos sois Fuyuki y Fuyuki lo sois todos.
Poco a poco, las palabras del hombre santo se fueron abriendo paso en el corazón de esta gente de educación vulgar pero que la vida les había enseñado más verdades que a muchos de los denominados eruditos.
-Por eso os animo a no rendiros, no dejéis que aquellos que se regocijaran en vuestro abandono y vuestra caída se salgan con la suya. Ayudadme y todos avanzaremos y saldremos de esta oscuridad. No os rindáis, solo os pido eso. Me da igual en que creáis, mientras sea algo justo y honesto. Y por eso os digo que esa fe es la que nos llevara a un mañana justo y mejor. Solo pido que os lo consideréis.
Tras esto, el occidental se dio la vuelta, dejado a los habitantes de Fuyuki con sus pensamientos. La semilla de la esperanza había empezado a echar brotes en los encallecidos corazones de los habitantes de Fuyuki.
Susurros pronunciados a medias, cuestiones jamás planteadas en voz alta, miradas recelosas a los poderosos. Ésos son los gérmenes de la revolución.
La gente de Fuyuki entendía de eso, puesto que ya lo había perdido todo en la revolución Meiji. El pueblo intentaba recuperarse como podía, pero una serie de malos inviernos y poco comercio no ayudaba a mejorar la condición de sus habitantes.
Por ello, cuando en estos aciagos días acaecieron tantas desgracias sobre ese pueblo maldito muchos consideraron huír. Pero hubo alguien que les hizo ver que esa era la solución de los cobardes y los pusilánimes. El remedio de aquellos que se ven pisoteados hasta que las tierras están sembradas de cadáveres. Ese hombre fue el Padre Anacleto Montoya Castro.
Gracias a su labor como protector de los campesinos y a su dedicación pronto ocupó un lugar en los corazones de muchos. Nadie diría que los fuyukienses acogerían a ese extranjero de porte serio y mirada adusta como uno de los suyos. Y cuando el sacerdote decidió que había de dar un discurso todo aquel que se encontraba en las inmediaciones soltó su azada y fue a escucharle.
-Estimados campesinos de Fuyuki, -empezó el Padre -permitidme hablaros de lo que ha acontecido en esta nuestra ciudad. Muchos de vosotros tendréis dudas, miedo y terror. Sé que habéis perdido a muchos amigos, compañeros, amantes y hermanos.
Tras esto, calló unos instantes, como recordando a los caídos; tras lo cual prosiguió, con más emotividad que antes.
-Pero yo os digo, dejadme hablar del Santo Job; una persona normal y corriente a la que le sucedió una revelación divina. Job era un pastor al que todo le iba bien, en el buen sentido. No poseía muchas riquezas, solo lo justo para vivir feliz. Sus hijas se iban a casar con gentes del lugar, que eran unas buenas personas, y su ganado era la envidia de los demás pastores. Por supuesto, estaba casado con el amor de su vida.
-Al ver todo esto, el demonio se fijo en Job y pensó: "Veamos lo fuerte que es la fe de los hombres". ¿Sabéis lo que hizo? Le envió tormentas que destruyeron su casa, plagas a los animales (los cuales murieron), derrumbo su casa con su familia dentro y por último le envió una enfermedad que lo desfiguró. Al verlo, el diablo se regocijó, diciendo:"He minado la moral de este hombre". Los demás pastores se acercaron a Job y le preguntaron como se encontraba. Él les respondió :"Estoy bien, pues Dios proveerá y se que Él no me ha abandonado". Los campesinos le dijeron: "¿Cómo puedes creer en un Dios que no ha evitado lo que te ha ocurrido?". A lo que Job respondió :"Me han quitado todo, mi familia, mis riquezas y mi salud. Pero hay algo que no me quitaron, la esperanza y mi Fe". En esto el demonio, al ver lo sucedido, se estremeció y maldijo cinco veces el nombre de Dios y se fue; pues había sido derrotado. Al ver todo esto el Señor recompenso a Job, devolviéndole todo lo que había perdido. Encontró otra esposa, igual o mejor que la anterior, con lo que quedaba del ganado pudo volver a su antiguo esplendor y por ultimo vivió 110 años.
Los campesinos escuchaban atentos a ese hereje que proclamaba la palabra de una deidad que no pertenecía a este lugar pero que sin embargo aquello que narraba les resultaba cercano, incluso familiar.
-Y os preguntareis ¿qué tiene esto que ver con lo que os esta pasando? Yo os lo diré: El demonio no es otra cosa que el miedo. El miedo y todo aquello que os está obligando a dejar este sitio. Este sitio en el que habéis habitado durante generaciones. El demonio son esos extraños (y conocidos también) que os obligan a huir y que matan indiscriminadamente, además de usaros como peones en una guerra; que no deja de ser una guerra entre el bien y el mal. Y ahora os pregunto yo a vosotros: ¿dejaréis que ellos ganen?
-¿Qué acaben con lo que habéis trabajado? ¿O sin embargo haréis como Job y aguantaréis con fe y esperanza a que todo esto mejore? Porque creedme, todo mejorará. Pero eso no pasará si no ponéis todo de vuestra parte. Si creéis que huyendo para volver después esto no se arreglara. ¡No! Habéis de poner de vuestra parte. Porque todos sois Fuyuki y Fuyuki lo sois todos.
Poco a poco, las palabras del hombre santo se fueron abriendo paso en el corazón de esta gente de educación vulgar pero que la vida les había enseñado más verdades que a muchos de los denominados eruditos.
-Por eso os animo a no rendiros, no dejéis que aquellos que se regocijaran en vuestro abandono y vuestra caída se salgan con la suya. Ayudadme y todos avanzaremos y saldremos de esta oscuridad. No os rindáis, solo os pido eso. Me da igual en que creáis, mientras sea algo justo y honesto. Y por eso os digo que esa fe es la que nos llevara a un mañana justo y mejor. Solo pido que os lo consideréis.
Tras esto, el occidental se dio la vuelta, dejado a los habitantes de Fuyuki con sus pensamientos. La semilla de la esperanza había empezado a echar brotes en los encallecidos corazones de los habitantes de Fuyuki.
Al-Dunia ua Al-Jannah ua Al-Jahannam:
- Nada es verdad -
Cuando los angeles enseñaron a Mahoma como eran el cielo y el infierno, había uno que portaba consigo una visión aterradora.
Aquel angel tenia un aspecto horrible y repulsivo. Fuego obsidiana en mano, aquel enviado divino nunca sonreia. Su nombre era Maalik, guardian del fuego infernal.
Ese ser mostró al profeta la verdadera naturaleza del lugar al que eran enviados los impuros, criminales e infieles. Un cruel mundo ardiente y vacio en el que la salvación estaba vetada y los condenados ardian en lamentos que nunca podrian ser escuchados por nadie.
Al igual que los siete cielos, ese malicioso lugar estaba divivido en siete niveles...
Jaheem, el mar de llamas abrasantes.
Jaliyah, lugar de tormento para los adoradores de falsos ídolos.
Sa'ir, lugar de tormento para los adoradores del fuego y las llamas.
Saqar, lugar de tormento para los ateos alejados de la luz.
Ladha, lugar de tormento para los judíos estancados en viejas tradiciones.
Hawiyah, lugar de tormento para los cristianos que no supieron interpretar correctamente la palabra divina.
Hutama, el lugar más profundo reservado para los hipócritas, lobos en piel de cordero que fingen ser buenos devotos.
En cada uno de estos lugares se sufre un grado de dolor diferente. Infinidad de almas atormentadas sufriran por su pecado hasta el fin de los tiempos, todo bajo la atenta mirada de un angel sin corazón y sus zabaniya, angeles de la muerte que arrastaban las almas impuras al fondo del abismo.
Allí sus pieles serían calcinadas y sustituidas por otras solamente para repetir el proceso, se les obligaria vestir ropajes ardientes, a beber agua hirviendo abrasando los organos internos, labios arrancados, rostros restregados por piras...
Lo mas terrorifico es que sus gritos jamás llegarian a los oidos de nadie, ya que el propio sonido les habia sido arrebatado. Su agonia siempre sería ignorada como si jamas hubiesen existido.
Esa era la afirmación habitual que aquel terrorifico angel empuñaba contra los malvados que querian ignorar su sino infernal.
En un bosque cercano a una lejana ciudad costera de oriente, ese infierno habia tomado forma de nuevo.
Este nuevo infierno tambien estaba gobernado por un terrorifico angel de la muerte. Faz cubierta por una mascara cadaverica blanca como la mismisima luna, una mano con las llamas negras como el vacio, el gobernante de este nuevo mundo de sufrimiento era la viva imagen de aquel horrendo ser que portando el miedo absoluto visitó a Mahoma en el mundo onírico.
Sin embargo, entre ambos seres existia una diferencia irreconciliable.
Él lo habia visto, él lo habia sentido.
Aún tras una vida piadosa y completa, aún tras una existencia dedicada a la predicación, aún tras la actividad violenta de la organización que fundó utilizando con frecuencia el homicidio político como estrategia...
Pese a todas sus buenas obras, pese a todas sus infamias...
Tras la muerte no habia nada.
No habia siete cielos ni siete infiernos. No habia purgatorio. No habia utopía. No habia Gehenna. No habia Svarga. No habia Eden. No habia Seol. No habia Hades.
No habia nada. No habia verdad.
Maalik era un mentiroso, nada era real.
Por eso, si habia alguien que podia ser llamado Maalik, ese era él y nadie más que él.
- La caida del invicto -
Subitamente, una nube de ardiente vapor se interpuso entre ambos contendientes.
Al ser ambos Servants, la abrasante nube no les hizo daño alguno, pero si dió tiempo suficiente a su enemigo a evitar el ataque mortal que iba dirigido a la sien buscando perforar la vena temporal superficial y atravesar limpiamente el cerebro.
Recibió un golpe de escudo en el plexo solar y se vio obligado a separarse de su objetivo, pese a la ventaja que le habia otorgado ser capaz de impactar en el hombro con la hoja oculta de su mano derecha.
El vapor cubrió el pasillo de la intensa contienda. La maquinaria del castillo no dejaba de moverse erraticamente y podrian perder el equilibrio en cualquier momento, pero eso no les importaba lo mas mínimo.
Ambos miraron fijamente hacia delante. Sabian que su enemigo estaba ahi, esperando al momento adecuado para retomar la lucha a muerte que habian iniciado minutos atras en el reino de los condenados.
Lancer vs. Assassin.
El caballero de la lanza contra el asesino silente.
En las estimaciones originales sobre el potencial de las nuevas clases introducidas en este ritual, no se esperaba que la clase Assassin pudiese ser capaz de enfrentarse de este modo a otra de las clases y menos a uno de los tres caballeros, clases normalmente ocupadas por espíritus heroicos poderosos que habitaron el mundo durante la Era de los Dioses.
Pero él era diferente.
Los Einzbern se habian asegurado de evitar la aleatoriedad de los diecinueve Zabaniya. Rompiendo las reglas de juego, le habian traido a él.
Habian traido al original. Habian traido a Maalik.
Muchos eran los nombres por los que habia sido conocido, Hassan-i Sabbah, el Viejo de la Montaña, Alauddin...
En su mano ardiente yacia la negra prueba, el elemento prohibido, el atomo del "fuego infernal" del que ninguno de los sucesores jamás tubo conocimiento. Con poseer el tamaño de un dátil de esta materia, se podria destruir todo el mundo físico.
La prueba estaba allí. Su poder rodeaba y consumia a todos los que habian osado atentar contra la vida de su maestro. El sonido ahogado en la nada mas profunda devorando el sama’ de los pecadores, las negras llamas capaces de derretir a un hombre en cuestión de segundos, la temperatura subiendo a niveles inhumanos y acabando con toda vida a su paso.
En un area de varios kilometros cuadrados, el infierno habia tocado la tierra y liberaba toda su furia en el nimio mundo mortal. Assassin regía majestuoso ese averno, tal como antaño habia liderado a sus seguidores desde el trono de piedra de Alamut, promesas de vida eterna y paraiso en mano.
El silencio del que el mundo habia sido privado no hizo mas que alargar la calma causada por el momentáneo cese del choque de acero fátidico. Assassin aprovechó a hacer lo que probablemente su enemigo tambien estaba perpetrando y decidió analizar la situación.
Durante la pugna, Lancer habia mostrado un claro interes en cercenar el brazo en el que Assassin portaba el "fuego infernal" y varios de los golpes de su extraña lanza habian estado apunto de conseguirlo. Si bien, cualquier daño pronunciado provocaria que Assassin perdiese el control de la energia constante alimentando a su Noble Fantasma, el asesino no conocía hasta que punto Lancer habia deducido cual era su control sobre este.
Habia sido privado de su cimitarra en uno de los intercambios de golpes con Lancer y la misma habia desaparecido entre el movimiento constante de los intrincados mecanismos del lugar de trabajo de Kepler, asi que los instrumentos de ataque que Assassin portaba en este instante se resumian a sus dos hojas ocultas, un cuchillo curvo de sultán y diecinueve de sus eficientes "rosas del desierto".
En cuanto a velocidad, ambos habian demostrado ser capaces de alcanzar una celeridad similar, aptos para cubrir distancias en meros parpadeos y usar el entorno en su beneficio. Remarcando diferencias, el estilo de Lancer era mas tormentoso y vehemente, dejando poderosas estelas de aire a su paso cada vez que se desplazaba. Si necesitase hacer un calculo de su velocidad, podria estimar que en campo abierto este caballero de la lanza sería capaz de cubrir distancias de cientos de metros en meros segundos, como es digno de la llamada "clase más rapida". En comparativa, Assassin se dió cuenta que su agilidad no era tanto en velocidad punta o rapidez, si no en maniobras evasivas veloces y acrobacias imposibles.
Despues de este analisis, el eficiente asesino llegó a una conclusión.
Lo más sensato; acabar con el adversario con un única serie de acciones y evitar todo golpe del oponente hasta dicho momento... Para esto, necesitaba apropiarse de la iniciativa y llevar a cabo el primer movimiento de la inminente segunda ronda.
Un movimiento mortal.
El sonido de una explosión fue devorado por las llamas negras cual aceite de roca, pero su poderosa sacudida provocada por la onda expansiva, acompañada de diferencias de presión extremas y aumento de la temperatura se sintió a lo largo de toda la zona, atravesaba el castillo fracturando una torre del constructo en el que su Master, Kepler von Einzbern, habia puesto tanto empeño y trabajo.
¿Quien habria sido el causante? ¿Ese irlandes sellador? ¿Uno de los juguetes de su señor?
Fuese quien fuese realmente no le importaba en absoluto, por lo que su atención volvió a centrarse en el adversario que tenia enfrente.
Como si buscase dar pistoletazo de inicio a la mortal danza de movimientos de Assassin, la conflagración empezó a atravesar rapidamente la estancia a espaldas del soberano asesino.
Era ahora o nunca, si dejaba pasar esta oportunidad el factor sorpresa se escaparía de sus entrenadas manos y el combate retornaria otra vez al turno uno... Y a cada turno que pasaba, la oscura espada colgante de la muerte empuñada por unos advenedizos magi kuffar se ceñia más y más sobre su amo, todo desencadenado por la fitna del joven Titus hacia su Master.
A traves del ya difuso vapor, a Assassin le pareció ver a su rival moviendo la boca como si tratase de decir algo. La palpable confianza del caballero hizo que un ligero sentimiento de irritación rodease al asesino, pero su impasible personalidad volvió rapidamente a tomar las riendas.
-Así acaba todo, ‘aÿami. No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio. -Pensó la negra figura.
En una mera fracción de segundo, seis de sus "rosas del desierto" se encontraban entre sus dedos. Ornamentados con numerosos grabados atravesados por lineas curvas, equilibradas en un peso perfecto para su lanzamiento, estas bellas dagas podrian considerarse piezas de coleccionista de valor incalculable en cualquier museo. Pero tal uso solo serviria para vilipendiar su verdadera y mortal función primaria...
Seis dagas fueron lanzadas con precisión milimetrica.
Sus objetivos, frente, yugular, corazón, mano derecha, muslo derecho y talón izquierdo.
Seis certeros instrumentos de muerte lanzados a velocidad de bala.
Una de ellas, la dirigida al corazón, destacaba por su extraña aura.
Assassin habia decidido usar su otro "ás en la manga", decidido a acabar con Lancer, determinado a sentenciar el jaque mate definitivo de esta partida infernal...
Inmediatamente tras la ristra de dagas, Assassin cargó de frente atravesando el debil vapor que marcaba la débil frontera entre su mundo y el de Lancer. Inmerso en el plan que habia repasado durante los leves segundos que aparentaron horas, Assassin preparó sus hojas ocultas para rematar a Lancer en el intestino y en la sien, destruyendo uno de los dos núcleos espirituales, la cabeza, que todo Servant debe tener intactos para poder existir.
Su preparación habia sido sobresaliente. Su ejecución hermosa.
A medida que atravesaba la efímera nube abrasante, podia ver a su rival y la perfecta trayectoria de las dagas que habia lanzado.
Todo ocurrió en un instante.
Los bellos filos de muerte continuaban su implacable paso hacia el indefenso cuerpo de lancero.
Assassin habia evitado en mayor medida de lo posible el lado izquierdo de Lancer, ya que tal era la zona en la se encontraba la rodela reforzada del héroe irlandes. Las rosas llevaban una trayectoria perfecta, incluso atravesando limpiamente la salvaguardia de viento que anteriormente habia evitado la muerte del Master de Lancer...
Assassin lo tenia todo previsto, la distancia, la fuerza, la defensa...
Las dirigidas a la frente y a la yugular buscaban distraer al objetivo del resto y en caso de impacto, causar heridas mortales al rival.
La dirigida a la mano derecha pretendia desarmar al enemigo en represalia.
Las dirigidas al muslo y al talón minarian la velocidad del adversario evitando respuesta.
La destinada al corazón era muy especial, ya que si impactaba, la eliminación de Lancer de este Heaven's Feel quedaba garantizada.
Y por último, si las dagas mortales eran evitadas, el ataque personal del señor asesino garantizaría su victoria.
La danza de la muerte se abalanzaba hermosamente sobre el Servant enemigo. Lancer habia perdido en el momento que le habia dejado tomar la iniciativa...
O habria sido así si Assassin no acabase de cometer un error de libro.
Sin ninguna dificultad, Lancer fue capaz de esquivar no una, ni dos, si no todas y cada una de las dagas lanzadas por el nizarí. Siguiendo sin esfuerzo la trayectoria de las mismas, Lancer fue capaz de esquivar o inutilizar todos los proyectiles lanzados contra su cuerpo. Las que buscaban su cabeza fueron esquivadas con un leve movimiento de cuello, las dirigidas a la mano y el corazón fueron esquivadas con un simple pivote y el resto fueron desviadas en trayectoria por su lanza y escudo.
Assassin se encontraba en plena moción de ataque atónito...
-¡Imposible! La trayectoria, la fuerza, el angulo... ¡eran perfectos!
Protección de proyectiles.
Defensa contra armas arrojadizas y flechas.
Mientras uno tenga al tirador o a los proyectiles en su campo de visión aunque sea durante un mero instante, otorga la posibilidad de defenderse de cualquier disparo. Una habilidad innata que instiga a que los duelos deban ser cuerpo a cuerpo... Al igual que Assassin, Lancer aun se guardaba algún que otro "ás en la manga".
Lancer conocía de lo que Assassin era capaz gracias a su charla con Caster durante la incursión del dia anterior, así que esperó al momento en el que el asesino pasase a la lucha a distancia para pasar a dominar el combate.
El resto del trabajo, Assassin se lo acababa de servir en bandeja.
¡¡Su cuerpo desprotegido en pleno ataque era el objetivo perfecto de un ataque de oportunidad!!
Lancer sonrio levemente y sus labios nuevamente dibujaron una frase que el silencio devoró sin dejar rastro. El lider nizarí, en pleno aire, aún incredulo por los acontecimientos fue capaz de leer los labios de su enemigo, creando en pleno estupor una imagen imborrable para su sorprendida mente.
-Jaque mate.
La ironia de la escena no podía ser descrita.
Jaque mate. Checkmate.
Expresión procedente del persa y árabe, Shâh mâta, "el rey no tiene escapatoria".
La lanza del héroe atravesó al asesino como la punta de un tornado.
El impacto posterior fue perfecto e inmejorable, en un movimiento simple pero poderoso, Lancer impactó frontalmente a Assassin con toda su fuerza, provocando que este último dejase una estela digna de un huracán a lo largo de todo el pasillo, atravesando la imparable columna de llamas que atravesaban el castillo en dirección hacia ambas figuras.
En ese instante, el fuego del infierno se mitigó por completo y el sonido dió la bienvenida al estruendoso estallido provocado por el ataque y la consiguiente repulsión. Un mundo de sonido y color regresaba, las llamas del infierno se habian extingido y el plano material volvió a recuperar su vida, aún cauterizado por el Noble Fantasma de Assassin.
Sin perder de vista la dirección de su objetivo, Lancer se propulsó a si mismo en este nuevo mundo de eco y cargó frontalmente como si del viento de Bóreas se tratase, creando una onda sónica que devastó todo lo que quedaba de la zona a su paso.
- El observador definitivo -
La trayectoria de Assassin era tan bella y perfecta como la de sus rosas del desierto. Arrasando paredes y muros a su paso, la estela conocida como el asesino silente devastaba la sección sur del antaño glorioso castillo de los Einzbern.
El daño habia sido formidable.
La lanzada en el centro del pecho, el consecuente impacto, la tempestuosa propulsión, las llamas mágicas del pasillo, las secciones derruidas por su cuerpo... El nizarí habia recibido una laceración tan atroz que ipso facto había decidido el resultado del combate.
Aún con la tremenda velocidad media que habia alcanzado y lo entumecido que se encontraba tras tamaño impacto, durante su "viaje" Assassin fue capaz de ver como la llama negra de su mano izquierda se extinguia por completo.
Era la consecución lógica de los acontecimientos, así que no le extrañó en absoluto.
Los impactos certeros, la intensa lucha cuerpo a cuerpo, el desarme de su cimitarra, el golpe de escudo, el instante de calma... Todos habian sido movimientos perfectamente calculados por Lancer con el único proposito de forzar a Assassin a luchar a distancia y contraatacar en ese preciso instante.
Un jaque mate en toda regla. Assassin quedó indefenso entre su propia lluvia de dagas, su coreografía mortal y la columna de fuego a su espalda.
Una vez atravesó la última pared del castillo dando al exterior y aún acelerado por el brutal impacto de Lancer, Assassin pudo recobrar la postura y se encaró hacia el boquete que acababa de provocar.
Sabia que su rival aparecería rapidamente, así que se preparó para recibir nuevamente al caballero de la lanza. Oteó en diferentes direcciones con sus sentidos agudizados y sus "ojos" para determinar el lugar de aparición del objetivo.
Fue entonces, propulsado en pleno aire, cuando lo vió.
Ese tal Tohsaka y su Servant Archer habian derrotado a la "dama" creada por su maestro.
Ese tal Anacleto y su Servant Rider escaparan a la trampa mortal del territorio de Kepler y ya se encontraban a salvo fuera de su dominio.
Ese tal Dearg se precipitaba desde la sala de mando enzarzado en refriega singular con el señor Alfred.
Y Lancer estaba apunto de asomar su inoportuna faz en cualquier instante...
No importaba como analizase la situación, la facción Einzbern estaba a un paso de la derrota.
Gracias al contrato mágico que los unia, Assassin sabia que Kepler aún se encontraba en el interior de su fortaleza, entrando en la sala de mando de la que Dearg y Alfred acababan de precipitarse al exterior.
Solo bastaba con que uno de los Servants enemigos usase un Noble Fantasma anti-ejercito o anti-fortaleza bien apuntado para acabar la partida... Y probablemente Archer pueda...
Como si pretendiese no "defraudar" la estimación del asesino, Archer adquirió la posición correcta de tiro, cuerpo perpendicular al objetivo y la línea de tiro con los pies situados en perpendicular con cada hombro. Con una 'postura abierta', el arquero hindú colocó la pierna más alejada de la línea de tiro unos diecisiete centimetros por delante de la otra.
Instantantanemente a un ligero movimiento de mano, Archer formuló el funesto recitado.
-¡¡¡Brahamastra...!!! - La palabra de poder retumbó por toda la espesura, a medida que el blanco proyectil se cargaba de energia divina.
En una maniobra que casi aparentaba estudiada, Archer soltó la flecha mortal en el preciso instante que Lancer, el último de sus aliados en el interior del castillo, abandonó el mismo por el orificio que Assassin habia causado al salir despedido anteriormente.
La visión de los dioses. Percepción lejana.
Con su habilidad de clarividencia, Archer habia sido capaz de escudriñar las posiciones de Lancer y Kepler prediciendo el preciso instante en el que su camarada abandonaba el bastión para lanzar su aciago astra y desintegrar todo vestigio de la existencia del alquimista.
Archer se habia vuelto Muerte, el destructor de mundos.
La saeta de la destrucción fue disparada de forma atronadora y su inhumana velocidad atravesó el aire consumiendo el oxigeno a su paso. El objetivo, la sala de control desde la que Kepler observaba todo impotente.
Su Master, junto a la mayor parte del castillo, desaparecerian desintegrados en ese brillante fulgor. Si habia algo que Assassin considerase innegable en ese instante, era esa aserción.
Pero Kepler pudo reaccionar a tiempo para crear un milagro.
Con el brillo de su Sello de Mando, el alquimista megalomano proclamó.
-¡Assassin, libera a tu amo de las cadenas de la muerte--!
La orden fue interpretada como una proclamación de huida y Assassin se preparó para salvar a su Master de la forma mas rapida y eficiente posible.
Camino Sombrío.
Habilidad cercana a la teletransportación. Creación de una paradoja usando la premisa “si no se conoce donde está, está a la vez en todos los lados y en ninguno”. Esta habilidad permite a Hassan aparecer y desaparecer a voluntad siempre que no se conozca su localización exacta. Una nube de probabilidad sin ubicación certera.
La posición era perfecta.
Pese a estar ya en el exterior, aun estaba en medio de la columna de polvo que causó tras atravesar la pared de piedra del baluarte.
La velocidad era óptima.
Sumando su camino sombrio a la potencia de la orden, el nizarí tendria la velocidad necesaria para salvar a su Master y empezar de cero esta guerra sin problemas.
Impecable.
Assassin dejó de ser observado y se convirtió en incertidumbre.
Así empezó su maniobra de busqueda y rescate, la más veloz jamás hecha.
En un parpadeo, Assassin ya estaba en posición de ser observado y poder salvar a su Master con la velocidad extrema otorgada por el milagro cristalizado del Sello de Mando.
Pero por alguna razón, Assassin fue "observado" en otro lugar.
Sin posibilidad de reacción, el asesino nizarí se materializó en la misma trayectoria que seguia anteriormente...
Lancer estaba a menos de un metro suyo, sonriendo con un dedo metido en la boca.
-¿¡QUUUUUUUUUUUU----EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!?
El Noble Fantasma que le convirtió en leyenda.
El conocimiento de todo el universo contenido.
Todas las posibilidades en el pulgar.
¡Lancer se había convertido en el "observador definitivo"! ¡Ante el la duda se convertía en certeza, y las probabilidades no representaban inseguridad alguna! ¡Era la persona capaz de negar la incertidumbre!
¡La superposición cuantica habia sido precibida y Lancer podia "observar" a Assassin en cualquier zona de su punto de visión!
El poder destructivo de la creación absorbió la zona superior del castillo Einzbern descomponiendo todo a su paso en una luz blanca cegadora.
Y entonces, ante la luz que consumió las llamas del infierno, Kepler von Einzbern solo pudo decir una cosa.
-¡El fuego, mi más elemental amigo! ¡Ahora estoy en paz! -
Mientras Assassin contemplaba impotente la muerte de aquel que llamaba maestro; Lancer, con toda la fuerza y la trayectoria que le quedaban propició al vetusto asesino una potente patada giratoria en la articulación coxofemoral.
-¡¡¡¡¡LAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANCEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER!!!!
El viejo de la montaña salió propulsado una vez más, derribando docenas de arboles a su avance y creando una gigantesca nube de polvo con la colisión.
Cuando los angeles enseñaron a Mahoma como eran el cielo y el infierno, había uno que portaba consigo una visión aterradora.
Aquel angel tenia un aspecto horrible y repulsivo. Fuego obsidiana en mano, aquel enviado divino nunca sonreia. Su nombre era Maalik, guardian del fuego infernal.
Ese ser mostró al profeta la verdadera naturaleza del lugar al que eran enviados los impuros, criminales e infieles. Un cruel mundo ardiente y vacio en el que la salvación estaba vetada y los condenados ardian en lamentos que nunca podrian ser escuchados por nadie.
Al igual que los siete cielos, ese malicioso lugar estaba divivido en siete niveles...
Jaheem, el mar de llamas abrasantes.
Jaliyah, lugar de tormento para los adoradores de falsos ídolos.
Sa'ir, lugar de tormento para los adoradores del fuego y las llamas.
Saqar, lugar de tormento para los ateos alejados de la luz.
Ladha, lugar de tormento para los judíos estancados en viejas tradiciones.
Hawiyah, lugar de tormento para los cristianos que no supieron interpretar correctamente la palabra divina.
Hutama, el lugar más profundo reservado para los hipócritas, lobos en piel de cordero que fingen ser buenos devotos.
En cada uno de estos lugares se sufre un grado de dolor diferente. Infinidad de almas atormentadas sufriran por su pecado hasta el fin de los tiempos, todo bajo la atenta mirada de un angel sin corazón y sus zabaniya, angeles de la muerte que arrastaban las almas impuras al fondo del abismo.
Allí sus pieles serían calcinadas y sustituidas por otras solamente para repetir el proceso, se les obligaria vestir ropajes ardientes, a beber agua hirviendo abrasando los organos internos, labios arrancados, rostros restregados por piras...
Lo mas terrorifico es que sus gritos jamás llegarian a los oidos de nadie, ya que el propio sonido les habia sido arrebatado. Su agonia siempre sería ignorada como si jamas hubiesen existido.
"Ellos rechazaron la verdad cuando la misma verdad les fue mostrada".
Esa era la afirmación habitual que aquel terrorifico angel empuñaba contra los malvados que querian ignorar su sino infernal.
"La verdad".
En un bosque cercano a una lejana ciudad costera de oriente, ese infierno habia tomado forma de nuevo.
Este nuevo infierno tambien estaba gobernado por un terrorifico angel de la muerte. Faz cubierta por una mascara cadaverica blanca como la mismisima luna, una mano con las llamas negras como el vacio, el gobernante de este nuevo mundo de sufrimiento era la viva imagen de aquel horrendo ser que portando el miedo absoluto visitó a Mahoma en el mundo onírico.
Sin embargo, entre ambos seres existia una diferencia irreconciliable.
"La verdad... uhm..."
Él lo habia visto, él lo habia sentido.
Aún tras una vida piadosa y completa, aún tras una existencia dedicada a la predicación, aún tras la actividad violenta de la organización que fundó utilizando con frecuencia el homicidio político como estrategia...
Pese a todas sus buenas obras, pese a todas sus infamias...
Tras la muerte no habia nada.
No habia siete cielos ni siete infiernos. No habia purgatorio. No habia utopía. No habia Gehenna. No habia Svarga. No habia Eden. No habia Seol. No habia Hades.
No habia nada. No habia verdad.
Maalik era un mentiroso, nada era real.
"Nada es verdad, todo está permitido."
Por eso, si habia alguien que podia ser llamado Maalik, ese era él y nadie más que él.
-----
- La caida del invicto -
Subitamente, una nube de ardiente vapor se interpuso entre ambos contendientes.
Al ser ambos Servants, la abrasante nube no les hizo daño alguno, pero si dió tiempo suficiente a su enemigo a evitar el ataque mortal que iba dirigido a la sien buscando perforar la vena temporal superficial y atravesar limpiamente el cerebro.
Recibió un golpe de escudo en el plexo solar y se vio obligado a separarse de su objetivo, pese a la ventaja que le habia otorgado ser capaz de impactar en el hombro con la hoja oculta de su mano derecha.
El vapor cubrió el pasillo de la intensa contienda. La maquinaria del castillo no dejaba de moverse erraticamente y podrian perder el equilibrio en cualquier momento, pero eso no les importaba lo mas mínimo.
Ambos miraron fijamente hacia delante. Sabian que su enemigo estaba ahi, esperando al momento adecuado para retomar la lucha a muerte que habian iniciado minutos atras en el reino de los condenados.
Lancer vs. Assassin.
El caballero de la lanza contra el asesino silente.
En las estimaciones originales sobre el potencial de las nuevas clases introducidas en este ritual, no se esperaba que la clase Assassin pudiese ser capaz de enfrentarse de este modo a otra de las clases y menos a uno de los tres caballeros, clases normalmente ocupadas por espíritus heroicos poderosos que habitaron el mundo durante la Era de los Dioses.
Pero él era diferente.
Los Einzbern se habian asegurado de evitar la aleatoriedad de los diecinueve Zabaniya. Rompiendo las reglas de juego, le habian traido a él.
Habian traido al original. Habian traido a Maalik.
Muchos eran los nombres por los que habia sido conocido, Hassan-i Sabbah, el Viejo de la Montaña, Alauddin...
En su mano ardiente yacia la negra prueba, el elemento prohibido, el atomo del "fuego infernal" del que ninguno de los sucesores jamás tubo conocimiento. Con poseer el tamaño de un dátil de esta materia, se podria destruir todo el mundo físico.
La prueba estaba allí. Su poder rodeaba y consumia a todos los que habian osado atentar contra la vida de su maestro. El sonido ahogado en la nada mas profunda devorando el sama’ de los pecadores, las negras llamas capaces de derretir a un hombre en cuestión de segundos, la temperatura subiendo a niveles inhumanos y acabando con toda vida a su paso.
En un area de varios kilometros cuadrados, el infierno habia tocado la tierra y liberaba toda su furia en el nimio mundo mortal. Assassin regía majestuoso ese averno, tal como antaño habia liderado a sus seguidores desde el trono de piedra de Alamut, promesas de vida eterna y paraiso en mano.
El silencio del que el mundo habia sido privado no hizo mas que alargar la calma causada por el momentáneo cese del choque de acero fátidico. Assassin aprovechó a hacer lo que probablemente su enemigo tambien estaba perpetrando y decidió analizar la situación.
Durante la pugna, Lancer habia mostrado un claro interes en cercenar el brazo en el que Assassin portaba el "fuego infernal" y varios de los golpes de su extraña lanza habian estado apunto de conseguirlo. Si bien, cualquier daño pronunciado provocaria que Assassin perdiese el control de la energia constante alimentando a su Noble Fantasma, el asesino no conocía hasta que punto Lancer habia deducido cual era su control sobre este.
Habia sido privado de su cimitarra en uno de los intercambios de golpes con Lancer y la misma habia desaparecido entre el movimiento constante de los intrincados mecanismos del lugar de trabajo de Kepler, asi que los instrumentos de ataque que Assassin portaba en este instante se resumian a sus dos hojas ocultas, un cuchillo curvo de sultán y diecinueve de sus eficientes "rosas del desierto".
En cuanto a velocidad, ambos habian demostrado ser capaces de alcanzar una celeridad similar, aptos para cubrir distancias en meros parpadeos y usar el entorno en su beneficio. Remarcando diferencias, el estilo de Lancer era mas tormentoso y vehemente, dejando poderosas estelas de aire a su paso cada vez que se desplazaba. Si necesitase hacer un calculo de su velocidad, podria estimar que en campo abierto este caballero de la lanza sería capaz de cubrir distancias de cientos de metros en meros segundos, como es digno de la llamada "clase más rapida". En comparativa, Assassin se dió cuenta que su agilidad no era tanto en velocidad punta o rapidez, si no en maniobras evasivas veloces y acrobacias imposibles.
Despues de este analisis, el eficiente asesino llegó a una conclusión.
Lo más sensato; acabar con el adversario con un única serie de acciones y evitar todo golpe del oponente hasta dicho momento... Para esto, necesitaba apropiarse de la iniciativa y llevar a cabo el primer movimiento de la inminente segunda ronda.
Un movimiento mortal.
El sonido de una explosión fue devorado por las llamas negras cual aceite de roca, pero su poderosa sacudida provocada por la onda expansiva, acompañada de diferencias de presión extremas y aumento de la temperatura se sintió a lo largo de toda la zona, atravesaba el castillo fracturando una torre del constructo en el que su Master, Kepler von Einzbern, habia puesto tanto empeño y trabajo.
¿Quien habria sido el causante? ¿Ese irlandes sellador? ¿Uno de los juguetes de su señor?
Fuese quien fuese realmente no le importaba en absoluto, por lo que su atención volvió a centrarse en el adversario que tenia enfrente.
Como si buscase dar pistoletazo de inicio a la mortal danza de movimientos de Assassin, la conflagración empezó a atravesar rapidamente la estancia a espaldas del soberano asesino.
Era ahora o nunca, si dejaba pasar esta oportunidad el factor sorpresa se escaparía de sus entrenadas manos y el combate retornaria otra vez al turno uno... Y a cada turno que pasaba, la oscura espada colgante de la muerte empuñada por unos advenedizos magi kuffar se ceñia más y más sobre su amo, todo desencadenado por la fitna del joven Titus hacia su Master.
A traves del ya difuso vapor, a Assassin le pareció ver a su rival moviendo la boca como si tratase de decir algo. La palpable confianza del caballero hizo que un ligero sentimiento de irritación rodease al asesino, pero su impasible personalidad volvió rapidamente a tomar las riendas.
-Así acaba todo, ‘aÿami. No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio. -Pensó la negra figura.
En una mera fracción de segundo, seis de sus "rosas del desierto" se encontraban entre sus dedos. Ornamentados con numerosos grabados atravesados por lineas curvas, equilibradas en un peso perfecto para su lanzamiento, estas bellas dagas podrian considerarse piezas de coleccionista de valor incalculable en cualquier museo. Pero tal uso solo serviria para vilipendiar su verdadera y mortal función primaria...
Seis dagas fueron lanzadas con precisión milimetrica.
Sus objetivos, frente, yugular, corazón, mano derecha, muslo derecho y talón izquierdo.
Seis certeros instrumentos de muerte lanzados a velocidad de bala.
Una de ellas, la dirigida al corazón, destacaba por su extraña aura.
Assassin habia decidido usar su otro "ás en la manga", decidido a acabar con Lancer, determinado a sentenciar el jaque mate definitivo de esta partida infernal...
Inmediatamente tras la ristra de dagas, Assassin cargó de frente atravesando el debil vapor que marcaba la débil frontera entre su mundo y el de Lancer. Inmerso en el plan que habia repasado durante los leves segundos que aparentaron horas, Assassin preparó sus hojas ocultas para rematar a Lancer en el intestino y en la sien, destruyendo uno de los dos núcleos espirituales, la cabeza, que todo Servant debe tener intactos para poder existir.
Su preparación habia sido sobresaliente. Su ejecución hermosa.
A medida que atravesaba la efímera nube abrasante, podia ver a su rival y la perfecta trayectoria de las dagas que habia lanzado.
Todo ocurrió en un instante.
Los bellos filos de muerte continuaban su implacable paso hacia el indefenso cuerpo de lancero.
Assassin habia evitado en mayor medida de lo posible el lado izquierdo de Lancer, ya que tal era la zona en la se encontraba la rodela reforzada del héroe irlandes. Las rosas llevaban una trayectoria perfecta, incluso atravesando limpiamente la salvaguardia de viento que anteriormente habia evitado la muerte del Master de Lancer...
Assassin lo tenia todo previsto, la distancia, la fuerza, la defensa...
Las dirigidas a la frente y a la yugular buscaban distraer al objetivo del resto y en caso de impacto, causar heridas mortales al rival.
La dirigida a la mano derecha pretendia desarmar al enemigo en represalia.
Las dirigidas al muslo y al talón minarian la velocidad del adversario evitando respuesta.
La destinada al corazón era muy especial, ya que si impactaba, la eliminación de Lancer de este Heaven's Feel quedaba garantizada.
Y por último, si las dagas mortales eran evitadas, el ataque personal del señor asesino garantizaría su victoria.
La danza de la muerte se abalanzaba hermosamente sobre el Servant enemigo. Lancer habia perdido en el momento que le habia dejado tomar la iniciativa...
O habria sido así si Assassin no acabase de cometer un error de libro.
Sin ninguna dificultad, Lancer fue capaz de esquivar no una, ni dos, si no todas y cada una de las dagas lanzadas por el nizarí. Siguiendo sin esfuerzo la trayectoria de las mismas, Lancer fue capaz de esquivar o inutilizar todos los proyectiles lanzados contra su cuerpo. Las que buscaban su cabeza fueron esquivadas con un leve movimiento de cuello, las dirigidas a la mano y el corazón fueron esquivadas con un simple pivote y el resto fueron desviadas en trayectoria por su lanza y escudo.
Assassin se encontraba en plena moción de ataque atónito...
-¡Imposible! La trayectoria, la fuerza, el angulo... ¡eran perfectos!
Protección de proyectiles.
Defensa contra armas arrojadizas y flechas.
Mientras uno tenga al tirador o a los proyectiles en su campo de visión aunque sea durante un mero instante, otorga la posibilidad de defenderse de cualquier disparo. Una habilidad innata que instiga a que los duelos deban ser cuerpo a cuerpo... Al igual que Assassin, Lancer aun se guardaba algún que otro "ás en la manga".
Lancer conocía de lo que Assassin era capaz gracias a su charla con Caster durante la incursión del dia anterior, así que esperó al momento en el que el asesino pasase a la lucha a distancia para pasar a dominar el combate.
El resto del trabajo, Assassin se lo acababa de servir en bandeja.
¡¡Su cuerpo desprotegido en pleno ataque era el objetivo perfecto de un ataque de oportunidad!!
Lancer sonrio levemente y sus labios nuevamente dibujaron una frase que el silencio devoró sin dejar rastro. El lider nizarí, en pleno aire, aún incredulo por los acontecimientos fue capaz de leer los labios de su enemigo, creando en pleno estupor una imagen imborrable para su sorprendida mente.
-Jaque mate.
La ironia de la escena no podía ser descrita.
Jaque mate. Checkmate.
Expresión procedente del persa y árabe, Shâh mâta, "el rey no tiene escapatoria".
La lanza del héroe atravesó al asesino como la punta de un tornado.
El impacto posterior fue perfecto e inmejorable, en un movimiento simple pero poderoso, Lancer impactó frontalmente a Assassin con toda su fuerza, provocando que este último dejase una estela digna de un huracán a lo largo de todo el pasillo, atravesando la imparable columna de llamas que atravesaban el castillo en dirección hacia ambas figuras.
En ese instante, el fuego del infierno se mitigó por completo y el sonido dió la bienvenida al estruendoso estallido provocado por el ataque y la consiguiente repulsión. Un mundo de sonido y color regresaba, las llamas del infierno se habian extingido y el plano material volvió a recuperar su vida, aún cauterizado por el Noble Fantasma de Assassin.
Sin perder de vista la dirección de su objetivo, Lancer se propulsó a si mismo en este nuevo mundo de eco y cargó frontalmente como si del viento de Bóreas se tratase, creando una onda sónica que devastó todo lo que quedaba de la zona a su paso.
- El observador definitivo -
La trayectoria de Assassin era tan bella y perfecta como la de sus rosas del desierto. Arrasando paredes y muros a su paso, la estela conocida como el asesino silente devastaba la sección sur del antaño glorioso castillo de los Einzbern.
El daño habia sido formidable.
La lanzada en el centro del pecho, el consecuente impacto, la tempestuosa propulsión, las llamas mágicas del pasillo, las secciones derruidas por su cuerpo... El nizarí habia recibido una laceración tan atroz que ipso facto había decidido el resultado del combate.
Aún con la tremenda velocidad media que habia alcanzado y lo entumecido que se encontraba tras tamaño impacto, durante su "viaje" Assassin fue capaz de ver como la llama negra de su mano izquierda se extinguia por completo.
Era la consecución lógica de los acontecimientos, así que no le extrañó en absoluto.
Los impactos certeros, la intensa lucha cuerpo a cuerpo, el desarme de su cimitarra, el golpe de escudo, el instante de calma... Todos habian sido movimientos perfectamente calculados por Lancer con el único proposito de forzar a Assassin a luchar a distancia y contraatacar en ese preciso instante.
Un jaque mate en toda regla. Assassin quedó indefenso entre su propia lluvia de dagas, su coreografía mortal y la columna de fuego a su espalda.
Una vez atravesó la última pared del castillo dando al exterior y aún acelerado por el brutal impacto de Lancer, Assassin pudo recobrar la postura y se encaró hacia el boquete que acababa de provocar.
Sabia que su rival aparecería rapidamente, así que se preparó para recibir nuevamente al caballero de la lanza. Oteó en diferentes direcciones con sus sentidos agudizados y sus "ojos" para determinar el lugar de aparición del objetivo.
Fue entonces, propulsado en pleno aire, cuando lo vió.
Ese tal Tohsaka y su Servant Archer habian derrotado a la "dama" creada por su maestro.
Ese tal Anacleto y su Servant Rider escaparan a la trampa mortal del territorio de Kepler y ya se encontraban a salvo fuera de su dominio.
Ese tal Dearg se precipitaba desde la sala de mando enzarzado en refriega singular con el señor Alfred.
Y Lancer estaba apunto de asomar su inoportuna faz en cualquier instante...
No importaba como analizase la situación, la facción Einzbern estaba a un paso de la derrota.
Gracias al contrato mágico que los unia, Assassin sabia que Kepler aún se encontraba en el interior de su fortaleza, entrando en la sala de mando de la que Dearg y Alfred acababan de precipitarse al exterior.
Solo bastaba con que uno de los Servants enemigos usase un Noble Fantasma anti-ejercito o anti-fortaleza bien apuntado para acabar la partida... Y probablemente Archer pueda...
Como si pretendiese no "defraudar" la estimación del asesino, Archer adquirió la posición correcta de tiro, cuerpo perpendicular al objetivo y la línea de tiro con los pies situados en perpendicular con cada hombro. Con una 'postura abierta', el arquero hindú colocó la pierna más alejada de la línea de tiro unos diecisiete centimetros por delante de la otra.
Instantantanemente a un ligero movimiento de mano, Archer formuló el funesto recitado.
-¡¡¡Brahamastra...!!! - La palabra de poder retumbó por toda la espesura, a medida que el blanco proyectil se cargaba de energia divina.
En una maniobra que casi aparentaba estudiada, Archer soltó la flecha mortal en el preciso instante que Lancer, el último de sus aliados en el interior del castillo, abandonó el mismo por el orificio que Assassin habia causado al salir despedido anteriormente.
La visión de los dioses. Percepción lejana.
Con su habilidad de clarividencia, Archer habia sido capaz de escudriñar las posiciones de Lancer y Kepler prediciendo el preciso instante en el que su camarada abandonaba el bastión para lanzar su aciago astra y desintegrar todo vestigio de la existencia del alquimista.
Archer se habia vuelto Muerte, el destructor de mundos.
La saeta de la destrucción fue disparada de forma atronadora y su inhumana velocidad atravesó el aire consumiendo el oxigeno a su paso. El objetivo, la sala de control desde la que Kepler observaba todo impotente.
Su Master, junto a la mayor parte del castillo, desaparecerian desintegrados en ese brillante fulgor. Si habia algo que Assassin considerase innegable en ese instante, era esa aserción.
Pero Kepler pudo reaccionar a tiempo para crear un milagro.
Con el brillo de su Sello de Mando, el alquimista megalomano proclamó.
-¡Assassin, libera a tu amo de las cadenas de la muerte--!
La orden fue interpretada como una proclamación de huida y Assassin se preparó para salvar a su Master de la forma mas rapida y eficiente posible.
Camino Sombrío.
Habilidad cercana a la teletransportación. Creación de una paradoja usando la premisa “si no se conoce donde está, está a la vez en todos los lados y en ninguno”. Esta habilidad permite a Hassan aparecer y desaparecer a voluntad siempre que no se conozca su localización exacta. Una nube de probabilidad sin ubicación certera.
La posición era perfecta.
Pese a estar ya en el exterior, aun estaba en medio de la columna de polvo que causó tras atravesar la pared de piedra del baluarte.
La velocidad era óptima.
Sumando su camino sombrio a la potencia de la orden, el nizarí tendria la velocidad necesaria para salvar a su Master y empezar de cero esta guerra sin problemas.
Impecable.
Assassin dejó de ser observado y se convirtió en incertidumbre.
Así empezó su maniobra de busqueda y rescate, la más veloz jamás hecha.
En un parpadeo, Assassin ya estaba en posición de ser observado y poder salvar a su Master con la velocidad extrema otorgada por el milagro cristalizado del Sello de Mando.
Pero por alguna razón, Assassin fue "observado" en otro lugar.
Sin posibilidad de reacción, el asesino nizarí se materializó en la misma trayectoria que seguia anteriormente...
Lancer estaba a menos de un metro suyo, sonriendo con un dedo metido en la boca.
-¿¡QUUUUUUUUUUUU----EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!?
El Noble Fantasma que le convirtió en leyenda.
El conocimiento de todo el universo contenido.
Todas las posibilidades en el pulgar.
¡Lancer se había convertido en el "observador definitivo"! ¡Ante el la duda se convertía en certeza, y las probabilidades no representaban inseguridad alguna! ¡Era la persona capaz de negar la incertidumbre!
¡La superposición cuantica habia sido precibida y Lancer podia "observar" a Assassin en cualquier zona de su punto de visión!
El poder destructivo de la creación absorbió la zona superior del castillo Einzbern descomponiendo todo a su paso en una luz blanca cegadora.
Y entonces, ante la luz que consumió las llamas del infierno, Kepler von Einzbern solo pudo decir una cosa.
-¡El fuego, mi más elemental amigo! ¡Ahora estoy en paz! -
Mientras Assassin contemplaba impotente la muerte de aquel que llamaba maestro; Lancer, con toda la fuerza y la trayectoria que le quedaban propició al vetusto asesino una potente patada giratoria en la articulación coxofemoral.
-¡¡¡¡¡LAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANCEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEER!!!!
El viejo de la montaña salió propulsado una vez más, derribando docenas de arboles a su avance y creando una gigantesca nube de polvo con la colisión.
Ilion:
Los últimos rayos de sol se escurrían a través de las columnas mientras la brisa acariciaba los cuidados jardines. Era un lugar bello, rebosante de vegetación y florido como un día de mayo; pese a que apenas a tres kilometros del vergel arreciaba una tormenta de nieve. Pero aquí no, en este lugar siempre será primavera.
Una miríada de pequeños edificios de piedra se extendía allá donde alcanzaba la mirada de un observador atento. Más allá, los muros. ¿Qué decir de ellos? Pues hablar de lo majestuosos que eran, narrar su esplendor, describir su altura, testificar su belleza... Todo ello sería redundante. Esos muros de mármol, con torreones que brillaban como el oro a la luz del ocaso sembrados en ellos cuales rosas en un jardín (lo suficientemente separados como para que no se eclipsen entre sí y a la distancia justa para apreciar que las espinas que los pueblan forman un muro impenetrable) y almenaras que serían la envidia de geometras y arquitectos por igual.
Entre las murallas y el palacio se podía apreciar todo aquello que un gobernante puede pedirle a una ciudad. Templos rebosantes de fieles y cargados de riquezas, mercaderes prósperos que comercian con especias de tierras lejanas, jardines en los que los enamorados pueden pasear sabedores de que el único conocedor de sus secretos será esa obscena estatua de un fauno...
Pero no todo es alegría en la joya del mar Egeo. Pues la ciudad se halla en guerra. Una guerra en la que, como en todas, sólo hay vencidos.
Volvamos al origen, a ese balcón desde el que se puede apreciar toda la ciudad. En este instante la mayoría de ciudadanos esperan el discurso de su líder, de su señor. Esperan que los guíe hacia la victoria, hacia la supervivencia. Pero su líder se encuentra rezando a los caídos. Concretamente a su familia, que ahora mismo se encuentra entre los innumerables siervos de Hades.
-Padre, Madre... creo que os he defraudado. Me he comportado como un cobarde, como una rata. He roto la honradez que tu. madre, me inculcaste, y tu padre, me animaste a conservar... la visión de Deimos, la Guerra en sí... me superaron... espero que me quede tiempo para remediarlo. Creo que el señor Tohsaka y el padre Anacleto empiezan a tenerme algo de estima y además ya no me siento frustrado por la presencia de Deimos...es el momento de demostrar la educación que he recibido. Creo que empiezo a entender este juego.
Su compañero y aliado le señaló a la multitud que esperaba debajo de la balconada. El joven inspiró profundamente y apartando los pesados cortinajes de terciopelo que lo aislaban de sus súbditos procedió a hablar, con voz fuerte y clara.
-Ciudadanos... ¡bienvenidos a Troya! ¡Esta vez no habrá caballos! ¡Esta vez no habrá aqueos! ¡Esta vez no habrá incendios! Esta es la nueva etapa de esplendor de Troya. Llevaremos la cultura y la ciencia griega mas lejos de lo que haya llegado nunca. Estamos aquí para librar una guerra de la que saldremos victoriosos.
La población, al principio escéptica, se contagiaba poco a poco del tono de su orador. Éste, sabedor de que lo escuchaban procedió a continuar con su discurso, con su alma ardiendo como el faro de la ciudad del Magno.
-Señores... ¿qué somos?
A lo que la multitud respondió, enfervorecida:
-¡TROYANOS!
El orador sonrió de soslayo y prosiguió con su discurso.
-Ciudadanos, espero estar insuflando en sus corazones el suficiente valor, para que no decaigan los ánimos en nuestra batalla ¡porque éste es el momento de reescribir la historia! En este instante estamos asistiendo al regreso de una ciudad que nunca debió desaparecer. Lucharemos con el recuerdo de todos a los que mataron, ¡y de las mujeres que violaron! ¡Lucharemos con la figura de nuestro gran héroe aquí presente!
El joven guerrero que se encontraba a su lado alzó su brillante espada, que reflejaba los destellos de un sol moribundo y con ellos desapareciendo se inició el principio del fin...
-El espíritu de Ilión nunca morirá! Troyanos ¡es el momento de causar heridas mortales a todo el que se nos ponga por delante! Es hora de empezar... ¡la victoria!
Una miríada de pequeños edificios de piedra se extendía allá donde alcanzaba la mirada de un observador atento. Más allá, los muros. ¿Qué decir de ellos? Pues hablar de lo majestuosos que eran, narrar su esplendor, describir su altura, testificar su belleza... Todo ello sería redundante. Esos muros de mármol, con torreones que brillaban como el oro a la luz del ocaso sembrados en ellos cuales rosas en un jardín (lo suficientemente separados como para que no se eclipsen entre sí y a la distancia justa para apreciar que las espinas que los pueblan forman un muro impenetrable) y almenaras que serían la envidia de geometras y arquitectos por igual.
Entre las murallas y el palacio se podía apreciar todo aquello que un gobernante puede pedirle a una ciudad. Templos rebosantes de fieles y cargados de riquezas, mercaderes prósperos que comercian con especias de tierras lejanas, jardines en los que los enamorados pueden pasear sabedores de que el único conocedor de sus secretos será esa obscena estatua de un fauno...
Pero no todo es alegría en la joya del mar Egeo. Pues la ciudad se halla en guerra. Una guerra en la que, como en todas, sólo hay vencidos.
Volvamos al origen, a ese balcón desde el que se puede apreciar toda la ciudad. En este instante la mayoría de ciudadanos esperan el discurso de su líder, de su señor. Esperan que los guíe hacia la victoria, hacia la supervivencia. Pero su líder se encuentra rezando a los caídos. Concretamente a su familia, que ahora mismo se encuentra entre los innumerables siervos de Hades.
-Padre, Madre... creo que os he defraudado. Me he comportado como un cobarde, como una rata. He roto la honradez que tu. madre, me inculcaste, y tu padre, me animaste a conservar... la visión de Deimos, la Guerra en sí... me superaron... espero que me quede tiempo para remediarlo. Creo que el señor Tohsaka y el padre Anacleto empiezan a tenerme algo de estima y además ya no me siento frustrado por la presencia de Deimos...es el momento de demostrar la educación que he recibido. Creo que empiezo a entender este juego.
Su compañero y aliado le señaló a la multitud que esperaba debajo de la balconada. El joven inspiró profundamente y apartando los pesados cortinajes de terciopelo que lo aislaban de sus súbditos procedió a hablar, con voz fuerte y clara.
-Ciudadanos... ¡bienvenidos a Troya! ¡Esta vez no habrá caballos! ¡Esta vez no habrá aqueos! ¡Esta vez no habrá incendios! Esta es la nueva etapa de esplendor de Troya. Llevaremos la cultura y la ciencia griega mas lejos de lo que haya llegado nunca. Estamos aquí para librar una guerra de la que saldremos victoriosos.
La población, al principio escéptica, se contagiaba poco a poco del tono de su orador. Éste, sabedor de que lo escuchaban procedió a continuar con su discurso, con su alma ardiendo como el faro de la ciudad del Magno.
-Señores... ¿qué somos?
A lo que la multitud respondió, enfervorecida:
-¡TROYANOS!
El orador sonrió de soslayo y prosiguió con su discurso.
-Ciudadanos, espero estar insuflando en sus corazones el suficiente valor, para que no decaigan los ánimos en nuestra batalla ¡porque éste es el momento de reescribir la historia! En este instante estamos asistiendo al regreso de una ciudad que nunca debió desaparecer. Lucharemos con el recuerdo de todos a los que mataron, ¡y de las mujeres que violaron! ¡Lucharemos con la figura de nuestro gran héroe aquí presente!
El joven guerrero que se encontraba a su lado alzó su brillante espada, que reflejaba los destellos de un sol moribundo y con ellos desapareciendo se inició el principio del fin...
-El espíritu de Ilión nunca morirá! Troyanos ¡es el momento de causar heridas mortales a todo el que se nos ponga por delante! Es hora de empezar... ¡la victoria!
Preludios en rojo I-Bestias:
Fuyuki, 5 de febrero de 1874
Nunca le gustaron. Uno de sus primeros recuerdos consiste en tres de ellas devorando los cadáveres de sus padres, durante la Revolución. Eran grandes, más de lo habitual, del tamaño de gatos grandes. Sus colas oscilaban, como relojes de cuerda que se accionan a partir de la energía que poseían otros. Proferían agudos chillidos mientras arrancaban los intestinos de sus progenitores, cual gourmets en una cata. “Se nota que no poseían mucho dinero, pues se alimentaban sólo de arroz y por eso el almidón le da un toque demasiado rígido al duodeno” o “parece que ella tenía la tenia, ¿no podría haberse pagado un médico?” parecían comentar entre ellas.
No le desagradan por el hecho de que se alimenten de cadáveres (normalmente humanos) o de lo que otros rechazan. No es eso en absoluto. Tampoco el hecho de que su mordedura suele ser letal debido a eso que los occidentales denominan gérmenes y portan la rabia. Una vez mordieron a uno de sus vecinos (en realidad, todos los que viven en esa zona duermen en un cobertizo enorme que está tan desvencijado que nadie usa, así que vecino no es el término correcto) y se pasó varios días sufriendo espasmos. Decidieron terminar con su dolor rápidamente. El motivo por el que realmente las odiaba era porque no podía alimentarse como ellas.
Él, siendo un niño de doce años (que debido a su mala alimentación aparentaba ocho), no podía vivir de carroña. Tampoco podía comer restos humanos (pese a que donde el vivía siempre moría alguien cada poco tiempo). No, no podía hacer nada de eso. Aunque ya no importa. Ellas se acercan. Surgen a millares de las sombras teñidas de rojo. Las ratas.
Nunca le gustaron. Uno de sus primeros recuerdos consiste en tres de ellas devorando los cadáveres de sus padres, durante la Revolución. Eran grandes, más de lo habitual, del tamaño de gatos grandes. Sus colas oscilaban, como relojes de cuerda que se accionan a partir de la energía que poseían otros. Proferían agudos chillidos mientras arrancaban los intestinos de sus progenitores, cual gourmets en una cata. “Se nota que no poseían mucho dinero, pues se alimentaban sólo de arroz y por eso el almidón le da un toque demasiado rígido al duodeno” o “parece que ella tenía la tenia, ¿no podría haberse pagado un médico?” parecían comentar entre ellas.
No le desagradan por el hecho de que se alimenten de cadáveres (normalmente humanos) o de lo que otros rechazan. No es eso en absoluto. Tampoco el hecho de que su mordedura suele ser letal debido a eso que los occidentales denominan gérmenes y portan la rabia. Una vez mordieron a uno de sus vecinos (en realidad, todos los que viven en esa zona duermen en un cobertizo enorme que está tan desvencijado que nadie usa, así que vecino no es el término correcto) y se pasó varios días sufriendo espasmos. Decidieron terminar con su dolor rápidamente. El motivo por el que realmente las odiaba era porque no podía alimentarse como ellas.
Él, siendo un niño de doce años (que debido a su mala alimentación aparentaba ocho), no podía vivir de carroña. Tampoco podía comer restos humanos (pese a que donde el vivía siempre moría alguien cada poco tiempo). No, no podía hacer nada de eso. Aunque ya no importa. Ellas se acercan. Surgen a millares de las sombras teñidas de rojo. Las ratas.
Preludios en rojo II - El orden del mundo:
Londres , año 1678
Alexander Jones no era un simple mercader errante. Era un alquimista, aunque ¿quién no lo era en ésta época? El anterior rey se fiaba más de sus alquimistas que de sus consejeros. Looie tenía su corte invadida por satanistas, olcultistas, alquimistas y demás gentuza. La mayoría creía a medias, o eran unos charlatanes redomados. Pero no todos eran así, ni mucho menos. En concreto, el hombre al que iba a visitar Mr. Jones era uno de los grandes genios de su era.
Cuando llegó a Cambridge nadie lo tomaba en serio. Sus ideas sobre matemáticas no se parecían en nada a lo establecido por los maestros griegos y su respeto por sus profesores era mínimo. Él sólo quería conocer el mundo, la verdad tras él y la certeza que se ocultaba tras esa verdad. Lo que otros, en su afán de creerse cultos denominan al modo hindú el Akasha. Él simplemente lo llamaba el Sistema del Mundo.
Ahora, años después, es un reputado filósofo natural ,ha sentado las bases para una nueva ciencia (o una muy vieja redescubierta), ha cambiado la concepción de las matemáticas (aunque eso se lo discuten con un alemán, pero no pienso entrar en ese debate) y es el mayor alquimista de su tierra. Lo que pocos saben es que también es un Magus. Aunque la mitad de sus colegas de la Royal Society pertenecen a la Asociación él siempre ha rehuido las muchedumbres y a los incapaces de comprender sus pensamientos. El motivo por el que raramente aparece en una y el hecho de que jamás se inscribiese en la otra está más que claro.
Mr.Jones estaba emocionado con su visita, pero nunca llegaría a ver al maestro. Lo idolatraba hasta el punto del temor reverencial, y esa fue su perdición.
Unas millas antes de su destino, en una noche sin luna fría y despejada el mundo pasó a verse en dos colores. El negro de la oscuridad y el rojo de la sangre recién derramada. Y el Matemático apareció de entre las sombras de los árboles del camino. El aprendiz, apremiante, se dirigió a la figura sumida en la oscuridad:
-Oh, Maestro, no tendría porque haber salido a recibirme. Muchas gracias por haber decidido atender a mis súplicas. Tengo unas teorías que querría mostrarle...
-No se moleste -le cortó fríamente el erudito- pues son totalmente erróneas.
-¿Acaso ya las ha leído?- preguntó acuciante Mr. Jones, en un último acto de que su ídolo le ayudase en su búsqueda de la verdad.
-¿Usted que cree? -y sus labios se curvaron en una ligerísima sonrisa.
Pero ya no creía nada, y sin embargo sabía que esa incertidumbre sería lo último acerca de lo que reflexionaría.
Alexander Jones no era un simple mercader errante. Era un alquimista, aunque ¿quién no lo era en ésta época? El anterior rey se fiaba más de sus alquimistas que de sus consejeros. Looie tenía su corte invadida por satanistas, olcultistas, alquimistas y demás gentuza. La mayoría creía a medias, o eran unos charlatanes redomados. Pero no todos eran así, ni mucho menos. En concreto, el hombre al que iba a visitar Mr. Jones era uno de los grandes genios de su era.
Cuando llegó a Cambridge nadie lo tomaba en serio. Sus ideas sobre matemáticas no se parecían en nada a lo establecido por los maestros griegos y su respeto por sus profesores era mínimo. Él sólo quería conocer el mundo, la verdad tras él y la certeza que se ocultaba tras esa verdad. Lo que otros, en su afán de creerse cultos denominan al modo hindú el Akasha. Él simplemente lo llamaba el Sistema del Mundo.
Ahora, años después, es un reputado filósofo natural ,ha sentado las bases para una nueva ciencia (o una muy vieja redescubierta), ha cambiado la concepción de las matemáticas (aunque eso se lo discuten con un alemán, pero no pienso entrar en ese debate) y es el mayor alquimista de su tierra. Lo que pocos saben es que también es un Magus. Aunque la mitad de sus colegas de la Royal Society pertenecen a la Asociación él siempre ha rehuido las muchedumbres y a los incapaces de comprender sus pensamientos. El motivo por el que raramente aparece en una y el hecho de que jamás se inscribiese en la otra está más que claro.
Mr.Jones estaba emocionado con su visita, pero nunca llegaría a ver al maestro. Lo idolatraba hasta el punto del temor reverencial, y esa fue su perdición.
Unas millas antes de su destino, en una noche sin luna fría y despejada el mundo pasó a verse en dos colores. El negro de la oscuridad y el rojo de la sangre recién derramada. Y el Matemático apareció de entre las sombras de los árboles del camino. El aprendiz, apremiante, se dirigió a la figura sumida en la oscuridad:
-Oh, Maestro, no tendría porque haber salido a recibirme. Muchas gracias por haber decidido atender a mis súplicas. Tengo unas teorías que querría mostrarle...
-No se moleste -le cortó fríamente el erudito- pues son totalmente erróneas.
-¿Acaso ya las ha leído?- preguntó acuciante Mr. Jones, en un último acto de que su ídolo le ayudase en su búsqueda de la verdad.
-¿Usted que cree? -y sus labios se curvaron en una ligerísima sonrisa.
Pero ya no creía nada, y sin embargo sabía que esa incertidumbre sería lo último acerca de lo que reflexionaría.
Preludios en rojo III - Sanjuanada:
Zugarramurdi, Anno Domini 1085, 23 de Junio
Cuando el astro rey se ocultó, ellas ya se encontraban allí. Los pobres ignorantes encendían hogueras, como si con su débil y titilante luz pudieran ahuyentar la oscuridad que se cernía sobre el valle.
Esos campesinos ignorantes creían en su Dios de bondad y amor. Él, que sentado en su trono contemplaba el mundo y protegía a aquellos que le demostraban su adoración. Él, en posesión de los serafines cuyo único propósito es ensalzar sus virtudes. Él, que se alimenta de cantos y plegarias. Se equivocaban. Esos ignorantes no saben que a Él no le importamos, que nada le importa. Hace mucho que se ha cerrado en sí mismo.
Él representa a la autoridad que poseen todos los hombres. Por eso se rebelaron, los caídos y ellas, lo hicieron para huir de la autoridad, para ser libres. Pero la libertad tiene un precio. Para los demonios fue su esencia, que fue distorsionada y retorcida. El destino de ellas era más simple , pero mucho más doloroso; la muerte. Juicio por agua ([…]si un hombre o mujer hechiza a uno de sus congéneres ha de ser arrojado al río más cercano. Si se hunde se entiende que era inocente y ha sido limpiado de sus pecados, sin embargo si consigue flotar y sobrevivir es porque no camina bajo la luz del Señor y […]), juicio por fuego ([…] y las llamas purificarán a los impuros y no serán más que un prolegómeno de lo que les espera en la otra vida[…]), juicio por lapidación... Debido a las ansias de libertad de unas pocas, muchas sufrieron esa suerte.
Por eso es necesario ocultarse, pasar desapercibidas, aparentar una conducta normal. Si tu esposo te maltrata o te ignora trátalo bien (y en la noche de las brujas caerá sobre él toda la rabia acumulada a lo largo de los años), si tu señor posee un comportamiento impropio de un noble continúa bajo su servicio (pues una pizca de polvo preparado durante la sanjuanada en su bebida será suficiente). Debido a eso, ellas ya estaban allí. Con la excusa de que las hierbas recogidas en este día señalado eran de mejor calidad para los ungüentos y las comidas desaparecían de sus hogares y sus maridos, hermanos y padres no sospechaban nada (y si lo hacían, nunca lo comentaban entre sí, esta noche era la noche del secreto).
La cueva, la ancha caverna, la espaciosa hondanada. No era un akelarre, puesto que ni tenían un cabrón (aún no era su momento, la noche seguía siendo joven) ni era un claro. Pero ese era el nombre que se le daba a esa clase de reuniones. Akelarres. Cientos de mujeres se despojaban de sus ropajes entre las rocas de la entrada, mientras se dibujaban extrañas marcas entre sí usando la sangre de becerros muertos (las cabezas de los jóvenes animales las observaban, al tiempo que otros eran degollados y posteriormente decapitados).
Ellos tendrían sus tristes hogueras allá en los campos, iluminando la noche con un sutil resplandor anaranjado. No así como en la cueva, allí sólo existían dos colores. El negro de allá donde no alcanzaba la luz y el rojo. El rojo de la sangre que se escurría por los cuerpos desnudos de las mujeres y por el suelo de la caverna. El rojo de las llamas (pues nuestros hechizos las hacen brillar así). Y el rojo de los ojos de Baal.
Alto, mucho más que un hombre normal, sus cuernos rozaban el techo de la caverna (pese a que no se encontraba de pie,nosotras nos encargábamos de ello con nuestras atenciones y caricias). Era una combinación grotesca de hombre y animal. Su cuerpo era el de un ser humano desproporcionadamente grande, mientras que su cabeza era la de un macho cabrío negro.
Esa noche se celebró un banquete. Los platos principales fueron los miembros cercenados de las mujeres que allí se hallaban mas la bebida era de la máxima calidad. Sangre de mujer (pero no de una sola mujer, sangre de niña y sangre de vieja, sangre de madre y sangre de virgen, incluso sangre de embarazada y su feto). A la mañana siguiente sólo encontraron la caverna llena de sangre y restos de mujeres (brujas) muertas. Ante esto sólo podemos preguntarnos...
¿Cuán cruento fue el banquete de Baal?
Cuando el astro rey se ocultó, ellas ya se encontraban allí. Los pobres ignorantes encendían hogueras, como si con su débil y titilante luz pudieran ahuyentar la oscuridad que se cernía sobre el valle.
Esos campesinos ignorantes creían en su Dios de bondad y amor. Él, que sentado en su trono contemplaba el mundo y protegía a aquellos que le demostraban su adoración. Él, en posesión de los serafines cuyo único propósito es ensalzar sus virtudes. Él, que se alimenta de cantos y plegarias. Se equivocaban. Esos ignorantes no saben que a Él no le importamos, que nada le importa. Hace mucho que se ha cerrado en sí mismo.
Él representa a la autoridad que poseen todos los hombres. Por eso se rebelaron, los caídos y ellas, lo hicieron para huir de la autoridad, para ser libres. Pero la libertad tiene un precio. Para los demonios fue su esencia, que fue distorsionada y retorcida. El destino de ellas era más simple , pero mucho más doloroso; la muerte. Juicio por agua ([…]si un hombre o mujer hechiza a uno de sus congéneres ha de ser arrojado al río más cercano. Si se hunde se entiende que era inocente y ha sido limpiado de sus pecados, sin embargo si consigue flotar y sobrevivir es porque no camina bajo la luz del Señor y […]), juicio por fuego ([…] y las llamas purificarán a los impuros y no serán más que un prolegómeno de lo que les espera en la otra vida[…]), juicio por lapidación... Debido a las ansias de libertad de unas pocas, muchas sufrieron esa suerte.
Por eso es necesario ocultarse, pasar desapercibidas, aparentar una conducta normal. Si tu esposo te maltrata o te ignora trátalo bien (y en la noche de las brujas caerá sobre él toda la rabia acumulada a lo largo de los años), si tu señor posee un comportamiento impropio de un noble continúa bajo su servicio (pues una pizca de polvo preparado durante la sanjuanada en su bebida será suficiente). Debido a eso, ellas ya estaban allí. Con la excusa de que las hierbas recogidas en este día señalado eran de mejor calidad para los ungüentos y las comidas desaparecían de sus hogares y sus maridos, hermanos y padres no sospechaban nada (y si lo hacían, nunca lo comentaban entre sí, esta noche era la noche del secreto).
La cueva, la ancha caverna, la espaciosa hondanada. No era un akelarre, puesto que ni tenían un cabrón (aún no era su momento, la noche seguía siendo joven) ni era un claro. Pero ese era el nombre que se le daba a esa clase de reuniones. Akelarres. Cientos de mujeres se despojaban de sus ropajes entre las rocas de la entrada, mientras se dibujaban extrañas marcas entre sí usando la sangre de becerros muertos (las cabezas de los jóvenes animales las observaban, al tiempo que otros eran degollados y posteriormente decapitados).
Ellos tendrían sus tristes hogueras allá en los campos, iluminando la noche con un sutil resplandor anaranjado. No así como en la cueva, allí sólo existían dos colores. El negro de allá donde no alcanzaba la luz y el rojo. El rojo de la sangre que se escurría por los cuerpos desnudos de las mujeres y por el suelo de la caverna. El rojo de las llamas (pues nuestros hechizos las hacen brillar así). Y el rojo de los ojos de Baal.
Alto, mucho más que un hombre normal, sus cuernos rozaban el techo de la caverna (pese a que no se encontraba de pie,nosotras nos encargábamos de ello con nuestras atenciones y caricias). Era una combinación grotesca de hombre y animal. Su cuerpo era el de un ser humano desproporcionadamente grande, mientras que su cabeza era la de un macho cabrío negro.
Esa noche se celebró un banquete. Los platos principales fueron los miembros cercenados de las mujeres que allí se hallaban mas la bebida era de la máxima calidad. Sangre de mujer (pero no de una sola mujer, sangre de niña y sangre de vieja, sangre de madre y sangre de virgen, incluso sangre de embarazada y su feto). A la mañana siguiente sólo encontraron la caverna llena de sangre y restos de mujeres (brujas) muertas. Ante esto sólo podemos preguntarnos...
¿Cuán cruento fue el banquete de Baal?
Preludios en rojo IV - El último banquete romano:
Roma, año 476, sector Palatino
Mientras Apolo conducía su carro hacia las profundidades del Hades el joven Cayo Justo Favonio comía. Era un manjar digno del monte donde Nerón construyó su Casa Dorada, donde asesinaron a César, un lugar donde caen repúblicas y se forjan imperios. Su suave textura, su blanda carne, su jugos sabrosos. El calor del verano hace que los alimentos se estropeen rápido, así que es necesario comerlos nada más cazarlos, de este modo su sabor es óptimo.
Cayo preparaba sus alimentos con parsimonia, mas no todo en Roma era un remanso de paz. Sobre él, en el foro de Vespasiano, los ciudadanos romanos huían de la ciudad.
Edificios enteros ardían mientras los bárbaros saqueaban la ciudad al tiempo los gritos de dolor de mujeres y niños se oían por doquier. Pero el benjamín de los Justo era ajeno a todo ello. Tenía que ocuparse de su cena.
¿Debía arrancarle los ojos? No, le daban más sabor y tenía que aprovechar todo lo que podía de su presa. La piel era otro cantar, Cayo ya tenía suficientes piojos propios , no podía ocuparse de más. ¿Y sus entrañas? Al arrancarlas las observó para escudriñar sus augurios.
Su pater familias le enseñó como hacerlo, para que él se lo mostrara a sus hijos. Primero, con un cuchillo se abre al animal por el vientre; para después extraerle los intestinos, el bazo y los riñones (por este orden). Acto seguido se extienden sobre la mesa (en este caso el suelo de la Cloaca Máxima) y los dioses hablan por el patrón que forman. Esta vez se aprecia claramente que...¿va a tener un encuentro importante que cambiará su vida? Pero si nadie sabe que Cayo se oculta aquí...
-Yo lo sabía, joven Justo Favonio- dijo un individuo de porte majestuoso y extraños ropajes, al tiempo que se acercaba con paso lento y pausado. Era alto, de pelo rubio y pese a que su cara estaba sumida en las sombras sus ojos refulgían con un extraño brillo rojo.
-¿Quién eres?
-El que va a cambiar tu destino- susurró ese ser de ojos carmesís.
En ese momento el joven arrancó el corazón de la rata que estaba devorando y sonrió, con su boca llena de sangre.
Mientras Apolo conducía su carro hacia las profundidades del Hades el joven Cayo Justo Favonio comía. Era un manjar digno del monte donde Nerón construyó su Casa Dorada, donde asesinaron a César, un lugar donde caen repúblicas y se forjan imperios. Su suave textura, su blanda carne, su jugos sabrosos. El calor del verano hace que los alimentos se estropeen rápido, así que es necesario comerlos nada más cazarlos, de este modo su sabor es óptimo.
Cayo preparaba sus alimentos con parsimonia, mas no todo en Roma era un remanso de paz. Sobre él, en el foro de Vespasiano, los ciudadanos romanos huían de la ciudad.
Edificios enteros ardían mientras los bárbaros saqueaban la ciudad al tiempo los gritos de dolor de mujeres y niños se oían por doquier. Pero el benjamín de los Justo era ajeno a todo ello. Tenía que ocuparse de su cena.
¿Debía arrancarle los ojos? No, le daban más sabor y tenía que aprovechar todo lo que podía de su presa. La piel era otro cantar, Cayo ya tenía suficientes piojos propios , no podía ocuparse de más. ¿Y sus entrañas? Al arrancarlas las observó para escudriñar sus augurios.
Su pater familias le enseñó como hacerlo, para que él se lo mostrara a sus hijos. Primero, con un cuchillo se abre al animal por el vientre; para después extraerle los intestinos, el bazo y los riñones (por este orden). Acto seguido se extienden sobre la mesa (en este caso el suelo de la Cloaca Máxima) y los dioses hablan por el patrón que forman. Esta vez se aprecia claramente que...¿va a tener un encuentro importante que cambiará su vida? Pero si nadie sabe que Cayo se oculta aquí...
-Yo lo sabía, joven Justo Favonio- dijo un individuo de porte majestuoso y extraños ropajes, al tiempo que se acercaba con paso lento y pausado. Era alto, de pelo rubio y pese a que su cara estaba sumida en las sombras sus ojos refulgían con un extraño brillo rojo.
-¿Quién eres?
-El que va a cambiar tu destino- susurró ese ser de ojos carmesís.
En ese momento el joven arrancó el corazón de la rata que estaba devorando y sonrió, con su boca llena de sangre.
Salvation army march:
Fuyuki, base de la Marina Estadounidense.
5 de febrero de 1874
No es frecuente que un comandante visite a sus soldados heridos en batalla, puesto que su deber es preparar a las tropas restantes e impedir que aumente el número de bajas. Pero cuando envías un batallón de cientos de hombres a una misión sencilla (en apariencia) y ves regresar a uno sólo, es en ese momento cuando juzgas qué es lo mejor para el regimiento.
Por un lado, toda organización militar del mundo se basa en la cadena de mando. Si a un soldado le ordenan hacer algo, por poco razonable que parezca, es su deber cumplir sus instrucciones a rajatabla. Mientras que por otra parte el soldado requiere adaptabilidad. No sirve de nada ceñirse a las órdenes en medio del caos de la batalla. Cuando estás sólo en territorio enemigo y la información que te precisaron tus superiores se ha vuelto obsoleta o totalmente desacertada (o ambas cosas a la vez) lo único que te va a salvar es tu propia iniciativa, tu capacidad para analizar tus opciones y elegir la que te proporcionará la victoria.
El día anterior había enviado a sus hombres a morir a manos de un ser malévolo y cruel debido a las órdenes de sus superiores. Eso no volvería a ocurrir. Un buen comandante ha de saber aprender de sus propios errores, así como de los errores de sus adversarios. Había cometido un error muy importante, carecer de información del objetivo. Y lo había pagado muy caro. Nunca más cometería esa distracción.
Pero el desastre del día anterior tiene un punto positivo. El presidente Ulysses S. Grant en persona le dio autorización para hacer algo que deseaba desde hace mucho tiempo. Concentrar a la élite de su escuadrón en un sólo punto, la ciudad de Fuyuki. Los sucesos de estos días anteriores permitían el uso de fuerza de choque masiva, así que se esperaba su llegada para esta noche. Los Carcayús impedirían que gente demasiado poderosa para su propio bien se aprovechase de los pobres campesinos de la ciudad. Ningún país que acabase de salir de una guerra civil se merecía eso.
5 de febrero de 1874
No es frecuente que un comandante visite a sus soldados heridos en batalla, puesto que su deber es preparar a las tropas restantes e impedir que aumente el número de bajas. Pero cuando envías un batallón de cientos de hombres a una misión sencilla (en apariencia) y ves regresar a uno sólo, es en ese momento cuando juzgas qué es lo mejor para el regimiento.
Por un lado, toda organización militar del mundo se basa en la cadena de mando. Si a un soldado le ordenan hacer algo, por poco razonable que parezca, es su deber cumplir sus instrucciones a rajatabla. Mientras que por otra parte el soldado requiere adaptabilidad. No sirve de nada ceñirse a las órdenes en medio del caos de la batalla. Cuando estás sólo en territorio enemigo y la información que te precisaron tus superiores se ha vuelto obsoleta o totalmente desacertada (o ambas cosas a la vez) lo único que te va a salvar es tu propia iniciativa, tu capacidad para analizar tus opciones y elegir la que te proporcionará la victoria.
El día anterior había enviado a sus hombres a morir a manos de un ser malévolo y cruel debido a las órdenes de sus superiores. Eso no volvería a ocurrir. Un buen comandante ha de saber aprender de sus propios errores, así como de los errores de sus adversarios. Había cometido un error muy importante, carecer de información del objetivo. Y lo había pagado muy caro. Nunca más cometería esa distracción.
Pero el desastre del día anterior tiene un punto positivo. El presidente Ulysses S. Grant en persona le dio autorización para hacer algo que deseaba desde hace mucho tiempo. Concentrar a la élite de su escuadrón en un sólo punto, la ciudad de Fuyuki. Los sucesos de estos días anteriores permitían el uso de fuerza de choque masiva, así que se esperaba su llegada para esta noche. Los Carcayús impedirían que gente demasiado poderosa para su propio bien se aprovechase de los pobres campesinos de la ciudad. Ningún país que acabase de salir de una guerra civil se merecía eso.
El peor día de mi vida:
Aquél día nada salía a derechas. Todo había comenzado cuando Hokudō el Lúgrube nos había mandado como avanzadilla de investigación a aquela maldita ciudad. Tres hombres para cubrir una maldita ciudad sin más equipo que unos estúpidos lectores de maná que no recibían señales desde hacía horas. Sin duda la asociación no confiaba en ese lunático, y por eso le habían dado un equipo anticuado y que no había recibido mantenimiento en décadas. Y por si fuese poco, cuando estaban a punto de llegar a auqella estúpida ciudad, una columna de fuego de poco menos de doscientos metros de alto en mitad de un lugar que no se parecía en nada a la ciudad que nos habían descrito y de la que nos habían proporcionado mapas. Y si hubiese valido la pena, no me parecería tan estúpido; pero no, íbamos a buscar un puto agujero al origen que obviamente no existía.
Cuando por fin llegamos, otro de esos lunáticos nos obligó a detener el tren, a costa de la vida del máquinista, aunque fue extraño dado que la explosión no era lo suficientemente potente como para ello. Y tras aquél estúpido intercambio de palabras con ese par de lunáticos y ese siniestro familiar, van y llegan a la ridícula conclusión de que YO debía ir a avisar en la estación más cercana que es imposible acceder a la ciudad.
Cuando por fin llegamos, otro de esos lunáticos nos obligó a detener el tren, a costa de la vida del máquinista, aunque fue extraño dado que la explosión no era lo suficientemente potente como para ello. Y tras aquél estúpido intercambio de palabras con ese par de lunáticos y ese siniestro familiar, van y llegan a la ridícula conclusión de que YO debía ir a avisar en la estación más cercana que es imposible acceder a la ciudad.
¿Suficiente?:
La habitación, completamente blanca, tan solo contenía diez sillas. En cuatro de ellas, se encontraban sentadas cuatro personas. Todas observaban espectantes una escena que parecía suceder en algún punto más allá de donde un ojo normal podría observar. Sin desviar la mirada, comenzaron a hablar.
-¿No crees que te estás pasando? A este ritmo, morirá.
-¿Acaso no era esa la idea? Nadie no ofrece sus servicios de forma gratuita.
-Sí, pero creí que tendría alguna oportunidad. ¡Si hasta se dio cuenta de que era una trampa! Pero no le hemos dado ninguna posibilidad.
-Claro que tiene una posibilidad. Pero la determinarán los dados.
-¿Cuántas explosiones más habrán antes de que consiga huir?
-Si no muere, esta será la última.
...
De pronto, los cuatro abrieron muchísimo los ojos, sin dar crédito a lo que fuera que vieran. Una leve silueta se fromó ante ellos... pero por algún motivo, no terminó de formarse.
-Menos 9... No me lo puedo creer.
-Dijiste que era la última explosión. Le toca a él.
La silueta se difuminó, y desapareció sin que ninguno de ellos llegase a reparar realmente en ella. De pronto, dos de las personas levantaron la mirada, y sonieron.
-Es hora de que comience la batalla.
-¿No crees que te estás pasando? A este ritmo, morirá.
-¿Acaso no era esa la idea? Nadie no ofrece sus servicios de forma gratuita.
-Sí, pero creí que tendría alguna oportunidad. ¡Si hasta se dio cuenta de que era una trampa! Pero no le hemos dado ninguna posibilidad.
-Claro que tiene una posibilidad. Pero la determinarán los dados.
-¿Cuántas explosiones más habrán antes de que consiga huir?
-Si no muere, esta será la última.
...
De pronto, los cuatro abrieron muchísimo los ojos, sin dar crédito a lo que fuera que vieran. Una leve silueta se fromó ante ellos... pero por algún motivo, no terminó de formarse.
-Menos 9... No me lo puedo creer.
-Dijiste que era la última explosión. Le toca a él.
La silueta se difuminó, y desapareció sin que ninguno de ellos llegase a reparar realmente en ella. De pronto, dos de las personas levantaron la mirada, y sonieron.
-Es hora de que comience la batalla.
Aquello que no es propiamente de uno, sino lo que uno y la demás gente creen que es:
En aquel abismo plomizo e insonoro, atravesando la llameante espesura devorada por fulgorosas llamas negras cual mas profunda obsidiana, una blanca figura antagonizaba cromaticamente con el mundo que la circundaba.
Se trataba de una mujer de puros ropajes de tela blanca y argenteos bordes, elegantes como la más preciosa perla natural formada de brillante nácar, reflejando la luz en su cristalina superficie y creando un efecto iridiscencte proviene de la refracción y difracción luminosa de sus numerosas capas translucidas. Pese a esto, su bella vestimenta pecaba de humilde ante su plateado y radiante largo cabello.
Su aspecto era fragil y delicado, efimera belleza de una joya que podria romperse en cualquier momento.
Pero esa piedra preciosa se encontraba en un lugar oscuro y ardiante, un lugar contradictorio a su imagen que amenazaba con devorar a la joven consumiendo su fugaz y deslumbrante brillo en las llamas mas profundas del averno.
Como si no le importase, la mujer continuaba su lenta y costosa marcha por el mundo de los pecadores, usando las pocas fuerzas de las que hacia acopio para proseguir con su doloroso camino.
Era la voluntad lo que la movia.
La voluntad de conocer.
-Señor Kepler...- Pensó la joven blanca como el invierno.
Kepler von Einzbern.
El Master enviado por la familia Einzbern para acabar con todos esos advenedizos que pretendian aprovecharse del milagro que ellos habían concebido. El hombre que le habia dado cobijo y proteccion durante estos meses. Aun pese a su evidente falta de empatia y su excentricidad, Kepler era la primera persona que habia intentando entablar cierta relación con ella ademas de otorgarle un "hogar", por lo que ella le estaria eternamente agradecida.
-Lo siento, le agradezco todo lo que hizo por mi... Pero...
Pero algo mas importante se habia mostrado en la miserable existencia de esta chica.
-Se que es su enemigo... Pero... Ese hombre... Ese hombre me conocía...
Pudo verlo en su mirada, pudo verlo en sus palabras, pudo verlo en sus gestos.
Aquel anciano de mirada gris y cansada sabia quien era ella.
Sabia la razón de la ansiedad que cubria su corazón artificial.
Sabia la razón de que esos recuerdos tan extraños pero a su vez nitidos la asaltasen desde que tiene uso de consciencia.
Sabia la razón de que su imagen fuese glorificada en la vidrieras del castillo del invierno.
La melancólica mirada de Matou Zouken portaba en su interior la verdad que ella estaba buscando. El significado de la fragil existencia de Ilseviel von Einzbern.
La encontraría, atravesando este doloroso abismo, escapando de los señores Kepler, Alfred y Assassin... Por fin comprendería la razón de porque estaba aquí, de los dolorosos entrenamientos del Amo Juvstacheit y de su fria vida en el gélido bosque de los Einzbern.
Aun a riesgo de desaparecer en el proceso, la portadora de Grial avanzó firmemente con la poca voluntad que consiguió agarrar y continuó su paso imparable hasta Fuyuki. Tuviese que recibir heridas, tuviese que desgarrar su ropaje, tuviese que arrastrarse por la tierra, nada detendria su paso hasta la ciudad que se encontraba al final del bosque.
...Hasta que se desplomó en el suelo tras recibir un leve y gentil impacto en la nuca.
No fue capaz de reaccionar a tiempo y su cuerpo perdió la poca fuerza que poseia. Su vestido dificultaba que se levantase y la ya de por si delicada complexión de la blanca muchacha no ayudaba en absoluto.
Pero antes incluso de que pudiese intentarlo, su consciencia desertó y su cuerpo perdió toda su energia como si de una marioneta a la que cortaron los hilos se tratase.
Una silueta sin nada en especial se encontraba frente a esa muñeca abandonada.
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Aproximadamente a unos 800 metros al sur de lo que antaño era el castillo del orgulloso Kepler von Einzbern, se encontraba una especie de crater de unos 7 metros de diámetro y 1 metro de profundidad obviamente provocado por un impacto de gran magnitud. La susodicha zona de la colisión era el final del recorrido provocado por un proyectil que habia derribado una buena sección de arboles en trayectoria hacia el epicentro del choque final.
La causa de esta destrucción no habia sido cañon o hechizo alguno.
En esta ocasión, el óbus habia sido el Servant Assassin.
Aun rodeado por la inmensa nube de polvo, el viejo asesino acumuló toda la fuerza restante en su cuerpo logrando arrastrarse fuera del cráter causado por su cuerpo y apoyandose en un arbol cercano que sorprendentemente habia resistido vigorosamente la onda expansiva.
Si Assassin no hubiese sido un Servant, el impacto habría acabado con él en el acto.
Corrección, como Servant, si su núcleo espiritual no resulta dañado ningun golpe es automaticamente mortal.
Pero eso no importaba, tanto el ataque final como el recibido en el interior del castillo de Kepler habian significado su derrota. Aun con ninguno fatal, habian sido lo suficientemente certeros y poderosos para dejar su reserva vital bajo mínimos...
Y sin la conexión mágica con su Master...
Sí, Kepler von Einzbern habia muerto, eso era una certeza.
Consumido por la luz creadora de Brahma, el alquimista loco habia alcanzado su fin.
En definitiva, sin su Master, daba igual que Assassin sobreviviese a duras penas a la pugna, en su estado actual el mundo le haría desaparecer sin dejar rastro en cuestión de meros minutos.
-La--ncer... mald-ito...
Ese Servant de pelo albo lo habia estropeado todo.
No solo demostró tener habilidades que perfectamente contrarrestaban las suyas, si no que le habia tomado por idiota y las habia usado para anular su Maalik y su Paso Sombrío en el instante oportuno para acabar la partida en un movimiento.
Pensandolo bien, todo acabó asi por un simple fallo en la selección de objetivos. Si Assassin hubiese decidido acabar con el Master de Lancer raudamente en lugar de permitir al Señor Kepler probar su nueva creación...
Pero eso solo era una excusa a su propio descuido.
Aceptando el resultado, aunque fuese solo por su inminente final, Assassin murmuró contemplativamente...
-Es una pena... no pude enseñarte personalmente el autentico significado de la "verdad"... ¿Por fin ves aquello que los de tu clase buscais con tanto ahinco, señor alquimista?
En aquel momento, Assassin pensó en reir ironicamente.
Pero Maalik nunca sonrie.
Con una mirada perdida y una expresión de indiferencia bajo su mascara, Assassin se sentó a aguardar como su pieza era eliminada del tablero de esta Segunda Guerra del Santo Grial...
-Vaya vaya, que tenemos aqui. Si es el primero en ser derrotado... Uno no debe sentirse muy bien por ello... No es así, ¿Servant Assassin?
Pero su pieza parece que tenía algun movimiento mas que desarrollar.
-¿Quien... eres? ¿Como... has sido capaz de...?
La figura habia aparecido de la nada en un abrir y cerrar de ojos, sentada en un arbol derribado por el choque, aproximadamente a unos 15 metros de donde se encontraba. Ni siquiera Assassin sintió su presencia hasta que inició su jovial coloquio.
Pudo reconocer la figura que ya habia visto en varias ocasiones. Se trataba de un hombre con sombrero y ropa de caballero, un bastón muy adornado y barba de varios dias. El excentrico pero eficiente magus enviado por la Torre del Reloj llamado Malakai Vibbard.
-¿Que quien soy? ...Puedes llamarme Nadie.
-Muy bien... Señor "Nadie", si viene aqui a burlarse de mi le recomiendo que...
En ese momento Assassin recayó en la figura que el hombre que se habia presentado como "nadie" llevaba gracilmente colgada de un brazo...
-Señorita Einzbern... ¿Que le has hecho?
-No te preocupes por ella... No podría hacerle ni un rasguño, tengo una especie de trauma con las mujeres jovenes, ¿sabias? Aunque no creo que te interese...
-...No realmente.
-Quiza esto le interese más... Por desgracia, la señorita no llevaba el receptaculo con ella.
¿Seria tan amable de facilitarme la busqueda y decirme donde se encuentra?
En ese momento Assassin lo percibió.
Desde el preciso instante en el que "nadie" se presentó como tal, todos los movimientos exagerados y vivaz charla de "Malakai Vibbard" parecian fruto de una actuación carente de vida, una pantomima gris que causaba una fria ansiedad a quien la contemplase...
-¿Que le pasa Mr.Assassin? ¿Acaso ha visto un fantasma? Teniendo en cuenta su propio aspecto seria un poco irónico... ¿No le parece? Jajaja...
Preguntas y retorica sin vida, una risa sin emoción...
-¿Por que...? ¿Por que no muestra su verdadero rostro?
-Usted tambien oculta el suyo bajo una mascara. ¿No?
Haciendo caso a la petición, el nizarí retiró la mascara mortuoria de su faz, dejando al descubierto un semblante duro y ejercitado, color moscado, ojos penetrantes, todo rematado por pelo y barba grises como humaredas.
-¿Que es lo que quieres?
-Si le soy sincero solo me tiene aquí de pasada, pero ya que se presenta esta oportunidad voy hacerle una proposición...
-Pues apurate en formularla, no es que el tiempo sea algo que me sobre...
Una ominosa frase cortó la queja del asesino en seco.
-¿Ansías un nuevo contrato? ¿Una última oportunidad?
-¿Qu--e?
-Lo cierto es que debido a ciertos problemas con un "socio" necesitaré algo de apoyo extra a partir de esta noche... y usted parece el candidato idoneo para esta labor si me permite puntualizar. No asemeja que el Grial le importe demasiado y sinceramente, este enbuste de los Einzbern tampoco me sugestiona a nivel personal... Aunque el sistema detrás del mismo es francamente interesante... A la par que útil.
-Je... ¿Y que gano yo con esto? Tu mismo acabas de decir que el Grial no suscita mi...
-¿Ojo por ojo? Ya sabe, la ley del talión... Ley 195, 196, 197, 229 y 230 del Código de Hammurabi... Ahh, en su cultura se le denominaba Qisas. ¿No es así?
-¿Estás... estas insinuando que clame venganza contra ese Servant...?
-Ha sido su propia boca la que ha pronunciado tales intenciones, Servant Assassin.
Assassin se mantuvo callado durante un instante evaluando la oferta que se le habia ofrecido, mientras aquel ser continuaba observando aparentemente carente de empatía. La oportunidad ofrecida era dificil de superar mientras que el objetivo y la recompensa tentadores. Aun al borde de su segunda muerte, un nuevo trabajo acababa de ser propuesto ante el rey de los asesinos.
Pero...
-Aun así, carece de los derechos apropiados como Master y de los Sellos de Mando que los encarnan. El contrato podria funcionar, pero nadie garantiza que el Grial acepte este nuevo acuerdo...
-No se preocupe. Si de verdad entiendo como funciona este Grial, creo que poseo cierta... afinidad con él.
Y de todos modos...
No creo que tenga ningun problema en aceptar a un participante retornado... ¿No crees?
Cuando el nizarí quiso darse cuenta, se encontraba platicando con un muerto.
-Señor... Kepler...
-Como he dicho, amigo mio, en este caso dudo que el Gran Grial ponga objección alguna a este nuestro nuevo pacto de caballeros.
Pese a su aparente indiferencia, en la cara del asesino silente podia percibirse una sensación de sorpresa. La sorpresa pasó a incredulidad y la misma acabó convirtiendose en desasosiego.
-¿Eres tu... mi Master?
Una sonrisa innatural se manfiestó en el semblante de "Kepler".
-Para cerrar las formalidades ya que usted se ha quitado su mascara, yo me quitaré la mia.
"Kepler von Einzbern" se llevó la mano al rostro haciendo amago para retirar su "cara" como si de una "mascara" se tratase.
El hombre teme instintivamente a lo ignoto.
La humanidad siempre ha reaccionado con temor a dichos fenómenos. Una vez clasificado, una vez racionalizado ya se convierte en "asumible". "¡Puede ser explicado!", piensa el temoroso individuo para expeler su profunda desazón. Pero mientras no pueda coordinarse, mientras no exista respuesta, el pánico ante lo irreconocible permanece perfidamente en lo mas profundo de su corazon.
Un abismo insondable que no puede ser observado. Una oscuridad que lleva al hombre a sumirse en el terror mas profundo.
Nada es verdad.
En ese momento, esa expresión ganó un nuevo significado para el Servant Assassin.
Se trataba de una mujer de puros ropajes de tela blanca y argenteos bordes, elegantes como la más preciosa perla natural formada de brillante nácar, reflejando la luz en su cristalina superficie y creando un efecto iridiscencte proviene de la refracción y difracción luminosa de sus numerosas capas translucidas. Pese a esto, su bella vestimenta pecaba de humilde ante su plateado y radiante largo cabello.
Su aspecto era fragil y delicado, efimera belleza de una joya que podria romperse en cualquier momento.
Pero esa piedra preciosa se encontraba en un lugar oscuro y ardiante, un lugar contradictorio a su imagen que amenazaba con devorar a la joven consumiendo su fugaz y deslumbrante brillo en las llamas mas profundas del averno.
Como si no le importase, la mujer continuaba su lenta y costosa marcha por el mundo de los pecadores, usando las pocas fuerzas de las que hacia acopio para proseguir con su doloroso camino.
Era la voluntad lo que la movia.
La voluntad de conocer.
-Señor Kepler...- Pensó la joven blanca como el invierno.
Kepler von Einzbern.
El Master enviado por la familia Einzbern para acabar con todos esos advenedizos que pretendian aprovecharse del milagro que ellos habían concebido. El hombre que le habia dado cobijo y proteccion durante estos meses. Aun pese a su evidente falta de empatia y su excentricidad, Kepler era la primera persona que habia intentando entablar cierta relación con ella ademas de otorgarle un "hogar", por lo que ella le estaria eternamente agradecida.
-Lo siento, le agradezco todo lo que hizo por mi... Pero...
Pero algo mas importante se habia mostrado en la miserable existencia de esta chica.
-Se que es su enemigo... Pero... Ese hombre... Ese hombre me conocía...
Pudo verlo en su mirada, pudo verlo en sus palabras, pudo verlo en sus gestos.
Aquel anciano de mirada gris y cansada sabia quien era ella.
Sabia la razón de la ansiedad que cubria su corazón artificial.
Sabia la razón de que esos recuerdos tan extraños pero a su vez nitidos la asaltasen desde que tiene uso de consciencia.
Sabia la razón de que su imagen fuese glorificada en la vidrieras del castillo del invierno.
La melancólica mirada de Matou Zouken portaba en su interior la verdad que ella estaba buscando. El significado de la fragil existencia de Ilseviel von Einzbern.
La encontraría, atravesando este doloroso abismo, escapando de los señores Kepler, Alfred y Assassin... Por fin comprendería la razón de porque estaba aquí, de los dolorosos entrenamientos del Amo Juvstacheit y de su fria vida en el gélido bosque de los Einzbern.
Aun a riesgo de desaparecer en el proceso, la portadora de Grial avanzó firmemente con la poca voluntad que consiguió agarrar y continuó su paso imparable hasta Fuyuki. Tuviese que recibir heridas, tuviese que desgarrar su ropaje, tuviese que arrastrarse por la tierra, nada detendria su paso hasta la ciudad que se encontraba al final del bosque.
...Hasta que se desplomó en el suelo tras recibir un leve y gentil impacto en la nuca.
No fue capaz de reaccionar a tiempo y su cuerpo perdió la poca fuerza que poseia. Su vestido dificultaba que se levantase y la ya de por si delicada complexión de la blanca muchacha no ayudaba en absoluto.
Pero antes incluso de que pudiese intentarlo, su consciencia desertó y su cuerpo perdió toda su energia como si de una marioneta a la que cortaron los hilos se tratase.
Una silueta sin nada en especial se encontraba frente a esa muñeca abandonada.
-------------------------------------------------------------------------------------------
Aproximadamente a unos 800 metros al sur de lo que antaño era el castillo del orgulloso Kepler von Einzbern, se encontraba una especie de crater de unos 7 metros de diámetro y 1 metro de profundidad obviamente provocado por un impacto de gran magnitud. La susodicha zona de la colisión era el final del recorrido provocado por un proyectil que habia derribado una buena sección de arboles en trayectoria hacia el epicentro del choque final.
La causa de esta destrucción no habia sido cañon o hechizo alguno.
En esta ocasión, el óbus habia sido el Servant Assassin.
Aun rodeado por la inmensa nube de polvo, el viejo asesino acumuló toda la fuerza restante en su cuerpo logrando arrastrarse fuera del cráter causado por su cuerpo y apoyandose en un arbol cercano que sorprendentemente habia resistido vigorosamente la onda expansiva.
Si Assassin no hubiese sido un Servant, el impacto habría acabado con él en el acto.
Corrección, como Servant, si su núcleo espiritual no resulta dañado ningun golpe es automaticamente mortal.
Pero eso no importaba, tanto el ataque final como el recibido en el interior del castillo de Kepler habian significado su derrota. Aun con ninguno fatal, habian sido lo suficientemente certeros y poderosos para dejar su reserva vital bajo mínimos...
Y sin la conexión mágica con su Master...
Sí, Kepler von Einzbern habia muerto, eso era una certeza.
Consumido por la luz creadora de Brahma, el alquimista loco habia alcanzado su fin.
En definitiva, sin su Master, daba igual que Assassin sobreviviese a duras penas a la pugna, en su estado actual el mundo le haría desaparecer sin dejar rastro en cuestión de meros minutos.
-La--ncer... mald-ito...
Ese Servant de pelo albo lo habia estropeado todo.
No solo demostró tener habilidades que perfectamente contrarrestaban las suyas, si no que le habia tomado por idiota y las habia usado para anular su Maalik y su Paso Sombrío en el instante oportuno para acabar la partida en un movimiento.
Pensandolo bien, todo acabó asi por un simple fallo en la selección de objetivos. Si Assassin hubiese decidido acabar con el Master de Lancer raudamente en lugar de permitir al Señor Kepler probar su nueva creación...
Pero eso solo era una excusa a su propio descuido.
Aceptando el resultado, aunque fuese solo por su inminente final, Assassin murmuró contemplativamente...
-Es una pena... no pude enseñarte personalmente el autentico significado de la "verdad"... ¿Por fin ves aquello que los de tu clase buscais con tanto ahinco, señor alquimista?
En aquel momento, Assassin pensó en reir ironicamente.
Pero Maalik nunca sonrie.
Con una mirada perdida y una expresión de indiferencia bajo su mascara, Assassin se sentó a aguardar como su pieza era eliminada del tablero de esta Segunda Guerra del Santo Grial...
-Vaya vaya, que tenemos aqui. Si es el primero en ser derrotado... Uno no debe sentirse muy bien por ello... No es así, ¿Servant Assassin?
Pero su pieza parece que tenía algun movimiento mas que desarrollar.
-¿Quien... eres? ¿Como... has sido capaz de...?
La figura habia aparecido de la nada en un abrir y cerrar de ojos, sentada en un arbol derribado por el choque, aproximadamente a unos 15 metros de donde se encontraba. Ni siquiera Assassin sintió su presencia hasta que inició su jovial coloquio.
Pudo reconocer la figura que ya habia visto en varias ocasiones. Se trataba de un hombre con sombrero y ropa de caballero, un bastón muy adornado y barba de varios dias. El excentrico pero eficiente magus enviado por la Torre del Reloj llamado Malakai Vibbard.
-¿Que quien soy? ...Puedes llamarme Nadie.
-Muy bien... Señor "Nadie", si viene aqui a burlarse de mi le recomiendo que...
En ese momento Assassin recayó en la figura que el hombre que se habia presentado como "nadie" llevaba gracilmente colgada de un brazo...
-Señorita Einzbern... ¿Que le has hecho?
-No te preocupes por ella... No podría hacerle ni un rasguño, tengo una especie de trauma con las mujeres jovenes, ¿sabias? Aunque no creo que te interese...
-...No realmente.
-Quiza esto le interese más... Por desgracia, la señorita no llevaba el receptaculo con ella.
¿Seria tan amable de facilitarme la busqueda y decirme donde se encuentra?
En ese momento Assassin lo percibió.
Desde el preciso instante en el que "nadie" se presentó como tal, todos los movimientos exagerados y vivaz charla de "Malakai Vibbard" parecian fruto de una actuación carente de vida, una pantomima gris que causaba una fria ansiedad a quien la contemplase...
-¿Que le pasa Mr.Assassin? ¿Acaso ha visto un fantasma? Teniendo en cuenta su propio aspecto seria un poco irónico... ¿No le parece? Jajaja...
Preguntas y retorica sin vida, una risa sin emoción...
-¿Por que...? ¿Por que no muestra su verdadero rostro?
-Usted tambien oculta el suyo bajo una mascara. ¿No?
Haciendo caso a la petición, el nizarí retiró la mascara mortuoria de su faz, dejando al descubierto un semblante duro y ejercitado, color moscado, ojos penetrantes, todo rematado por pelo y barba grises como humaredas.
-¿Que es lo que quieres?
-Si le soy sincero solo me tiene aquí de pasada, pero ya que se presenta esta oportunidad voy hacerle una proposición...
-Pues apurate en formularla, no es que el tiempo sea algo que me sobre...
Una ominosa frase cortó la queja del asesino en seco.
-¿Ansías un nuevo contrato? ¿Una última oportunidad?
-¿Qu--e?
-Lo cierto es que debido a ciertos problemas con un "socio" necesitaré algo de apoyo extra a partir de esta noche... y usted parece el candidato idoneo para esta labor si me permite puntualizar. No asemeja que el Grial le importe demasiado y sinceramente, este enbuste de los Einzbern tampoco me sugestiona a nivel personal... Aunque el sistema detrás del mismo es francamente interesante... A la par que útil.
-Je... ¿Y que gano yo con esto? Tu mismo acabas de decir que el Grial no suscita mi...
-¿Ojo por ojo? Ya sabe, la ley del talión... Ley 195, 196, 197, 229 y 230 del Código de Hammurabi... Ahh, en su cultura se le denominaba Qisas. ¿No es así?
-¿Estás... estas insinuando que clame venganza contra ese Servant...?
-Ha sido su propia boca la que ha pronunciado tales intenciones, Servant Assassin.
Assassin se mantuvo callado durante un instante evaluando la oferta que se le habia ofrecido, mientras aquel ser continuaba observando aparentemente carente de empatía. La oportunidad ofrecida era dificil de superar mientras que el objetivo y la recompensa tentadores. Aun al borde de su segunda muerte, un nuevo trabajo acababa de ser propuesto ante el rey de los asesinos.
Pero...
-Aun así, carece de los derechos apropiados como Master y de los Sellos de Mando que los encarnan. El contrato podria funcionar, pero nadie garantiza que el Grial acepte este nuevo acuerdo...
-No se preocupe. Si de verdad entiendo como funciona este Grial, creo que poseo cierta... afinidad con él.
Y de todos modos...
No creo que tenga ningun problema en aceptar a un participante retornado... ¿No crees?
Cuando el nizarí quiso darse cuenta, se encontraba platicando con un muerto.
-Señor... Kepler...
-Como he dicho, amigo mio, en este caso dudo que el Gran Grial ponga objección alguna a este nuestro nuevo pacto de caballeros.
Pese a su aparente indiferencia, en la cara del asesino silente podia percibirse una sensación de sorpresa. La sorpresa pasó a incredulidad y la misma acabó convirtiendose en desasosiego.
-¿Eres tu... mi Master?
Una sonrisa innatural se manfiestó en el semblante de "Kepler".
-Para cerrar las formalidades ya que usted se ha quitado su mascara, yo me quitaré la mia.
"Kepler von Einzbern" se llevó la mano al rostro haciendo amago para retirar su "cara" como si de una "mascara" se tratase.
El hombre teme instintivamente a lo ignoto.
La humanidad siempre ha reaccionado con temor a dichos fenómenos. Una vez clasificado, una vez racionalizado ya se convierte en "asumible". "¡Puede ser explicado!", piensa el temoroso individuo para expeler su profunda desazón. Pero mientras no pueda coordinarse, mientras no exista respuesta, el pánico ante lo irreconocible permanece perfidamente en lo mas profundo de su corazon.
Un abismo insondable que no puede ser observado. Una oscuridad que lleva al hombre a sumirse en el terror mas profundo.
Nada es verdad.
En ese momento, esa expresión ganó un nuevo significado para el Servant Assassin.
Las disposiciones personales y colectivas que no son asumidas por la consciencia por su incompatibilidad:
La zona que cubría todo hasta el horizonte era totalmente blanca, nívea e idéntica.
Un mundo incoloro que se extendía hasta donde nadie podía imaginar.
Dicho territorio se encontraba habitado por unos residentes muy peculiares. Se trataba de unas esferas de superficie pálida con líquido en su interior. Había esferas de multitud de clases, numerosos tamaños, abundantes comportamientos y con líquidos diferentes, pero todas creaban la misma sensación de familiaridad una vez eran observadas.
Todas menos una.
Una pequeña esfera grisácea y oscura que se encontraba entre el resto como una más.
Pero no era una más.
Aquella no mostraba signo alguno que la definiese como tal. Si se acercaba al resto, no parecían darse cuenta de su presencia, si alguien la observaba, parecía olvidarse de ella rápidamente y la perdía de vista.
Esa esfera es como si no se encontrase allí.
Su única forma de relacionarse se había convertido en absorber y comprender a sus compañeras para poder hacerse pasar por una de ellas...
Si uno veía todo desde un punto de vista externo, aquello resultaba verdaderamente triste.
Esta esfera tan especial se encontraba algo alterada, como si alguien acabase de hacerle una visita, se encontraba agitando el líquido de su alrededor y rodando en una dirección casual separándose rápidamente del resto...
Hasta que chocó de bruces con un nuevo invitado...
O mejor dicho, anfitrión.
-¿Que ha ocurrido aquí? Esta alteración... Ha pasado por esta zona, ¿verdad? -Proclamó fríamente formulando una pregunta verdaderamente innecesaria.
Sabía que había cruzado esta estancia.
La esfera retrocedió un poco de forma asustadiza y movió el fluido de su interior de forma agresiva, pero el amo del subconsciente la miró fijamente y le hizo una seña, un gesto de orden para que volviese a su existencia habitual.
La esfera volvió a reaccionar de forma hostil y esta vez intento rodar violentamente hacia el nuevo visitante, pero la detuvo en seco con una sola mano y dijo.
-Ya es tarde para dar vuelta atrás en todo esto, ¿no crees? Además, el tiempo no juega a favor de nadie.
La esfera oscura empezó a desaparecer en manos del propietario de este espacio, su cubierta derrumbándose como si de arena al viento se tratase y su fluido interno evaporándose como agua al sol. Pese a la impotencia que transmitía la escena, la hostilidad de esfera infortunada no desapareció hasta que no quedó ni una mísera micra de su imagen...
Como si nunca hubiese existido.
En ese momento, en el aciago y preciso instante en el que cesó su funcionamiento, el resto de bolas, tras una violenta reacción en cadena que hizo temblar toda el área, adquirieron una nueva a la par que ominosa forma...
De golpe, todas tenían la misma estructura gris y sombría originalmente poseída por aquella pequeña y desdichada esfera...
Un mundo gris y apagado.
Ninguna de las esferas se movió más.
El "anfitrión" abandonó la estancia siguiendo los pasos que había seguido su "invitada".
※※※※※
El telón se abrió y un nuevo escenario fue mostrado.
Un paisaje complejo se alzaba a lo largo del panorama alcanzado por la visión. Pequeñas colinas, un riachuelo bastante corriente, un monte mayor al resto, caminos serpenteantes y el olor a pólvora quemada daban vida al mismo... Un cosmos ennegrecido por la mismísima violencia del hombre.
Este había sido el escenario de una batalla. Lo único que habitaba este lugar eran los putrefactos cadáveres que el dios guerra había dejado tras su vehemente carga. Los uniformes de los mismos eran variados al igual que los signos y consignas que portaban en vida... La cruz de Borgoña, la Union Jack...
Simbología que realmente, ni siquiera hacia pararse un instante a un hombre que avanzaba lento pero seguro por este paraje de muerte.
No le importaban. Ya no le decían nada.
Esquivando cuidadosamente los despojos de aquellos adalides de la sangre, podía verse como en el irregular terreno, cerca de los rostros de los soldados a los que se acercaba, aparecían mascaras de porcelana con diferentes expresiones...
Idénticas a la que el diligente peregrino llevaba en su rostro.
Pareja a su vez a la que un nuevo y joven caminante que surgió de la nada frente al viajero llevaba en su faz.
Cara a cara, ambos enmascarados se quedaron observando fijamente al otro.
-Oh, qué recuerdos... Y pensar que aun guardo esto dentro... La Batalla de Oriamendi, ¿verdad? Tropas carlistas contra isabelinas, formando parte fundamental de las segundas la Legión Auxiliar Británica o "Legión Evans"... Diez mil hombres al mando de George Lacy Evans que a su vez a las órdenes del general Fernández de Córdoba. Aquí mismo ocurrió su deshonra, tras dura marcha, las tropas carlistas que habían rechazado a Sarsfield en Navarra llegaron a Hernani, iniciando inmediatamente el asalto a Oriamendi con gran entusiasmo, desbaratando la defensa británica que se retiró descalabrada, sin orden y con grandes pérdidas a San Sebastián... Je, solo el fuego de apoyo de la Armada hizo que esto no acabase en desastre... Causó un verdadero alboroto en el Parlamento Brita...
-La guerra es horrible...- Dijo el vagabundo original con voz portadora de desprecio.
-Pero ahora mismo nos es necesaria, ¿entiendes?- Respondió inexpresivamente el segundo.
Tras esta declaración solemne, el suelo comenzó a agrietarse alrededor del "anfitrión" y un poderoso estruendo cubrió el campo de batalla. Las máscaras tendidas por la superficie empezaron a romperse al unísono como el delicado vidrio de una copa y para como si no quisiese ser menos, ser acompañadas vertiginosamente por todo el paisaje.
Una visión apocalíptica cubría el monte y sus alrededores.
Enormes rocas enarbolaban por los cielos, llamas surgían de las fisuras y los cuerpos sin vida eran devorados por las ígneas lenguas de fuego o empezaban a flotar inertes por el vehemente cosmos que les rodeaba como muñecos de trapo sin vida.
El primer vagabundo no pudo mantener los pies en el suelo tras el virulento evento y su cuerpo empezó a levitar rápidamente atravesando rocas fundidas y poderosas corriente de aire... Todo mientras continuaba observando con la misma expresión de desaprobación al segundo errante.
-Este sitio ya no me es necesario para nada. Creo que hago lo mejor olvidándolo y cerrándolo para siempre en las profundidades... Hasta nunca viajero de antaño, si me disculpas, me están esperando- Dijo el dueño de esta estancia, sin perder su posición ni un centímetro pese al caótico estado del mundo a su alrededor.
Y así, tanto el Oriamendi de sus recuerdos como el eterno camino que el mismo anduvo desaparecieron en medio de las "llamas de lo ya pasado".
※※※※※
El final del camino se trataba de un comedor muy adornado y vivo... o más bien, aparentaba serlo, pues la impresión actual era la melancolía que provoca ver una fiesta ya terminada.
Allí, se encontraba la figura de un niño, oculto en las sombras, sin que se le pudiese ver el rostro, observando, expectante y tranquilo...
Esperando justamente a quien entraba en la estancia.
Por tercera vez, el dueño de este reino llegó a un lugar en el que era aguardado.
-La dejaste marchar.- Dijo nada más ver a la figura infantil al fondo de la habitación, a medida él mismo se acercaba y las sombras igualmente le tapaban sin hacer excepciones.
-No, la dejamos marchar. Se ha ido porque lo has querido así, no intentes cargarme con toda la culpa, monstruo.
-Así que soy incapaz de controlar las acciones de mi propio subconsciente... Interesante cuanto menos, ¿no crees? Veo que está arraigado de forma mucho más profunda de lo que me imaginaba... si si, apasionante sin duda, uhm...- dijo el hombre mientras avanzaba por la estancia de espaldas al niño al que dirigía su coloquio, absorto en una especie de cavilación que vista desde fuera podría parecer hasta entrañable.
-No creas, es un problema muy humano.
-Oh, ¿pero acaso tú mismo no me has llamado "monstruo"? O simplemente has dicho lo que deseaba oír, umbra de mi mente.
-Yo dije lo que quise decir. Y veo que sabes perfectamente lo que represento, así que no hay más que hablar. Sinceramente, mi mera existencia revela la cruda realidad a tus ojos sin necesidad de palabra alguna, la única diferencia con la otra gente es que yo soy incapaz de relacionarme con mi cuerpo principal.
-No, tu existencia simplemente demuestra dos cosas. Primero, mi primera forma y origen. Segundo, mi más profunda admiración. Hasta ahí soy capaz de aceptar, ya que como bien sabes, soy un tremendo cabezota... - Dijo el hombre, dándose súbitamente la vuelta y avanzando con tesón, enumerado con los dedos de su mano izquierda y quedándose con el rostro plantado frente a su pequeño compañero de charlas.
Las sombras de la habitación empezaron a moverse al son del maestro de la mente, esperando la más mínima señal de hostilidad por parte del niño para atacar al adversario de su amo...
Tras un largo y frio silencio, el anfitrión, victorioso, cesó el cruce de miradas y abandonó las sombras del final de la estancia, haciendo ademán de irse, pasando la mano por la larga mesa de convite que cruzaba la estancia.
-Ahora si me disculpas, ya que la invitada ha decidido abandonar el banquete, me retiro a asuntos que requieren mi mayor esmero... Hasta la vista, umbra de mi mente, duerme bien en esta sala de invitados... me parece perfectamente adecuado para ti, residir en la inquebrantable frontera entre mi subconsciente y el del resto.
El usuario mágico abandonó la estancia, sellando la puerta tras de sí con un ensordecedor estruendo, como si pretendiese atrapar lo que acababa de ver en lo más profundo de la oscuridad de su anima...
Una puerta sin cerradura ni pomo.
Una estancia sin salida ni entrada.
Sombra sin poder de aciaga existencia.
La figura infantil todavía se encontraba en el interior del aposento, ahora en su totalidad cubierto por el negro manto de la nada.
No importa lo que hagas o lo que pienses, no importa que intentes escapar de ello, desterrarlo o quitarlo de tu vista...
La simple y cruda verdad continuará aquí, solo necesitas abrir los ojos, sin necesidad de rituales, barreras, santos griales ni espirales del origen de ningún tipo.
Qué triste... verdaderamente triste.
"Somos" trágicamente deplorables, ¿no crees, *****?
Tanto la afligida declaración como el nombre pronunciado se perdieron para siempre en la más profunda oscuridad del espíritu...
Como si de un desesperado grito de auxilio se tratase.
Un mundo incoloro que se extendía hasta donde nadie podía imaginar.
Dicho territorio se encontraba habitado por unos residentes muy peculiares. Se trataba de unas esferas de superficie pálida con líquido en su interior. Había esferas de multitud de clases, numerosos tamaños, abundantes comportamientos y con líquidos diferentes, pero todas creaban la misma sensación de familiaridad una vez eran observadas.
Todas menos una.
Una pequeña esfera grisácea y oscura que se encontraba entre el resto como una más.
Pero no era una más.
Aquella no mostraba signo alguno que la definiese como tal. Si se acercaba al resto, no parecían darse cuenta de su presencia, si alguien la observaba, parecía olvidarse de ella rápidamente y la perdía de vista.
Esa esfera es como si no se encontrase allí.
Su única forma de relacionarse se había convertido en absorber y comprender a sus compañeras para poder hacerse pasar por una de ellas...
Si uno veía todo desde un punto de vista externo, aquello resultaba verdaderamente triste.
Esta esfera tan especial se encontraba algo alterada, como si alguien acabase de hacerle una visita, se encontraba agitando el líquido de su alrededor y rodando en una dirección casual separándose rápidamente del resto...
Hasta que chocó de bruces con un nuevo invitado...
O mejor dicho, anfitrión.
-¿Que ha ocurrido aquí? Esta alteración... Ha pasado por esta zona, ¿verdad? -Proclamó fríamente formulando una pregunta verdaderamente innecesaria.
Sabía que había cruzado esta estancia.
La esfera retrocedió un poco de forma asustadiza y movió el fluido de su interior de forma agresiva, pero el amo del subconsciente la miró fijamente y le hizo una seña, un gesto de orden para que volviese a su existencia habitual.
La esfera volvió a reaccionar de forma hostil y esta vez intento rodar violentamente hacia el nuevo visitante, pero la detuvo en seco con una sola mano y dijo.
-Ya es tarde para dar vuelta atrás en todo esto, ¿no crees? Además, el tiempo no juega a favor de nadie.
La esfera oscura empezó a desaparecer en manos del propietario de este espacio, su cubierta derrumbándose como si de arena al viento se tratase y su fluido interno evaporándose como agua al sol. Pese a la impotencia que transmitía la escena, la hostilidad de esfera infortunada no desapareció hasta que no quedó ni una mísera micra de su imagen...
Como si nunca hubiese existido.
En ese momento, en el aciago y preciso instante en el que cesó su funcionamiento, el resto de bolas, tras una violenta reacción en cadena que hizo temblar toda el área, adquirieron una nueva a la par que ominosa forma...
De golpe, todas tenían la misma estructura gris y sombría originalmente poseída por aquella pequeña y desdichada esfera...
Un mundo gris y apagado.
Ninguna de las esferas se movió más.
El "anfitrión" abandonó la estancia siguiendo los pasos que había seguido su "invitada".
※※※※※
El telón se abrió y un nuevo escenario fue mostrado.
Un paisaje complejo se alzaba a lo largo del panorama alcanzado por la visión. Pequeñas colinas, un riachuelo bastante corriente, un monte mayor al resto, caminos serpenteantes y el olor a pólvora quemada daban vida al mismo... Un cosmos ennegrecido por la mismísima violencia del hombre.
Este había sido el escenario de una batalla. Lo único que habitaba este lugar eran los putrefactos cadáveres que el dios guerra había dejado tras su vehemente carga. Los uniformes de los mismos eran variados al igual que los signos y consignas que portaban en vida... La cruz de Borgoña, la Union Jack...
Simbología que realmente, ni siquiera hacia pararse un instante a un hombre que avanzaba lento pero seguro por este paraje de muerte.
No le importaban. Ya no le decían nada.
Esquivando cuidadosamente los despojos de aquellos adalides de la sangre, podía verse como en el irregular terreno, cerca de los rostros de los soldados a los que se acercaba, aparecían mascaras de porcelana con diferentes expresiones...
Idénticas a la que el diligente peregrino llevaba en su rostro.
Pareja a su vez a la que un nuevo y joven caminante que surgió de la nada frente al viajero llevaba en su faz.
Cara a cara, ambos enmascarados se quedaron observando fijamente al otro.
-Oh, qué recuerdos... Y pensar que aun guardo esto dentro... La Batalla de Oriamendi, ¿verdad? Tropas carlistas contra isabelinas, formando parte fundamental de las segundas la Legión Auxiliar Británica o "Legión Evans"... Diez mil hombres al mando de George Lacy Evans que a su vez a las órdenes del general Fernández de Córdoba. Aquí mismo ocurrió su deshonra, tras dura marcha, las tropas carlistas que habían rechazado a Sarsfield en Navarra llegaron a Hernani, iniciando inmediatamente el asalto a Oriamendi con gran entusiasmo, desbaratando la defensa británica que se retiró descalabrada, sin orden y con grandes pérdidas a San Sebastián... Je, solo el fuego de apoyo de la Armada hizo que esto no acabase en desastre... Causó un verdadero alboroto en el Parlamento Brita...
-La guerra es horrible...- Dijo el vagabundo original con voz portadora de desprecio.
-Pero ahora mismo nos es necesaria, ¿entiendes?- Respondió inexpresivamente el segundo.
Tras esta declaración solemne, el suelo comenzó a agrietarse alrededor del "anfitrión" y un poderoso estruendo cubrió el campo de batalla. Las máscaras tendidas por la superficie empezaron a romperse al unísono como el delicado vidrio de una copa y para como si no quisiese ser menos, ser acompañadas vertiginosamente por todo el paisaje.
Una visión apocalíptica cubría el monte y sus alrededores.
Enormes rocas enarbolaban por los cielos, llamas surgían de las fisuras y los cuerpos sin vida eran devorados por las ígneas lenguas de fuego o empezaban a flotar inertes por el vehemente cosmos que les rodeaba como muñecos de trapo sin vida.
El primer vagabundo no pudo mantener los pies en el suelo tras el virulento evento y su cuerpo empezó a levitar rápidamente atravesando rocas fundidas y poderosas corriente de aire... Todo mientras continuaba observando con la misma expresión de desaprobación al segundo errante.
-Este sitio ya no me es necesario para nada. Creo que hago lo mejor olvidándolo y cerrándolo para siempre en las profundidades... Hasta nunca viajero de antaño, si me disculpas, me están esperando- Dijo el dueño de esta estancia, sin perder su posición ni un centímetro pese al caótico estado del mundo a su alrededor.
Y así, tanto el Oriamendi de sus recuerdos como el eterno camino que el mismo anduvo desaparecieron en medio de las "llamas de lo ya pasado".
※※※※※
El final del camino se trataba de un comedor muy adornado y vivo... o más bien, aparentaba serlo, pues la impresión actual era la melancolía que provoca ver una fiesta ya terminada.
Allí, se encontraba la figura de un niño, oculto en las sombras, sin que se le pudiese ver el rostro, observando, expectante y tranquilo...
Esperando justamente a quien entraba en la estancia.
Por tercera vez, el dueño de este reino llegó a un lugar en el que era aguardado.
-La dejaste marchar.- Dijo nada más ver a la figura infantil al fondo de la habitación, a medida él mismo se acercaba y las sombras igualmente le tapaban sin hacer excepciones.
-No, la dejamos marchar. Se ha ido porque lo has querido así, no intentes cargarme con toda la culpa, monstruo.
-Así que soy incapaz de controlar las acciones de mi propio subconsciente... Interesante cuanto menos, ¿no crees? Veo que está arraigado de forma mucho más profunda de lo que me imaginaba... si si, apasionante sin duda, uhm...- dijo el hombre mientras avanzaba por la estancia de espaldas al niño al que dirigía su coloquio, absorto en una especie de cavilación que vista desde fuera podría parecer hasta entrañable.
-No creas, es un problema muy humano.
-Oh, ¿pero acaso tú mismo no me has llamado "monstruo"? O simplemente has dicho lo que deseaba oír, umbra de mi mente.
-Yo dije lo que quise decir. Y veo que sabes perfectamente lo que represento, así que no hay más que hablar. Sinceramente, mi mera existencia revela la cruda realidad a tus ojos sin necesidad de palabra alguna, la única diferencia con la otra gente es que yo soy incapaz de relacionarme con mi cuerpo principal.
-No, tu existencia simplemente demuestra dos cosas. Primero, mi primera forma y origen. Segundo, mi más profunda admiración. Hasta ahí soy capaz de aceptar, ya que como bien sabes, soy un tremendo cabezota... - Dijo el hombre, dándose súbitamente la vuelta y avanzando con tesón, enumerado con los dedos de su mano izquierda y quedándose con el rostro plantado frente a su pequeño compañero de charlas.
Las sombras de la habitación empezaron a moverse al son del maestro de la mente, esperando la más mínima señal de hostilidad por parte del niño para atacar al adversario de su amo...
Tras un largo y frio silencio, el anfitrión, victorioso, cesó el cruce de miradas y abandonó las sombras del final de la estancia, haciendo ademán de irse, pasando la mano por la larga mesa de convite que cruzaba la estancia.
-Ahora si me disculpas, ya que la invitada ha decidido abandonar el banquete, me retiro a asuntos que requieren mi mayor esmero... Hasta la vista, umbra de mi mente, duerme bien en esta sala de invitados... me parece perfectamente adecuado para ti, residir en la inquebrantable frontera entre mi subconsciente y el del resto.
El usuario mágico abandonó la estancia, sellando la puerta tras de sí con un ensordecedor estruendo, como si pretendiese atrapar lo que acababa de ver en lo más profundo de la oscuridad de su anima...
Una puerta sin cerradura ni pomo.
Una estancia sin salida ni entrada.
Sombra sin poder de aciaga existencia.
La figura infantil todavía se encontraba en el interior del aposento, ahora en su totalidad cubierto por el negro manto de la nada.
No importa lo que hagas o lo que pienses, no importa que intentes escapar de ello, desterrarlo o quitarlo de tu vista...
La simple y cruda verdad continuará aquí, solo necesitas abrir los ojos, sin necesidad de rituales, barreras, santos griales ni espirales del origen de ningún tipo.
Qué triste... verdaderamente triste.
"Somos" trágicamente deplorables, ¿no crees, *****?
Tanto la afligida declaración como el nombre pronunciado se perdieron para siempre en la más profunda oscuridad del espíritu...
Como si de un desesperado grito de auxilio se tratase.
Información del día 6 de febrero:
El Inmortal contra el Invencible - Saber VS Berserker:
Hacía mucho tiempo que no entraba en batalla. Quizás demasiado. No recordaba como se sentía uno al dirigirse hacia la lid, hacia la victoria. Su adversario de hoy era un contendiente difícil, un hueso duro de roer. ¿Qué sabía de Aquiles?
Esa era una buena pregunta. Hijo de Peleo y de la diosa Tetis,hija de Nereo y nieta de la titánide homónima Tetis. Se profetizó que el hijo de Tetis sería más grande que su padre, así que Zeus y Poseidón dejaron de disputarse su mano y la casaron con Peleo. No quiero ni imaginar que clase de monstruo habría surgido de cualquiera de ellos, así que podríamos decir que ser hijo del rey de los mirmidones y uno de los héroes más grandes de su tiempo parece limitar su potencial. Su existencia podría haber estado en un nivel mucho mayor en el orden cosmológico.
Por si eso no fuera poco su madre ungió su cuerpo con ambrosía y quemó sus partes mortales en un fuego sagrado, haciéndolo más que un hombre, pero menos que un dios. Esa capacidad, sin embargo no le impedía sangrar en batalla, pues fue herido en innumerables ocasiones; sólo para alzarse otra vez. Pero esa habilidad es una carga para su Master, Deimos Epiktetos Licurgus. Tras la batalla en el templo estuvo unos días moviéndose entre las sombras, sin hacer nada especialmente llamativo. Eso quiere decir que, pese a que en vida podía recuperarse de cualquier herida (salvo en el ya mencionado talón) ahora debería de consumir cantidades gargantuescas de mana.
Esos sólo son los dones que posee de nacimiento, ahora pasemos a los que adquirió con su esfuerzo y tesón. En su infancia vivió con su madre y los mirmidones, guerreros excepcionales donde los haya. De adolescente Quirón le enseño medicina, arquería y retórica. Cuando ya era adulto, Ilión le enseñó todo lo que debía saber acerca de los hombres y la guerra.
Esos altos muros y las brillantes almenaras le mostraron a partes iguales la grandeza y la majestuosidad del hombre (la aristeia, el respeto por los ritos fúnebres, las treguas y los días de paz) frente a la inmundicia moral del ser humano. Asistió a matanzas(y fue el origen de muchas de ellas), luchó contra los mejores de Ilión junto a la élite de Grecia. Héctor, Eneas, Ájax el Pequeño... Odiseo, Diómedes, Ájax el Pequeño...
Su lanza, su ektoxéf̱seis, empaló a cientos de personas. Tras atravesar decenas de corazones, destripar a docenas de oponentes y ensartar a todo aquel que decidió enfrentársele adquirió una fama funesta, la denominaban “la lanza que acaba con las leyendas”.
Y su escudo, ¡oh su brillante escudo! Aquiles era un hombre que contaba con la protección del mundo, y por ello se resguardaba tras él. Diferentes estratos lo componían:
El primero, Gaia. La tierra, el mar y los cielos combinados en una sola capa, en un sólo ente. La madre de los titanes brinda su protección a su descendiente.
El segundo, las dos ciudades. Los hombres, agentes del orden y la civilización escudan a su héroe.
El tercero, los campos sembrados. Desde que la humanidad se asentó, cuando decidió dejar la vida nómada y evolucionar. El sustento del mundo defiende al pélida.
El cuarto, la cosecha de un rey. Aquel nacido de dioses ha de ser alimentado como tal. Los soberanos han de resguardarse mutuamente.
El quinto, un viñedo preñado de uvas. El vino, inspiración de poetas, narrador de épicas. La poesía envuelve a su pupilo.
El sexto, un uro atacado por leones. ¿Qué se puede decir de la brutalidad del mundo animal? Pues aquellos que viven en el combate perpetuo son los aliados del de los pies ligeros.
El séptimo, un rebaño de ovejas y su pastor. Como el rehalero frente al ataque de las fieras, él ha de defender a sus hombres de aquellos que rechazan el abrazo de la paz.
El octavo, los danzantes. Pues el baile de la alegría ha de sobreponerse a la danza de la muerte. Áquel que no puede saborear la paz no puede ser escudado por la égida.
El noveno, el océano. Pontos Océano, padre de dioses, él es el manto que envuelve al Kosmos y lo protege de lo que está más allá. Océano, la barrera infranqueable para aquellos que buscan la destrucción del hijo de Tetis.
Su lanza, destructora de héroes. Su escudo, el mundo. Su cuerpo, inmortal. El conocido como el mejor guerrero de su era es un adversario terrible y más ahora, siempre embargado en la locura que le permitió matar a Héctor con absoluta facilidad.
Ha de ser detenido inmediatamente, pues las fechorías de su amo no pueden ser perdonadas. Nadie puede causar semejante reguero de destrucción y permanecer impune. Ni siquiera un dios estaría eximido de su penitencia.
Pero... ¿Cómo puede vencerlo? Su único punto débil era el conocido Talón de Aquiles, pero encajar un golpe allí podría ser una tarea harto complicada. El combate acabaría degenerando en un mero intercambio de golpes, acero contra acero, carne contra carne. Por suerte, él contaba con su propia protección.
Desde el incidente del templo a Deimos no se le vio por ninguna parte. Posteriormente se encontró su cadáver , en un claro del bosque; supuestamente empalado. Eso es totalmente falso. Casualmente, al día siguiente un “agente de la ley” apareció en la yakuza para optar a su dominio. El joven Titus se negó a perder el control de ella así que retó a Tenryusuke (pues ese era su nombre) a un concurso de resistencia. Esa prueba, era el más noble reto al que puede participar un hombre, la cumbre del espíritu humano. Una carrera de resistencia, un lance entre voluntades. Vencería al que favorecían los dioses. El que aguantara más la bebida.
Pero ambos hicieron trampas y, por un descuido de Tenryusuke se descubrió que era el nuevo Master de Berserker. La sombra de Deimos volvía a asomar. Y en ese momento su mascarada fue expuesta pues...
...Ese desgraciado de Deimos se atrevió a quemar el hospital, el último reducto de los inválidos y los desposeídos en Fuyuki. Allí fue cuando sintió su presencia, porque desde hace varios días no se podía sentir su presencia. Y al parecer se reunió con ese suplantador de Malakai Vibbard, y eso no puede traer nada bueno.
Los vio entrar en una casa, y al cabo de varias horas salió envuelto en una explosión. Deimos se hallaba incosnciente, Aquiles se encontraba sin apoyo. Era el momento.
-Es hora de que tu Master pague por sus crímenes de guerra-dijo el mediador.
-■■■■■■■〓〓〓〓■■-pues la bestia sólo puede gruñir.
-Tienes el derecho de conocer el nombre de tu rival en la batalla-aún entre fieras, el honor seguía existiendo
Calló durante un instante, desenfundó su brillante espada, la clavó en el suelo y mientras apoyaba ambas manos sobre su espada pronunció las fatales palabras.
-Hola, me llamo Sigurd hijo de Sigmund, bisnieto de Odín. Tú mataste a los ciudadanos de Fuyuki, disponte a morir.
En ese momento, pese a ser de noche, la luz inundó la plaza en la que se encontraban. Ésta se hallaba bañada por una luz cálida, similar a la solar, pues Gram (la espada del Sol) se hallaba allí. Arrancada del Barnstokk, el árbol del salón del trono del rey Volsung; la doblemente forjada emitía unas llamas que derretían la nieve cercana. Tal era su potencia que pese a que en los alrededores seguía nevando someramente allí caía una fina llovizna.
Empapado por ella, Aquiles comenzó su ataque. Cargó contra el espadachín y realizó una finta con su espada corta. Tras ello pudo rodearlo y clavar su lanza en su hombro desprotegido. ¡Ah, maldita sea aquella hoja! ¿Por qué las Nornas permitieron que cayera allí? Ya había sido su perdición mas... ¿lo sería de nuevo?
No había tiempo para lamentaciones, era hora de actuar. Se concentró y quemando su prana su fuerza aumentó notablemente. Ello le permitió arrancar la lanza de su herida y contraatacar con un tajo al hombro del de los pies ligeros. El corte fue profundo, la sangre manaba de la herida de Aquiles como agua de un manantial. Como aún agarraba ese instrumento fatal, arrojó tanto a él como a su dueño contra uno de los edificios de los alrededores, destrozándolo con el impacto. Pudo oírse claramente el sonido de la madera astillándose, pero también el de huesos rompiéndose. Cuando la polvareda se disipó, la figura del pélida era claramente visible. También lo era su asombrosa recuperación. Como por ensalmo, sus cortes se cerraron y su brazo roto se curó, al tiempo que Deimos aullaba de dolor.
Aquiles preparó su Égida, escudándose tras ella cargó hacía el hijo de Sigmund. El sonido de succíon de la lanza al hundirse en la carne, el crujido del esternón al quebrarse, el gorgoteo de la sangre al salir por la herida. Todo eso es lo que debería de haber escuchado el loco. Mas no pudo oírlo, tan sólo el retumbar de la punta de la lanza contra algo mucho más duro que ella misma. Sigurd se hallaba de pie, con los brazos a los lados del cuerpo y en el instante de impactar su piel se endureció. Era un hombre corpulento, pero durante un instante pareció mucho mayor. Un titán, un gigante...un dragón. Eso es consecuencia directa de bañarse en la sangre de Fafnir. Odín, disfrazado como un simple viejo tuerto, le aconsejó que cavara una zanja y apuñalase al dragón desde allí; además de que se bañara en su sangre. Y es aquí donde interviene esa hoja diabólica, pues es la causante de que una parte de su cuerpo (un resquicio en el hombro) quedase sin la draconiana protección. El resto de su cuerpo era invulnerable.
El mirmidón se mostraba sorprendido tras el impacto. ¿Cómo es que ese hombre no había sufrido daños? La única sangre que su lanza no había probado era la de aquellas criaturas míticas que estaban en la cima de la pirámide trófica. Los dragones. El rostro del vikingo se torció en una mueca burlona y, extendiendo su brazo derecho mientras se mantenía totalmente estático, le asestó un tremendo derechazo.
De acuerdo, su piel era impenetrable y era necesario un golpe certero y potente para poder dañarle. Mas sangra, y si sangra; se le puede matar.
-■■〓〓〓〓〓〓■■■■■〓■■■■〓〓〓■■
Y el bramido del mirmidón rasgó el cielo nocturno, como un uro enfurecido.
-Tus palabras no alcanzan mis oidos, tu amo ha de pagar.
Ante la burla, el de los pies ligeros embistió al guerrero. O eso es lo que pensaba, pues el espadachín le esquivó grácilmente y tuvo la oportunidad de cercenar su brazo mediante un certero sablazo. El impacto dañó gravemente el brazo del pélida, convirtiéndolo en un amasijo de huesos y carne, dejándolo inútil. Pero Tetis brindó la mejor de las protecciones a su hijo. Y éste se recuperó en apenas unos instantes. Pero eso no iba a durar siempre, puesto que Deimos no seguiría vivo demasiado.
Por ello decidió correr, y mediante un acelerón logró la hazaña de ponerse detrás del aqueo. Con un sablazo preciso golpeó el desprotegido tobillo. Pero eso no ocurrió, ya que el ágil griego colocó su escudo entre la espada solar y el vulnerable talón. El impacto hizo que la nieve de los alrededores saliese volando, y varios edificios de los alrededores acabaron de derrumbarse. Ahora ya ni siquiera lloviznaba, y la nieve se había fundido totalmente. En el medio de la hierba y el barro los monstruos guerreaban.
Otra vez, la lanza golpeó el pecho del vikingo y éste no cedió, no podía ceder. Su espada trazó un arco luminoso, dejando una estela de chispas tras de sí, ionizando el aire debido a la gran temperatura que poseía Gram. El filo de la espada estaba surcado por arcos solares que refulgían en la noche. Pero algo se interpuso en su camino. El mundo. La égida. Y las llamas cubrieron todo lo que alcanzaba la vista.
En ese momento el de los pies ligeros arrojó su lanza al aire y con un rápido movimiento su espada se dirigió al pecho de su oponente. El bisnieto de Wotan sabía con total seguridad que el impacto no sería nada, pero eso también lo sabía el peleata. Por ello tras el impacto se apoyó en su oponente y saltó. En el aire cogió su lanza y cayó como un halcón sobre su presa. Su arma se clavó profundamente en el hombro del gautano.
Él ya lo había predicho, pues al devorar el corazón del wyrm obtuvo el don de la profecía. La ocasión era perfecta, su presa estaba quieta y confiada ya que había clavado sus fauces en él. Y el sol brilló. El destello cegador de Gram cegó a Aquiles y el calor abrasador le abrumó. En este momento su capacidad de razonar no existía, era como una bestia. Pero aún los animales poseen un cierto instinto, y Berserker sabía que sólo con estar cerca de la brillante espada podría morir. Pero ya era demasiado tarde. El que luchó contra el nibelungo gritó:
-¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAM!
Y se hizo la luz. Aquiles creyó que había muerto y que se hallaba en el Hades... En el Piriflegetonte. El rio de fuego, hijo de Cocyto. Un océano de lava en el que los muertos sufrían inmensos dolores mientras ardían y se consumían sus almas. Mas el de los pies ligeros ya había muerto, y sólo podía volver al trono de los héroes. Así que este lugar se hallaba en la tierra de los vivos. Esta no era la primera vez que estaba en el centro de una estrella hoy...
Y la anterior vez había escapado con vida.
Saber estaba de pie, pensando que se había hecho justicia. Berserker debería estar muerto, pues no había ser humano que pudiera sobrevivir a lo que se expuso. Pero él ya no era enteramente humano, nunca lo fue. Una sombra apareció en medio del incendio. Cargaba un escudo y una lanza, además su cara estaba cubierta con un kranos corintio. Lo imposible había ocurrido. Lo que debería ser un cadáver (o en este caso un montón de cenizas) volvía a ser un hombre en la cúspide de la vida, y por los aullidos podía saber que Deimos seguía vivo.
Y esa sombra brincó, situándose encima del nórdico. Sabía donde iba a caer, pero no pudo hacer nada para evitarlo. Volvió a precipitarse sobre la herida ya abierta, y el dolor era casi insoportable. Intentó arrancar la lanza de su laceración, pero le resultó imposible. Su oponente era más fuerte que él, sus fuerzas flaqueaban, su voluntad fallaba. No debía ceder, si cedía él volvería a Midgard. Y eso no debía permitirlo. Inconscientemente su mano se dirigía a una cadena que tenía en su cuello. De ella pendía un anillo y en el anillo languidecía una maldición. La maldición de Andvari, el enano; y el oscuro conjuro de Loki, creado por su rencor a los Aesir. En el momento en el que se lo quería colocar en su dedo, la égida golpeo su dedo y lanzó lejos el anillo.
-Escuadrón Charlie,¡los hemos encontrado!
En ese momento apareció un escuadrón de marines de élite. Uno de ellos, un tipo alto y con una bandana en la cabeza, bajó la cabeza y cargó hacia ellos. Un aura de invencibilidad le envolvía, y justo cuando parecía que iba a chocar con Sigurd se apoyó con una mano en el suelo y saltó, dándole una patada en el pecho a Berserker y lanzándolo lejos.
Deimos despertó de golpe, gracias a que su Marca Mágica intentaba estabilizarle. Sin apenas consciencia localizó el anillo y le gritó a Berserker:
-¡Cógeme y salta hacia allí, vamos a por el anillo!
El peleata cogió a su Master y saltó en la dirección indicada. Había sobrevivido y había vencido. Era su primera victoria.
Esa era una buena pregunta. Hijo de Peleo y de la diosa Tetis,hija de Nereo y nieta de la titánide homónima Tetis. Se profetizó que el hijo de Tetis sería más grande que su padre, así que Zeus y Poseidón dejaron de disputarse su mano y la casaron con Peleo. No quiero ni imaginar que clase de monstruo habría surgido de cualquiera de ellos, así que podríamos decir que ser hijo del rey de los mirmidones y uno de los héroes más grandes de su tiempo parece limitar su potencial. Su existencia podría haber estado en un nivel mucho mayor en el orden cosmológico.
Por si eso no fuera poco su madre ungió su cuerpo con ambrosía y quemó sus partes mortales en un fuego sagrado, haciéndolo más que un hombre, pero menos que un dios. Esa capacidad, sin embargo no le impedía sangrar en batalla, pues fue herido en innumerables ocasiones; sólo para alzarse otra vez. Pero esa habilidad es una carga para su Master, Deimos Epiktetos Licurgus. Tras la batalla en el templo estuvo unos días moviéndose entre las sombras, sin hacer nada especialmente llamativo. Eso quiere decir que, pese a que en vida podía recuperarse de cualquier herida (salvo en el ya mencionado talón) ahora debería de consumir cantidades gargantuescas de mana.
Esos sólo son los dones que posee de nacimiento, ahora pasemos a los que adquirió con su esfuerzo y tesón. En su infancia vivió con su madre y los mirmidones, guerreros excepcionales donde los haya. De adolescente Quirón le enseño medicina, arquería y retórica. Cuando ya era adulto, Ilión le enseñó todo lo que debía saber acerca de los hombres y la guerra.
Esos altos muros y las brillantes almenaras le mostraron a partes iguales la grandeza y la majestuosidad del hombre (la aristeia, el respeto por los ritos fúnebres, las treguas y los días de paz) frente a la inmundicia moral del ser humano. Asistió a matanzas(y fue el origen de muchas de ellas), luchó contra los mejores de Ilión junto a la élite de Grecia. Héctor, Eneas, Ájax el Pequeño... Odiseo, Diómedes, Ájax el Pequeño...
Su lanza, su ektoxéf̱seis, empaló a cientos de personas. Tras atravesar decenas de corazones, destripar a docenas de oponentes y ensartar a todo aquel que decidió enfrentársele adquirió una fama funesta, la denominaban “la lanza que acaba con las leyendas”.
Y su escudo, ¡oh su brillante escudo! Aquiles era un hombre que contaba con la protección del mundo, y por ello se resguardaba tras él. Diferentes estratos lo componían:
El primero, Gaia. La tierra, el mar y los cielos combinados en una sola capa, en un sólo ente. La madre de los titanes brinda su protección a su descendiente.
El segundo, las dos ciudades. Los hombres, agentes del orden y la civilización escudan a su héroe.
El tercero, los campos sembrados. Desde que la humanidad se asentó, cuando decidió dejar la vida nómada y evolucionar. El sustento del mundo defiende al pélida.
El cuarto, la cosecha de un rey. Aquel nacido de dioses ha de ser alimentado como tal. Los soberanos han de resguardarse mutuamente.
El quinto, un viñedo preñado de uvas. El vino, inspiración de poetas, narrador de épicas. La poesía envuelve a su pupilo.
El sexto, un uro atacado por leones. ¿Qué se puede decir de la brutalidad del mundo animal? Pues aquellos que viven en el combate perpetuo son los aliados del de los pies ligeros.
El séptimo, un rebaño de ovejas y su pastor. Como el rehalero frente al ataque de las fieras, él ha de defender a sus hombres de aquellos que rechazan el abrazo de la paz.
El octavo, los danzantes. Pues el baile de la alegría ha de sobreponerse a la danza de la muerte. Áquel que no puede saborear la paz no puede ser escudado por la égida.
El noveno, el océano. Pontos Océano, padre de dioses, él es el manto que envuelve al Kosmos y lo protege de lo que está más allá. Océano, la barrera infranqueable para aquellos que buscan la destrucción del hijo de Tetis.
Su lanza, destructora de héroes. Su escudo, el mundo. Su cuerpo, inmortal. El conocido como el mejor guerrero de su era es un adversario terrible y más ahora, siempre embargado en la locura que le permitió matar a Héctor con absoluta facilidad.
Ha de ser detenido inmediatamente, pues las fechorías de su amo no pueden ser perdonadas. Nadie puede causar semejante reguero de destrucción y permanecer impune. Ni siquiera un dios estaría eximido de su penitencia.
Pero... ¿Cómo puede vencerlo? Su único punto débil era el conocido Talón de Aquiles, pero encajar un golpe allí podría ser una tarea harto complicada. El combate acabaría degenerando en un mero intercambio de golpes, acero contra acero, carne contra carne. Por suerte, él contaba con su propia protección.
Desde el incidente del templo a Deimos no se le vio por ninguna parte. Posteriormente se encontró su cadáver , en un claro del bosque; supuestamente empalado. Eso es totalmente falso. Casualmente, al día siguiente un “agente de la ley” apareció en la yakuza para optar a su dominio. El joven Titus se negó a perder el control de ella así que retó a Tenryusuke (pues ese era su nombre) a un concurso de resistencia. Esa prueba, era el más noble reto al que puede participar un hombre, la cumbre del espíritu humano. Una carrera de resistencia, un lance entre voluntades. Vencería al que favorecían los dioses. El que aguantara más la bebida.
Pero ambos hicieron trampas y, por un descuido de Tenryusuke se descubrió que era el nuevo Master de Berserker. La sombra de Deimos volvía a asomar. Y en ese momento su mascarada fue expuesta pues...
...Ese desgraciado de Deimos se atrevió a quemar el hospital, el último reducto de los inválidos y los desposeídos en Fuyuki. Allí fue cuando sintió su presencia, porque desde hace varios días no se podía sentir su presencia. Y al parecer se reunió con ese suplantador de Malakai Vibbard, y eso no puede traer nada bueno.
Los vio entrar en una casa, y al cabo de varias horas salió envuelto en una explosión. Deimos se hallaba incosnciente, Aquiles se encontraba sin apoyo. Era el momento.
-Es hora de que tu Master pague por sus crímenes de guerra-dijo el mediador.
-■■■■■■■〓〓〓〓■■-pues la bestia sólo puede gruñir.
-Tienes el derecho de conocer el nombre de tu rival en la batalla-aún entre fieras, el honor seguía existiendo
Calló durante un instante, desenfundó su brillante espada, la clavó en el suelo y mientras apoyaba ambas manos sobre su espada pronunció las fatales palabras.
-Hola, me llamo Sigurd hijo de Sigmund, bisnieto de Odín. Tú mataste a los ciudadanos de Fuyuki, disponte a morir.
En ese momento, pese a ser de noche, la luz inundó la plaza en la que se encontraban. Ésta se hallaba bañada por una luz cálida, similar a la solar, pues Gram (la espada del Sol) se hallaba allí. Arrancada del Barnstokk, el árbol del salón del trono del rey Volsung; la doblemente forjada emitía unas llamas que derretían la nieve cercana. Tal era su potencia que pese a que en los alrededores seguía nevando someramente allí caía una fina llovizna.
Empapado por ella, Aquiles comenzó su ataque. Cargó contra el espadachín y realizó una finta con su espada corta. Tras ello pudo rodearlo y clavar su lanza en su hombro desprotegido. ¡Ah, maldita sea aquella hoja! ¿Por qué las Nornas permitieron que cayera allí? Ya había sido su perdición mas... ¿lo sería de nuevo?
No había tiempo para lamentaciones, era hora de actuar. Se concentró y quemando su prana su fuerza aumentó notablemente. Ello le permitió arrancar la lanza de su herida y contraatacar con un tajo al hombro del de los pies ligeros. El corte fue profundo, la sangre manaba de la herida de Aquiles como agua de un manantial. Como aún agarraba ese instrumento fatal, arrojó tanto a él como a su dueño contra uno de los edificios de los alrededores, destrozándolo con el impacto. Pudo oírse claramente el sonido de la madera astillándose, pero también el de huesos rompiéndose. Cuando la polvareda se disipó, la figura del pélida era claramente visible. También lo era su asombrosa recuperación. Como por ensalmo, sus cortes se cerraron y su brazo roto se curó, al tiempo que Deimos aullaba de dolor.
Aquiles preparó su Égida, escudándose tras ella cargó hacía el hijo de Sigmund. El sonido de succíon de la lanza al hundirse en la carne, el crujido del esternón al quebrarse, el gorgoteo de la sangre al salir por la herida. Todo eso es lo que debería de haber escuchado el loco. Mas no pudo oírlo, tan sólo el retumbar de la punta de la lanza contra algo mucho más duro que ella misma. Sigurd se hallaba de pie, con los brazos a los lados del cuerpo y en el instante de impactar su piel se endureció. Era un hombre corpulento, pero durante un instante pareció mucho mayor. Un titán, un gigante...un dragón. Eso es consecuencia directa de bañarse en la sangre de Fafnir. Odín, disfrazado como un simple viejo tuerto, le aconsejó que cavara una zanja y apuñalase al dragón desde allí; además de que se bañara en su sangre. Y es aquí donde interviene esa hoja diabólica, pues es la causante de que una parte de su cuerpo (un resquicio en el hombro) quedase sin la draconiana protección. El resto de su cuerpo era invulnerable.
El mirmidón se mostraba sorprendido tras el impacto. ¿Cómo es que ese hombre no había sufrido daños? La única sangre que su lanza no había probado era la de aquellas criaturas míticas que estaban en la cima de la pirámide trófica. Los dragones. El rostro del vikingo se torció en una mueca burlona y, extendiendo su brazo derecho mientras se mantenía totalmente estático, le asestó un tremendo derechazo.
De acuerdo, su piel era impenetrable y era necesario un golpe certero y potente para poder dañarle. Mas sangra, y si sangra; se le puede matar.
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Y el bramido del mirmidón rasgó el cielo nocturno, como un uro enfurecido.
-Tus palabras no alcanzan mis oidos, tu amo ha de pagar.
Ante la burla, el de los pies ligeros embistió al guerrero. O eso es lo que pensaba, pues el espadachín le esquivó grácilmente y tuvo la oportunidad de cercenar su brazo mediante un certero sablazo. El impacto dañó gravemente el brazo del pélida, convirtiéndolo en un amasijo de huesos y carne, dejándolo inútil. Pero Tetis brindó la mejor de las protecciones a su hijo. Y éste se recuperó en apenas unos instantes. Pero eso no iba a durar siempre, puesto que Deimos no seguiría vivo demasiado.
Por ello decidió correr, y mediante un acelerón logró la hazaña de ponerse detrás del aqueo. Con un sablazo preciso golpeó el desprotegido tobillo. Pero eso no ocurrió, ya que el ágil griego colocó su escudo entre la espada solar y el vulnerable talón. El impacto hizo que la nieve de los alrededores saliese volando, y varios edificios de los alrededores acabaron de derrumbarse. Ahora ya ni siquiera lloviznaba, y la nieve se había fundido totalmente. En el medio de la hierba y el barro los monstruos guerreaban.
Otra vez, la lanza golpeó el pecho del vikingo y éste no cedió, no podía ceder. Su espada trazó un arco luminoso, dejando una estela de chispas tras de sí, ionizando el aire debido a la gran temperatura que poseía Gram. El filo de la espada estaba surcado por arcos solares que refulgían en la noche. Pero algo se interpuso en su camino. El mundo. La égida. Y las llamas cubrieron todo lo que alcanzaba la vista.
En ese momento el de los pies ligeros arrojó su lanza al aire y con un rápido movimiento su espada se dirigió al pecho de su oponente. El bisnieto de Wotan sabía con total seguridad que el impacto no sería nada, pero eso también lo sabía el peleata. Por ello tras el impacto se apoyó en su oponente y saltó. En el aire cogió su lanza y cayó como un halcón sobre su presa. Su arma se clavó profundamente en el hombro del gautano.
Él ya lo había predicho, pues al devorar el corazón del wyrm obtuvo el don de la profecía. La ocasión era perfecta, su presa estaba quieta y confiada ya que había clavado sus fauces en él. Y el sol brilló. El destello cegador de Gram cegó a Aquiles y el calor abrasador le abrumó. En este momento su capacidad de razonar no existía, era como una bestia. Pero aún los animales poseen un cierto instinto, y Berserker sabía que sólo con estar cerca de la brillante espada podría morir. Pero ya era demasiado tarde. El que luchó contra el nibelungo gritó:
-¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAM!
Y se hizo la luz. Aquiles creyó que había muerto y que se hallaba en el Hades... En el Piriflegetonte. El rio de fuego, hijo de Cocyto. Un océano de lava en el que los muertos sufrían inmensos dolores mientras ardían y se consumían sus almas. Mas el de los pies ligeros ya había muerto, y sólo podía volver al trono de los héroes. Así que este lugar se hallaba en la tierra de los vivos. Esta no era la primera vez que estaba en el centro de una estrella hoy...
Y la anterior vez había escapado con vida.
Saber estaba de pie, pensando que se había hecho justicia. Berserker debería estar muerto, pues no había ser humano que pudiera sobrevivir a lo que se expuso. Pero él ya no era enteramente humano, nunca lo fue. Una sombra apareció en medio del incendio. Cargaba un escudo y una lanza, además su cara estaba cubierta con un kranos corintio. Lo imposible había ocurrido. Lo que debería ser un cadáver (o en este caso un montón de cenizas) volvía a ser un hombre en la cúspide de la vida, y por los aullidos podía saber que Deimos seguía vivo.
Y esa sombra brincó, situándose encima del nórdico. Sabía donde iba a caer, pero no pudo hacer nada para evitarlo. Volvió a precipitarse sobre la herida ya abierta, y el dolor era casi insoportable. Intentó arrancar la lanza de su laceración, pero le resultó imposible. Su oponente era más fuerte que él, sus fuerzas flaqueaban, su voluntad fallaba. No debía ceder, si cedía él volvería a Midgard. Y eso no debía permitirlo. Inconscientemente su mano se dirigía a una cadena que tenía en su cuello. De ella pendía un anillo y en el anillo languidecía una maldición. La maldición de Andvari, el enano; y el oscuro conjuro de Loki, creado por su rencor a los Aesir. En el momento en el que se lo quería colocar en su dedo, la égida golpeo su dedo y lanzó lejos el anillo.
-Escuadrón Charlie,¡los hemos encontrado!
En ese momento apareció un escuadrón de marines de élite. Uno de ellos, un tipo alto y con una bandana en la cabeza, bajó la cabeza y cargó hacia ellos. Un aura de invencibilidad le envolvía, y justo cuando parecía que iba a chocar con Sigurd se apoyó con una mano en el suelo y saltó, dándole una patada en el pecho a Berserker y lanzándolo lejos.
Deimos despertó de golpe, gracias a que su Marca Mágica intentaba estabilizarle. Sin apenas consciencia localizó el anillo y le gritó a Berserker:
-¡Cógeme y salta hacia allí, vamos a por el anillo!
El peleata cogió a su Master y saltó en la dirección indicada. Había sobrevivido y había vencido. Era su primera victoria.
Troya invicta est:
Tres figuras se encontraban bajo el rojo cielo nocturno cubierto de llamas, nieve y polvo.
La ciudad en la que se hallaban ya no reflejaba la gloria de eras pasadas.
El orgulloso palacio que antaño se alzaba en el centro de la áurea urbe ahora no era más que una maqueta derruida, las marmoleas escaleras sobre las que reposaba, famosas por su pulcritud y su pureza, contaminadas por las pisadas bárbaras, el frio invierno y los escombros de la pugna aun sin acabar.
Un imperio derruido.
Una nación invadida.
Una ciudad sitiada.
La historia repitiéndose una vez más como una tragicomedia sin humor.
La ira provocada por el acontecimiento embriagaba a aquella figura del trio que se encontraba a lo alto de las escaleras, observando a los dos restantes con una altiva mirada mezcla de desprecio y melancolía.
No solo habían tirado abajo los esfuerzos conjuntos de Master y Servant.
No solo habían corrompido la gloriosa tierra de sus ancestros...
Lo habían hecho rápidamente y con la mirada indiferente.
Solo la expedición de Heracles causara una afrenta similar a la gloriosa Ilion.
Al principio de la tarde, la muerte del belicoso pélida Aquiles a los pies de Troya era interpretada como un augurio propicio a la nueva ciudad renacida bajo los ideales de Eneas y Titus, un buen presagio del brillante futuro que esperaba a la nueva utopía ilustrada, forjada en extremo oriente sobre el más fértil de los suelos.
Pero se había equivocado otra vez.
En aquel tiempo, esa muerte también fuera recibida como una señal divina muestra del inquebrantable y mayoritario apoyo olímpico a la causa de los de las lanzas de fresno... Sin embargo, la astucia de Odiseo acabó con las mieles de la victoria de la forma más cruel posible.
La imagen de familias enteras capturadas y esclavizadas, de mujeres tomadas como botín y violadas en las calles, de niños arrojados murallas abajo regresaron de nuevo a la mente de Eneas... Imágenes y pesadillas de una vida pasada.
Pese a tales funestos recuerdos, la mirada de Saber no dejó de estar fija en el que sería su primer enemigo esta noche... el Servant conocido como Lancer.
Esa actitud... esa mirada calculadora, la sensación de que ese hombre observa todo y a todos como si de una partida de ajedrez y sus piezas se tratasen...
Si, era el mismo ademán... idéntico al Odiseo de su lacerante vida pasada.
Como si alguien pretendiese reírse de su dolorosa desdicha, ahí estaba, burlándose con su mera presencia.
El compañero de Lancer asintió hacia su camarada y empezó a avanzar subiendo de forma decidida por los escalones del castillo. Saber intentó encararse para evitar la ascensión, pero el lancero hizo un leve movimiento insinuando que en el momento que deje una leve apertura en su postura atacará al instante, y si lo que Saber sabe es cierto, la velocidad de la clase Lancer no debe ser subestimada.
Tras mostrar una mueca de descontento, Saber se dispuso a enfrentarse a su perturbador adversario. Si no podía detener al Master de Lancer ahora, solo tenía que acabar con Lancer de un solo golpe y terminar esta pantomima de una maldita vez. Su poder de ataque y capacidad combativa eran superiores, así como el propio destino tejido cuidadosamente por su madre a su favor. Un solo golpe era necesario para acabar con la vida de este bárbaro y emprender la caza del Master pelirrojo antes de que encontrase el Paladio que mantenía la ciudad.
Después, solo tendría que reunir el grueso del ejército restante y expulsar a los invasores con sus habilidades de mando y táctica.
Saber agarró fuertemente su espada con ambas manos dispuesto a atacar.
-Presupongo que todo este ardid es cosa tuya, Lancer. Conocí a alguien como tú en vida, era un entrometido verdaderamente molesto, un simple homb...
-¿Eh? ¿De qué diablos hablas?
-¿De que si no? De este asedio, claro. El plan bajo el que se sustenta, el artefacto volador, la extraña brecha en la muralla, el ejército de hombres de nieve...
-¡Ah!... Me halagas, pero te equivocas... Esto ha sido simple y puro trabajo en equipo.
-¿¡Qu...Que?! ¡¡Mien--tes!!
Inconscientemente, Saber comenzó a entender el porque detrás de esa mirada indiferente.
-Como escuchas. Para tomar esta visión de Troya ya no es necesario un Odiseo, un Finn o un engaño maestro...
-Callat...
-Esta ciudadela y vuestros objetivos, fueran cuales fueran, estaban absolutamente condenados a caer en el más absoluto de los fracasos desde el momento en el que pusisteis ese Paladio. Ni más ni menos.
La frase de Nadie al alba del día volvió a la cabeza del orgulloso Eneas...
No pasareis de hoy. Es algo de lo que cualquiera podría darse cuenta.
-¡¡¡¡¡CÁLLATE!!!!!!
Espada en mano, con poderoso agarre y sorprendente habilidad, Saber cargó repleto de ira hasta el frio lancero que esperaba metros más abajo. El golpe sería perfecto y letal, dirigido a la cabeza desde un arco diagonal de arriba a abajo, cercenaría ambos núcleos espirituales del Servant enemigo y acabaría el combate de un poderoso golpe. Aun con la capacidad de esquiva de Lancer, la "suerte" de Saber redirigiría el golpe para que impactase del mismo modo...
Pero si el golpe no llega a producirse, la efectividad del mismo es irrelevante.
Lancer dio un fuerte golpe de escudo antes de que terminase el mortífero tajo, redirigiendo la fuerza del propio golpe contra Saber y provocando que la propia empuñadura de su espada junto al escudo de cuero le golpeasen en plena cara. El raudo lancero aprovechó esta oportunidad para clavar su lanza en el muslo de Saber, desgarrándolo profundamente y abarrotando el tercer escalón de sangre griega.
Pensándolo bien, el error de Saber había sido muy simple.
Se dejó guiar por su ira y atacó dejándose llevar por los hirientes comentarios de Lancer. Desde el momento en el que se había convertido en un combate para defender su orgullo, Saber puso un pie más en el fango de la derrota que avanzaba lentamente desde mucho antes de lo que le gustaría admitir.
-Veo que tu suerte divina no funciona tan bien como debería, Saber... Quizá en vida tu madre habría bajado aquí en persona y se habría entrometido entre nosotros para evitar que su preciado hijo recibiese daño alguno. Pero en esta Era del Hombre, ¡no hay lugar para Olímpicos, Danaan o Devas! Del mismo modo, no hay lugar para viejas tradiciones, ciudades o antiguas glorias. Lo ya pasado no volverá jamás... si de verdad quieres otra oportunidad... ¡forja una nueva historia con tus manos y deja de vivir como marioneta de viejas glorias e ilusiones!
Una vez la indiferencia de Lancer se convirtió en tremendo enfado, un segundo y potente golpe de escudo mandó a Saber volando de vuelta a su posición inicial, destrozando la parte superior de las escaleras con el impacto.
Es cierto, la habilidad de Saber ya no podía ser llamada intervención divina. No en esta era. Ahora los hombres son los dueños del mundo. En el Fuyuki del siglo XIX, la protección mística de Saber no es más que la modificación de la probabilidad del impacto o esquiva a una más exitosa. Eso no la hace absoluta, solo "eficiente".
Afrodita desapareció de este "lado" hace mucho, no volverá jamás.
En ese preciso instante, una figura pasó corriendo a una velocidad inhumana cerca de ambos luchadores. El mismo tiempo parecía doblarse ante tal estela.
-Jaja, veo que ese cura ha decidido seguir a Dearg. Supongo que no tendrán problema.
-¡¿Otr..o más?!
-No te preocupes por eso... Tienes cosas más importantes de las que recelar... Como cierto amigo mío que se dirige directamente hacia aquí. ¿Qué opinas del concepto del dos contra uno?
※※※※※※
El Servant Archer se encontraba en pleno lid inmerso en sus pensamientos.
Si bien es cierto que se hallaba rodeado por una densa niebla mágica provocada por el propio Titus Epafroditus, su habilidad de clarividencia hacia que esta bruma no molestase en absoluto a su capacidad de visión y análisis del terreno.
Por otra parte, este movimiento por parte del Master de Saber parecía un fallo de aficionado de un contrincante que no supo prepararse contra las afinidades y puntos fuertes de sus adversarios. La neblina no hacía más que fortalecer constantemente el ejército de Frosts creado por el Señor Tohsaka y el resto de sus aliados tenían métodos para que tampoco supusiese mayor inconveniente.
Demasiado fácil.
Estaba siendo demasiado sencillo, Ilion caía sin suponer menor reto.
No sacar las tropas del bastión, el hechizo de ocultación, el desorden táctico...
¿Se trataba de una sucesión de fallos por parte del Master de Saber? ¿Cobardía? ¿O era la elección de un hombre que ya había aceptado la derrota antes siquiera de luchar?
A medida que avanzaba eliminando sin esfuerzo a los sucesivos soldados troyanos a base de certeras ráfagas de flechas, Archer no podía evitar sentir un desasosiego atravesando su alma de pies a cabeza a medida que frías gotas de sudor caían por su frente.
Demasiado fácil.
Algo malo estaba a punto de suceder, quizá no por parte de Saber y su Master, pero si por otro de sus enemigos expectantes a nuevos desarrollos en los acontecimientos.
Una persona normal culparía a la decepción y a la paranoia de dichos pensamientos, dándoles la menor importancia una vez analizados fríamente. El enemigo había resultado ser más fácil de derrotar de lo supuesto y esto causa falta de satisfacción o un leve a la par que perseverante sentimiento de que algo no va como debería. Es algo que pasa a menudo.
Pero en su caso, Archer era absolutamente incapaz de dejarlo pasar como tal por su propia experiencia personal.
Ante esta clase de presentimientos, solo era capaz de percibir intranquilidad y desazón.
Maldición.
Fuerza del destino que actúa en contra de un héroe. Maldiciones provocadas por los errores de su pasado o las manipulaciones de los dioses.
En su caso, si algo puede salir mal, es probable que lo haga con bastante certeza.
Pese a estar donde quiere cumpliendo su deseo junto a su Master, Archer era incapaz de pensar en positivo.
Quizá solo fuese demencia, presentimiento errado o falta de reto.
Pero si llegase la tormenta, Archer sería el menos sorprendido por su oleaje.
La verdadera preocupación que inundó su alma es si aquellos que compartían su camino podrían resistir su vehemente envite una vez les tragase.
¿Acaso estaba a punto de acaecer su castigo por desear "cambiar la norma"?
A medida que su ansiedad aumentaba, Archer se reencontró con su Master a una calle del palacio de la ciudad inexpugnable. Normalmente, la decidida cara del Señor Tohsaka es suficiente para eliminar la duda en aquellos que le rodean, pero ahora mismo, la cara larga de Archer estaba a prueba de optimismo.
-¿Ocurre algo Archer? Pareces más preocupado que de costumbre.
-Es un mal presentimiento, pero no se preocupe, no creo que...
-Si piensas en algo, dilo. Si alguien tiene experiencia aquí con eventos desafortunados creo que eres tú, amigo mío.
-... Creo que ha sido demasiado fácil... Como si se nos estuviese guardando algo verdaderamente peligroso para más tarde.
-Pues debemos andar con ojo pues... Parece que tenemos un combate de gran magnitud cerca del palacio... ¿Sabes de quien se trata?
-Mmmm... Parecen ser Lancer y Saber. Deberíamos apoyar a nuestro aliado... Además, parece que el Señor McOmghall y el Señor Anac... Doctor han irrumpido ya en la fortaleza en busca del Paladio...
-Pues entonces no debemos perder más el tiempo. Cuento contigo, Archer.
Bajo el rojo cielo nocturno cubierto de llamas, Master y Servant procedieron a subir la calle cesando el breve pero ominoso inciso que acababa de ser su coloquio.
※※※※※※
Para el Servant Saber, la situación no podía ser descrita de otra manera más que funesta. Su combate contra Lancer no empezaba con buen pie y hace unos instantes Archer había llegado en apoyo del lancero para acabar de pintar la situación en su contra. Para añadir más factores en su contra, los Masters enemigos Dearg McOmghall, Anacleto Montoya y Tohsaka Yuudai acababan de adentrarse en la fortaleza troyana y pretendían destruir la fuente de todo el poder de Troya.
El Paladio.
Símbolo de Palas, siempre se alzó en medio de Troya hasta su destrucción y allí donde se coloque de nuevo nacerá una nueva patria para los troyanos. Muros infranqueables, gran capacidad ofensiva, conversión de ciudadanos, milicianos que reciben equipamiento necesario para la lucha de forma constante, víveres ilimitados, bendición divina... Sumado a su perfecto emplazamiento en una de las “líneas del dragón” que cruzan la ciudad, mientras continuase colocado en su posición, la victoria estaba asegurada.
Incluso en una situación tan nefasta, mientras la estatua se alzase proveería a Saber rápidamente de los refuerzos necesarios para repeler cualquier invasión, solo era cuestión de tiempo. Las incomprensibles elecciones de su Master aparentemente solo habían conseguido un desastroso resultado, pero fue la concesión que Eneas otorgó a Titus por dejarle continuar con su sueño y no usar un Sello de Mando para doblegar su rodilla y pedir clemencia al trio de Masters aliados.
Pero esto no valdría de nada si llegaban a la cámara bajo la sala del trono. El movimiento final se acercaba ominosamente y Saber no podría hacer nada para evitarlo si no eliminaba rápidamente a los dos adversarios frente a su espada.
Servants Lancer y Archer.
No sabía que treta estaría planeando el engañoso héroe irlandés y Eneas conocía de primera mano la potencia de fuego del arquero que sirve a los Tohsaka por incidentes como la batalla del Templo Ryuudo. Por ejemplo, nada más intervenir en la contienda que estaban llevando a cabo en estos momentos, un proyectil de Archer se multiplicó en trayectoria y tres flechas impactaron violentamente el hombro derecho de Saber.
No era una lucha fácil, Saber solo poseía la ventaja del terreno, mientras que ellos la del número, estrategia, armamento, moral y energía mágica. La situación era verdaderamente desesperada.
Como si fuese posible leerle la mente, Lancer comentó a Archer.
-Menos mal que eres tú y no se trata de Rider. Seguro que ese enorme caballero se negaba a luchar contra Saber en una situación que no fuese pura igualdad de condiciones.
-No digas eso de tus aliados... Además, ¿tú también eres un caballero no?
-Sí, técnicamente sí. Pero creo que si me llamase a mí mismo eso delante de nuestro camarada me mataría.
-Jajaja...
Había vuelto la indiferencia.
Fuese quien fuese, estos dos Servants no le estaban tomando en serio.
-A qué viene esa mirada, ¿Saber? Mira, voy a darte un consejo. Si quieres ser un adversario que valga realmente la pena... No dejes que el pasado te limite.
-¿Qué?
-Puedes sentirte culpable, puedes llorar, puedes serntirte inspirado, pero nunca te dejes atar arrepintiéndote de lo sucedido, nunca traiciones esas emociones y la de los que te acompañaron. Si quieres devolver Ilion a este mundo, no lo hagas por justicia, ni por venganza, ni por providencia. Hazlo porque quieres hacerlo.
Al contrario que en sus anteriores frases, esta no estaba cargada de indiferencia o enfado. Esta proclamación portaba comprensión, melancolía y remembranza. No era una de las burlas del lancero, ni uno de sus análisis, era la frase de alguien que gracias a la propia experiencia personal sabía perfectamente de lo que hablaba. La frase de un compañero de penas, un igual que sintió la misma desesperanza, la misma emoción que apretaba el corazón de uno con gran pesar.
Forja una nueva historia con tus manos.
Deja de vivir de viejas ilusiones.
Hazlo porque quieres hacerlo.
¿Porque había querido con tanto ahínco traer Troya de vuelta? Una pregunta interesante.
¿Era por venganza? ¿Por las horribles pesadillas de cada noche? Quizá en parte.
¿La ira al no ser capaz de verlo cumplido en vida? Es posible.
¿La muerte de Dido inspirándole a continuar sin dudar? Seguramente. El amor es una fuerza muy poderosa.
Todo esto contribuyó a que formase una idea.
Aparte, que su Master compartiese un ideal similar pretendiendo crear una utopía ilustrada científica perfecta adalid del progreso hizo que encajase a la perfección en los objetivos de ambos para con la Guerra del Santo Grial.
Pero eso no era lo verdaderamente importante.
Lo importante es que el mismo tomó la decisión inspirado en todos estos sentimientos.
No tenía que dejar atarse por el pasado ni por el remordimiento, tenía que avanzar firmemente hacia el futuro con sus vivencias en su corazón, la bella puesta de sol en la torre sur, la muerte de Héctor, el sentimiento de impotencia, el amor de una mujer...
No se trataba de reconstruir Troya porque era lo correcto.
No se trataba de reconstruir Troya porque una ciudad merecedora de la eternidad cayó bajo armas humanas.
Eso no es más que una pataleta infantil.
Entonces el espíritu heroico Eneas por fin despertó.
Esta ciudad se alzaría imponente por la brillante utopía que estaba almacenada en su corazón.
※※※※※※
-Si quieres devolver Ilion a este mundo, no lo hagas por justicia, ni por venganza, ni por providencia. Hazlo porque quieres hacerlo. -Tras pronunciar su discurso, Lancer permaneció sin pronunciar nada más mirando fijamente al adversario sobre ellos.
Un silencio sepulcral cubrió la zona, roto unos segundos más tarde con la llegada de una estampida de gente proveniente del interior del palacio.
Archer continuó apuntando a Saber sin perder un ápice de concentración.
Entonces fue cuando lo vio.
El rostro de Eneas, siempre gris, altivo y cansado, tomó un cariz totalmente nuevo.
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del hijo del amor, acompañada de una mirada afilada y unas pupilas rebosantes de fulgor.
La sonrisa se convirtió en una carcajada.
-¡Jajajajajaja! Gracias a los dos por llevarme a una situación como esta. Quizá sea un poco tarde y me llevase mi tiempo...
Pero creo que por fin he logrado entenderlo.
Esa afirmación vino acompañada de un súbito golpe de viento que hizo retroceder un poco a Lancer y Archer de su posición. El Servant Saber estaba acumulando todas las energías que le quedaban para ser capaz de continuar el combate con una nota digna de sus adversarios.
Pero eso no era suficiente para explicar el cambio tan brusco que le rodeaba.
También era un cambio de mentalidad, provocando algo absolutamente inesperado.
Troya comenzó a brillar durante unos instantes como jamás lo hizo, renovando en parte las fuerzas y la moral de Saber.
Quizá no era suficiente para vencer la batalla que estaban llevando a cabo y probablemente el Paladio cayese destruido en meros instantes. Pero si lo sería para abandonar esta guerra con la cabeza bien alta, orgulloso de su camino y dando todo lo que le queda a sus adversarios, en lucha a muerte contra otros dos héroes legendarios yacentes en el fantasma humano.
La visión de Eneas había cambiado por completo.
Su figura era imponente, su voz era poderosa y su aura infundía respeto y adoración.
Era el aura de un héroe, uno que sin importar que la llama de su vida se fuese a extinguir en unos minutos ante una lucha imposible, cargaría hacia el frente sin duda alguna.
Si este símbolo hubiese dirigido Troya desde el principio de la noche, el resultado probablemente habría sido diferente.
-Je.. Así que he despertado a la bestia. Este es tu verdadero yo, ¿verdad? Me alegro de que mi consejo sirviese para algo... Ahora sí que dan ganas de un buen combate de despedida, no crees, ¿Archer? -Dijo Lancer con una mirada desafiante.
-La verdad es que sabes dar donde más duele. La lengua afilada es claramente una de tus virtudes... ¿Fruto de la poesía y la oración? -Exclamó Archer en un tono burlón no muy habitual en sus diálogos.
-¿Te interesa? Veo que estas empezando a tener gusto por ellas...
Una nueva y potente ventolera cubrió la zona.
El nuevo Saber dio un paso al frente, bajando el primer escalón mientras vocalizaba de forma vehemente lo que parecía ser una arenga.
-Ilion permanece invicto...
Esa cita...
Dio un nuevo paso, con lo que imponentemente bajó un nuevo escalón.
-¡Troya es siempre la misma! Su luz iluminará el mundo para siempre.
Lancer sintió un fuerte deja vu acompañado a una extraña sensación que recorrió su espalda.
El pie derecho de Saber avanzó nuevamente.
-¡Crearon un desierto, le llamaron paz! ¡Nuestros enemigos perecerán bajo nuestras armas! ¡Los rebeldes caerán ante nuestra determinación! ¡Que la tierra os sea leve!
Esta proclama, es... familiar.
Una pisada más. Ambos pies ya estaban en el cuarto escalón.
-¡Nuestra influencia crecerá, nuestro imperio se expandirá! ¡Llevaremos la luz al cosmos, culturizaremos a todos los pueblos del mundo bajo nuestra bandera! Para siempre, para toda la eternidad.
Entonces en la sorprendida cara de Lancer apareció una mueca de entendimiento.
Lo había recordado, ya sabía el porqué de esta sensación.
SPQR.
Lorica segmentata, gladius, pilum, scutum.
Las hordas exploradoras romanas dirigidas por Agricola marchando por su hogar, por los abundantes prados de Hibernia. La expedición romana acompañada de funestos planes para una posible conquista...
La consigna de Saber era la misma que la de aquellos hombres.
Expansión, romanización, eternidad...
Pensándolo bien, es algo perfectamente lógico.
Espíritu heroico Eneas.
Héroe de la guerra de Troya, que tras la caída de la ciudad logró escapar de la misma, emprendiendo un viaje que lo llevaría hasta la tierra de Lacio, donde tras una serie de acontecimientos se convirtió en rey y a la vez en el progenitor del pueblo romano.
-Tal vez, algún día, aún a esto lo avivará el recuerdo.
El Servant Saber se lanzó vehemente espada en mano con un brío y habilidad sin par...
A la que posiblemente fuese la última de sus batallas.
-Soy el hijo de Afrodita, diosa del amor. Yo soy su espada y su voluntad opera a traves de mis actos aunque ella ya no exista en este mundo. ¿Intentais esconder vuestro sacrilegio detras de un muro de socarroneria y buena voluntad? Lancer, Archer, preparaos para ser purgados de este mundo por un hijo de Olimpico.
La ciudad en la que se hallaban ya no reflejaba la gloria de eras pasadas.
El orgulloso palacio que antaño se alzaba en el centro de la áurea urbe ahora no era más que una maqueta derruida, las marmoleas escaleras sobre las que reposaba, famosas por su pulcritud y su pureza, contaminadas por las pisadas bárbaras, el frio invierno y los escombros de la pugna aun sin acabar.
Un imperio derruido.
Una nación invadida.
Una ciudad sitiada.
La historia repitiéndose una vez más como una tragicomedia sin humor.
La ira provocada por el acontecimiento embriagaba a aquella figura del trio que se encontraba a lo alto de las escaleras, observando a los dos restantes con una altiva mirada mezcla de desprecio y melancolía.
No solo habían tirado abajo los esfuerzos conjuntos de Master y Servant.
No solo habían corrompido la gloriosa tierra de sus ancestros...
Lo habían hecho rápidamente y con la mirada indiferente.
Solo la expedición de Heracles causara una afrenta similar a la gloriosa Ilion.
Al principio de la tarde, la muerte del belicoso pélida Aquiles a los pies de Troya era interpretada como un augurio propicio a la nueva ciudad renacida bajo los ideales de Eneas y Titus, un buen presagio del brillante futuro que esperaba a la nueva utopía ilustrada, forjada en extremo oriente sobre el más fértil de los suelos.
Pero se había equivocado otra vez.
En aquel tiempo, esa muerte también fuera recibida como una señal divina muestra del inquebrantable y mayoritario apoyo olímpico a la causa de los de las lanzas de fresno... Sin embargo, la astucia de Odiseo acabó con las mieles de la victoria de la forma más cruel posible.
La imagen de familias enteras capturadas y esclavizadas, de mujeres tomadas como botín y violadas en las calles, de niños arrojados murallas abajo regresaron de nuevo a la mente de Eneas... Imágenes y pesadillas de una vida pasada.
Pese a tales funestos recuerdos, la mirada de Saber no dejó de estar fija en el que sería su primer enemigo esta noche... el Servant conocido como Lancer.
Esa actitud... esa mirada calculadora, la sensación de que ese hombre observa todo y a todos como si de una partida de ajedrez y sus piezas se tratasen...
Si, era el mismo ademán... idéntico al Odiseo de su lacerante vida pasada.
Como si alguien pretendiese reírse de su dolorosa desdicha, ahí estaba, burlándose con su mera presencia.
El compañero de Lancer asintió hacia su camarada y empezó a avanzar subiendo de forma decidida por los escalones del castillo. Saber intentó encararse para evitar la ascensión, pero el lancero hizo un leve movimiento insinuando que en el momento que deje una leve apertura en su postura atacará al instante, y si lo que Saber sabe es cierto, la velocidad de la clase Lancer no debe ser subestimada.
Tras mostrar una mueca de descontento, Saber se dispuso a enfrentarse a su perturbador adversario. Si no podía detener al Master de Lancer ahora, solo tenía que acabar con Lancer de un solo golpe y terminar esta pantomima de una maldita vez. Su poder de ataque y capacidad combativa eran superiores, así como el propio destino tejido cuidadosamente por su madre a su favor. Un solo golpe era necesario para acabar con la vida de este bárbaro y emprender la caza del Master pelirrojo antes de que encontrase el Paladio que mantenía la ciudad.
Después, solo tendría que reunir el grueso del ejército restante y expulsar a los invasores con sus habilidades de mando y táctica.
Saber agarró fuertemente su espada con ambas manos dispuesto a atacar.
-Presupongo que todo este ardid es cosa tuya, Lancer. Conocí a alguien como tú en vida, era un entrometido verdaderamente molesto, un simple homb...
-¿Eh? ¿De qué diablos hablas?
-¿De que si no? De este asedio, claro. El plan bajo el que se sustenta, el artefacto volador, la extraña brecha en la muralla, el ejército de hombres de nieve...
-¡Ah!... Me halagas, pero te equivocas... Esto ha sido simple y puro trabajo en equipo.
-¿¡Qu...Que?! ¡¡Mien--tes!!
Inconscientemente, Saber comenzó a entender el porque detrás de esa mirada indiferente.
-Como escuchas. Para tomar esta visión de Troya ya no es necesario un Odiseo, un Finn o un engaño maestro...
-Callat...
-Esta ciudadela y vuestros objetivos, fueran cuales fueran, estaban absolutamente condenados a caer en el más absoluto de los fracasos desde el momento en el que pusisteis ese Paladio. Ni más ni menos.
La frase de Nadie al alba del día volvió a la cabeza del orgulloso Eneas...
No pasareis de hoy. Es algo de lo que cualquiera podría darse cuenta.
-¡¡¡¡¡CÁLLATE!!!!!!
Espada en mano, con poderoso agarre y sorprendente habilidad, Saber cargó repleto de ira hasta el frio lancero que esperaba metros más abajo. El golpe sería perfecto y letal, dirigido a la cabeza desde un arco diagonal de arriba a abajo, cercenaría ambos núcleos espirituales del Servant enemigo y acabaría el combate de un poderoso golpe. Aun con la capacidad de esquiva de Lancer, la "suerte" de Saber redirigiría el golpe para que impactase del mismo modo...
Pero si el golpe no llega a producirse, la efectividad del mismo es irrelevante.
Lancer dio un fuerte golpe de escudo antes de que terminase el mortífero tajo, redirigiendo la fuerza del propio golpe contra Saber y provocando que la propia empuñadura de su espada junto al escudo de cuero le golpeasen en plena cara. El raudo lancero aprovechó esta oportunidad para clavar su lanza en el muslo de Saber, desgarrándolo profundamente y abarrotando el tercer escalón de sangre griega.
Pensándolo bien, el error de Saber había sido muy simple.
Se dejó guiar por su ira y atacó dejándose llevar por los hirientes comentarios de Lancer. Desde el momento en el que se había convertido en un combate para defender su orgullo, Saber puso un pie más en el fango de la derrota que avanzaba lentamente desde mucho antes de lo que le gustaría admitir.
-Veo que tu suerte divina no funciona tan bien como debería, Saber... Quizá en vida tu madre habría bajado aquí en persona y se habría entrometido entre nosotros para evitar que su preciado hijo recibiese daño alguno. Pero en esta Era del Hombre, ¡no hay lugar para Olímpicos, Danaan o Devas! Del mismo modo, no hay lugar para viejas tradiciones, ciudades o antiguas glorias. Lo ya pasado no volverá jamás... si de verdad quieres otra oportunidad... ¡forja una nueva historia con tus manos y deja de vivir como marioneta de viejas glorias e ilusiones!
Una vez la indiferencia de Lancer se convirtió en tremendo enfado, un segundo y potente golpe de escudo mandó a Saber volando de vuelta a su posición inicial, destrozando la parte superior de las escaleras con el impacto.
Es cierto, la habilidad de Saber ya no podía ser llamada intervención divina. No en esta era. Ahora los hombres son los dueños del mundo. En el Fuyuki del siglo XIX, la protección mística de Saber no es más que la modificación de la probabilidad del impacto o esquiva a una más exitosa. Eso no la hace absoluta, solo "eficiente".
Afrodita desapareció de este "lado" hace mucho, no volverá jamás.
En ese preciso instante, una figura pasó corriendo a una velocidad inhumana cerca de ambos luchadores. El mismo tiempo parecía doblarse ante tal estela.
-Jaja, veo que ese cura ha decidido seguir a Dearg. Supongo que no tendrán problema.
-¡¿Otr..o más?!
-No te preocupes por eso... Tienes cosas más importantes de las que recelar... Como cierto amigo mío que se dirige directamente hacia aquí. ¿Qué opinas del concepto del dos contra uno?
※※※※※※
El Servant Archer se encontraba en pleno lid inmerso en sus pensamientos.
Si bien es cierto que se hallaba rodeado por una densa niebla mágica provocada por el propio Titus Epafroditus, su habilidad de clarividencia hacia que esta bruma no molestase en absoluto a su capacidad de visión y análisis del terreno.
Por otra parte, este movimiento por parte del Master de Saber parecía un fallo de aficionado de un contrincante que no supo prepararse contra las afinidades y puntos fuertes de sus adversarios. La neblina no hacía más que fortalecer constantemente el ejército de Frosts creado por el Señor Tohsaka y el resto de sus aliados tenían métodos para que tampoco supusiese mayor inconveniente.
Demasiado fácil.
Estaba siendo demasiado sencillo, Ilion caía sin suponer menor reto.
No sacar las tropas del bastión, el hechizo de ocultación, el desorden táctico...
¿Se trataba de una sucesión de fallos por parte del Master de Saber? ¿Cobardía? ¿O era la elección de un hombre que ya había aceptado la derrota antes siquiera de luchar?
A medida que avanzaba eliminando sin esfuerzo a los sucesivos soldados troyanos a base de certeras ráfagas de flechas, Archer no podía evitar sentir un desasosiego atravesando su alma de pies a cabeza a medida que frías gotas de sudor caían por su frente.
Demasiado fácil.
Algo malo estaba a punto de suceder, quizá no por parte de Saber y su Master, pero si por otro de sus enemigos expectantes a nuevos desarrollos en los acontecimientos.
Una persona normal culparía a la decepción y a la paranoia de dichos pensamientos, dándoles la menor importancia una vez analizados fríamente. El enemigo había resultado ser más fácil de derrotar de lo supuesto y esto causa falta de satisfacción o un leve a la par que perseverante sentimiento de que algo no va como debería. Es algo que pasa a menudo.
Pero en su caso, Archer era absolutamente incapaz de dejarlo pasar como tal por su propia experiencia personal.
Ante esta clase de presentimientos, solo era capaz de percibir intranquilidad y desazón.
Maldición.
Fuerza del destino que actúa en contra de un héroe. Maldiciones provocadas por los errores de su pasado o las manipulaciones de los dioses.
En su caso, si algo puede salir mal, es probable que lo haga con bastante certeza.
Pese a estar donde quiere cumpliendo su deseo junto a su Master, Archer era incapaz de pensar en positivo.
Quizá solo fuese demencia, presentimiento errado o falta de reto.
Pero si llegase la tormenta, Archer sería el menos sorprendido por su oleaje.
La verdadera preocupación que inundó su alma es si aquellos que compartían su camino podrían resistir su vehemente envite una vez les tragase.
¿Acaso estaba a punto de acaecer su castigo por desear "cambiar la norma"?
A medida que su ansiedad aumentaba, Archer se reencontró con su Master a una calle del palacio de la ciudad inexpugnable. Normalmente, la decidida cara del Señor Tohsaka es suficiente para eliminar la duda en aquellos que le rodean, pero ahora mismo, la cara larga de Archer estaba a prueba de optimismo.
-¿Ocurre algo Archer? Pareces más preocupado que de costumbre.
-Es un mal presentimiento, pero no se preocupe, no creo que...
-Si piensas en algo, dilo. Si alguien tiene experiencia aquí con eventos desafortunados creo que eres tú, amigo mío.
-... Creo que ha sido demasiado fácil... Como si se nos estuviese guardando algo verdaderamente peligroso para más tarde.
-Pues debemos andar con ojo pues... Parece que tenemos un combate de gran magnitud cerca del palacio... ¿Sabes de quien se trata?
-Mmmm... Parecen ser Lancer y Saber. Deberíamos apoyar a nuestro aliado... Además, parece que el Señor McOmghall y el Señor Anac... Doctor han irrumpido ya en la fortaleza en busca del Paladio...
-Pues entonces no debemos perder más el tiempo. Cuento contigo, Archer.
Bajo el rojo cielo nocturno cubierto de llamas, Master y Servant procedieron a subir la calle cesando el breve pero ominoso inciso que acababa de ser su coloquio.
※※※※※※
Para el Servant Saber, la situación no podía ser descrita de otra manera más que funesta. Su combate contra Lancer no empezaba con buen pie y hace unos instantes Archer había llegado en apoyo del lancero para acabar de pintar la situación en su contra. Para añadir más factores en su contra, los Masters enemigos Dearg McOmghall, Anacleto Montoya y Tohsaka Yuudai acababan de adentrarse en la fortaleza troyana y pretendían destruir la fuente de todo el poder de Troya.
El Paladio.
Símbolo de Palas, siempre se alzó en medio de Troya hasta su destrucción y allí donde se coloque de nuevo nacerá una nueva patria para los troyanos. Muros infranqueables, gran capacidad ofensiva, conversión de ciudadanos, milicianos que reciben equipamiento necesario para la lucha de forma constante, víveres ilimitados, bendición divina... Sumado a su perfecto emplazamiento en una de las “líneas del dragón” que cruzan la ciudad, mientras continuase colocado en su posición, la victoria estaba asegurada.
Incluso en una situación tan nefasta, mientras la estatua se alzase proveería a Saber rápidamente de los refuerzos necesarios para repeler cualquier invasión, solo era cuestión de tiempo. Las incomprensibles elecciones de su Master aparentemente solo habían conseguido un desastroso resultado, pero fue la concesión que Eneas otorgó a Titus por dejarle continuar con su sueño y no usar un Sello de Mando para doblegar su rodilla y pedir clemencia al trio de Masters aliados.
Pero esto no valdría de nada si llegaban a la cámara bajo la sala del trono. El movimiento final se acercaba ominosamente y Saber no podría hacer nada para evitarlo si no eliminaba rápidamente a los dos adversarios frente a su espada.
Servants Lancer y Archer.
No sabía que treta estaría planeando el engañoso héroe irlandés y Eneas conocía de primera mano la potencia de fuego del arquero que sirve a los Tohsaka por incidentes como la batalla del Templo Ryuudo. Por ejemplo, nada más intervenir en la contienda que estaban llevando a cabo en estos momentos, un proyectil de Archer se multiplicó en trayectoria y tres flechas impactaron violentamente el hombro derecho de Saber.
No era una lucha fácil, Saber solo poseía la ventaja del terreno, mientras que ellos la del número, estrategia, armamento, moral y energía mágica. La situación era verdaderamente desesperada.
Como si fuese posible leerle la mente, Lancer comentó a Archer.
-Menos mal que eres tú y no se trata de Rider. Seguro que ese enorme caballero se negaba a luchar contra Saber en una situación que no fuese pura igualdad de condiciones.
-No digas eso de tus aliados... Además, ¿tú también eres un caballero no?
-Sí, técnicamente sí. Pero creo que si me llamase a mí mismo eso delante de nuestro camarada me mataría.
-Jajaja...
Había vuelto la indiferencia.
Fuese quien fuese, estos dos Servants no le estaban tomando en serio.
-A qué viene esa mirada, ¿Saber? Mira, voy a darte un consejo. Si quieres ser un adversario que valga realmente la pena... No dejes que el pasado te limite.
-¿Qué?
-Puedes sentirte culpable, puedes llorar, puedes serntirte inspirado, pero nunca te dejes atar arrepintiéndote de lo sucedido, nunca traiciones esas emociones y la de los que te acompañaron. Si quieres devolver Ilion a este mundo, no lo hagas por justicia, ni por venganza, ni por providencia. Hazlo porque quieres hacerlo.
Al contrario que en sus anteriores frases, esta no estaba cargada de indiferencia o enfado. Esta proclamación portaba comprensión, melancolía y remembranza. No era una de las burlas del lancero, ni uno de sus análisis, era la frase de alguien que gracias a la propia experiencia personal sabía perfectamente de lo que hablaba. La frase de un compañero de penas, un igual que sintió la misma desesperanza, la misma emoción que apretaba el corazón de uno con gran pesar.
Forja una nueva historia con tus manos.
Deja de vivir de viejas ilusiones.
Hazlo porque quieres hacerlo.
¿Porque había querido con tanto ahínco traer Troya de vuelta? Una pregunta interesante.
¿Era por venganza? ¿Por las horribles pesadillas de cada noche? Quizá en parte.
¿La ira al no ser capaz de verlo cumplido en vida? Es posible.
¿La muerte de Dido inspirándole a continuar sin dudar? Seguramente. El amor es una fuerza muy poderosa.
Todo esto contribuyó a que formase una idea.
Aparte, que su Master compartiese un ideal similar pretendiendo crear una utopía ilustrada científica perfecta adalid del progreso hizo que encajase a la perfección en los objetivos de ambos para con la Guerra del Santo Grial.
Pero eso no era lo verdaderamente importante.
Lo importante es que el mismo tomó la decisión inspirado en todos estos sentimientos.
No tenía que dejar atarse por el pasado ni por el remordimiento, tenía que avanzar firmemente hacia el futuro con sus vivencias en su corazón, la bella puesta de sol en la torre sur, la muerte de Héctor, el sentimiento de impotencia, el amor de una mujer...
No se trataba de reconstruir Troya porque era lo correcto.
No se trataba de reconstruir Troya porque una ciudad merecedora de la eternidad cayó bajo armas humanas.
Eso no es más que una pataleta infantil.
Entonces el espíritu heroico Eneas por fin despertó.
Esta ciudad se alzaría imponente por la brillante utopía que estaba almacenada en su corazón.
※※※※※※
-Si quieres devolver Ilion a este mundo, no lo hagas por justicia, ni por venganza, ni por providencia. Hazlo porque quieres hacerlo. -Tras pronunciar su discurso, Lancer permaneció sin pronunciar nada más mirando fijamente al adversario sobre ellos.
Un silencio sepulcral cubrió la zona, roto unos segundos más tarde con la llegada de una estampida de gente proveniente del interior del palacio.
Archer continuó apuntando a Saber sin perder un ápice de concentración.
Entonces fue cuando lo vio.
El rostro de Eneas, siempre gris, altivo y cansado, tomó un cariz totalmente nuevo.
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el rostro del hijo del amor, acompañada de una mirada afilada y unas pupilas rebosantes de fulgor.
La sonrisa se convirtió en una carcajada.
-¡Jajajajajaja! Gracias a los dos por llevarme a una situación como esta. Quizá sea un poco tarde y me llevase mi tiempo...
Pero creo que por fin he logrado entenderlo.
Esa afirmación vino acompañada de un súbito golpe de viento que hizo retroceder un poco a Lancer y Archer de su posición. El Servant Saber estaba acumulando todas las energías que le quedaban para ser capaz de continuar el combate con una nota digna de sus adversarios.
Pero eso no era suficiente para explicar el cambio tan brusco que le rodeaba.
También era un cambio de mentalidad, provocando algo absolutamente inesperado.
Troya comenzó a brillar durante unos instantes como jamás lo hizo, renovando en parte las fuerzas y la moral de Saber.
Quizá no era suficiente para vencer la batalla que estaban llevando a cabo y probablemente el Paladio cayese destruido en meros instantes. Pero si lo sería para abandonar esta guerra con la cabeza bien alta, orgulloso de su camino y dando todo lo que le queda a sus adversarios, en lucha a muerte contra otros dos héroes legendarios yacentes en el fantasma humano.
La visión de Eneas había cambiado por completo.
Su figura era imponente, su voz era poderosa y su aura infundía respeto y adoración.
Era el aura de un héroe, uno que sin importar que la llama de su vida se fuese a extinguir en unos minutos ante una lucha imposible, cargaría hacia el frente sin duda alguna.
Si este símbolo hubiese dirigido Troya desde el principio de la noche, el resultado probablemente habría sido diferente.
-Je.. Así que he despertado a la bestia. Este es tu verdadero yo, ¿verdad? Me alegro de que mi consejo sirviese para algo... Ahora sí que dan ganas de un buen combate de despedida, no crees, ¿Archer? -Dijo Lancer con una mirada desafiante.
-La verdad es que sabes dar donde más duele. La lengua afilada es claramente una de tus virtudes... ¿Fruto de la poesía y la oración? -Exclamó Archer en un tono burlón no muy habitual en sus diálogos.
-¿Te interesa? Veo que estas empezando a tener gusto por ellas...
Una nueva y potente ventolera cubrió la zona.
El nuevo Saber dio un paso al frente, bajando el primer escalón mientras vocalizaba de forma vehemente lo que parecía ser una arenga.
-Ilion permanece invicto...
Esa cita...
Dio un nuevo paso, con lo que imponentemente bajó un nuevo escalón.
-¡Troya es siempre la misma! Su luz iluminará el mundo para siempre.
Lancer sintió un fuerte deja vu acompañado a una extraña sensación que recorrió su espalda.
El pie derecho de Saber avanzó nuevamente.
-¡Crearon un desierto, le llamaron paz! ¡Nuestros enemigos perecerán bajo nuestras armas! ¡Los rebeldes caerán ante nuestra determinación! ¡Que la tierra os sea leve!
Esta proclama, es... familiar.
Una pisada más. Ambos pies ya estaban en el cuarto escalón.
-¡Nuestra influencia crecerá, nuestro imperio se expandirá! ¡Llevaremos la luz al cosmos, culturizaremos a todos los pueblos del mundo bajo nuestra bandera! Para siempre, para toda la eternidad.
Entonces en la sorprendida cara de Lancer apareció una mueca de entendimiento.
Lo había recordado, ya sabía el porqué de esta sensación.
SPQR.
Lorica segmentata, gladius, pilum, scutum.
Las hordas exploradoras romanas dirigidas por Agricola marchando por su hogar, por los abundantes prados de Hibernia. La expedición romana acompañada de funestos planes para una posible conquista...
La consigna de Saber era la misma que la de aquellos hombres.
Expansión, romanización, eternidad...
Pensándolo bien, es algo perfectamente lógico.
Espíritu heroico Eneas.
Héroe de la guerra de Troya, que tras la caída de la ciudad logró escapar de la misma, emprendiendo un viaje que lo llevaría hasta la tierra de Lacio, donde tras una serie de acontecimientos se convirtió en rey y a la vez en el progenitor del pueblo romano.
-Tal vez, algún día, aún a esto lo avivará el recuerdo.
El Servant Saber se lanzó vehemente espada en mano con un brío y habilidad sin par...
A la que posiblemente fuese la última de sus batallas.
-Soy el hijo de Afrodita, diosa del amor. Yo soy su espada y su voluntad opera a traves de mis actos aunque ella ya no exista en este mundo. ¿Intentais esconder vuestro sacrilegio detras de un muro de socarroneria y buena voluntad? Lancer, Archer, preparaos para ser purgados de este mundo por un hijo de Olimpico.
Despojos de los míos:
A lo lejos, desde la perspectiva que proporcionaba el alto de los argénteos muros ahora descomponiéndose lentamente como polvo que llevaba el viento, podía verse el fragor del violento choque de unos meros mortales contra un dios.
La figura que contemplaba esta titánica lid era el dueño de este castillo en ruinas, señor de un mundo deshecho y tomado a la fuerza tras una batalla que se antojaba una minucia, un leve y pequeño preludio ante la magnitud de lo que sus rojizos ojos estaban observando.
Aquel público de excepción no se trataba de otro que el caballero de la espada. Saber, el espíritu heroico Eneas.
Su propia y dramática contienda de epifanías había sido súbitamente interrumpida por la intervención de una figura cuyas actuaciones habían salpicado de dramatismo y violencia esta gran actuación denominada Guerra del Santo Grial.
Deimos Epiktetos Lycurgus, infiltrándose en la ciudad caída, se acercó peligrosamente al lugar donde yacía el Master de Saber, Titus Epafroditus, con claras intenciones aviesas. Cuando la fría y funesta daga de la muerte estaba a punto de caer sobre el desmejorado joven griego, Saber divisó perfectamente la maliciosa figura en oscuro ropaje, se propulsó bellamente como un relámpago dejando a sus nobles adversarios tras de sí y detuvo la intentona, girando en un bello arco y usando la fuerza centrífuga del giro propulsado junto a la activación de su Noble Fantasma, su espada sagrada sin nombre. Tal golpe propició a Deimos, que en un caso de ironía divina fue identico al que Saber ejecutara sobre Berserker horas antes, que la asombrosa potencia del funesto tajo lo lanzó despedido a más de un kilómetro de distancia, atravesando parte del Monte Enzo y creando una inmensa nube de polvo seguida de una poderosa onda sónica.
Un ataque mortal.
Deimos se levantó dolorido, pero en un acto de burloso desdén, simplemente se sacudió el polvo sin perder ni un apice de compostura. El déspota del Peloponeso, tras un impacto que debería haber eliminado en el acto incluso al más poderoso de los Servants, se acicalaba como si simplemente acabase de tropezar.
En su dedo brillaba un ominoso anillo de condenación.
El tirano griego se había convertido en un espíritu divino, un imparable y poderoso ser, fruto de la unión de la voluntad de un autócrata y un dios engañoso. Acababa de nacer con ansias de venganza y burla ante la insensata alianza que había osado hostigarle y oponersele a lo largo del conflicto.
Pero esto no era más que desquite y satisfacción personal, ya que su objetivo real era otro. La consecución definitiva de su propio modelo mundial de despotismo "ilustrado". Ahora que tenía el poder para hacerla posible, la Deimoscratia solo era el siguiente paso.
Tras el poderoso impacto, la entidad DeimosLoki se refugió en el bosque que rodea Miyamacho desde el monte del dragón para lanzar su ofensiva desde allí.
Anacleto y Rider se habían aproximado a Saber y le habían pedido su apoyo mediante un cambio de afiliaciones ante la nueva y abyecta amenaza.
Una voz profunda, aunque a veces errática y curiosa.
De aquí en adelante, frente al oponente que nos espera, no importa quién eres ni quien soy, lo que hicimos ni las enemistades que nos presentábamos en este día, es hora de que pongas mano en fuego para nuevamente unirnos, por última vez, contra el infame enemigo de nuestra coalición, pues para eso mismo, el señor Tohsaka, el sellador, tu joven Master y yo mismo aunamos nuestras fuerzas aquel mediodía que parece ya tan lejano.
El peculiar lenguaje de un rudo caballero con solemne y poderoso vocablo.
Abre tus ojos, mira hacia toda dirección y contempla a tu enemigo. ¡Tú manida mirada ahora es poderosa y tu espada es recta, por ende tu alma ha sido salvada de mal! Creo de toda voluntad, que cuando hoy nos partamos a la pugna, tu arma nos será de utilidad. Cabalguemos sin embustes o engaños, espalda contra espalda en hermandad, mi buen rival.
Con un apretón de manos de tal charlatán y peculiar dúo, la inesperada pero agradable alianza se llevaba a cabo. No como si en una situación desesperada se viesen forzados a recurrir a la alianza con un despreciado enemigo, si no como si recuperasen a un viejo y estimado aliado que se había perdido por el tumultuoso camino.
Saber no pretendía dejar en mal lugar la confianza que se había puesto sobre sus hombros.
Tras dejar a su Master en un refugio seguro, una de las habitaciones secretas del palacio (realmente una planta baja de un edificio administrativo abandonado de época del Bakufu) con una discreta barrera, Saber se encontraba aquí, oteando el mar de llamas, gigantes criaturas imposibles y magia asombrosa resultado de la titánica y encarnizada lucha contra la malvada divinidad.
Parecía que la coalición estaba llevando de forma admirable el combate e incluso habían logrado dañar al dios burlón con ciertas maniobras. Una infiltración de Lancer por el este del bosque, una lluvia de lanzas de hielo por parte del señor Tohsaka o el asalto frontal de Anacleto y Rider eliminando a los arboles reanimados o a los gigantes familiares...
Si bien Deimos era esquivo y no lograba estar a demasiado tiempo a tiro.
Ademas, Saber sabia a la perfección que con un simple movimiento de mano, cada uno de sus ataques amenazaba con carbonizar a los dolidos protectores de Fuyuki.
De hecho, mientras observaba la situación, una inmensa bola de fuego se dirigió hacia Tohsaka Yuudai y Dearg McOmghall, que se encontraban también en lo alto de la muralla en una sección más alejada. Mezcla de milagro y habilidad, unidos en asombroso equipo ambos magus lograron repeler por los pelos las mortales llamas, el irlandés desviándolas con sus runas de control del fuego (para luego canalizarlas para uso personal) y el japonés mediante respiración y paso transmitiendo eficientemente su energía corporal a las manos para finalmente dar una palmada que desvió la llamarada a su alrededor.
Pese a tal asombrosa hazaña habían quedado exhaustos, con numerosas quemaduras en las manos y heridas en otras zonas del cuerpo... un precio pequeño a pagar por oponerse al dios del fuego y el engaño, si bien dejaba constancia de la heroica futilidad de sus acciones.
Saber, pese a su agotamiento a su vez físico como mágico, inspirado ante tal imagen de heroísmo y entrega, decidió terminar sus breves segundos de análisis de la contienda y se dispuso a salir corriendo raudo hacia el bosque para ayudar en la búsqueda y eliminación de la amenaza que se cernía sobre ellos.
Ya con su mente en el presente, apoyando su pie derecho sobre el borde de la muralla, comenzó su avance para dejarse caer al suelo de Fuyuki y...
Una mano oscura atraviesa su pecho, rojo corazón en mano.
※※※※※
Así diciendo le hunde furioso en pleno pecho
la espada; a él se le desatan los miembros de frío
y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.
(Eneida, Libro XII - Pasaje final.)
Negra figura de oscuros ropajes, mascara blanca en lugar de rostro.
Él era el causante de la fatal herida, un aciago ángel de la muerte al que no le preocupaba haber roto en pedazos el clímax del momento.
-A..a...assa...ssin... ¡t..ú..!
No existía esperanza posible, el ataque había sido perfecto y letal.
Perforando por la espalda la caja torácica del héroe de la espada, las llamas negras derritieron la armadura de bronce griega, permitiendo al brazo del nizarí surcar el cuerpo de su víctima de lado a lado con un rápido y conciso movimiento mortal.
La máscara exhaló una voz ronca y fría como el acero.
-Siéntate a tu puerta y verás pasar el cadáver de tu enemigo... Míralo por el lado positivo, encontrar a la muerte es mejor que huir de ella. Hasta nunca, hijo del amor. - Exclamó el asesino con cierta y dulce ironía en su voz.
Sin dar oportunidad alguna de reacción, el viejo de la montaña fundió el corazón en sus manos con el negro fulgor del ángel del sufrimiento, aplastando los restos con sus fuertes dedos y retirando hábilmente su brazo del cuerpo inerte del Servant vencido.
El cadáver del guerrero de áureos cabellos se precipitó sin vida desde lo alto de las inmensas murallas de Ilion hacia el suelo de oriente, desvaneciéndose durante la caída su esencia difuminada por el viento como arena, fundiéndose con la misma polvareda de energía mágica que desprendía la ilusión de la desvaneciente ciudad de los teucros.
Mientras contemplaba este triste final, una oración vacía podía oírse salir de boca de su verdugo.
-Toda alma probará la muerte: pero no recibirá su recompensa íntegra hasta el Día del Juicio --entonces, quien sea apartado del fuego y conducido al Jardín, ciertamente habrá logrado el significado de la Vida: pues la existencia de este mundo no es sino un disfrute engañoso.
En el preciso instante que finalizó su plegaria, un rápido movimiento de mano seguido del lanzamiento de una de sus rosas del desierto dio punto final a la solemnidad del discurso.
El objetivo de la misma era la pierna de un sorprendido y atónito observador que pretendía pasar desapercibido. Una limpia y suave perforación en el talón derecho.
Este espectador era un invitado de excepción ante lo ocurrido.
Era el Master de Saber, Titus Epafroditus, que se agarraba la dolorida pierna por tan ironica herida, con un rostro mezcla de incredulidad y desesperación ante la imposible fuga.
-Has... ¡has matado a Saber!
-Pensaba que no necesitaría más proverbios hoy, pero veo que me equivocaba. - Dijo la figura negra mientras se aproximaba lenta pero firmemente a su inesperado descubrimiento.
-No digas todo lo que sabes. No hagas todo lo que puedes. No creas todo lo que oyes. No gastes todo lo que tienes. Porque quien dice todo lo que sabe, hace todo lo que puede, cree todo lo que oye, gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice hasta lo que no conviene, hace hasta lo que no debe, juzga hasta lo que no sabe, gasta hasta lo que no tiene.
-¿E..h? - Exclamó un Titus sin habla ante el Servant que ya se encontraba a su lado, presidiendo la escena y proyectando su sombra sobre el indefenso Master.
-Significa que a Saber le faltó algo verdaderamente importante y eso de lo que hablo es... prudencia. Lo mismo que te falta a ti por lo que ha quedado sumamente claro. Desde el momento que escapasteis de mi filo de la muerte en el bosque del señor Kepler, os convertisteis en mis presas. Fuisteis unos ilusos si creiais que no volveriamos a vernos.
-Eso quiere decir... ¿qué vas a matarme al igual que hiciste con Saber? ¿Te ha ordenado que nos elimines? Eso no es exactamente justo por parte del señor Nadie...- Dijo un desafiante Titus ya sobreponiéndose al dolor de la herida.
-No malinterpretes el porqué de esta desafortunada baja. La muerte de tu Servant ha sido puramente fruto de la casualidad, mi Master no me dio ninguna orden estricta para acabar con su vida, si lo hice fue porque se presentó una buena oportunidad y quería restaurar un poco de mi dañado orgullo. De todos modos, tu presencia aquí hace todo más fácil, has venido porque pretendías ayudar a tu Servant, ¿verdad? Quizá quede algo de virtud en tu alma... ¿Sabes a quien se enfrentan? -Dijo un desinteresado Hassan mientras señalaba al fragor del combate.
-Deimos... ¿estoy en lo cierto? Je... su estilo es verdaderamente inconfundible. ¿Ha conseguido el anillo? -Preguntó el griego con mirada perdida.
-Eso parece. Mi Master está allí plantadole cara.
-¡¿El señor Nadie está ayudando al señor Tohsaka, McOmghall y Anacleto?!
-Sí. No me preguntes sus motivos, ni yo mismo entiendo cómo se mueve su proceso mental. No... creo que la misma acción de comprenderle es imposible para nosotros. ¿Razón emocional? ¿un calculado plan? ¿algo racionalizado o un desquite urdido en el momento? Sin duda un conocimiento totalmente vedado para el hombre... y tú mismo eres la prueba viva de ello.
-Pero si es algo desconocido... ¡¿acaso no debemos aspirar a comprenderlo, estudiarlo y observarlo!? Esa es mi razón, el modo de vida que me enseñó mi padre y el motivo de mi aspecto actual. Esa existencia me pareció verdaderamente fascinante y si debo correr riesgos para cumplir mi ideal de vida, los aceptaré gustoso con los brazos abiertos.
-A veces lo único que consigues con buscar "la verdad" es quemarte desesperadamente mientras intentas alcanzar lo inalcanzable. No intentes hablarme de "verdad" a mí, niño. No creo que sea una discusión que puedas ganar.
-Tu fanatismo no me impresiona, hombre del desierto. Si vas a matarme hazlo ahora, si no, déjame partir, tengo un lugar a donde acudir, sea con Servant o sin él.
-A eso mismo quería llegar con la conversación actual, ya que si aún no te he cortado el cuello es porque se perfectamente que mi Master aún tiene ciertos asuntos que tratar contigo. Sin embargo, que te lleve ante él significaría una apuesta por tu parte a una muerte incierta. Como bien dije, es imposible predecir como actuará cuando llegue el momento, sin embargo, ante la fría y terrorífica nada puedo darte una segunda opción...
-¿A que... te refieres?
-Ha llegado la hora de elegir, Titus Epafroditus. ¿Prefieres la seguridad de una suave y limpia muerte a manos de mi acero? ¿O te enfrentarás a la incierta y terrorífica caida que puede proporcionarte esa "verdad" que tanto ansías?
※※※※※
La figura que contemplaba esta titánica lid era el dueño de este castillo en ruinas, señor de un mundo deshecho y tomado a la fuerza tras una batalla que se antojaba una minucia, un leve y pequeño preludio ante la magnitud de lo que sus rojizos ojos estaban observando.
Aquel público de excepción no se trataba de otro que el caballero de la espada. Saber, el espíritu heroico Eneas.
Su propia y dramática contienda de epifanías había sido súbitamente interrumpida por la intervención de una figura cuyas actuaciones habían salpicado de dramatismo y violencia esta gran actuación denominada Guerra del Santo Grial.
Deimos Epiktetos Lycurgus, infiltrándose en la ciudad caída, se acercó peligrosamente al lugar donde yacía el Master de Saber, Titus Epafroditus, con claras intenciones aviesas. Cuando la fría y funesta daga de la muerte estaba a punto de caer sobre el desmejorado joven griego, Saber divisó perfectamente la maliciosa figura en oscuro ropaje, se propulsó bellamente como un relámpago dejando a sus nobles adversarios tras de sí y detuvo la intentona, girando en un bello arco y usando la fuerza centrífuga del giro propulsado junto a la activación de su Noble Fantasma, su espada sagrada sin nombre. Tal golpe propició a Deimos, que en un caso de ironía divina fue identico al que Saber ejecutara sobre Berserker horas antes, que la asombrosa potencia del funesto tajo lo lanzó despedido a más de un kilómetro de distancia, atravesando parte del Monte Enzo y creando una inmensa nube de polvo seguida de una poderosa onda sónica.
Un ataque mortal.
Deimos se levantó dolorido, pero en un acto de burloso desdén, simplemente se sacudió el polvo sin perder ni un apice de compostura. El déspota del Peloponeso, tras un impacto que debería haber eliminado en el acto incluso al más poderoso de los Servants, se acicalaba como si simplemente acabase de tropezar.
En su dedo brillaba un ominoso anillo de condenación.
El tirano griego se había convertido en un espíritu divino, un imparable y poderoso ser, fruto de la unión de la voluntad de un autócrata y un dios engañoso. Acababa de nacer con ansias de venganza y burla ante la insensata alianza que había osado hostigarle y oponersele a lo largo del conflicto.
Pero esto no era más que desquite y satisfacción personal, ya que su objetivo real era otro. La consecución definitiva de su propio modelo mundial de despotismo "ilustrado". Ahora que tenía el poder para hacerla posible, la Deimoscratia solo era el siguiente paso.
Tras el poderoso impacto, la entidad DeimosLoki se refugió en el bosque que rodea Miyamacho desde el monte del dragón para lanzar su ofensiva desde allí.
Anacleto y Rider se habían aproximado a Saber y le habían pedido su apoyo mediante un cambio de afiliaciones ante la nueva y abyecta amenaza.
Una voz profunda, aunque a veces errática y curiosa.
De aquí en adelante, frente al oponente que nos espera, no importa quién eres ni quien soy, lo que hicimos ni las enemistades que nos presentábamos en este día, es hora de que pongas mano en fuego para nuevamente unirnos, por última vez, contra el infame enemigo de nuestra coalición, pues para eso mismo, el señor Tohsaka, el sellador, tu joven Master y yo mismo aunamos nuestras fuerzas aquel mediodía que parece ya tan lejano.
El peculiar lenguaje de un rudo caballero con solemne y poderoso vocablo.
Abre tus ojos, mira hacia toda dirección y contempla a tu enemigo. ¡Tú manida mirada ahora es poderosa y tu espada es recta, por ende tu alma ha sido salvada de mal! Creo de toda voluntad, que cuando hoy nos partamos a la pugna, tu arma nos será de utilidad. Cabalguemos sin embustes o engaños, espalda contra espalda en hermandad, mi buen rival.
Con un apretón de manos de tal charlatán y peculiar dúo, la inesperada pero agradable alianza se llevaba a cabo. No como si en una situación desesperada se viesen forzados a recurrir a la alianza con un despreciado enemigo, si no como si recuperasen a un viejo y estimado aliado que se había perdido por el tumultuoso camino.
Saber no pretendía dejar en mal lugar la confianza que se había puesto sobre sus hombros.
Tras dejar a su Master en un refugio seguro, una de las habitaciones secretas del palacio (realmente una planta baja de un edificio administrativo abandonado de época del Bakufu) con una discreta barrera, Saber se encontraba aquí, oteando el mar de llamas, gigantes criaturas imposibles y magia asombrosa resultado de la titánica y encarnizada lucha contra la malvada divinidad.
Parecía que la coalición estaba llevando de forma admirable el combate e incluso habían logrado dañar al dios burlón con ciertas maniobras. Una infiltración de Lancer por el este del bosque, una lluvia de lanzas de hielo por parte del señor Tohsaka o el asalto frontal de Anacleto y Rider eliminando a los arboles reanimados o a los gigantes familiares...
Si bien Deimos era esquivo y no lograba estar a demasiado tiempo a tiro.
Ademas, Saber sabia a la perfección que con un simple movimiento de mano, cada uno de sus ataques amenazaba con carbonizar a los dolidos protectores de Fuyuki.
De hecho, mientras observaba la situación, una inmensa bola de fuego se dirigió hacia Tohsaka Yuudai y Dearg McOmghall, que se encontraban también en lo alto de la muralla en una sección más alejada. Mezcla de milagro y habilidad, unidos en asombroso equipo ambos magus lograron repeler por los pelos las mortales llamas, el irlandés desviándolas con sus runas de control del fuego (para luego canalizarlas para uso personal) y el japonés mediante respiración y paso transmitiendo eficientemente su energía corporal a las manos para finalmente dar una palmada que desvió la llamarada a su alrededor.
Pese a tal asombrosa hazaña habían quedado exhaustos, con numerosas quemaduras en las manos y heridas en otras zonas del cuerpo... un precio pequeño a pagar por oponerse al dios del fuego y el engaño, si bien dejaba constancia de la heroica futilidad de sus acciones.
Saber, pese a su agotamiento a su vez físico como mágico, inspirado ante tal imagen de heroísmo y entrega, decidió terminar sus breves segundos de análisis de la contienda y se dispuso a salir corriendo raudo hacia el bosque para ayudar en la búsqueda y eliminación de la amenaza que se cernía sobre ellos.
Ya con su mente en el presente, apoyando su pie derecho sobre el borde de la muralla, comenzó su avance para dejarse caer al suelo de Fuyuki y...
Una mano oscura atraviesa su pecho, rojo corazón en mano.
※※※※※
Así diciendo le hunde furioso en pleno pecho
la espada; a él se le desatan los miembros de frío
y se le escapa la vida con un gemido, doliente, a las sombras.
(Eneida, Libro XII - Pasaje final.)
Negra figura de oscuros ropajes, mascara blanca en lugar de rostro.
Él era el causante de la fatal herida, un aciago ángel de la muerte al que no le preocupaba haber roto en pedazos el clímax del momento.
-A..a...assa...ssin... ¡t..ú..!
No existía esperanza posible, el ataque había sido perfecto y letal.
Perforando por la espalda la caja torácica del héroe de la espada, las llamas negras derritieron la armadura de bronce griega, permitiendo al brazo del nizarí surcar el cuerpo de su víctima de lado a lado con un rápido y conciso movimiento mortal.
La máscara exhaló una voz ronca y fría como el acero.
-Siéntate a tu puerta y verás pasar el cadáver de tu enemigo... Míralo por el lado positivo, encontrar a la muerte es mejor que huir de ella. Hasta nunca, hijo del amor. - Exclamó el asesino con cierta y dulce ironía en su voz.
Sin dar oportunidad alguna de reacción, el viejo de la montaña fundió el corazón en sus manos con el negro fulgor del ángel del sufrimiento, aplastando los restos con sus fuertes dedos y retirando hábilmente su brazo del cuerpo inerte del Servant vencido.
El cadáver del guerrero de áureos cabellos se precipitó sin vida desde lo alto de las inmensas murallas de Ilion hacia el suelo de oriente, desvaneciéndose durante la caída su esencia difuminada por el viento como arena, fundiéndose con la misma polvareda de energía mágica que desprendía la ilusión de la desvaneciente ciudad de los teucros.
Mientras contemplaba este triste final, una oración vacía podía oírse salir de boca de su verdugo.
-Toda alma probará la muerte: pero no recibirá su recompensa íntegra hasta el Día del Juicio --entonces, quien sea apartado del fuego y conducido al Jardín, ciertamente habrá logrado el significado de la Vida: pues la existencia de este mundo no es sino un disfrute engañoso.
En el preciso instante que finalizó su plegaria, un rápido movimiento de mano seguido del lanzamiento de una de sus rosas del desierto dio punto final a la solemnidad del discurso.
El objetivo de la misma era la pierna de un sorprendido y atónito observador que pretendía pasar desapercibido. Una limpia y suave perforación en el talón derecho.
Este espectador era un invitado de excepción ante lo ocurrido.
Era el Master de Saber, Titus Epafroditus, que se agarraba la dolorida pierna por tan ironica herida, con un rostro mezcla de incredulidad y desesperación ante la imposible fuga.
-Has... ¡has matado a Saber!
-Pensaba que no necesitaría más proverbios hoy, pero veo que me equivocaba. - Dijo la figura negra mientras se aproximaba lenta pero firmemente a su inesperado descubrimiento.
-No digas todo lo que sabes. No hagas todo lo que puedes. No creas todo lo que oyes. No gastes todo lo que tienes. Porque quien dice todo lo que sabe, hace todo lo que puede, cree todo lo que oye, gasta todo lo que tiene. Muchas veces: dice hasta lo que no conviene, hace hasta lo que no debe, juzga hasta lo que no sabe, gasta hasta lo que no tiene.
-¿E..h? - Exclamó un Titus sin habla ante el Servant que ya se encontraba a su lado, presidiendo la escena y proyectando su sombra sobre el indefenso Master.
-Significa que a Saber le faltó algo verdaderamente importante y eso de lo que hablo es... prudencia. Lo mismo que te falta a ti por lo que ha quedado sumamente claro. Desde el momento que escapasteis de mi filo de la muerte en el bosque del señor Kepler, os convertisteis en mis presas. Fuisteis unos ilusos si creiais que no volveriamos a vernos.
-Eso quiere decir... ¿qué vas a matarme al igual que hiciste con Saber? ¿Te ha ordenado que nos elimines? Eso no es exactamente justo por parte del señor Nadie...- Dijo un desafiante Titus ya sobreponiéndose al dolor de la herida.
-No malinterpretes el porqué de esta desafortunada baja. La muerte de tu Servant ha sido puramente fruto de la casualidad, mi Master no me dio ninguna orden estricta para acabar con su vida, si lo hice fue porque se presentó una buena oportunidad y quería restaurar un poco de mi dañado orgullo. De todos modos, tu presencia aquí hace todo más fácil, has venido porque pretendías ayudar a tu Servant, ¿verdad? Quizá quede algo de virtud en tu alma... ¿Sabes a quien se enfrentan? -Dijo un desinteresado Hassan mientras señalaba al fragor del combate.
-Deimos... ¿estoy en lo cierto? Je... su estilo es verdaderamente inconfundible. ¿Ha conseguido el anillo? -Preguntó el griego con mirada perdida.
-Eso parece. Mi Master está allí plantadole cara.
-¡¿El señor Nadie está ayudando al señor Tohsaka, McOmghall y Anacleto?!
-Sí. No me preguntes sus motivos, ni yo mismo entiendo cómo se mueve su proceso mental. No... creo que la misma acción de comprenderle es imposible para nosotros. ¿Razón emocional? ¿un calculado plan? ¿algo racionalizado o un desquite urdido en el momento? Sin duda un conocimiento totalmente vedado para el hombre... y tú mismo eres la prueba viva de ello.
-Pero si es algo desconocido... ¡¿acaso no debemos aspirar a comprenderlo, estudiarlo y observarlo!? Esa es mi razón, el modo de vida que me enseñó mi padre y el motivo de mi aspecto actual. Esa existencia me pareció verdaderamente fascinante y si debo correr riesgos para cumplir mi ideal de vida, los aceptaré gustoso con los brazos abiertos.
-A veces lo único que consigues con buscar "la verdad" es quemarte desesperadamente mientras intentas alcanzar lo inalcanzable. No intentes hablarme de "verdad" a mí, niño. No creo que sea una discusión que puedas ganar.
-Tu fanatismo no me impresiona, hombre del desierto. Si vas a matarme hazlo ahora, si no, déjame partir, tengo un lugar a donde acudir, sea con Servant o sin él.
-A eso mismo quería llegar con la conversación actual, ya que si aún no te he cortado el cuello es porque se perfectamente que mi Master aún tiene ciertos asuntos que tratar contigo. Sin embargo, que te lleve ante él significaría una apuesta por tu parte a una muerte incierta. Como bien dije, es imposible predecir como actuará cuando llegue el momento, sin embargo, ante la fría y terrorífica nada puedo darte una segunda opción...
-¿A que... te refieres?
-Ha llegado la hora de elegir, Titus Epafroditus. ¿Prefieres la seguridad de una suave y limpia muerte a manos de mi acero? ¿O te enfrentarás a la incierta y terrorífica caida que puede proporcionarte esa "verdad" que tanto ansías?
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6 comentarios:
Querido Anacleto Montoya Castro. Tengo que hablar con usted urgentemente. Me encontrará en la casa que el Señor Tohsaka Yuudai me ha brindado tan amablemente. Espero verle pronto, dado que los asuntos que tenemos que tratar me apremian más a cada segundo que pasa.
Atentamente:
Padre Manuel
Se dice se comenta que Schomin es un faggot... yo no digo nada...
¡Queremos más omakes e interludios! ¡Trabajad para nosotros! ¡Alimentadnos!
Dearg, sabemos que has sido tu, no te ocultes tras la identidad de los demás jugadores. No tomaremos represalias contra ti por tu insubordinación... al menos por esta vez. Asimismo, intentaremos hacerte caso y hacer interludios/omakes... ¿O no?
The fuck is happening here?
btw, periódico, premios e interludios
Nunca está de más recordarlo. Si yo pudiese acceder a los Registros, los escribiría yo mismo, faltaría más.
究極の観察測定装置(知識のサケ(ブラデン・フェッサ))
Hostia ya.
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